Las Redes Sociales Libres, Redes Nuestras

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por Miguel Guardado Albarreal.

¿Qué son las llamadas «redes sociales  libres»? ¿Qué las caracteriza? ¿Qué implican? ¿Por qué están cambiando el panorama actual de las redes sociales digitales?


A finales de la década del 2000, cada vez más personas empezaban a cuestionar el rumbo que estaban tomando las redes sociales comerciales que, entonces, estaban  construyendo su hegemonía a nivel mundial: principalmente Twitter y Facebook.

Entre los problemas que ya entonces (1) se observaban están la pérdida de privacidad,  la  concentración  de  capital,  las  tendencias  monopolísticas  y  la  concentración  de  las decisiones  relativas al  funcionamiento  mismo de las redes y a sus contenidos —incluyendo la censura—, entendiendo que todo ello deriva en una concentración de poder inaudita y a todas luces inadmisible para quienes defendemos los principios democráticos.

Al   calor de estas preocupaciones nacen Diaspora y GNU Social, entre otras.

El objetivo era  generar  redes  sociales  digitales  (RSD)  que  los  usuarios  mismos  pudieran  gestionar,  con  tres  valores  como  horizonte:  libertad,  privacidad y descentralización.

Simultánea   o   posteriormente   aparecerían Friendica, Pump.io, Quitter…

Otras redes más recientes  hacen  que  este  universo federado goce de  un  aumento significativo en las posibilidades de  uso —Hubzilla, verdadera plataforma  multiuso;  PeerTube,  alternativa  distribuida  a  YouTube—  o  en  el  número  de  usuarios —destaquemos el éxito de Mastodon—.

Por  sus  características  estructurales,  todas estas  plataformas  se  consideran  RSD  libres,  distribuidas y federadas.

Ya, pero… ¿por qué libres?

Estas  plataformas  reposan  sobre  programas informáticos que cumplen con las cuatro  libertades (2)  del código libre. Esta característica hace que sea casi imposible que unas manos se hagan con el control de toda la red. De ella se derivan otros rasgos:

•   La  red  se  compone  de  una  multitud  de servidores  —células  conectadas  unas  con otras, donde se ejecuta el programa de la red y  se  almacenan los datos de  los  usua
rios—.  Los  usuarios  pueden  decidir  entre  montar su propio servidor o usar el servidor de otro usuario.

•   La comunidad de usuarios puede examinar en todo momento el código de los programas  y  asegurarse  de  que  no  tenga  funciones perniciosas.

•   La gestión del código es colaborativa. Muchas  manos  contribuyen  a  mejorarlo  y  a adaptarlo a las necesidades de los usuarios.

¿Y qué es eso de «distribuidas»?

Los usuarios, al montar sus propios servidores, constituyen  una  malla  de  nodos  que  se  comportan como iguales, en un esquema horizontal, sin jerarquía, abierto y orgánico (modelo C de la ilustración). En este esquema, los servidores  o  nodos  son  autogestionados  e  independientes.  Pueden  decidir  cómo  funcionar,  cómo financiarse, cómo manejar los datos que contienen, qué políticas seguir sobre los contenidos, etc.

De la misma forma, los usuarios podemos movernos de un servidor a otro —igual que cambiamos  de  cuenta  de  correo  electrónico—  si las condiciones de un servidor concreto no nos  satisfacen. Las ganancias en libertad y diversidad son evidentes.

¿Federadas?

Las  redes  libres  tienden  a  federarse  unas  con  otras.   Al  compartir  protocolos  estándar, o  «hablar  lenguajes  comunes»,  los  usuarios de  Diaspora  pueden  comunicarse  con  los  de  Hubzilla o  Friendica; y  estos, con  los de Mastodon o GNU Social.  De esta forma, se construyen espacios de comunicación abiertos y cada,vez más amplios.

Así,  se  desactiva  la  coacción  emocional  que sufrimos  en  las  redes  comerciales-privativas «cerradas»  —las  que  deciden  no  ser  compatibles,  no  comunicarse  con  sus  iguales—,  esa coacción  que  nos  lleva  a  unirnos  a  una  red  y  a no salir de ella por miedo a vernos aislados.

Otras ventajas

Frente a las redes comerciales-privativas, hay muchas otras ventajas en las redes libres. Podríamos destacar las siguientes:

•   No  tienen  enfoque  comercial,  no  comercian con nuestros datos.  Nuestra relación con ellas no es mercantil —no somos el producto  ni  el  consumidor—  sino  de  coopera-
ción voluntaria.

•   No introducen publicidad.

•   No  nos  incitan  constantemente  a  usarlas,  por lo que son más sanas, menos adictivas.

•   Permiten el anonimato.

•   Permiten  tomar  decisiones  de  forma  colectiva.

•   No usan algoritmos que deciden qué contenidos vemos y cómo.

 

 

 

 

 

 

 

¿Qué implica esto en la práctica?

Contar  con  redes  autogestionadas  de  forma  distribuida es una ganancia para la democracia de internet y para la soberanía en el ámbito de la comunicación social. Además, podría ser el último recurso que tengamos para contrarrestar los crecientes monopolios y bajar al nivel  de  los  usuarios  el  poder  que  acumulan  las empresas que poseen las redes comerciales-privativas.

Los  individuos  y  organizaciones  que  desean disfrutar de las ventajas que aportan las RSD, pero prefieren hacerlo en un marco ético, están transitando hacia las redes libres.  Ahí encuentran un espacio de interacción con gente de todo el mundo y rico en contenidos.  Puede resultar más interesante —aunque no necesario— transitar acompañados de otras personas de  nuestro  entorno  socioafectivo  (familiares, amigos, compañeros de trabajo…).

A  quienes  usan  las  RSD  para  difundir  contenidos  propios  se  les  puede  hacer  más  difícil  renunciar a las golosas cifras de personas que les sigan en los espacios cerrados de las redes privativas.

Hay organizaciones que drásticamente  migran  hacia  redes  exclusivamente  libres.

Otras  prefieren  mantener  un  pie  en  cada mundo  mientras  facilitan  la  transición  de  su público. En  tal  proceso,  ayudará  comunicar debidamente cuál es la posición de la organización al respecto y cómo se pueden seguir sus contenidos en redes libres.

En  cualquier  caso,  conviene  tener  en  mente que no somos simples usuarios, receptores pasivos,  sino  actores,  con  una  cuota  de  poder  relativa.

Nuestras decisiones y gestos cotidianos  modelan  las  decisiones  y  gestos  de  quienes nos rodean.  Decía Kevin Kelly —fundador de la revista Wired— que «los seres humanos
somos los órganos sexuales de la tecnología».

En nuestras manos está, pues, reproducir uno u otro modelo.

Descargue la edición Nº 536 de la revista América Latina en Movimiento, dedicada a las redes sociales digitales.

Notas:

1) Antes de que E. Snowden revelase la participación de los gigantes de internet en PRISM, el programa de vigilancia masiva del Gobierno de EEUU.

(2) 2   Estas célebres cuatro libertades, definidas en 1986 por la Free Software Foundation, son las siguientes: poder ejecutar el programa; poder examinar su código; poder compartir copias del programa y poder adaptar el programa modificando el código y compartir nuestra versión modificada.

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