Del Mejor Censo de la Historia a la Mayor Chambonada del Ultimo Tiempo

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Era de público conocimiento que el Censo Nacional de Población y Vivienda 2012, llevado a cabo por el gobierno de excelencia (ese que prometió una nueva forma de gobernar)  incurrió en un amplio repertorio de errores técnicos, aderezados de soberbia tecnocrática, mediocridad funcionaria e incapacidad política, para llevar adelante un procedimiento donde el país tenía una reconocida notoriedad internacional. Hasta ahora.

El pasado miércoles (07 Agosto) la Comisión Técnica, que analizaba los resultados del último Censo, hacía público un estudio donde se concluía, lo que todo el mundo ya sabía, que éste adolecía de muy serios problemas metodológicos. Dicho en otras palabras y simplificando, el proceso censal se vio afectado por una gran improvisación en la realización del proceso, se subestimó de manera grosera los tiempos involucrados, y donde se dilapidaron enormes recursos económicos.

En el informe la Comisión Técnica concluía que: “El Censo tiene problemas serios para el cumplimiento de sus objetivos, ya que el 9,3 % de las personas no fueron censadas. Y recomendaba no utilizar ésta información para fines oficiales”. Esta sugerencia es particularmente  grave por cuanto  uno de los objetivos centrales de la encuesta —que al Estado le cuesta 30 mil millones de pesos— es  usar los datos para el diseño y aplicación de las políticas públicas.

La situación que HOY está viviendo el país no tiene correlato alguno con ninguna otra situación parecida. Porque no debemos olvidar que, desde el presidente de la República para abajo se aseguró en todos los medios de comunicación del país, que éste era “el mejor censo de la historia”. Y había más. Tres meses atrás (02 de abril), Piñera y el entonces Ministro de Economía, Pablo Longueira, se jactaban en público de los supuestos buenos resultados del Censo.

“Ha sido trabajado con mucha rigurosidad, pensando en la gran importancia que posee la información que se recabó en el mayor levantamiento estadístico de nuestro país. Cada una de las 42 preguntas fueron cuidadosamente elaboradas por la comisión censista que me toca presidir como Ministro de Economía, teniendo claro que estos datos serán la clave para diseñar e implementar mejores políticas públicas para Chile”, decía Longueira. Una actitud soberbia, una frase redundante, majaderamente, utilizada por Sebastián Piñera y su equipo ministerial.

Y hoy, el país observa consternado la verdadera imagen que subyacía detrás de toda esta palabrería. Mas, en política nada es casual.  Especialmente cuando el discurso gubernamental se enmarca en la misma lógica de otras estrategias fracasadas del gobierno, que por el peso de los hechos se han revertido “cual boomerang, como aquella cuando se aseguraba que se estaba haciendo en veinte días lo que no se había hecho en veinte años y que éste era el gobierno de los mejores,  un gobierno de excelencia”.

Lamentablemente, lo acontecido con el Censo/2012 no es una situación aislada. Por el contrario, es una constante que refleja la irresponsabilidad de un gobierno que le tiene sin cuidado el prestigio del país en el concierto internacional.  Lo sucedido con el Censo/2012 tiene una incidencia directa en la imagen país de Chile en el exterior.

Desde la propia derecha, analistas reconocen (aunque en privado) que esto es un “error gravísimo, que va a tener un importante costo para la imagen del país y la de este gobierno”.  En una humanidad globalizada una noticia de este tipo ya está dando vuelta al mundo y expone al país ante la opinión pública internacional, que es extremadamente sensible a este tipo de situaciones.

Y no es la primera vez que ocurre algo parecido. Una situación similar, sino idéntica,  fue lo que aconteció con la  Encuesta Casen (que suscitó un profundo debate con un organismo internacional como la CEPAL, al punto que ésta retiró su aval al gobierno), y con la alteración de los datos del INE que depende administrativamente del Ministerio de Haciendo (Longueira/Labbé), donde burdamente se alteraron datos que no favorecían las políticas del actual gobierno. Ahora nos preguntamos ¿si el desprestigio de las instituciones del Estado estaba contemplado en el programa de gobierno de Piñera?

La conclusión de la Comisión tuvo dos consecuencias. La primera es que  desencadena airadas reacciones en todos los sectores sociales y políticos del país. Entre estas reacciones vale la pena mencionar al director del centro de encuestas Adimark, Roberto Méndez, quién declaró que “(…) La noticia del censo es devastadora: Lo que se hizo hay que botarlo a la basura”. Y luego agregó: “Una tragedia. Millones de dólares perdidos y estamos sin información”.

Y la segunda es tremendamente grave. Por cuanto altera toda la planificación del Estado, altera los patrones electorales, altera la representatividad ciudadana (elección de los CORES), impide el diseño y la implementación de las políticas públicas para el país. El descrédito de las instituciones es una herencia, ES EL LEGADO que deja el gobierno de Sebastián Piñera al futuro gobierno. Frente a esta insoslayable realidad resulta imposible NO poner en duda todas las cifras que entrega el gobierno. Hoy Chile no sabe cuántos habitantes viven en esta larga y angosta faja de tierra.

(*) Tesorero Nacional del Colegio de Profesores de Chile.

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