Hace 48 años: Comando Fascista Asesinó al Comandante en Jefe del Ejército Chileno por Mandato de la CIA

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por Iván Ljubetic Vargas (*).

La CIA elaboró dos proyectos principales para impedir la llegada de Allende a La Moneda.. Sus nombres en clave eran Track I y Track II (Vía 1 y Vía 2).


Para contribuir a su realización, llegaron a Chile 400 agentes de la Agencia en septiembre, que se agregaron a los de la Estación de la CIA, que funcionaba desde antes en Santiago.

La vía uno

El Proyecto Track I fue conocido como “Fórmula Alessandri”. Según el Informe Church “consistía en inducir una cantidad suficiente de votos parlamentarios para elegir a Alessandri, en el entendido que éste renunciaría de inmediato, abriendo así el camino para una elección especial en que Frei podría legalmente presentarse como candidato.”

Jorge Alessandri, el derrotado abanderado de la oligarquía, dio su aprobación al plan de la CIA.

Eduardo Frei Montalva, entonces Presidente de la República, y la derecha del PDC apoyaron este camino.

La ITT comprendió la importancia de respaldar el Proyecto Track I  con una buena y eficaz campaña de prensa. En el Memorándum, ya parcialmente reproducido, se sostenía:

“Los diarios de ‘El Mercurio’ son otro factor clave. Es extraordinariamente importante mantenerlos vivos y publicando entre ahora y el 24 de octubre. Son la única voz francamente anticomunista que queda en Chile y están bajo gran presión, especialmente en Santiago. Este puede resultar el talón de Aquiles de la gente de Allende.”

La decisión de la DC de apoyar a Allende en la votación del Congreso Pleno sepultó la “fórmula Alessandri”.

Entonces la CIA echó manos al Track II.

La vía dos: el complot

Según se relata en el libro: “El Caso Schneider. Operación Alfa”, editado por Quimantú, en el fallo de primera instancia suscrito por el Juez Militar Titular, General de División Orlando Urbina H. y por el Auditor de Ejército en propiedad, Coronel de Justicia Francisco Saavedra M., relativo al “Caso Schneider”, se lee:

“Elementos contrarios a la posibilidad constitucional –ya cierta– de que se eligiera al candidato Salvador Allende Gossens, por ser de ideología marxista, en reuniones efectuadas, entre otros lugares, en Diagonal Oriente Nº 1410, domicilio del reo Roberto Viaux, en la oficina del reo Julio Fontecilla ubicada en calle Huérfanos ‘en la cuadra del 900’ y en un departamento de un edificio ubicado en Hernando de Aguirre con Providencia, conversaron, discutieron y se concertaron para lograr ese su objetivo por medio de actuares estudiados  y correlacionados destinados a producir pánico, temor y desconcierto en la ciudadanía, terreno propicio, necesario –según ellos– para que las Fuerzas Armadas se decidieran a asumir el control total del país con miras de que éstas hicieran un gobierno fuerte y de tipo nacionalista.”

Entre los uniformados de “alto rango” involucrados en el movimiento sedicioso estaban el General de División, Comandante de la Guarnición de Santiago, Camilo Valenzuela Godoy; el Vice Almirante y Comandante en Jefe de la Primera Zona Naval, Hugo Tirado Barros; el Comandante de la FACH, Carlos Guerraty, y el Director General de Carabineros, Vicente Huerta.

La doctrina Schneider

El plan consistía en derrocar el Gobierno de Frei a través de un golpe e instaurar una Junta Militar, encabezada por el general Camilo Valenzuela. Con ello le cerrarían el paso a Salvador Allende.

Un obstáculo se alzaba ante los sediciosos: el Comandante en Jefe del Ejército, General René Schneider Chereau.

Este tenía a la fecha 57 años de edad. Oficial de Estado Mayor, de brillante carrera; designado Comandante en Jefe el 23 de octubre de 1969, reemplazando al General Sergio Castillo Aránguiz, llamado a retiro a raíz del “Tacnazo”, movimiento sedicioso del Regimiento Tacna de Santiago, que encabezó el general Roberto Viaux.

El General Schneider había expresado  en una entrevista  publicada por El Mercurio el 7 de mayo de 1970, que el Ejército era “garantía de una elección normal y de la asunción al poder de cualquiera que hubiese sido elegido por el pueblo, fuera de que hubiese logrado la mayoría absoluta o por decisión del Congreso Pleno, en el caso de que ninguno de los candidatos hubiera obtenido más del 50% de los sufragios.”

