Primero lo primero: el legislador no es un Constituyente. Dentro del Estado Democrático Republicano, la jerarquía de las leyes impide que un legislador «haga» una Constitución, pues el fue elegido para hacer leyes que obedezcan a la Constitución. Es decir, fueron elegidos en el papel de legisladores, no de constituyentes.

 

El presidente Lagos, mediante argucias que él conoce bien, le asignó ciertas tareas constituyentes a los legisladores, pasando a llevar una enorme cantidad de conceptos jurídicos propios del Estado capitalista que él adora.

Pero esas tareas no le alcanzan para pretender hacer una constitución.

Hubiera sido lo mismo que los senadores y diputados se asignaran títulos de nobleza.

Además está el hecho no menor que los parlamentarios chilenos alcanzan una deslegitimación como jamás en toda la historia del país. Sólo en esas condiciones sería una ofensa al pudor que pretendieran asignarse la labor constituyente.

¿Quien entonces es el verdadero Constituyente?

El pueblo soberano, directamente. Aquí no existe democracia representativa alguna que tenga valor. Es el pueblo, reunido en sus organizaciones sociales, sectoriales, territoriales, el que debe ejercer la tarea de creación de una nueva Constitución.

El conjunto del país no puede dejarse arrebatar esta tarea, que está premunida del sentido histórico. Nunca antes habíamos estado tan cerca de que las mayorías ciudadanas ejerzan su condición. Esta es la hora.

Pero la clase dominante, desprestigiada y corrupta, los ricos de dentro y fuera de la nación, los partidos políticos ineficientes y alejados del pueblo, los funcionarios y dirigentes que han mantenido silencio mientras el país es saqueado, le tienen terror al pueblo y tratarán de arrebatarle su momento histórico.

Es nuestra tarea impedirlo y poner a la orden del día la movilización permanente.

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