Acuerdo de Paz y Nueva Constitución: Un Error Histórico

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por Gonzalo Martner F. (*).

El acuerdo derecha-concertación-frente amplio no disminuyó la movilización por una salida democrática y social a la crisis.

El quórum de dos tercios para una asamblea que redacte una nueva Constitución le da un poder de veto a la derecha inaceptable, y también se lo da al resto.

Si somos todos buenitos habrá una pulcra Constitución de mínimos.

Si se expresan los conflictos de intereses existentes en la sociedad, habrá veto mutuo y por tanto colapsará la asamblea y no habrá proceso constituyente. O un acuerdo de madrugada con cualquier cosa para salvar los muebles.

Por eso el mecanismo concordado es un error histórico.

¿Por qué tenían que firmarlo así? ¿Por qué no consultaron a la Mesa Social o a mantuvieron informada? ¿Por qué no incorporaron en serio al PC, al Pro y al FREVS?

De los actuales PS y el PPD ya no se puede esperar mucho en materia de respeto al movimiento social, pero sorprende que el Frente Amplio haya hecho lo mismo, después de haber hablado hasta por los codos contra las cúpulas y los partidos tradicionales, y terminan haciendo lo mismo y peor.

Desde el segundo que en esto se empezó a fraguar me encontré con la sorpresa de que constitucionalistas como Atria defendían los dos tercios con hoja en blanco, con el argumento pueril de que si en algo no hay acuerdo pasa a la ley.

Les señalé que era una irresponsabilidad.

Ejemplo: si no habrá acuerdo sobre la subordinación de las FF.AA. al poder civil, ni sobre la propiedad pública de los recursos naturales, hoy cautelados en la actual constitución (lo primero después de múltiples batallas y lo segundo porque los militares de la época mantuvieron la norma de 1971), entonces pasará a los vaivenes de la ley?

¿Qué régimen político y económico-social podría salir del sistema de vetos mutuos?

Espero y confío que en el trámite parlamentario la derecha más lúcida se dé cuenta de que para salir del paso y ganar tiempo dio lugar a una asamblea constituyente a la que le cambió el nombre y en la que se compró un seguro para hacerla colapsar, pero que no es sino una bomba de tiempo para mantener una crisis política permanente (¿alguien se acuerda que con los 2/3 de la constituyente boliviana las normas finales salieron con el parlamento rodeado por miles de manifestantes?).

Y que lo mismo ocurra con la ex concertación y los jóvenes del Frente Amplio, que ojalá promuevan en las normas que habiliten el plebiscito que la asamblea constituyente tome decisiones por mayoría simple o a lo sumo de 60% y que los artículos más controversiales sean plebiscitados.

Todavía hay tiempo para pasar de un mal acuerdo, precipitado y que dio la espalda al movimiento social, a un nuevo acuerdo más racional, más consultado con las organizaciones de la sociedad civil y que se proponga dotar a Chile de un orden político compartido para varias generaciones.

(*) Académico, economista y político, ex militante del Partido Socialista. Director del Magister en Gerencia y Políticas Públicas de la Universidad de Santiago.

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