Nació  así la Doctrina Schneider.

Después del 4 de septiembre, Schneider insistió en su posición constitucionalista. Cuando detectó pasos sediciosos en las filas del Ejército, no vaciló en salirle al encuentro. Se reunió con la alta oficialidad y con la tropa, repitiendo – incansable – su posición.

El 8 de octubre, los altos mandos de las Fuerzas. Armadas, presididos por el General Schneider, resolvieron  -según informaba Ercilla en su edición Nº 1947, del 8 al 14 de noviembre de 1972-   “acatar la decisión que adopte el Congreso Pleno”.

 “Operación Alfa”: Primer fracaso  

Los sediciosos confeccionaron la llamada “Operación Alfa”. Su objetivo: secuestrar al Comandante en Jefe del Ejército.

Relata el General Prats, en sus “Memorias”:

“El lunes 19 de octubre, los generales ofrecemos una comida de camaradería a Schneider, anticipando la celebración de su primer aniversario de Comandante en Jefe que, en realidad, se cumplía el 27… Esa noche se viven gratos momentos de camaradería, de los que hacía tiempo no teníamos oportunidad de disfrutar.

“Bastante pasada la medianoche, Schneider se despide y luego lo hago yo. Nos dirigimos a los sendos domicilios, conduciendo nuestros autos particulares, pues no quisimos ocupar los conductores, porque los dos vivíamos muy próximos a la casa del Comandante en Jefe. Jamás se nos pasó por la mente la siniestra celada que a ambos se nos había tendido esa noche y de la que nos libramos fortuitamente, porque no fueron oportunamente identificados nuestros automóviles.”

En el fallo de la Justicia Militar, suscrito por el General de División, Orlando Urbina, y el Coronel de Justicia, Francisco Saavedra, se explica:

“El conocimiento de que el 19 de octubre el cuerpo de generales le ofrecía una comida a su Comandante en Jefe en la casa fiscal de éste, ubicada en calle Presidente Errázuriz, resolvieron efectuar su secuestro esa misma noche, el trayecto de regreso a su domicilio particular de calle Sebastián Elcano y, al efecto, premunidos todos de armas, gas lacrimógeno, éter, cuerdas, algunos se apostaron frente a la casa donde se efectuaba esa reunión, con un equipo de Walkie Talkie, los que se encargarían de avisar a los otros que se ubicaron en otros automóviles, en las cercanías, la salida del General Schneider, los que a su pasada, lo seguirían en calle Del Inca; pero cuando pretendieron cumplir su designio, el plan les fracasó pues el Comandante en Jefe, en vez de usar el automóvil Mercedes Benz, que conocían y preveían que ocuparía, se fue a su domicilio en su auto particular marca Opel, lo que los confundió perdiéndolo de vista.”

Segundo intento frustrado

Al día siguiente, martes 20 de octubre de 1970, los complotadores volvieron  a llevar a cabo la “Operación Alfa”. Se apertrecharon de pimienta, cloroformo, tela adhesiva y cuerdas. Embarcados en varios autos se ubicaron en la Plaza Bulnes, a la espera de la salida del Comandante en Jefe desde el Ministerio de Defensa Nacional, en dirección de su domicilio particular.

Son las 18,30. El General Schneider subió al Mercedes Benz. En medio del intenso tránsito de esa hora, el chofer se adelantó, sin sospechar lo que estaba ocurriendo. Los terroristas intentaron seguirlo. La gran cantidad de vehículos le dificultaron el paso y lo perdieron de vista.

Fue el segundo fracaso en la realización de la “Operación Alfa”.

Los conspiradores debían llevar adelante su acción a más tardar el 22 de octubre en la mañana. De otra manera, no tendría los efectos esperados por ellos en las Fuerzas Armadas antes del Congreso Pleno. Se reunieron en un departamento de la calle 10 de Julio Nº 066.

Allí ultimaron los detalles del plan que debían llevar a cabo el 22, en Martín de Zamora con Américo Vespucio.

El miércoles 21 de octubre, cerca de las 20 horas, se juntaron en un camino de tierra cerca del puente que une Avenida Matta con el Parque Cousiño. Sobre hojas de diario, con automóviles de juguetes estudiaron los movimientos que realizarían.

