Fosas de Pisagua: 27 Años Después de que la Tierra Gritó la Verdad

Derechos Humanos
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El viernes 2 de junio, se cumplíeron 27 años del hallazgo de la fosa de Pisagua, donde se encontraron 19 cuerpos de patriotas asesinados durante la dictadura cívico-militar fascista encabezada por Pinochet.

En lo que fue zona del salitre, el dictador utilizó  por tercera vez el campo de Pisagua. Rodeado por cerros de 400 metros de altura y pendientes lisas, y por más de 80 kilómetros de desierto, Pisagua es una cárcel natural. Ya antes la habían utilizado González Videla y Carlos Ibáñez.

Pero esta vez las condiciones  de los prisioneros  fueron mucho más terribles. Ya no existía allí un campo de concentración, sino una verdadera cárcel, donde  se cometieron torturas y se mató a lo menos a 20 patriotas. Algunos  de ellos, fusilados; otros,  asesinados  fríamente y  luego, justificando  cínicamente sus crímenes, mediante la aplicación de la ley de fuga.

Carta de un sobreviviente

Haroldo Quinteros Burgueño, profesor, único sobreviviente del Comité Regional Iquique del Partido Socialista de Chile, que estuvo prisionero en Pisagua, escribió en una carta:

“El Comandante Ramón Larraín ordenó la tortura en masa de todos los presos de la cárcel de Pisagua, el 10 de octubre de 1973. Las torturas con  electricidad y todo tipo de golpes se hicieron en su presencia y causaron gravísimas lesiones a muchos presos.

Este sádico ordenó la muerte de prisioneros y aplicó la mentira de la ‘Ley de Fuga’ el 28 de septiembre de 1973. Este crimen consta a más de 300 presos que vimos  cómo estos seis compañeros fueron cuidadosamente buscados, ubicados y sacados de la cárcel.

La vida de cientos de personas, todos jefes de familia, estaba en sus manos y, usando este recurso, nos infligió gravísimas humillaciones...

“El teniente García fue el verdugo Nº 1 de Pisagua. Todas las noches nos obligaba a contemplarlo mientras golpeaba a un dirigente estudiantil iquiqueño. Usaba el látigo, como los nazis, y nos torturaba impidiéndonos dormir y mediante el trato degradante diario...”

(Compilación de José Miguel Varas: “La Voz de Chile”. Editorial de la Agencia Nóvosti. Moscú, 1977, Páginas 90 y 91)

Carta de un asesinado

Hay testimonios dramáticos de los crímenes en Pisagua. Por ejemplo cartas de jóvenes que las escribieron cuando tenían la certeza de su muerte. Como una especie de un  reportaje al pie del patíbulo, aquí va la carta de un  asesinado, llamado Luis Humberto Lizardi Lizardi:

“Queridos padres: Mañana quizás yo esté muerto y es por eso que antes de partir les escribo estas breves líneas con el apuro que las circunstancias exigen. Quisiera por última vez expresarles que sólo a ustedes debo todo lo que fui, que gracias a vuestras enseñanzas pude vivir mi existencia plena y verdadera.

Fueron 26 años bien vividos con el amor de ustedes y el otro amor. Viví plenamente y por eso me duele partir. Al fin y al cabo muero por lo que es justo. Gracias queridos padres por todo lo que disteis. No tengan pena porque a Dios ya me he encomendado y sé que él está conmigo. Con el amor de siempre, Tito”.

Las mentiras de la prensa

En el periódico “El Tarapacá”, de Iquique, de fecha 1º de octubre de 1973, se lee:

“Evasión y muerte de 6 detenidos en Pisagua.

“La Jefatura de la Zona de Estado de Emergencia de la provincia de Tarapacá entrega para conocimiento de la ciudadanía  el siguiente comunicado que damos a continuación:
“Mientras hacían trabajos de acondicionamiento de la instalación de Pisagua, se evadieron en dirección al Norte, hacia Pisagua Viejo, un grupo de individuos que estaban en el Campo de Confinamiento de Pisagua.

“La Patrulla Militar de Seguridad, les ordenó alto en varias oportunidades y les disparó los primeros tiros al aire, pero como continuaron en su fuga, fueron  abatidos, pereciendo en su acción, los siguientes individuos:

-Juan Calderón Villalón,
-Mitchell Selin Nosh Sáez,
-Marcelo Omar Guzmán Fuentes,
-Luis Humberto Lizardi Lizardi,
-Jesús Nolberto Cañas y
-Juan Jiménez Vidal.
“Sus restos fueron sepultados en el Cementerio de Pisagua.

