A Propósito de la Guerra Comercial de Trump: De Vuelta al Gran Juego o la Venganza de la Historia

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por Pepe Escobar (*)

Prepárense para un gran estruendo geo-político en el tablero de ajedrez del mundo; de ahora en adelante cuando una mariposa agite sus alas provocará un tornado que afectará directamente a la integración de Eurasia y a la política occidental de sanciones comerciales.

Si Eurasia se integra antes de mediados de siglo, el juego se acabó.

Es el cambio de paradigma provocado por las nuevas Rutas de la Seda de China frente al camino ofrecido por Estados Unidos.

¿No estábamos bajo la ilusión que la historia había terminado? Entonces, ¿cómo hemos llegado a esta cruce tan importante de la historia ?

Hagamos un viaje en el tiempo

Durante siglos, la antigua Ruta de la Seda –administrada por pueblos nómadas–  estableció una red de rutas comerciales que unían Occidente con Eurasia y el mercado de China a la sazón dominante.

A principios del siglo XV, China había establecido una Ruta de la Seda Marítima a lo largo del Océano Índico hasta la costa Este de África,  fundada por el legendario Almirante Zheng He.

Sin embargo, el Pekín Imperial llegó a la conclusión que China no la necesitaba porque era autosuficiente, y que por el momento había que concentrarse en las rutas terrestres.

Privados de una conexión comercial propia a través de un corredor terrestre entre Europa y Oriente, los europeos se lanzaron a la búsqueda de sus propias Rutas de la Seda Marítimas. Todos estamos familiarizados con el espectacular resultado de este esfuerzo medio milenio de dominio occidental.

Los últimos capítulos de esta serie de éxito fueron conceptualizados por un trío de estudiosos de la geo-política: Mahan, Mackinder y Spykman.

Mackinder : El corazón del mundo

En 1908, Halford Mackinder con su “Teoría del Corazón del Mundo” justificó la supremacía británica ( luego anglo-americana ) dando origen al gran juego de la época entre Rusia y Gran Bretaña.

Después de la segunda guerra y con la guerra fría este peligroso gran juego después se trasladó al enfrentamiento Estados Unidos y la Unión Soviética. En realidad la teoría de Mackinder era la expresión del temor anglosajón ante la emergencia de una potencia terrestre que fuera capaz de reconectar Eurasia en detrimento de las grandes potencias marítimas.

En 1942, Nicholas Spykman en sus escritos denominados “Rimland Theory” defendió que las potencias marítimas –como el Reino Unido y los Estados Unidos- deberían aspirar a mantener  el control estratégico en el mar.

Según su postulado, la clave es dominar  los bordes marítimos de Eurasia (es decir, Europa occidental, Medio Oriente y Asia oriental) evitando de esta manera cualquier proceso unificador de Eurasia.

En otras palabras,  si occidente no puede mantener un gran ejército terrestre en Eurasia, el control lo debe ejercer dominando las rutas comerciales a lo largo de la periferia de Eurasia.

En la década de 1890 –antes de Mackinder y Spykman– el almirante de la marina estadounidense Alfred Thayer Mahan , inspirado en el imperio británico, escribió en su libro La influencia del poder marítimo:

“Estados Unidos debe transformarse en un coloso marítimo para mantener su poder en Europa y Asia”.

Controlar los bordes marítimos de Eurasia.

De hecho, la geo-política mundial está influenciada por una mezcla de las teorías de la “Heartland” y la “Rimland”.

En 1952, el entonces Secretario de Estado John Foster Dulles dio un paso más adoptando la idea de controlar  una “cadena de islas” (hablaba de Japón, Australia y las Filipinas) para rodear y contener tanto a China como a la URSS en el Pacífico. (Nótese el intento de reactivación de esta idea por Trump, a través del  llamado “Quad- US” , que pretende crear un polo Japón, Australia e India).

George Kennan, el arquitecto de la contención de la URSS, estaba alucinado por sus lecturas de Spykman, mientras que los redactores de discursos del presidente Ronald Reagan estaban embriagados por Mackinder.

Refiriéndose a los competidores de Estados Unidos, que podrían controlar Eurasia, Reagan dio a conocer su tajante opinión:

“Lucharemos hasta dos guerras mundiales para evitar que esto ocurra”

A pesar de Reagan y sus seguidores,  hoy la integración y conectividad de Eurasia está tomando formas variadas: las Nuevas Rutas de la Seda impulsadas por China, (también conocida como BRI ); la Unión Económica de Eurasia impulsada por Rusia (EAEU); el Banco de Inversiones en Infraestructura de Asia (AIIB); el Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur (INSTC), y un sinnúmero de otros mecanismos de integración.

