El Síndrome de Stendhal: Cuando la Belleza nos Abruma

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Taquicardia, agotamiento, mareos, sudoración, tensión en la región gástrica, sofocación, alteración del sentido de la realidad y de la identidad, turbaciones sensoriales, delirios persecutorios, alucinaciones...

Si esos síntomas los ha experimenta ante una obra de arte, un paisaje, una pieza musical, una película, una comida o, una persona que lo ha dejado literalmente sin palabras, entonces es posible que padezca el síndrome de Stendhal.

También conocido como el estrés del viajero, se trata de una situación anímica que se produce al observar obras de gran belleza, sobre todo en un corto espacio de tiempo y en una misma ciudad.

Marie-Henry Beyle, escritor francés del siglo XIX, más conocido como Stendhal, escribió en su libro Roma, Nápoles y Florencia:

"Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme".

Esta descripción sirvió, años más tarde, a la psiquiatra y psicoanalista Graziella Magherini para acuñar el Síndrome de Stendhal, que comprendía el conjunto de reacciones observadas por ella en turistas que visitaban la bella Florencia. Según recogía, éste engloba los síntomas que acabamos de mencionar.

Pero ¿es eso posible?

Enrique Pallarés Molíns, Doctor en Psicología y Profesor emérito de la Universidad de Deusto no lo tiene tan claro:

"Ante todo, es necesario aclarar que no se trata de un nuevo trastorno mental, específico y definido, como lo es la depresión o la esquizofrenia. No ha sido reconocido como tal ni incluido en la extensa clasificación de trastornos mentales de la American Psychiatric Association (DSM-5 o ediciones anteriores) ni en la Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud (CIE-10), ni en ninguna de las otras principales bases de datos".

"Además -continúa- el estudio de Magherini ha recibido varias observaciones críticas. El centenar de casos recogidos durante el período anteriormente citado habría que compararlo cuantitativamente con el elevado número de turistas que visitaron Florencia durante esos mismos años, para poder así calcular el impacto relativo del síndrome. Asimismo, un estudio epidemiológico completo, y la misma consistencia del síndrome, requeriría la comparación de los casos observados en Florencia con los ocurridos en otros museos o lugares privilegiados en cuanto a la concentración de obras artísticas o de recuerdos históricos".

Fernando Francés, director del afamado Centro de Arte Contemporáneo de Málaga, agrega:

"En el CAC se han dado casos, bastantes. El último fue la semana pasada y lo protagonizó la artista Marina Vargas, que se emocionó al ver su obra expuesta en el museo. He visto llorar en el CAC Málaga a visitantes en exposiciones individuales de artistas tan diferentes como Ron Mueck, Jack & Dinos Chapman, Louise Bourgeois o Luc Tuymans.

Indudablemente, existe la posibilidad de que el visitante pueda sentir unas fuertes emociones ante la belleza, de cualquier índole. Puede ocurrir que ante grandes escenarios o grandes obras , la propia magnitud que envuelve al individuo, sea más propicio el que ese síndrome emocional pueda ocurrir. También el cansancio, la temperatura, la deshidratación, el hambre, etc. que pueden ser frecuentes en el turista y en el viajero, pueden acentuar esas sensaciones. Si no llega a convertirse en patología, es bienvenido".

Y aporta otro antecedente:

"Yo no hablaría en este caso de Síndrome de Florencia, sino de Síndrome de Altamira, porque allí las sensaciones de temperatura, antigüedad, claustrofobia y magnetismo no tienen parangón".

Pallarés está de acuerdo con esta última matización, y coincide en que las circunstancias personales del viajero (horario, comidas...) pueden afectar en la incidencia del Síndrome.

"En los casos que cita Magherini en su libro se alude a estos antecedentes, pero sin evaluar, o al menos estimar, su influencia causal en las perturbaciones psicosomáticas y mentales observadas".

En otro artículo, el psicólogo indaga todavía más en este aspecto:

"El mismo relato de Stendhal suministra algunas pistas sobre la presencia de otros factores que influyeron en la intensa reacción emocional que describe. Stendhal llegó a Florencia en una diligencia, tras un viaje de varias horas, sin ningún descanso. Solo llegar, se dirigió a la basílica de la Santa Croce por la ruta más breve. La postura que tuvo que adoptar para contemplar la bóveda también puede explicar en parte alguna de las reacciones psicosomáticas que describe. Por otra parte, los datos de su biografía indican que Stendhal tenía problemas físicos con los que se pueden relacionar los síntomas que relata en su diario".

Eso, por supuesto, sin olvidar que se trataba de un relato de ficción.

Entonces...¿Por qué no emocionarnos sin cesar con la belleza hay en el mundo?

Porque como bien decía Camille Pissarro:

"Blessed are they who see beautiful things in humble places where other people see nothing" ("Bienaventurados los que ven cosas hermosas en lugares humildes donde la gente no ve nada").