Tiger Woods: En Vez de Infierno, Encontró Gloria

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Tiger Woods firmó una hazaña deportiva de esas que inspiran películas de Holywood, y se integran a los temas de conversación de generaciones sucesivas.

Woods cerró una jornada histórica, al firmar una cuarta tarjeta con 69 golpes -3 bajo par- para un total de 274, (-14), que le han permitido hacerse con el Masters de Augusta y, con ello, vestir su quinta “chaque verde”.

Conquistó su ‘major’ número 15, marca sólo superada por Jack Nicklaus, con 18. Contra todo pronóstico ganó por dos palos de diferencia el Master de Augusta, uno de los cuatro grandes del golf profesional mundial, 22 años después del primero y 11 después del último.

Para logralo, derrotó y dejó atrás las cicactrices de cuatro operaciones de espalda que le dejaron al borde de la invalidez; las cicatrices del alma, por sus turbulentos problemas matrimoniales y el infierno de las adicciones, y el escepticismo de quienes lo creían acabado para el golf, partiendo por él mismo.

Tiger Woods elevó su estatus a leyenda universal del deporte, con una victoria cuyos ecos resonarán hasta el final de los tiempos del Augusta National.

Su impresionante palmarés registra triunfos en Augusta en 1997, 2001, 2002, 2005 y 2019.

Tiene en su haber tres Abiertos de los Estados Unidos (2000, 2002, 2008), tres Abiertos Británico (2000, 2005, 2006) y cuatro Campeonatos de la PGA (1999, 2000, 2006, 2007).

En el campo en el que emprendió su carrera en 1997, completó, media vida después, una reaparición sin parangón en la historia del deporte.

En ese mismo lugar confesó a sus íntimos, dos años antes, que estaba “acabado para el golf”.

La espalda, entonces, apenas le permitía estar sentado en la tradicional Cena de Campeones.

A la tercera fue la vencida para la resurrección de Woods, que había demostrado su vigencia en sus dos últimos grandes.

El British Open lo dejó escapar tras unos primeros nueve hoyos de ensueño. El PGA Championship se lo arrebató Brooks Koepka, representante de tantas y tantas generaciones de jugadores que llegaron al golf atraídos por su magnetismo.

En ambos casos había salido a cuatro de la cabeza y le habían bastado nueve hoyos para asaltar el liderato.

En esta ocasión partía a dos, pero por delante estaba Francesco Molinari, quizá el peor rival posible.

El italiano, un tipo aparentemente inmune a la presión, le había ganado el British y, meses después, y le amargó su regreso a la Ryder Cup en París.

Salió líder en solitario, con 13 bajo par, tres golpes de ventaja y 3 hoyos consecutivos sin bogey.

Woods tenía razones para sospechar que le tendría que arrancar literalmente la chaqueta.

A Molinari le conocen como ‘La Máquina’ por su capacidad para repetir una y otra vez el mismo golpe. No suele fallar el italiano, pero hoy lo hizo, y por partida doble. De la primera salió con vida. La segunda le costó la chaqueta.

El primer se produjo en el 12, el par 3 en el que llegan a confluir tres corrientes de aire diferentes. Se fue al agua y salió con un doble bogey. Abrió la puerta y por ella entró Woods, pero también Xander Schauffele y Patrick Cantlay, un tipo cuyo triunfo se pagaba 60/1 el miércoles y que se puso líder en solitario tras su ‘eagle’ en el 15.

El día, nublado y ventoso, hizo honor a la máxima: el Masters de verdad arranca en los nueve segundos del domingo. Seis jugadores diferentes llegaron a ocupar el liderato en la segunda parte del recorrido y hasta 10 estuvieron apretados en apenas dos golpes.

Cuando el partido estelar llegó al 15 el marcador reflejaba un quíntuple empate en cabeza con -12. A Molinari, Woods y Schauffele se le acababan de sumar Brooks Koepka, que se rehizo de un doble bogey en el 12, y Dustin Johnson, aunque los tres sin pares 5 ya por delante.

Viéndolo en casa club estaba Jason Day, con -11.

