La Desconocida Geopolítica de la Guerra del Pacífico

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por Fernando Del Corro (*)

El 14 de febrero de 1879 Chile ocupó Antofagasta iniciando una guerra que dejó sin mar a Bolivia, y en la que Argentina perdió 20.000 kilómetros cuadrados.

Es harto sabido que como consecuencia de la Segunda Guerra del Pacífico los bolivianos perdieron su salida al mar y quedaron condenados a la mediterraneidad tema sobre el que vienen reclamando sin éxito desde entonces sus diferentes gobiernos pero lo que es conocido por muy pocos es que, como otra consecuencia de la misma la Argentina perdió nada menos que 20.000 kilómetros cuadrados de la Punta de Atacama que ninguna de sus autoridades de turno, desde el en ese momento presidente Julio Argentino Roca hasta la fecha, reclamó.

El historiador argentino Ricardo Rodolfo Caillet-Bois fue de los pocos que profundizara el tema que se relaciona con el hecho de que Chile por un lado y Bolivia y Perú por el otro se enfrentaron dos veces en el Siglo XIX.

Una, entre 1836 y 1839, conocida como “la Guerra de la Confederación” y la segunda, la mencionada, cuatro décadas después, cuando el primero de esos países se quedó con territorios de los otros y de la Argentina, como ya se ha dicho.

Los conflictos se originaron a raíz un decreto de Simón Bolívar del 28 de diciembre de 1825 con motivo de la independencia de Bolivia. “Quedará habitado, desde el primero de enero entrante por puerto mayor de estas provincias, con el nombre de Puerto La Mar, el de Cobija.

Se arreglarán allí las oficinas pertenecientes a la hacienda pública”, estableció el Libertador. También Bolívar había solicitado a la Argentina que cediera parte de su territorio sobre el Pacífico para otorgarle una salida al mar a Bolivia cosa que se acordó a cambio de una zona mediterránea que tampoco los gobiernos argentinos ocuparon.

Chile, si bien no enfrentó a Bolívar, siempre mantuvo para sí la teoría del uti possidetis contra la del ius possidetis (posesiones por uso o derecho, según uno y otro caso).

Así tras vencer a la Confederación Peruana-Boliviana liderada por el mariscal Andrés de Santa Cruz, en 1842, el presidente chileno Manuel Bulnes comenzó a reclamar como propias las reservas de guano y salitre de Coquimbo, Atacama y adyacencias.

Atacama le había sido dada por Bolívar a la Argentina (que aún no la había ocupado) en canje por Tarija, lugar de los grandes yacimientos de gas.

Chile comenzó su avance, sobre todo desde que a mediados de los años 1850 su economía comenzó a sufrir problemas por el agotamiento del yacimiento de plata de Chañarcillo y la pérdida de mercados del Pacifico.

Para ello contó con el gobierno corrupto del general boliviano Mariano Melgarejo que cedió la explotación de guano y salitre en las zonas en discusión a una firma chilena.

Esta, a su vez, cedió sus derechos a otra británica por lo que no casualmente las bancas Barrington y Lloyds financiaron a Chile en la Guerra del Pacifico.

El gobierno boliviano siguiente se endureció y pareció decidido a ir a la guerra contra Chile para lo que busco una alianza con el Perú.

Este país estaba enredado en un conflicto con Chile por la supremacía del comercio del Pacifico entre los puertos de El Callao y Valparaíso.

En esas circunstancias España invadió las islas Chinchas, del Perú. Este país se rindió lo que hizo reaccionar a Chile.

La escuadra española bombardeó entonces Valparaíso, motivando una guerra en la que participaron contra ella Chile, Perú, Bolivia y Ecuador que vencieron a España.

Así Chile desequilibró en su favor el poder en el Pacifico.

Bolivia y Perú buscaron el apoyo argentino que les fue dado por el presidente Domingo Faustino Sarmiento, pero rechazado por el Senado que respondía mayoritariamente a los sectores probritánicos del anterior presidente Bartolomé Mitre.

De esa manera el tratado de alianza militar de la Argentina con Bolivia y Perú firmado por Sarmiento fue rechazado en el Senado a pesar de algunas notables defensas del mismo como las de Dardo Rocha, el luego fundador de la ciudad de La Plata.

Ya Bolivia, con sus zigzagueos, había pactado, vía Melgarejo, con Chile la división de la Puna de Atacama, que Bolívar había entregado a la Argentina. Por ello, tras la guerra, Chile retuvo los 20.000 kilómetros cuadrados argentinos equivalentes a cuatro quintas partes de la Provincia de Tucumán.

Una guerra en la que militó entre los combatientes argentinos que se sumaron a las tropas peruano-bolivianas el luego presidente Roque Sáenz Peña, herido en un combate.

Las concesiones incluyeron la explotación por parte de Chile de los territorios guaneros y salitreros de Bolivia.

Muchos chilenos se volcaron en masa hacia esa zona al descubrirse el yacimiento de Caracoles lo que provocó la reacción boliviana.

Bolivia subió los impuestos a los chilenos. Chile ofreció devolver territorios a cambio de impuestos y concesiones.

Aquella no acepto la propuesta, apoyada a desgano por Perú, por lo que el 14 de febrero Chile ocupo el puerto de Antofagasta, al que anexó.

El primero de marzo Bolivia declaro la guerra a Chile y el 5 de abril ese país hizo lo propio con Bolivia y Perú.

Chile, en su victoria, impuso gravosas condiciones a sus vencidos, incluyendo indemnizaciones a ciudadanos particulares.

Bolivia quedo condenada a la mediterraneidad y a la pérdida de recursos económicos de gran importancia. Perú, por su parte, perdió una provincia en lo inmediato y de hecho, a la postre, otras dos, y centralmente se quedó sin gran parte del negocio del guano.

Aún hoy la cuestión de los límites marítimos chileno-peruanos forma parte de los intríngulis a resolver por el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya, Países Bajos.

(*) Periodista, historiador y docente en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires.

Fuente: Marcelo Bonelli

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