Informe Especial: Los Tentáculos del Atentado a Maduro Parten en Estados Unidos y Colombia

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La información disponible confirma de manera irrefutable la participación de los gobiernos de Colombia y Estados Unidos, en el fallido atentado con drones contra el Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, el pasado sábado 4 de agosto.


Incluso, un desenfadado y alegre escritor peruano,  Jaime Bayley, aseguró que sus “fuentes” le anticiparon el atentado, y le dijeron que lo harán tantas veces cuanto exija el cumplimiento del objetivo.

Jaime Bayly, el periodista de Miami que sabía del atentado a Maduro

El sábado vamos a matar a Maduro” le dijeron al periodista Jaime Bayly en Miami, quien asistió a la reunión para planificar el atentado contra el mandatario venezolano.

El periodista peruano Jaime Bayly, conductor en Miami (EE.UU.) del programa de televisión Bayly, confesó que hubo una reunión en ese país para planificar el atentado contra el presidente venezolano Nicolás Maduro, ocurrido el 4 de agosto.

La reunión se hizo días antes del atentado fallido y el periodista asistió.

“Mis fuentes me invitaron y fui, y me dijeron el ‘sábado vamos a matar a Maduro’. Yo le dije ‘hágale’”, así lo confesó Bayly el lunes 6 de agosto durante su programa.

El conductor de televisión incluso ofreció comprar un dron más para el atentado, cuando fue cuestionado por las personas involucradas sobre si los acusaría por el ataque al presidente Maduro.

“¡Por favor, amigos, ustedes no me conocen! ¿Quieren que les compre un dron más? ¡Avisen!”, dijo el periodista a los conspiradores del atentado, quienes indicó son militares y policías, algunos aún en Venezuela.

El periodista radicado en Miami aseveró que habrá más ataques contra el mandatario venezolano:

“Mis amigos son gente bastante competente, ya se llevó un buen susto y van a venir más”.

Asimismo, Bayly señaló que el Gobierno de EE.UU. apoya a los “grupos rebeldes” en Venezuela “con ayuda logística y tecnológica”.

Las declaraciones del periodistas ocurren luego de que el mandatario Nicolás Maduro denunciara que Bogotá y Miami estaban involucrados en el magnicidio frustrado. Acusación que fue desestimada por el ahora expresidente colombiano Juan Manuel Santos y el Gobierno de Donald Trump en EE.UU.

El sábado 4 de agosto ocurrió un atentado contra el mandatario Nicolás Maduro. Dos drones cargados de explosivos serían detonados en la tarima presidencial, sin embargo los artefactos fueron desorientados con inhibidores de señal. Uno explotó en un edificio cercano y el otro logró sobrevolar la zona del ataque pero se salió del perímetro. En el suceso resultaron heridos siete funcionarios de seguridad y fueron detenidos seis autores materiales.

Fuente: Polítika


Intento de magnicidio evidencia agresión desde Colombia

Por: Janet Queffelec

El frustrado magnicidio contra el presidente de la República, Nicolás Maduro, fue planificado desde Colombia y en conexión con Estados Unidos, según se desprende de la confesión que hizo el sargento retirado de la GNB, Juan Carlos Monasterios Vanegas, alias Bons, tras su captura por los cuerpos de seguridad del Estado.

Esta declaración, que fue difundida en un video en una transmisión conjunta de radio y televisión, confirma la acusación hecha por el jefe de Estado al vincular al expresidente colombiano Juan Manuel Santos con sectores de la derecha venezolana en el atentado, entre quienes se encuentra Julio Borges y Juan Requesens, miembros del partido Primero Justicia.

“No tengo duda que todo apunta a la ultraderecha venezolana en alianza con la ultraderecha colombiana y que el nombre de Juan Manuel Santos está detrás de este atentado”, dijo el Presidente Maduro horas después del frustrado atentado que se registró el 4 de agosto durante la celebración del 81 aniversario de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) en la avenida Bolívar de Caracas, cuando explotó un dron con carga explosiva frente a la tarima presidencial, y otro artefacto estalló contra el edificio Don Eduardo situado entre las esquinas Curamichate y Viento.

En el video, Monasterios Vanegas -quien participó en el robo de armas en el Fuerte Paramacay, estado Carabobo, el 7 de agosto de 2017- habla sobre su conexión con el teniente Rayder Alexander Russo Márquez, alias Pico, uno de los financistas de la Operación Yunque Martillo, mediante la cual se pretendía asesinar al Presidente Maduro.

Este teniente residenciado en Colombia lo invita a la granja Atalanta, ubicada en el municipio Chinacota del Departamento Norte de Santander de Colombia, en Cúcuta, para el entrenamiento de 11 sicarios.

