Insurrección en Chile: Asamblea Constituyente Libre y Soberana

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por Silvia Arana (*).

“Cabros, esto no prendió”. La frase la dijo el 16 de octubre pasado Cle-mente Pérez, ex-presidente del directorio del Metro de Santiago durante el primer gobierno de Michelle Bachelet.

Era el tercer día consecutivo en que estudiantes secundarios evadían los torniquetes de entrada al tren subterráneo en protesta por el alza de 30$ del pasaje. Pérez dijo:

«Llama la atención porque es novedoso, pero es marginal… Me parece tonto…Cuando uno hace una protesta busca generar el apoyo de la población. Estos estudiantes lo que hacen es generar rechazo… Cabros, esto no prendió…”.

La miopía política de Pérez –empresario, académico y ex-director del diario La Hora– es muy representativa del llamado sentido común neoliberal, según el cual los servicios públicos como el transporte, al igual que la educación, la salud, la vivienda, el agua y los demás recursos naturales no son derechos sociales sino mercancías.

Fue justamente esta acción estudiantil la chispa que prendió la protesta masiva que ya lleva más de un mes. A los estudiantes se sumaron los movimientos feministas, sindicalistas, ambientalistas que masivamente tomaron las calles para denunciar la exclusión económica y social imperante desde hace 46 años.

Cifras de la desigualdad económica en Chile

1. Chile es el séptimo país más desigual del mundo (índice de Gini).

2. El 1% más rico posee el 26,5% del ingre-so nacional; el 50% de los hogares menos favorecidos solo tiene 2,1% de la riqueza neta del país; el 10% más rico concentra el 66,5% (Cepal).

3. Chile tiene el 35% del cobre mundial. El cobre representa más del 60% del total de exportaciones. El 70% de la explotación del cobre está manejada por empresas privadas extranjeras. Sus ganancias equiva-len al 17% del PIB y al 75% del presupuesto nacional (“La desnacionalización del cobre, que había nacionalizado Salvador Allende”, de Caputo y Garcés).

4. Desde la dictadura, la participación del salario en el PIB es menor al 40%.5. El sueldo de un parlamentario equivale a 31 salarios mínimos.

6. La deuda de los hogares chilenos equivale al 74% de sus ingresos.

7. La mitad de los jubilados chilenos cobra menos de 200 dólares.8. Las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) incrementaron sus ganancias en un 70% en 2019. Las seis empresas privadas del sistema AFP ganaron 849 millones de dólares invirtiendo el dinero de los jubilados.

9. Es el segundo país de la OCDE con aranceles universitarios más altos: 7.654 dólares cuesta la matrícula en universidades públicas.

10. La mitad de los trabajadores tiene un salario de 480 dólares; el costo del pasaje del metro es 1 dólar.

Romper el espejo neoliberal

David Harvey sugiere: ¿Y si cada modo dominante de producción, con su configuración política particular, genera un modo de oposición que es como su propia imagen en el espejo?

Sostiene que la reorganización del proceso de producción y el giro hacia la acumulación flexible del neoliberalismo han producido una izquierda que es, en muchos sentidos, su imagen reflejada en el espejo: autónoma, descentralizada y no-jerárquica.

Dice que, por supuesto, hay maneras de organización que proponen romper el espejo y generar algo nuevo. La resistencia al neoliberalismo se ha construido en base al descontento que cada vez más gira alrededor de las luchas por las políticas que moldean la vida diaria en la ciudad.

Harvey reconoce la importancia de la lu-cha de los sindicatos en la resistencia al capitalismo y al neoliberalismo, pero resalta el rol dominante de las luchas por las condiciones de la vida diaria (transporte, educación, salud, vivienda) en los últimos 15 años alrededor del mundo, de Estambul a Brasilia, a Londres, a París…

Es este el contexto que me parece apropiado para enmarcar la rebelión de Santiago en particular y de Chile en general. Las luchas para mejorar la calidad de vida y exigir mayor participación ciudadana aglutinan a diversos sectores sociales. Los protagonistas de la resistencia chilena contra el neoliberalismo y capitalismo son los movimientos sociales de estudiantes, mujeres, indígenas, ecologistas, acompañados por trabajadores y sindicalistas.

Cae el modelo fraguado en Washington para toda América Latina

El golpe de Estado contra Salvador Allende en 1973 fue planeado por el gobierno de EE.UU. desde el mismo momento en que el candidato socialista ganó las elecciones presidenciales de Chile.

A partir del golpe se implementa una política neoliberal de apertura indiscriminada del mercado local en beneficio de las corporaciones multinacionales que promueven la globalización reforzando una economía productora de materias primas. Esta estructura socioeconómica excluyente de las grandes mayorías es controlada por los organismos financieros internacionales (Banco Mundial, FMI, OMC), promovida por los medios de comunicación corporativos e impuesta a sangre y fuego por las fuerzas represivas.

