La Traición Está de Moda: Diputados Aprobaron el TPP 11

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Con los votos de radicales y demócrata-cristianos, e incluso un socialista, la Sala de la Cámara de Diputados aprobó el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CP-TPP o TPP-11).

Un hecho político que, en uno de sus flancos colaterales, consagra la existencia de al menos dos oposiciones, una de ellas asequible a acuerdos con el Gobierno, en materias de neoliberalismo estratégico.

La mayor parte de la oposición se manifestó en contra del acuerdo, estimándolo negativo para los intereses chilenos en materia laboral, medioambiental y agrícola, entre otros, y con una fuerte crítica a la asociación con Brunei y sus leyes contrarias a los derechos humanos.

La derecha defendió el tratado, con el consabido discurso de que es beneficioso para el desarrollo exportador de Chile, con tasas cero o rebajadas para miles de productos nacionales en países donde hoy están limitadas y por constituir un elemento que favorece el crecimiento y la generación de empleo.

Y afloró el tercer sector, descrito así por el diario electrónico de la cámara:

“Un grupo intermedio lo representaron legisladores opositores que, si bien coincidieron con su sector en algunos de los inconvenientes visualizados en torno a este acuerdo, estimaron relevante apoyar una propuesta impulsada por la expresidenta Michelle Bachelet, firmada en Santiago en los últimos días de su mandato, el 8 de marzo de 2018”.

En definitiva, la aprobación del acuerdo tuvo 77 votos favorables, 68 por el rechazo, tres pareos y dos abstenciones, margen que permitió su paso a segundo trámite al Senado, donde el Gobierno cuenta con un escenario más favorable.

Además de la derecha en bloque, como de costumbre en temas de neoliberalismo estratégico, por la aprobación estuvieron los demócrata-cristianos Miguel Angel Calisto, Matías Walker y Daniel Verdessi; los radicales Pepe Auth, Carlos Abel Jarpa, los inefables e infaltables Fernando Meza y José Pérez, y el socialista Jaime Tohá.

Como también siempre sucede en este tipo de temas, justos los necesarios.

Por el rechazo votaron los demócrata cristianos Gabriel Ascencio, José Miguel Ortiz, Joana Pérez, Jorge Sabag, Gabriel Silber, Raúl Soto, Víctor Torres y Mario Venegas; los radicales Karim Bianchi, Marcela Hernando, Cosme Mellado y Alexis Sepúlveda, y todo el resto de los socialistas.

Por la negativa estuvieron los diputados del Partido por la Democracia, Partido Comunista, Frente Amplio y Federación Regionalista Verde Social.

No deja de ser notable la posición de la bancada del PPD, toda vez que su propio presidente, Heraldo Muñoz, quién además era Canciller de Bachelet, cuando se firmó el tratado, los llamó a apoyar el acuerdo, con el argumento de que así se defendería la “política exterior y comercial” impulsada por los ex-mandatarios de centroizquierda; léase Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet.

Se abstuvieron los demócrata cristianos Iván Flores y Manuel Matta.

Sin que sirva de premio de consuelo, se trata del más alto rechazo a un tratado que se haya votado en el Congreso, en todo el tiempo de la república neoliberal; del año 1990 hasta ahora.

En las tribunas hubo ruidosas manifestaciones; incluyendo lanzamiento de monedas contra ciertos honorables, situación ante la cual el presidente de la corporación, Iván Flores (DC), procedió a suspender la sesión y solicitar a Carabineros el desalojo de las tribunas, con los forcejeos e improperios de rigor.

En horas de la tarde, Carabineros reprimió manifestaciones en contra del tratado, en el centro de Santiago.

Debate de corto alcance

Como ha sido costumbre en materia de los profusos tratados de libre comercio firmados por Chile, el debate fue oblícuo, sesgado y superficial.

Como un mantra, se recitan los beneficios que traería “un mercado formado por once países del área Pacífico, que representan el 13,3% de la economía mundial”, tales como “menores aranceles para más de tres mil productos”, y “mejores condiciones para ampliar la llegada de bienes y servicios” entre los once países participantes del tratado.

De hecho, son los mismos lugares comunes utilizados por Piñera a través de su cuenta de twitter:

“Aprecio aprobación de diputados x TPP11, lo que fortalece nuestra integración a diez importantes economías de Asia-Pacífico”.