“En febrero (de este año) me dirijo directamente a Colombia, paso con mi carnet fronterizo normal sin ningún problema y es cuando en San Antonio me recibe el teniente Pico en Cúcuta, vamos para el campamento, me muestra a los muchachos, me dice más o menos cómo es la operación, que era un atentado contra el Presidente, y ahí me pone en contacto directo con Osman Tabosky”, cuenta Monasterios Vanegas.

Osman Alexis Delgado Taboski está señalado como financista del magnicidio y está residenciado en Estados Unidos.

Monasterios Vanegas narró en el material audiovisual que regresó a Venezuela y que a principios de junio viajó al vecino país, pero allí tuvo problemas para ingresar.

“Los primeros días de junio regreso otra vez a Colombia, pero tengo problemas con la documentación, me quitan el carnet fronterizo y yo paso la novedad y me dice Osman Taboski que iba a hablar con Sócrates, quien es el que se encarga de hacer ese tipo de enlaces. Llegando ellos a San Cristóbal, recibo un mensaje de texto del diputado Juan Requesens, diciéndome que él era el encargado de hacerme el favor de pasarme hasta el otro lado por medio de Julio Borges que lo había mandado hacer eso. La instrucción era que cuando llegara a San Antonio, me dirigiera normal hasta por el puente normal y cuando llegara a las autoridades colombianas preguntara por el señor Mauricio Jiménez, que es un jefe de inmigración de Colombia”, contó.

Los drones debían arribar a Venezuela el 4 de julio porque iban a ser detonados en el desfile del 5 de julio en el Paseo Los Próceres de Caracas, donde estaría presente el jefe de Estado venezolano. Pero la operación fue aplazada porque los aparatos no llegaron a Venezuela.

Monasterios Vanegas volvió a Colombia y trajo los drones por vía terrestre hasta Barquisimeto, estado Lara, donde se encontró con Yilber Alberto Escalona Torrealba, alias Pastor.

“Allí hicieron unas pruebas en una casa, se volvieron a desarmar y los trajimos para acá el día 1 de agosto, para estar aquí con los días previstos, en donde ellos iban a proceder a armar los drones para hacer el atentado. Nos quedamos en el hotel, un grupo se quedó en el hotel Cabaña Suite y el otro grupo se quedó en el hotel Pestana”, refirió.

Esta operación terrorista contó con la asesoría del coronel Pedro Javier Zambrano Hernández para la adquisición de los drones, quien está vinculado al capitán Juan Carlos Caguaripano Scott, este último involucrado en el ataque contra el fuerte Paramacay.

Al momento de su captura, los cuerpos de seguridad indicaron que Zambrano Hernández ha sido protegido y financiado por los gobiernos de Estados Unidos y Colombia. Fue acusado por los delitos de traición a la patria e instigación a la rebelión.

También mencionan a José Ely Rivas Díaz, representante legal de la empresa Start Electronic C.A. vinculada al financiamiento de las acciones terroristas.

Ataques desde Colombia han sido constantes

Este ataque contra un jefe de Estado y autoridades de los Poderes Públicos de Venezuela no es el primero que se planifica desde Colombia.

De hecho, Venezuela ha sido víctima desde hace 14 años de la incursión del paramilitarismo colombiano.

Por ejemplo el 9 de mayo de 2004 a las 2:30 de la madrugada, el Gobierno Nacional captura a un contingente de 153 paramilitares colombianos en la Finca Daktari, en El Hatillo, estado Miranda, que tenía un objetivo claro: asesinar al Presidente Hugo Chávez.

Con prácticas paramilitares colombianas fueron ejecutados los asesinatos de los líderes revolucionarios Eliécer Otaiza y Robert Serra, ambos hechos ocurridos en 2014.

En la muerte del diputado Serra, de hecho estuvo involucrado como autor material, un paramilitar, Leiver Padilla Mendoza alias “El Colombia”, y como autor intelectual Julio Vélez González, exconcejal de Cúcuta, a quien el Presidente Maduro señaló de ser “mano derecha” del expresidente neogranadino, Álvaro Uribe Vélez”

Los últimos gobiernos colombianos, tanto el que presidió Álvaro Uribe (2002-2010) como el de Juan Manuel Santos (2010-2018) se caracterizaron por agredir a la Revolución Bolivariana, así como proteger y recibir a prófugos de la justicia venezolana como el golpista Pedro Carmona Estanga y la exfiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz.

El propio expresidente Álvaro Uribe confesó en agosto de 2012, que le “faltó tiempo” para intervenir militarmente a Venezuela.

A pocos días de dejar la presidencia y una semana antes de que ocurriera el intento de magnicidio contra Maduro, Juan Manuel Santos aseguró a la agencia de noticias AFP que “veía cerca” la salida del mandatario nacional. “La veo cerca (…) ese régimen se tiene que desmoronar”.