El modelo socio-económico pinochetista, incluyendo su Constitución, fue mantenido por los siguientes gobiernos bajo un sistema bipartidista cuidadosamente controlado.Sin embargo, a lo largo de las últimas décadas se ha construido una resistencia multisectorial con varias puntas de lanza: el movimiento estudiantil, el movimiento feminista, el movimiento indígena mapuche en el sur.

El descontento social hizo eclosión en octubre pasado con una gigantesca movilización de diversos sectores populares capturando la atención de toda América Latina y dejando boquiabiertos a muchos, sobre todo a la derecha promotora del modelo chileno en la región.El gobierno de Piñera respondió declarando la guerra a las movilizaciones sociales, usando a los carabineros para reprimir con una saña heredada de la dictadura a todo el que estuviera en la calle.

Se estima que hay cerca de 250 personas, en su mayoría jóvenes, que han perdido la vista en un ojo o en ambos por disparos de los carabineros dirigidos a la cara de las víctimas. Señala Pablo Abufom del Movimiento de Solidaridad que esto es un símbolo de la crueldad de la represión:

“Decíamos que habíamos despertado, que habíamos abierto los ojos, ¡y nos dejan ciegos!”.

Durante el mes de movilizaciones populares, se produjo el paro general del 12 de noviembre convocado por los movimientos sociales que contó con la participación de la Unidad Sindical, la Unión Portuaria de Chile, los sindicatos de la Gran Minería, la Confederación de la Construcción y los trabajadores de la Empresa Nacional de Petróleos. Los gremios rompieron la abulia sindical en la que estuvieron sumergidos durante varias décadas.

El gobierno de Piñera, ante el fracaso de la represión para desarticular el movimiento social, ha dado pequeños pasos atrás cambiando de gabinete y haciendo promesas de que se redactará una nueva Constitución, pero manteniendo el régimen de las instituciones causantes de la crisis social con el apoyo de los partidos de la Concertación y de la Nueva Mayoría y de algunos sectores del Frente Amplio.

Por el contrario, los movimientos sociales –junto al PC, sindicatos de docentes y otros– han rechazado el “pacto social” propuesto por Piñera, demandando su renuncia, la libertad de los miles de detenidos políticos, el juicio a los responsables de muertes, heridos y demás violaciones a los derechos humanos cometidas por las fuerzas de seguridad, y demandando ¡Asamblea Constituyente libre y soberana!

El periodista chileno Paul Walder plantea que los movimientos sociales y la Unidad Sindical luchan contra una paradoja, un presidente que solo cuenta con el 13% de respaldo ciudadano, pero tiene el apoyo de los otros poderes del Estado, las Fuerzas Armadas y policiales, las iglesias y el poder económico en primer lugar “para alargar las negociaciones en espera del desgaste del movimiento social”.

No podemos anticipar si se producirá un desgaste social, pero sí podemos prever que el movimiento de estudiantes secundarios, la chispa de la insurrección, continuará marcando el camino.
Víctor Chanfreau, vocero de la ACES (Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios) en respuesta al pacto de Piñera con los partidos institucionales dijo:

“La institucionalidad está totalmente viciada. Se sentaron a negociar sobre la sangre de nuestros muertos, no se habló de los presos políticos, no se habló del juicio de castigo desde Piñera para abajo, no se habló de la reparación a las víctimas, ni tampoco de las reivindicaciones inmediatas… Tenemos claro quiénes son… ¡Qué les van a importar los pobladores si a ellos nunca les ha faltado el techo! Son ellos los que han administrado este país durante los últimos 46 años; no tienen legitimidad; han cimentado las condiciones para que el pueblo se endeude para comer; para que la gente se muera esperando atención médica o se suicide porque no le alcanza la pensión… No vamos a permitir que los mismos de siempre traicionen al pueblo que en las últimas cuatro semanas se ha levantado dejando en claro cuáles son nuestras demandas… Son los mismos que nos están amenazando con la ley de seguridad del Estado, pero en versión Frente Amplio. Si en el 2011 vendieron a los estudiantes, hoy en el 2019 quieren vender al conjunto del pueblo. Llamamos a todas las organizaciones sociales, al pueblo anticapitalista, a las asambleas territoriales, a Unidad Social, al conjunto del pueblo a rechazar este acuerdo. El llamado es volver a los inicios de esta movilización, vamos a evadir durante todo el día para llegar a la Plaza de la Dignidad a decir fuerte y claro ¡Chile no se vende!”.

Antes de octubre, decir “modelo chileno” era decir neoliberalismo y exclusión social sin rebelión. Hoy, el mito del Chile neoliberal y sumiso ha rodado por el suelo, como la cabeza de la estatua del militar Dagoberto Godoy arrancada por manifestantes mapuches en Te-muco y puesta en la mano de la estatua del to-qui Caupolicán, líder de la resistencia contra los conquistadores españoles.

(*) Traductora, editora y periodista de medios alternativos. Miembro del Consejo Editorial del diario digital Rebelión.

Fuente: Tiempo de Estallidos Sociales; Revista Latinoamérica en Movimiento N°546, diciembre2019, año43, 2ª época.

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