Carta Abierta a la Presidenta de la República

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Sra. Michelle Bachelet Jeria, Presente. Junto con saludarla respetuosa y afectuosamente, quería hacerle llegar estas reflexiones en forma pública, motivado sobre todo por los últimos acontecimientos políticos que han marcado la agenda en nuestro país. Primeramente, quería señalar que yo no soy «bacheletista». No obstante eso, me reconozco como una persona de izquierda, comprometido socialmente, que votó por Ud. en las últimas elecciones presidenciales.

 

Mi voto se debió al hecho de entender la necesidad de introducir urgentes reformas en nuestra sociedad, las cuales se correspondían con los planteado en el programa de la Nueva Mayoría.

Lo avanzado en estos 16 meses de su gobierno es sustantivo: fin al binominal, derecho a voto a los chilenos en el extranjero, la ley que regula el acuerdo de vida en pareja, en menor medida la reforma tributaria y otros, son algunos de estos logros.

Esto se ha visto opacado por los diversos escándalos de corrupción en el ámbito político con estos financiamientos ilegales o irregulares, que han afectado a la derecha y a sectores de la Nueva Mayoría.

Se ha dicho y hablado mucho sobre una crisis política o de confianza. Quizás sea más correcto hablar de una crisis del modelo, el cual se basa, entre otras cosas, en el uso del dinero para alcanzar posiciones de poder, lo que ya no es aceptado por vastos sectores de la sociedad.

De alguna manera, en estos más de 40 años del modelo económico se ha impuesto también una forma de comportamiento individualista, egoísta, donde el consumo de bienes suntuarios es el leit motiv de mucha gente. Y para ello se requiere dinero, no importando la forma de como acceder a éste. Ya no importa la solidaridad, tampoco la ética ni la estética. Sólo importa el poder.

Sin embargo, cada vez una mayor parte de la sociedad se está rebelando ante estos hechos y ha dicho ¡no más!

Es el despertar del movimiento social y político después de 17 años de dictadura, 20 años de administración del modelo por parte de la vieja Concertación y un efímero gobierno de la derecha, que reclama a viva voz cambios estructurales en nuestra sociedad, los cuales se ven reflejado en la propuesta programática de la NM, el cual, a juicio de una amplia mayoría en el país, contempla medidas que permiten avanzar en ese sentido.

Sin embargo, a poco de andar de su gobierno, se han manifestado fuerzas al interior de la NM, que al parecer no estaban totalmente de acuerdo con dicho programa. Del mismo modo, la derecha se ha jugado el todo por el todo por torpedearlo.

Una situación incomprensible son las serias dificultades que ha tenido el gobierno y la NM en el área de comunicaciones. No es posible entender que tanto el gobierno, como la NM y los partidos que la componen, no tenga ni un solo medio oficial de prensa, mientras que la derecha es dueña de prácticamente todos los diarios, radios y canales de TV, y TVN, siendo canal propiedad del estado, la derecha tenga el mismo peso que el gobierno.

Se ha profundizado la monopolización de estos medios de comunicación, haciendo recordar el «junten rabia» enarbolado por los medios de derecha en el Gobierno Popular. De alguna manera, se ha instalado la idea en el país de que hay ingobernabilidad en el país, que las reformas han fracasado, que el gobierno cae profundamente en las encuestas, etc.

Todo ello, el, parecer, con el fin de generar un cuadro de vacío de poder que le permita a la derecha recuperar, quizás antes de tiempo, el poder en nuestro país. A través de una implacable campaña en los medios de comunicación, la derecha ha logrado dar vuelta la tortilla: una inapelable derrota la ha convertido en una aparente victoria.

A ello se suma las acciones del gran empresariado, que, empezando a hacer «aullar la economía chilena», disminuye sus tasas de inversión, amenazan con aumentar la cesantía y se opone a cualquier reforma o medida que afecte a sus mezquinos intereses.

No se entiende la eventual «reforma» a la reforma tributaria, discusión y posibilidad muy en boga en estos días. Del mismo, es inexplicable, usando términos deportivos, los «errores no forzados» que se han cometido en el nombramiento de algunos funcionarios, y mucho menos se entiende algunas discrepancias, surgidas al interior de la NM o de algunos de los partidos que la conforman, frente al proyecto de ley sobre aborto terapéutico, sobre otros temas valóricos, de DDHH, que, se suponían, estaban ya zanjados en la discusión para redactar el programa.

Ahora se suma la desaceleración económica, con una corrección a la baja del ritmo de crecimiento del PIB y, por tanto, una disminución de la recaudación impositiva, con lo cual no alcanzarían los recursos financieros para las reformas prometidas en el programa.

Sin embargo, se obvia que la citada desaceleración es una situación coyuntural mientras que las reformas son de carácter estructural y, por tanto, de largo plazo, por lo que podrían darse otras fuentes de financiamiento, como emisión de bonos soberanos y otras formas de endeudamiento fiscal (aún cuando se contradiga el sacrosanto dogma del superávit estructural, impuesto por el FMI y la doctrina neoliberal).

Estimada Presidenta, como lo señalé al inicio de ésta, yo no soy bacheletista. Sin embargo, confío plenamente en su liderazgo, en su capacidad de gobernante y en su probidad. Me gustaría más verla en Conferencias, Congresos, reuniones con dirigentes sindicales, sociales, gente de la cultura, etc., y muchos menos en actividades con los grandes empresarios y dueños de este país, como la SOFOFA, la CPC y otros.

Somos capaces de sacar el programa de gobierno adelante, somos capaces de implementar las reformas que el país requiere. Somos la mayoría y estamos prontos a trabajar por ello.

De Ud. depende estimada Presidenta.

Con mi mayor consideración y respeto.

Patricio González
Economista

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