La Presidenta Bachelet envió al Congreso Nacional un proyecto que despenaliza el aborto ante tres situaciones: peligro de vida de la madre, inviabilidad fetal y en caso de violación. Esto ha significado la apertura de un debate que es necesario que demos como sociedad, considerando que formamos parte de un grupo marginal de cuatro países en el mundo con absoluta prohibición del aborto.

 

La primera causal se refiere a cuando la vida de la mujer está en peligro y el único medio para resguardar su integridad es la interrupción del embarazo. El aborto es casi un deber ético en estos casos.

La segunda causal se produce cuando el feto tiene una enfermedad que es incompatible con la vida. La interrupción, en este contexto, sería sólo para patologías muy específicas, relacionadas, por ejemplo, con la falta de cerebro (anencefalia), de vías respiratorias (atresia traqueal) o de alteraciones en los huesos que no permiten el desarrollo de los pulmones (displasias esqueléticas). Una vez fuera del vientre materno, habría nulas posibilidades de sobrevivencia. Es una situación de dolor para cualquier mujer, pues se sabe de antemano que el embarazo está ligado a la muerte.

El tercer caso, aborto por violación, es probablemente el más terrible. Es una agresión física con severas consecuencias psicológicas para la mujer y su familia. La disyuntiva ética que se produce es de tal magnitud que no puede ser una decisión impuesta, por ello debe existir la libertad para una decisión personal.  

Nuestra prohibitiva legislación convierte al aborto en un tema tabú a pesar de que constituye un problema de salud pública. Se obliga a realizarlos de forma clandestina, lo que constituye un riesgo para la vida de la mujer. Este riesgo lo tienen en mayor medida las mujeres modestas, que no cuentan con los recursos para viajar a países donde el aborto es legal y se realiza bajo condiciones sanitarias adecuadas, quedando a merced de las malas condiciones en que se practica clandestinamente en nuestro país.

Prohibir el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo en estos casos viola el respeto a las libertades civiles, fundamental en toda sociedad moderna.

Ni quienes creemos en la libertad de elección en torno al aborto terapéutico ni quienes están en contra del proyecto son los verdaderos poseedores de la verdad.

La discusión se zanjará sólo en la medida en que se haga de manera abierta a la ciudadanía, superando el tabú, sopesando los pros y los contras, estableciendo límites y condiciones y, principalmente, empatizando con la posición del otro.

(*) Diputada del Partido Socialista por el distrito 21

Fuente: Publimetro

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