Estos hechos ocurrieron en la madrugada del 29 de septiembre de 1973”  (Ver “Antecedentes y testimonios de los campos de concentración”. Santiago, mayo 1983.  Anexo Nº 1. El subrayado con negrita es nuestro)

Una vez más, se echó manos a la mentirosa “ley de fuga”

Estos eran los prisioneros a que se refirió Haroldo Quinteros Burgueño en el testimonio anterior.

Cómo se preparó la masacre

Un artículo escrito por Epifanio Flores, dirigente del Comité Regional Iquique del Partido Comunista  de Chile y publicado por “Diario 21” de Iquique el 25 de diciembre de 2006, entrega importantes antecedentes de cómo ocurrió este terrible crimen de la dictadura fascista:

“El día 28 de septiembre de 1973 y encontrándose el teniente Jorge Contador en la oficina de la guardia de la cárcel de Pisagua, responde al teléfono conectado directamente con la comandancia de la VI División de Ejército en Iquique.

Se trataba de una orden telefónica emanada directamente del propio comandante de División, general Carlos Forestier, la que debía ser comunicada al comandante de guardia, capitán Sergio Benavides, oficial a cargo del personal carcelero.

El entonces alcaide de la cárcel, -José Vergara Bustos, y que se encontraba en dicha oficina- escuchó al teniente Contador responder

“Sí mi general, conforme mi general, lo comunicaré mi general”.

La orden taxativamente consistía en asesinar a seis prisioneros políticos ya definidos por el propio Forestier.

Recibida la orden el teniente Contador se la comunica al capitán Sergio Benavides, quién luego sale a reunirse con Ramón Larraín, con quién planifica el asesinato de los prisioneros nombrados por Forestier.

Posteriormente Contador le confidencia a José Vergara –a quién le tenía confianza- que “a mi capitán le han dado la orden de que mañana hay que matar a seis huevones”.

El día 29 siguiente no hay desayuno para los prisioneros y en momentos en que éstos se disponían para salir hacia el patio, el comandante del Campo de Prisioneros, Ramón Larraín, da la orden para que sean formados fuera de sus celdas.

Acompañado éste del capitán Sergio Benavides y los tenientes Contador, Figueroa y Ampuero, proceden a pasar lista, y acto seguido Larraín pide voluntarios para realizar trabajos de pintura.

Luego, al poco rato, Larraín indicó que necesitaba otros seis voluntarios para instalar unos pilotes y realizar trabajos de carpintería, ya que llegarían más prisioneros y se necesitaba hacer trabajos para que nadie escape. Habiéndose ofrecido varios de los detenidos para realizar los trabajos, esta vez los “voluntarios” son escogidos por los oficiales que le acompañaban.

Ramón Larraín ordena a sus oficiales que seleccionen a los presos:

“Teniente Figueroa cuál es su hombre”. Este elige a Marcelo Guzmán, quién estaba solitario en su celda y en muy malas condiciones físicas, por lo que otro detenido se ofrece en su lugar. Pero Figueroa señala:

“No, es que yo lo quiero a él y punto”. “Teniente Ampuero cuál es su hombre” –“Cañas!”, indicó éste, a pesar de saber que Cañas había sido recientemente operado de apendicitis, por lo que se ofrece el profesor Humberto Lizardi, que le dice a Ampuero:

“yo salgo por él porque está en malas condiciones”. “¡Es que yo quiero que él salga!”, replica el teniente y lo hace salir hacia el grupo escogido, por tanto saliendo Cañas de su celda y caminando con mucha dificultad.

Los tenientes Figueroa y Contador escogen a los dos ex infantes de Marina Juan Calderón y Juan Jiménez.

El capitán Benavides saca de su celda al heroico conscripto Michel Nash. Luego el teniente Figueroa le dice a Larraín: “comandante falta su hombre”, entonces Larraín personalmente escoge a Luis Lizardi, diciéndole:

“Ya Chico, tanto que hueviai, anda tú”.