“A Chile le conviene ser parte de la economía mundial. Este pacto nos permitirá generar más crecimiento, mejores empleos, mayores salarios y nuevas y mejores oportunidades para pymes, regiones, emprendedores y mujeres”.

No más sofisticados fueron las razones del Canciller, Antonio Walker

Ni más profundos fueron los argumentos del diputado de RN, Alejandro Santana:

“Día que pasa perdemos competencia frente a otros países. Creemos que hay oportunidades, se ha explicado en forma profunda que todos los mitos que atentan contra esta política de Estado no son ciertos”.

Hubo también delirantes silogismos, como el del diputado Isa Kort, de la UDI:

“Van a ser iguales a Miguel Bosé si no aprueban el tratado que lideró Bachelet”.

Auth exhibió sus conocidas dotes de liberal-sofismo, o si se prefiere, demagogia:

“No se camina al desarrollo desde la senda del proteccionismo económico. En mi caso, no necesito ni que el Presidente Sebastián Piñera ni que el canciller Roberto Ampuero me convenzan de votar a favor del tratado, porque ese trabajo ya lo hicieron en el pasado la ex-mandataria Michelle Bachelet y el canciller Heraldo Muñoz, quienes les pusieron sus firmas a esta iniciativa”.

Divide y vencerás

El Secretario General del Partido Comunista consideró:

“Es preocupante que la DC decidiera tomar el camino propio sin medir consecuencias, generando dudas legítimas respecto al rigor y compromiso en los futuros acuerdos que adquiera con el resto de la oposición”.

La diputada Camila Rojas, del Frenta Amplio, señaló:

“Votamos en contra. Como en tantos otros proyectos perdimos. No sólo porque nuestro voto fue minoritario, sino que porque pierde la mayoría de la población y se siguen enriqueciendo unos pocos”.

El diputado Miguel Crispi, de Revolución Democrática, sostuvo:

“Los riesgos e incertidumbres superan con creces los beneficios”.

La diputada Alejandra Sepúlveda, de la Federación Regionalista Verde Social, advirtió:

“Después no reclamen, colegas tomen conciencia de lo que vamos a hacer. Pido un poco de reflexión, porque los que estamos aquí nadie sabe las externalidades del tratado, no se han medido. Nunca más un gol de media cancha como quiere pasar este Gobierno”.

Sobre este punto, denunció una presión desmesurada del Gobierno, en el marco de una estrategia por apurar la tramitación del proyecto: .

“Yo creo que ya está bueno de esta presión permanente del Ejecutivo. Primero por pasar vía rápida los proyectos de ley, especialmente este tratado, que tuvimos la posibilidad de retrasar, pero lamentablemente no hubo la posibilidad de que se pudiera estudiar en cada una de las comisiones. ¿Por qué no fue a la Comisión de Salud en términos de lo que podría complicar a los medicamentos? Yo creo que fue una revisión de este tratado absolutamente insuficiente”.

La diputada socialista Emilia Nuyado, colocó el punto en uno de los grandes déficits de la aprobación del tratado, que en el futuro puede determinar una impugnación:

Sobre este tema no se le ha consultado a los pueblos indígenas que tienen derecho a la participación, a la consulta, y al consentimiento previo libre e informado. Eso, claramente no ha sucedido con este tratado”.

El tratado en síntesis

La delegación de Gobierno; integrada por Cecilia Pérez, ministra portavoz, el canciller Roberto Ampuero y Antonio Walker, ministro de Agricultura, revela la importancia del tema.

El proyecto aprobatorio ingresó a trámite legislativo a principios de noviembre de 2018 e inició su debate en la Sala el pasado 20 de marzo, con la exposición de los informes de las cuatro comisiones que lo analizaron, dos con informes favorables y dos negativos.

Luego de su paso por las comisiones de Relaciones Exteriores, Hacienda, Agricultura, Trabajo y Constitución de la Cámara de Diputados, el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (TPP-11), la ratificación del tratado fue aprobada en las dos primeras, y rechazada en las dos segundas.

Convocada para esclarecer el quórum requerido para su ratificación, la Comisión de Constitución, Legislación y Justicia resolvió, por amplio margen, la mayoría simple.

Para esto sí, ¿no?, ¿y qué pasó con los quorum calificados?

Luego, se reactivó en la jornada del lunes 16 de abril, y concluyó hoy con la votación y despacho.