Esa noche, a las 23 horas, hicieron un simulacro de la maniobra en el sector de Los Domínicos. Participó un vehículo que simuló ser el Mercedes Benz. El golpista Jaime Requena hizo el papel de Schneider; Carlos Labarca, el de su conductor.

Se pusieron de acuerdo en el rol de cada uno en el criminal atentado que perpetrarían en la mañana del día siguiente.

Acorralando al Comandante el Jefe

Jueves 22 de octubre de 1970. La tercera tenía que ser la vencida. Eran las 7 de la mañana. Los terroristas se reunieron en Américo Vespucio Norte. Dieciséis de ellos fueron identificados en el fallo de la Justicia Militar ya citado.

Luego de impartirse las últimas instrucciones, se dirigieron en sus vehículos a la esquina de Martín de Zamora con Américo Vespucio. Allí esperaron. Conocían bien el recorrido habitual que realizaba el General Schneider. Cada uno se ubicó en el lugar asignado. Todos estaban armados y contaban con los elementos necesarios.

Minutos después de las 8 salió el Comandante en Jefe de su hogar. Se ubicó en el costado derecho del asiento trasero del Mercedes Benz, modelo 1966. Su conductor era el Cabo Primero Leopoldo Mauna Morales. Se inició el acostumbrado camino.

En la esquina de Sebastián Elcano, donde debían doblar a la derecha, se les adelantó un Fiat 1500, de color blanco. No les llamó esto la atención. Pero si se hubieran fijado mejor, habrían reparado en un pañuelo en el espejo retrovisor exterior. Era la señal para indicar que se trataba del coche guía del operativo.

En el recorrido por Martín de Zamora hacia el poniente, el Mercedes Benz fue sobrepasado por otro vehículo de los fascistas que, junto al Fiat blanco, marcharon precediendo al General.
Al cruzar la calle Soria, Jeep Willys se ubicó detrás del Mercedes. Poco antes de llegar a Américo Vespucio, un Dodge Dart azul maniobró de tal manera que obligó al chofer militar virar hacia el lado sur de Martín de Zamora, por el cual continuó su recorrido. Al Jeep Willys se le sumaron otros tres vehículos.

A pocos metros de Américo Vespucio, los coches que precedían al Mercedes frenaron bruscamente, obligando a éste a detenerse. El Jeep lo chocó por detrás, inmovilizándolo.

El atentado

De inmediato, Jaime Melgoza Garay corrió  hacia el costado izquierdo del auto del General Schneider. Llevaba una pistola Colt en la mano. Con él, se acercaron otros dos terroristas. Uno de ellos, con un combo, rompió el vidrio trasero de ese lado. Simultáneamente otros tres individuos se aproximaron por la parte derecha. Uno de éstos, con otro combo, destrozó el vidrio trasero de su lado.

El ya citado fallo de la Justicia Militar dice textualmente:

“Producido el primer rompimiento de vidrios por el costado izquierdo del coche militar, el General Schneider, presumiblemente habría tomado su pistola Star calibre 6,35 mm, Nº 111.451, en espontánea actitud defensiva ante la agresión de que era objeto por ese costado, momento en que el reo Melgoza apunto y disparó la pistola que portaba hacia el interior del vehículo, hiriendo al Comandante en Jefe del Ejército en su mano derecha.

Seguidamente después de aquel disparo, dos de los tres participantes que actuaban al lado derecho del Mercedes Benz, de pie y situados frente a la ventanilla trasera, dispararon repetidamente sus revólveres Ruby Extra hacia el interior del vehículo, impactando dos de ellos en la espalda del General… Producido lo anterior, los participantes en calidad de actores de estos hechos huyeron desordenadamente.”

Opinión de la ITT

Un Memorándum de la ITT, enviado por Hal Hendrix  a Edward J. Gerity, con fecha 22 de octubre, relataba:

“Bob Berrellez llamó desde Santiago para informar que poco después de las 8 horas de hoy se había producido un atentado contra la vida del General René Schneider, Comandante en Jefe del Ejército de Chile…

“Los observadores –agrega– especulan que el atentado es una revancha contra Frei que no habría impedido asumir a Allende o un atentado para provocar una violenta reacción de la extrema izquierda. Lo último es considerado improbable por la rígida disciplina lograda por el Partido Comunista.”