Salvajemente ametrallados

Epifanio Flores relata también la terrible masacre:

“Alrededor de las once de la mañana son embarcados en un camión militar que se enfila hacia el norte de Pisagua. Ya en el lugar escogido, son bajados del camión militar, se les ordena correr, y simplemente son salvajemente ametrallados por la espalda, haciéndoles puntería con una ametralladora punto 30 montada sobre un jeep. Cometido el salvaje crimen y recogidos los cuerpos cerca de las tres de la tarde un oficial llega vociferando:

“¡Hijos de perra, traidores! Estos hijos de perra quisieron fugarse y tuvimos que matarlos. Con el Ejército no se juega...”.

Por la noche el propio comandante Larraín comunica a los atónitos 600 prisioneros de Pisagua, que los seis presos políticos escogidos habían sido muertos al tratar de escapar; especificando que Michael Nash había logrado llegar más lejos dada su preparación militar.

La misma falsa información dada a los prisioneros de Pisagua entrega Forestier a la prensa local y nacional, señalando que como se evadían hacia Pisagua Viejo:

“Los soldados los conminaron en varias oportunidades y dispararon al aire sus armas para lograr detenerlos, pero ellos persistieron en su intento de fuga por lo que fueron abatidos”.

La verdad brota de la tierre

El hallazgo de los cuerpos de algunos de los asesinados en Pisagua, ocurrido el 2 de junio de 1990, se debió al testimonio del médico comunista Alberto Neumann, quien estando prisionero en Pisagua, fue obligado a presenciar fusilamientos para certificar la muerte de sus compañeros. También contribuyó al descubrimiento de la fosa la información de un sargento retirado, cuya identidad se mantiene en secreto para protegerlo.

Los cuerpos estaban alineados en filas, uno al lado del otro, envueltos en sacos de patatas, con su ropa conservada, algunos atados de pies y manos y vendados, otros con sus manos en los bolsillos. Todos tienen impactos de bala.

Las excavaciones fueron cuidadosamente realizadas, casi sin instrumentos. Dirigidas por el arqueólogo Olaf Olmos. Entre los obreros se encontraba el  hijo del abogado Julio Cabezas,  fusilado por orden de un consejo de guerra, con el cargo de autor del plan Z en la zona.

Un burdo cuento, como se comprobó después, inventado para justificar la represión.  

Los detenidos en Pisagua coinciden en que el abogado Cabezas fue ejecutado por una venganza personal de uno de los fiscales de los consejos de guerra.

Según afirmó Carlos Vila, presidente de la comisión de derechos humanos de Iquique, Cabezas estaba investigando en el momento de su detención las conexiones entre traficantes de cocaína y el poder judicial en 1973.

A la fecha aún no se han encontrado los cuerpos del soldado heroico Michel Nash, militante de las Juventudes Comunistas de Chile. Tampoco los de Nolberto Cañas y Juan Jiménez.
     
Se calcula que en los años 1973 y 1974, entre 1.500 y 2.500 patriotas pasaron por el campo de concentración de Pisagua Muchos, al menos 21 de los prisioneros exhumados fueron ejecutados allí. El número real  puede ser superior.

Pedro Arancibia, un ex detenido del campamento de prisioneros de Pisagua, inaugurado por la dictadura del general Augusto Pinochet al día siguiente del golpe militar del 11 de septiembre de 1973, revivía las jornadas en el campo de concentración:

"Un compañero fusilado agitó su mano para despedirse de los que seguíamos encarcelados. Otro fue al paredón cantando La Internacional. Asesinaron con la llamada Ley de fugas a seis compañeros que se ofrecieron cuando un oficial pidió voluntarios para trabajos de carpintería”.

Pedro Arancibia, es profesor de castellano, que tiene aún huellas en los brazos y piernas de las torturas con electricidad y golpes que recibió de los soldados en Pisagua, en 1973.

Forestier y Pinochet son responsables directos de los crímenes perpetrados en Pisagua. Pero detrás o al lado de ellos están todos los que apoyaron el golpe fascista, el imperialismo estadounidense y la derecha chilena. Los mismos que rasgan vestiduras defendiendo los derechos humanos y la democracia en Venezuela  o Cuba.

Son los mismos que se han opuesto a las positivas reformas llevadas a cabo por el gobierno de Michelle Bachelet. Son los mismos que levantan la candidatura de Piñera o se oponen a la unidad de la centro-izquierda.

 (*) Historiador del Centro de Extensión e Investigación Luis Emilio Recabarren,  CEILER