El término “crisis del marxismo” es más bien un fórmula periodística que un concepto teórico; describe el hecho de que, en ciertos países capitalistas avanzados, sectores significativos de la intelligentsia de izquierda, de origen stalinista y/o maoísta, bajo el impacto simultáneo de la disidencia en la URSS y en Europa Oriental (especialmente las revelaciones de Soljenitsin en el Archipiélago Gulag) y de la crisis del maoísmo en China, han conocido una profunda desmoralización y desorientación, que se manifiesta en particular por el rechazo —a partir de mediados de los años 70— del marxismo como “doctrina totalitaria” (existen también intelectuales de origen no stalinista que han conocido una evolución similar —por ejemplo Castoriadis— pero son más bien una excepción).

La primera reacción pública ante la idea de reactualizar a Lenin es, claro, un ataque de risa sarcástica: Marx vale, hoy en día incluso en Wall Street hay gente que le adora –Marx el poeta de las mercancías, Marx el que proporcionó perfectas descripciones de la dinámica capitalista, Marx el que retrató la alienación y reificación de nuestras vidas cotidianas-, pero Lenin, no, ¡no puedes ir en serio!

Cuando escribí este libro que ven aquí, sobre el derrumbe soviético, y que la editora Abril se propone reeditar para Cuba en los próximos meses, me propuse no agotar el relato en la autopsia del cadáver, sino en comparar los hechos con mi propia realidad, evadiendo todo lo que pudiera sonar a queja. Nunca olviden aquello que enseñaba Martí: “la queja es una prostitución del carácter”.

Filosofía y política en “Materialismo y empiriocriticismo”. De 1908 data uno de los escritos ?losó?cos más importantes de Lenin; el otro, de 1914-1916, lo constituyen sus Cuadernos filosóficos. ¿Qué alcance filosófico y práctico-político tiene el primero de ellos?; ¿qué es lo que lleva a Lenin a polemizar con los seguidores rusos de una “variedad del idealismo”?; ¿por qué se ocupa este dirigente revolucionario de cuestiones, al parecer, distantes de la lucha política directa como la “cosa en sí”, la “verdad objetiva”, la materia, la “unidad del mundo”, el espacio, el tiempo y otras semejantes?

En marzo de 1991, luego de recibir oficialmente el Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, Patricio Aylwin Azócar en su calidad de Jefe de Estado, con lágrimas en los ojos pidió perdón, a nombre de la nación chilena, a las familias de las miles de víctimas de la represión. En esa oportunidad, omitió referirse al pecado original que significó el quebrantamiento constitucional provocado por el levantamiento de los altos mandos de las instituciones de la defensa y la policía.

Cuando Gramsci desarrolla sus conceptos más conocidos (como hegemonía, guerra de posiciones, o el partido político como intelectual orgánico) lo que pretende hacer es un intento de recomposición teórica y estratégica del marxismo a partir de las nuevas condiciones económicas, sociales y políticas del poder burgués en los países capitalistas avanzados.

Un aspecto del pensamiento político de Gramsci que no ha sido suficientemente estudiado y profundizado es la concepción de la hegemonía. Sin embargo, tal concepción representa un original aporte al desarrollo del marxismo y es la clave maestra para comprender las tesis gramscianas sobre los intelectuales y el partido. Quienes se ocuparon del problema o bien alineron acriticamente la concepción gramsciana a las tesis de Marx, Lenin, Stalin, Zdanov, o, por el contrario, destacaron genéricamente la exigencia democrática del concepto de hegemonía.

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