Otro documento de la ITT, de fecha 25 de octubre, enviado por Robert Berrellez a Hal Hendrix, afirma:

“La eliminación del General Schneider de un puesto clave de comando (Jefe de las Fuerzas Armadas) hace a Allende y a los comunistas aún más vulnerables que antes. El General Schneider herido mortalmente en un atentado la semana pasada, ha sido descrito como favorable a Allende. Se sabe que continuamente bloqueó los intentos golpistas de generales más decididos… Se piensa que si los balazos a Schneider no fueron realmente el preludio al golpe, fueron una hábil maniobra para eliminar de las alturas al único hombre que habría permitido a Allende infiltrar y neutralizar al Ejército.”

Congreso Pleno proclama a Allende

Apenas conocida la noticia del atentado contra el General Schneider la indignación estalló en todo el país. Desde el primer momento estuvo claro para las fuerzas populares de donde venía la violencia terrorista. Por ello, los sectores democráticos se movilizaron contra el peligro de un golpe militar. Se reunieron las organizaciones políticas de la Unidad Popular, los comités de base, la Central Única, los sindicatos. Chile entero estaba alerta.

En medio de este clima sesionó, el 24 de octubre de 1970, el Congreso Pleno, formado por el Senado y la Cámara de Diputados, que contaba con un total de 200 parlamentarios: 80 de la Unidad Popular, 75 democratacristianos y 45 del Partido Nacional y de la Democracia Radical.

Se produjo la votación. Allende recibió 153 sufragios; Alessandri, 35. Siete parlamentarios votaron en blanco y 5 no concurrieron a la sesión.

A las 13 horas del sábado 24, Salvador Allende fue proclamado Presidente de la República por el Congreso Pleno, por el período 1970 – 1976.

Muere el general Schneider

Ese día, a las 19 horas,  los tres Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas – los Generales Prats y Guerraty y el Almirante Tirado  – más el General Director de Carabineros, Vicente Huerta, visitaron en cumplimiento protocolar al Presidente electo en su domicilio. Todos, excepto el General Prats, estaban comprometidos con el plan sedicioso, dirigido por la CIA.

Pero el Proyecto Track II ya no corría. La valiente actitud del Comandante en Jefe lo había echado por tierra.

El General Schneider falleció diecinueve horas después de la proclamación de Allende.

“El domingo 25 de octubre – relata el General Prats en sus Memorias -, a las 7,30, me avisan telefónicamente del Hospital Militar que Schneider ha sufrido un paro cardíaco. Llego a las 7,50 a la sala de operaciones, en el momento en que el Comandante en Jefe deja de existir”.

Homenaje a un soldado ejemplar

El lunes 26, sus restos fueron llevados a la Catedral Metropolitana a las 8 horas. Mucha gente concurrió a expresar su dolor y el respeto al militar constitucionalista.

A las 15 horas se ofició una misa de Réquiem. Asistió Frei y el Presidente Electo. Fueron ellos los que encabezaron los multitudinarios funerales.

En el Cementerio, habló el General Prats en nombre de las Fuerzas Armadas. Definió a Schneider como “héroe de la paz y mártir de la democracia.”

Las fuerzas populares le rindieron homenaje en uno de sus cantos de lucha:

“Recordando al soldado valiente
cuyo ejemplo lo hiciera inmortal
enfrentemos primero a la muerte
traicionar a la Patria jamás.”

Efecto bumerán

La “Operación Alfa” resultó un bumerang para los sediciosos. El asesinato del Comandante en Jefe del Ejército logró un efecto contrario del que esperaban: se consolidó la posición de Salvador Allende y de la Unidad Popular.

Un Memorándum de la ITT, de fecha 25 de octubre, enviado por Robert Berrellez a Hal Hendrix, informaba:

“Contra lo que todos esperaban, los militares no se movieron contra Allende durante el fin de semana. Se creía que el asesinato de Schneider era el preludio al golpe.”

El 27 de octubre, el Presidente Frei nombró al General Carlos Prats Comandante en Jefe del Ejército. Éste narra así su primer acto en ese puesto:

“A las 10,30 del miércoles 28 de octubre, reúno a los generales y les informo de mi nombramiento como Comandante en Jefe en propiedad y les declaro que, mientras dure mi gestión de mando, mantendrá inflexiblemente la misma línea doctrinaria defendida por Schneider con el sacrificio de su vida.”

(*) Historiador del Centro de Extensión e Investigación Luis Emilio Recabarren,  CEILER

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