La historia oficial, por así decirlo, corre por cuenta del despacho de prensa de la Cámara:

“El acuerdo supone una macrozona comercial con un PIB de US$10,6 billones y un 14,7% de la inversión y un 15,5% de las exportaciones globales. El intercambio comercial de los once países comprometidos en el CP-TPP, en tanto, alcanzó a 4,8 billones de dólares en el año 2016, lo que representa un 15% del intercambio mundial.

Conforme a lo indicado por el Ejecutivo, se espera que el nuevo acuerdo otorgue mejores oportunidades para la exportación de servicios y de más tres mil productos hoy excluidos o limitados en acuerdos bilaterales, particularmente con países como Japón, Vietnam, Malasia, Canadá y México.

Al mismo tiempo, se proyecta que genere condiciones para una mayor participación de las pequeñas y medianas empresas chilenas en las cadenas globales de valor; incremente los flujos de inversión; y favorezca la diversificación de nuestra matriz productiva y exportadora.

El CP-TPP tiene su referencia inmediata en el Tratado Transpacífico (TPP), suscrito el 4 de febrero de 2016, del cual desistió Estados Unido y que motivó a una nueva negociación que culminó con la firma de un nuevo acuerdo entre Australia, Brunéi, Canadá, Japón, Malasia, Nueva Zelanda, Chile, Singapur, Perú, Vietnam y México.

En su denominación se sumaron las expresiones “integral” y “progresista”, como una forma de dar cuenta de un instrumento comercial que no solo tiene por objeto la reducción de aranceles, sino que también abarcar compromisos que salvaguarden y aseguren altos estándares laborales y medioambientales para la región del Asia-Pacífico.

En esa misma línea, el CPTPP contempla además materias que tradicionalmente no habían sido abarcadas en profundidad en previos acuerdos comerciales, tales como “Pequeñas y Medianas Empresas” “Empresas del Estado y monopolios designados”, “Competencia”, “Coherencia regulatoria”, “Transparencia y Anticorrupción”, “Comercio Electrónico”, entre otras”.

En esta historia oficial, que hace suya acríticamente el departamento de prensa de la Cámara, no hay una sola línea que advierta sobre la ampliación que otorga a las transnacionales de la exclusividad de sus patentes, lo que impedirá, y en el mejor de los casos, retrasará o dificultará el ingreso de medicinas genéricas y bioequivalentes.

Tampoco, que el tratado permite la privatización de semillas y el fortalecimiento del mercado transgénico en Chile: mientras que sólo reconoce cinco derechos laborales, y excluye conquistas históricas, como el derecho de de vacaciones, y el de pre y post natal.

TPP11 sin consulta indígena: una vulneración de derechos humanos

A José Aylwin y Paulina Acevedo, del Observatorio Ciudadano, les llama profundamente la atención que hasta ahora los legisladores no se hayan pronunciado frente a la demanda que han formulado representantes indígenas de distintos territorios para que el TPP-11 sea sometido a consulta previa, antes de ser ratificado.

Una vulneración de derechos en la que incurrió también en su momento el ejecutivo, pues tampoco consultó a estos pueblos en la etapa de negociación o antes de firmar el texto definitivo, agregan.

Entre los múltiples impactos que se han identificado en estos tratados están aquellos que se generan en los derechos de pueblos indígenas.

Entre otros efectos adversos para los derechos de los pueblos generados por tratados de libre comercio, están su derechos a la libre determinación y a definir sus propias prioridades en materia de desarrollo; a sus tierras, territorios y recursos; a la participación y al consentimiento previo, libre e informado; a sus conocimientos tradicionales y expresiones culturales; a procedimientos equitativos y justos para el arreglo de conflictos y controversias con los Estados u otras partes y a la reparación efectiva de toda lesión a sus derechos individuales o colectivos.

Estos tratados generan una “asimetría” en las cargas de la globalización económica, puesto que gran parte de las inversiones se proyectan o implementan en territorios indígenas sin su consulta y consentimiento”.

A mayor abundamiento, prosiguen:

“En el caso de Chile, agregan, no se trata de una exigencia que carezca de fundamento. En efecto, no puede escapar al conocimiento de los legisladores el hecho de que la inversión externa generada por los de 26 acuerdos comerciales con 64 estados suscritos por Chile desde 1993 a la fecha, que representan el 86,3% del PIB global (Dirección General de Relaciones Económicas Internacionales – DIRECON, 2018a), han sido determinantes en el crecimiento de la actividad empresarial vinculada a la explotación o procesamiento de recursos naturales.