Fuente: AVN


Terroristas entrenados en Colombia participaron en intento de magnicidio contra Maduro

Dos grupos de terroristas entrenados en Colombia participaron en el intento de magnicidio contra el presidente de la República, Nicolás Maduro, el pasado 4 de agosto durante la celebración del 81 aniversario de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) en la avenida Bolívar de Caracas.

Esta información fue transmitida por el jefe de Estado en un video mostrado este martes, donde se detalla que los autores intelectuales han sido identificados como Rayder Alexander Russo Márquez, alias Pico, quien se encuentra en Colombia, y Osman Alexis Delgado Tabosqui, financista residenciado en Estados Unidos, quienes organizaron la operación denominada Yunque Martillo, con la intención de asesinar al Mandatario Nacional.

Allí se señala la participación activa del sargento retirado de la GNB, Juan Carlos Monasterios Vanegas, alias Bons, quien está involucrado en el ataque al Fuerte Paramacay, estado Carabobo, el 6 de agosto de 2017.

Monasterios Vanegas fue el responsable de reclutar a 11 sicarios en enero de este año para que se involucraran en el plan de magnicidio contra el Presidente Maduro. Estos terroristas habían actuado en actos violentos de calle en 2014 y 2017 para desestabilizar al Gobierno Bolivariano.

En el video se muestran algunos de estos sicarios, identificados como José Miguel Estrada González, apodado Zamurito; Argenis Gabriel Valero Ruiz (piloto de dron) y Henryberth Emmanuel Rivas Vivas.

Estos terroristas recibieron entrenamiento sobre el manejo de drones y explosivos en la granja Atalanta, ubicada en el municipio Chinacota del Departamento Norte de Santander de Colombia, en Cúcuta, entre abril y finales de junio de este año.

Por esta operación recibirían un pago de 50 millones de dólares y la estadía en Estados Unidos.

Inicialmente, la operación se ejecutaría durante el desfile del 5 de julio en el Paseo Los Próceres, en Caracas, pero no se llevó a cabo porque los drones no habían llegado a Venezuela, por lo que se aplazó para el 4 de agosto.

En el video se presenta la confesión de Monasterios Vanegas, quien dijo que viajó desde Colombia por vía terrestre para ingresar a territorio venezolano.

Para realizar el atentado se conformaron dos equipos que manejarían los drones que contenían cargas explosivas de alto impacto destructivo.

El primero operó en la avenida Lecuna, entre las esquinas Curamichate a Viento. De allí despegó uno de los drones, desde un vehículo marcha Chevrolet de color negro.

El segundo equipo se instaló en una oficina alquilada desde hacía siete meses, ubicada en el Centro Empresarial Cipreses.

Se tenía previsto explotar un dron en la parte superior de la tarima presidencial y el otro en la zona frontal para provocar la muerte de todas las autoridades presentes en el acto, así como del jefe de Estado.

Debido a los inhibidores de señal que instalan los cuerpos de seguridad del Estado en los eventos donde asiste el Primer Mandatario Nacional, los pilotos de los drones se desorientaron y perdieron el control y los operadores le informaron a Delgado Tabosqui para que la detonación se hiciese de manera remota desde la oficina alquilada.

El primer dron explotó frente a la tribuna presidencial, hiriendo a siete guardias nacionales, mientras que el segundo dron perdió el control y chocó contra el edifico Don Eduardo, situado entre las esquinas de Cumichate y Viento.

Monasterios Vanegas y Valero Ruiz fueron capturados en el vehículo por los cuerpos de seguridad, luego de recibir el alerta de unos vecinos que observaron como estos dos sujetos manipulaban el dron.

En el segundo grupo que estaba en el Centro Empresarial Cipreses intervinieron Yanin Fabiana Pernía Coronel, alias María; Brayan de Jesús Oropeza Ruiz (piloto de dron) y Alberto José Bracho Rozquez. Estas personas salieron en una camioneta Cherokee azul hacia San Cristóbal, con la intención de fugarse a Colombia, pero fueron detenidos.


Fallido intento de magnicidio contra el presidente Nicolás Maduro

Como si se tratara de un corrientazo, el intento de magnicidio en la tarde del 4 de agosto, con la evidente carga traumática que encarna un hecho de esa naturaleza, parece habernos devuelto la conciencia de lugar en esta hora crítica de la historia patria. Donde nos estamos jugando la vida, también en la propia vida de Maduro.

Los hechos ya conocidos de la operación

En medio de una multitudinaria actividad en la avenida Bolívar de la ciudad de Caracas, a propósito del 81 aniversario del nacimiento de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), dos drones cargados con material explosivo estallaron cerca de la tarima presidencial, cuando el primer mandatario nacional se disponía a cerrar su discurso frente a los presentes.

