Algunos Apuntes sobre el Presupuesto 2015

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En una estrategia similar a la ocupada a la hora de redactar el proyecto de ley sobre Reforma Tributaria y desentendiéndose de las solicitudes de reunión previa, por parte de parlamentarios de su propia coalición, el ministro de Hacienda presentó el proyecto de Ley de Presupuesto 2015. Este presupuesto es particularmente importante. Políticamente, por ser el primer presupuesto presentado por este Ejecutivo, delimita y aclara la factibilidad de las promesas de gobierno.

 

En lo económico, este presupuesto se posiciona respecto al rol del Estado en período de desaceleración económica. Lo primero a destacar, positivamente, es que este presupuesto, de más de US$ 65.000 millones para el 2015, constituye un aumento significativo respecto al presupuesto 2014.

Este aumento, superior al 10%, es coherente no sólo con el gasto adicional que suponen las reformas sociales deseadas por la ciudadanía, sino también con el papel que debiese jugar el Estado en períodos de desaceleración, vale decir, un rol contracíclico.

Por lo mismo, cabe celebrar el aumento del presupuesto, entre otros, del Ministerio de Transporte y Telecomunicaciones y los $92.919 millones destinados a inversión. Sin embargo, se requiere más que un presupuesto contracíclico para reactivar la economía y, sobre todo, mejorar la Productividad Total de los Factores, o dicho de otro modo, mejorar la competitividad del país. Se requiere de una nueva Política Nacional de Innovación y Competitividad, lo cual supone redefinir el rol de Conicyt, Minecon e Innova Chile, entre otros.

En ese sentido, el Presupuesto 2015 pudo ser más ambicioso en esta materia. En efecto, el presupuesto de Conicyt representó en 2014 el 0,8% del presupuesto de la Nación. Para el 2015, en tanto, si bien destaca el aumento del presupuesto en términos totales, Conicyt recibirá el 0,7%. A su vez, el Ministerio de Economía recibirá el 2,7%, versus el 3% que recibió en 2014. Por tanto, el presupuesto 2015 no parece reflejar un cambio de eje significativo en materia de innovación y competitividad.

Y, sin embargo, resulta fundamental diversificar y mejorar la competitividad y productividad de nuestra matriz productiva. Chile debe pensar su economía más allá de las fronteras del cobre.

Por otra parte, cuesta entender que el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes capte tan sólo el 0,2% del presupuesto, mientras que el Ministerio del Deporte debe contentarse con el 0,3%.

Lo mismo con el Ministerio de Medio Ambiente, que capta sólo el 0,1%, cuestión preocupante considerando los déficit tanto de institucionalidad como de capacidad que aquejan a esta cartera, a la hora de evaluar el impacto ambiental de los proyectos productivos. Por tanto, si bien cabe destacar el esfuerzo fiscal realizado y el carácter contracíclico de este presupuesto, sigue pendiente una reflexión profunda sobre cómo mejorar la innovación y competitividad de Chile. En ese sentido, es de esperar que la tramitación legislativa permita mejorar aquellos aspectos que así lo requieren.

(*) Directora Ejecutiva Fundación Progresa

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