De lo anterior dan cuenta las cifras de exportación del país, el 74.6% de las cuales se concentran en tan solo tres rubros (minería con el 62%, industria celulosa y madera con el 8%, y salmonicultura con el 4.6% del total), todos relacionados con recursos naturales (Banco Central de Chile, 2014).

Se trata, en todos los casos, de actividades que se sobreponen de manera significativa a los territorios de ocupación tradicional indígena, y que, según el Mapa de Conflictos Socioambientales del INDH (2018a), han generado impactos adversos en derechos humanos”.

Luego, en columna de opinión, sostienen:

“Los derechos humanos de tratados internacionales ratificados por Chile y que se encuentran vigentes, como los establecidos en el Convenio 169 de la OIT obligan, por disposición constitucional (artículo 5to inciso 2) a todos los órganos del Estado, los que por cierto incluyen al Congreso Nacional. Por lo mismo, los legisladores no pueden ignorarlos al analizar el TPP-11, evaluando apropiadamente los impactos que la ratificación de este tratado comercial tendría en estos derechos, así como los procedimientos que en este caso corresponden para su aprobación, los que evidentemente incluyen la consulta a los pueblos indígenas susceptibles de ser afectados en sus derechos por esta medida legislativa”.

TPP, biotecnología y el futuro

El analista en seguridad informática, Juan Rodrigo Anabalón, considera insólito que los diputados voten un tratado con tantas implicancias a futuro, sin conocerlo.

Agrega que por las filtraciones de Wikileaks, se sabe que el TPP impactará fuertemente las siguientes áreas:

– Censura en Internet: con el TPP se censuran contenidos en Internet, sin intervención de jueces que garanticen nuestros derechos.

– Derechos de Autor: la disponibilidad de libros, películas o música en bibliotecas y escuelas se verían afectados y aumentarían sus costos, afectando en nuestro caso más aún a la educación pública.

– Industria Farmacéutica: afectará el acceso a medicamento genéricos y aumentará los costos de la medicina.

En su opinión, en este siglo “tendremos la capacidad de añadir un año por cada año que pase a nuestra expectativa de vida, la terapia genética y la nanotecnología a la que tendremos acceso, los que se la puedan pagar, incrementarán significativamente la salud, la calidad de vida y la longevidad de las personas. En un par de décadas habrá nanobots en nuestro organismo que nos permitirán combatir enfermedades y nos mantendrán saludables por mucho tiempo más y nos harán evolucionar hacia un nuevo estado de la humanidad”.

Agrega que, para los ecologistas, esto es preocupante porque el inevitable crecimiento poblacional y el aumento en las expectativas de vida afectarán la sobre explotación de los recursos naturales del planeta y esto puede llevar al colapso:

“Sin embargo, ahí es donde entran en juego las nuevas industrias de la biotecnología y las nanotecnologías. Estas áreas de la ciencia nos dará las herramientas para reprogramar la materia y la energía a nivel molecular para crear casi cualquier recurso que necesitemos a muy bajo costo. Tal como hoy enviamos archivos por internet, en cien años seremos capaces de convertir archivos en distintos productos que imprimiremos en nuestras propias nanofábricas moleculares”.

Su punto de análisis apunta a que el TPP, combinado con este nuevo desarrollo tecno-biológico no solo tiene consecuencias en el corto plazo, y eso la industria farmacéutica lo sabe:

” La manipulación del cuerpo humano es algo inevitable, la ingeniería genética será la dueña de la nueva era y estos tratados, a través del control de derechos de autor y la protección de patentes, harán que esta industria controle el 40% de la genética mundial. En este siglo seremos testigos de nuevas diferencias sociales que serán el resultado de quienes puedan tener acceso a estas nuevas capacidades de hombre biónico y quieres se mantengan con sus limitadas capacidades humanas, menos productivas y que se agotan más fácilmente. La nueva pobreza y clases sociales no estará dada por el acceso al pan, sino de cómo te adaptas a la nueva sociedad cibernética”.

Precisamente, a la acumulación en medio de un ambiente de productividad ampliada por la tecnología, es a donde apuntan loos tratados de libre comercio, que alegremente firman los gobiernos neoliberales y “progresistas” de la república neoliberal.

Vox pópuli

Como es apenas natural, el debate sobre el TPP marcó tendencia en redes sociales

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