En realidad lo que están haciendo China y Rusia deriva del concepto de “conectividad” de Eurasia estudiado por un informe de 2007 del Banco Mundial sobre la competitividad en las cadenas de suministro mundiales.

En contraste, a esta conectividad pacífica el difunto Zbigniew Brzezinski (inspirado por Mackinder) abogó después de la caída de la URSS, por la partición de Rusia (entonces débil) en tres territorios separados; una región europea, una siberiana y una del Lejano Oriente.

Todos los Nodos Cubiertos

En el apogeo del momento unipolar, la historia parecía haber “terminado”. Tanto la periferia occidental como la oriental de Eurasia estaban bajo un estricto control: el Imperio estadounidense controlaba Alemania y Japón, los dos nodos críticos en Europa y en el este de Asia.

También controlaba un nodo adicional en la periferia sur de Eurasia; un Oriente Medio rico en energía.

Washington estimuló el desarrollo de la Unión Europea –a pesar que eventualmente podría rivalizar en algunas cuestiones tecnológicos– porque su función, junto a la OTAN, era contener a la Unión Soviética primero y a Rusia después.

Para Estados Unidos, China era solo una base de fabricación deslocalizada y de bajo costo para la expansión del capitalismo occidental. Japón no solo estaba ocupado militarmente sino que también estaba frenado por el Banco Asiático de Desarrollo (BAD), cuyo propósito declarado es financiar proyectos solo si son políticamente correctos.

La integración euroasiática es una mala noticia para los Estados Unidos

Una vez más , el objetivo principal era evitar cualquier posible convergencia de las potencias Europeas y las potencias del Asiático, porque los EE. UU las considera rivales importantes.

La Guerra Fría fue esencial para evitar la integración de Eurasia.

Washington configuró una especie de sistema tributario benigno (tomado prestado de la China imperial) diseñado para asegurar una unipolaridad perpetua.

El dominio se sostuvo por un formidable aparato militar, diplomático, económico y de acciones encubiertas, definido en pocas palabras por Chalmers Johnson:

“rodea, contiene y domina Eurasia” .

Este idílico pasado se ha transformado hoy en peor la pesadilla de Henry Kissinger (y del difunto Brzezinski).

Podría llamarlo con un título de película  “La venganza de la historia”.

La asociación estratégica entre Rusia y China es multifacética.

Incorpora campos tanto diversos como la energía, el comercio, la geo-economía, la unidad para eludir el dólar estadounidense; el AIIB , el Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS (involucrado en el financiamiento de infraestructuras) la actualización tecnológica de Made in China 2025 ; el impulso hacia un mecanismo bancaria alternativo (un nuevo SWIFT); la acumulación masiva de reservas de oro, y un rol político-económico ampliado de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS).

El analista Glenn Diesen lo adelantó en su libro, “Estrategia geoeconómica de Rusia para una Gran Eurasia:

“Los cimientos de un núcleo euroasiático pueden crear una atracción gravitacional para trasladar el borde marítimo hacia el centro del continente”.

Si el complejo proceso de integración de Eurasia pudiera resumirse con una sola fórmula, sería algo como esto: si el corazón del mundo se integra progresivamente; el poder hegemónico de las potencias marítimas irremediablemente se disolverá.

¿Mahan, Mackinder y Spykman al rescate?

No parecen suficiente.

El Oráculo aún habla: Divide y Vencerás

La integración euroasiática es una mala noticia para el prominente oráculo délfico posmoderno, conocido como Henry Kissinger.

Pues bien, antes que llegara Trump al poder , en Washington se debatió “que podría diseñar Kissinger para hacer con Rusia” lo mismo que hizo con China hace 45 años.

Al final, siempre fueron variaciones del mismo juego: divide y vencerás.

En este caso una división de Rusia de China y viceversa.

En teoría, Kissinger aconsejó a Trump que “re-equilibrase” su política con Rusia para oponerse a la inexorable ascensión de China.

Pero esto no llegará a ocurrir. No solo por la fuerza de la asociación estratégica entre Rusia y China, sino también porque los neoconservadores y los imperialistas “humanitarios” se unieron para vetar el acercamiento.

La mentalidad de Brzezinski de la Guerra Fría sigue siendo el patrono de una confusa mezcla de la Doctrina Wolfowitz con el Choque de Civilizaciones.