Molinari llevaba todo el día moviéndose en el alambre, especialmente por sus insólitos errores desde el tee. Y en el 15, el escenario de tantos dramas y tanta gloria, la cuerda se terminó de romper. Se fue al ‘rough’ de salida. Quiso buscar el green, pero la cabeza del palo se enredó en la hierba larga y, además, la bola tocó en una rama antes de caer al fondo de Rae’s Creek.

Woods, que había compensado sus errores desde el tee con la magia de sus hierros, olió la sangre y afiló el colmillo.

Ejecutó un golpe seguro a green y certificó el birdie con dos putts para encaminarse al 16 como líder en solitario del Masters por primera vez desde 2005.

Las ‘galerías’ del National, repletas desde antes del amanecer en una particular jornada final que se adelantó para evitar la tormenta, se venían literalmente abajo.

Woods siempre fue un ídolo en Estados Unidos, pero su versión humanizada de los últimos años terminó de seducir incluso a sus pocos detractores. No había nadie en Augusta que no deseara su victoria.

En el 16 (par 3) se dejó un putt de birdie de apenas un metro con un hierro sensacional desde el tee. Tenía la victoria entre los colmillos y ya nadie se la iba a arrebatar.

Al 17 se encaminó con dos de ventaja sobre Johnson, ya en casa club con -12, y Koepka y Schauffele, en el tee del 18.

Koepka tuvo un putt de birdie para ponerse a un golpe, pero estaba escrito que no sería su día.

El par del 17 le dio a Woods, que vestía el mismo polo con el que ganó el US Open de 2008, su último ‘grande’ hasta hoy-, margen suficiente para paladear el momento con el que soñó durante años y hace no mucho parecía inalcanzable.

Lo habría sido, sin lugar a dudas, para cualquier otro ser humano.

El inalterable rictus robótico que había exhibido desde el jueves se fue descomponiendo poco a poco conforme avanzaba por la calle del 18 hacia la casa club envuelto en ovaciones y gritos de “¡Tiger, te queremos!”.

Una corbata le arrebató el final soñado, pero daba igual. Woods se acababa de hacer eterno en Augusta.

La travesía del desierto

Los problemas para Tiger Woods comenzenzaron en junio de 2008, cuando jugó con una lesión en la rodilla el US Open, donde se impuso en desempate contra Rocco Mediate. Tras el triunfo fue operado del ligamento cruzado de su rodilla izquierda.

Ocho meses después, tiempo que le llevó la recuperación, reapareció en el circuito con derrota en el Mundial Match Play y a fines de febrero comenzó el calvario mediático, cuando salieron a la luz las relaciones extramatrimoniales que provocaron el divorcio millonario con su esposa, Ellen Nordegreen.

Aquel escándalo le costó el retiro de varios patrocinadores y su propio retiro del deporte.

En mayo del 2011 volvió a aparecer pero a la hora de afrontar el US Open renunció por problemas en la rodilla y en el tendón de Aquiles. Para ese entonces, ya había perdido el primer puesto, el cual mantuvo por 281 semanas consecutivas.

Cuatro meses después de su salida por una nueva lesión, el golfista quedaba afuera del TOP 50 por primera vez desde 1996.

Los años siguientes fueron un calvario para el deportista, aquejado por sus dolores en la espalda y su posterior operación en abril del 2014, cuando se pierde su primer Masters.

En septiembre y octubre del 2015 pasó por el quirófano por los mismos motivos hasta que a fines del 2016 volvió a competir después de 15 meses en el World Hero Challenge.

Un regreso que se iba a ver truncado en 2017, año en el que volvió a sufrir dolores en su espalda que lo obligaron a volver al quirófano por cuarta vez.

En mayo del 2017 Tiger Woods se volvió a ver envuelto en un escándalo mediático al ser detenido por la policía, quien lo encontró dormido al volante.

El estadounidense reconoció que había consumido potentes analgésicos y medicaciones para dormir y un mes más tarde anunció que iba a participar de una rehabilitación para combatir su adicción a ese tipo de medicamentos.

Para obtener su decimo quinto torneo major, Tiger Wodds tenía que ganarle a todos esos fantasmas.

A sus 43 años, lo hizo con clase, autoridad y señorío.

Vea los momentos más destacados del triunfo de Tiger Woods en la jornada final del Master de Atlanta

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