La doctrina ruso-fóbica de Wolfowitz, es el ADN de la política estadounidense frente a Rusia,  pues la consideraba como su principal amenaza existencial. La otra variante de esta Guerra Fría 2.0, es la idea de Occidente versus Oriente (léase China)

Kissinger ha intentado re-equilibrar la política de Estados Unidos porque cree que es un error de Occidente (y de la OTAN):

“Pensar que hay una especie de evolución histórica hacia Eurasia, y no comprender que en algún lugar de esta historia de acercamiento ruso-chino habrá un encuentro muy diferente a la paz westfaliana”.

Tanto la Rusia Eurasiática como la Civilización China ya están en un modo post- westfaliano. El rediseño es profundo. Incluye un tratado clave firmado en 2001, (solo unas pocas semanas antes del 11 de septiembre) donde ambas naciones renuncian a cualquier re-diseño en el territorio de cada uno.

Esto afecta de manera al Lejano Oriente ruso (a lo largo del río Amur) que ha sido gobernado por los imperios Ming y Qing.

Además, Rusia y China se comprometen a no negociar con ningún tercero; ni a permitir que un tercer país pretenda dañar la soberanía, la seguridad y la integridad territorial del otro socio.

El tratado establece las bases para que nunca se produzca un enfrentamiento entre Rusia y China. En cambio, lo que se desarrolla son variaciones para la contención militar y económica de los Estados Unidos contra Rusia, China e Irán, nodos claves de la integración de Eurasia.

Esta alianza incluye la zona central y ribereña en Siria, Ucrania, Afganistán y el Mar del Sur de China.

No cabe duda alguna que la política de integración de Eurasia continuará su camino . Incluso si   la Reserva Federal siga usando el poder del dólar estadounidense para boicotearla .

Heráclito desafía a Voltaire

Alastair Crooke ha logrado explicar por qué están aterrorizadas las élites globales occidentales por la conceptualización que han hecho los rusos de Eurasia.

Estas elites “olfatearon”… un regreso furtivo a viejos valores pre-socráticos: para los antiguos … la noción genérica de “hombre” no existía. Solo había humanos de origen griego, romano, bárbaro, sirio, etc.

Esta concepción se opone al “hombre” universal y cosmopolita ” de tipo occidental.

De alguna manera es Heráclito versus Voltaire. Claro que ahora el “humanismo volteriano“, tal como lo heredamos de la Ilustración, está de facto acabado.

Hoy lo poco que queda vagando en la mentalidad occidental depende de los cambios de humor de la Diosa del Mercado.

No es de extrañar que uno de los efectos secundarios de la progresiva integración de Eurasia no solo sea un golpe mortal para Bretton Woods sino también para el neoliberalismo “democrático”.

Lo que tenemos es también una versión remasterizada del poder del mar frente a los poderes de la tierra. La implacable ruso-fobia se combina con el temor a un acercamiento entre Rusia y Alemania, como lo quería Bismarck, y como Putin y Merkel han insinuado sutilmente.

La pesadilla para los Estados Unidos es una verdadera y acelerada asociación eurasiática entre Beijing, Berlín y Moscú.

Las Nuevas Rutas de la Seda (Iniciativa Belt and Road –BRI-) ni siquiera ha comenzado; de acuerdo con el cronograma oficial de Beijing, aún estamos en la fase de planificación.

La implementación comienza el próximo año. El horizonte es 2039.

China está jugando un partido de larga aliento. Por tanto, al tomar sus decisiones ha elegido la estrategia de evitar que su oponente pueda confirmar la magnitud de su proyecto.

Las Nuevas Rutas de la Seda fueron lanzadas por Xi Jinping hace cinco años, en Astaná (el cinturón económico de la Ruta de la Seda) y en Yakarta (la Ruta de la Seda Marítima).

A Washington le tomó casi media década dar una respuesta. La réplica ha sido una avalancha de sanciones y aranceles. Pero nada de estas medidas será suficiente.

Rusia, por su parte, se ha visto obligada a anunciar públicamente sus armas hipersónicas  para disuadir a los proverbiales aventureros del “Partido de la guerra ” mientras reafirmaba que Moscú es el co-piloto de este nuevo “gran juego”.

En los niveles superiores la asociación Rusia-China está en pleno auge; ejemplos recientes son las cumbres en Singapur, Astana y San Petersburgo ; la cumbre de la OCS en Qingdao; y la cumbre BRICS Plus .

Si Eurasia se integra antes de mediados de siglo -mediante el tren de alta velocidad, la fibra óptica y los oleoductos-, el juego se acabó .

Entonces, no es de extrañar que las élites de “exceptionalistan” tengan la sensación de tener una soga de seda que está apretando con suavidad sus delicadas gargantas.

(*) Periodista de Asia Times

Fuente: Krítica

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