Ante la magnitud de la explosión, la transmisión en cadena nacional fue suspendida, los efectivos presentes reaccionaron con maniobras de repliegue y los protocolos de seguridad para resguardar la vida del jefe de Estado fueron debidamente activados.

Minutos después, ante la confusión generada, el ministro de comunicación e información, Jorge Rodríguez, confirmó que se trataba de un atentado y que el presidente Maduro y los altos funcionarios civilies y militares del Estado venezolano que estaban en la tarima, salieron ilesos. Siete efectivos militares resultaron heridos por las explosiones, los cuales ya reciben cuidados médicos.

Según versiones policiales, donde los drones cayeron luego de la explosión se constató la existencia de material explosivo. Fuentes “extraoficiales” relatadas por un periodista opositor, de nombre Román Camacho, recalcaron que los artefactos contenían explosivos C4.

Minutos después, un grupo denominando “Soldados de Franelas”, vinculado al extinto grupo paramilitar del ex Cicpc, Óscar Pérez, que a finales del año pasado realizó varios atentados armados a instituciones civiles y militares con el país, se adjudicó el atentado por redes sociales.

Este reconocimiento anuló la narrativa del “autoatentado” o de “una explosión aislada” en un edificio aledaño a la avenida Bolívar, que algunos operadores en redes sociales y medios internacionales, como Associated Press, habían tratado de instalar para distraer la atención y encubrir responsabilidades.

La célula encabezada por Pérez fue desmantelada mediante un fuerte enfrentamiento con las fuerzas de seguridad a principios de este mismo año muy cerca a la capital venezolana, específicamente en El Junquito. Sin embargo, la vuelta a la escena de uno de sus remanentes, indica que la carta paramilitar contra Venezuela también sigue sobre el tablero.

Al final de la noche, el presidente Nicolás Maduro compareció ante el país, relató lo ocurrido y destacó que los autores materiales del atentado están detenidos.

Las primeras pesquisas, según el jefe de Estado, arrojan la vinculación del eje Bogotá-Miami, del presidente saliente de Colombia, Juan Manuel Santos, y de operadores radicados en La Florida.

Los aspectos simbólicos y materiales: selección del momento, lenguaje corporal y lógica del espectáculo

El intento de magnicidio mostró, también, una carga de violencia simbólica específica, dirigida a entidades políticas sensibles a la estabilidad del país y al Estado en general. La naturaleza del evento que se daba en la avenida Bolívar, como quienes integraban la tarima presidencial, a su vez describe la selección de un momento específico para llevar a cabo la operación.

Se celebraba el aniversario de la GNB, cuerpo militar encargado del orden interno que en la revolución de color del año pasado fue clave en neutralizar el avance paramilitar de la guarimba y su infraestructura logística.

Atacar justo en ese acto y no en otro al Presidente, llevaba consigo el correlato simbólico de exhibir al cuerpo castrense como vulnerable y sin capacidad de respuesta, lo que debía servir para reflotar en el discurso público, mediante un acto de conmoción (fallido) a gran escala, el clima de confrontación violenta desarticulado por la Asamblea Nacional Constituyente hace un año.

Pero el atentado falló, y en consecuencia lo que tenía que desencadenarse si lograba su objetivo de afectar la vida del Presidente: la acumulación de una “masa crítica” vía propaganda para propiciar el caos, aprovechar la situación para generalizar una retórica del alzamiento propagada desde poderes externos y “resolver” el “vacío de autoridad” con una medida de fuerza externa (militar, probablemente), o al menos plantearla, como único mecanismo para “estabilizar” la nación e imponerle la banda presidencial a los múltiples próximos presidentes de Venezuela que aguardan gobernar.

Solo pensando en lo peor, y en lo que fue lo más probable, podemos agarrar dimensión de la zona de peligro extremo en la que acabamos de entrar.

Un dato simbólico no menor: en el acto se encontraba el jefe de Estado, el alto mando militar y los representantes de los poderes públicos venezolanos. En un mismo palco, la síntesis material, humana, de los elementos constitutivos del Estado venezolano.

En esa selección del momento, el intento de magnicidio plasmó su planteamiento de fondo: matar al Estado y a los cuerpos físicos que representan todavía la delgada frontera entre la paz y la guerra.

La avenida Bolívar contempla un conjunto de atributos (espacio abierto, edificios de altura en sus adyacencias, etc.) que dieron un sentido de oportunidad para realizar el atentado, en tanto la manipulación de los drones explosivos podía llegar al objetivo sobreexplotando algunas debilidades en la seguridad.

Sin embargo, que haya sido en medio de una cadena de radio y televisión describe la intención de imprimirle cierta lógica del espectáculo al hecho funcional a eternizar en el imaginario colectivo un precedente mortal para la historia contemporánea del país. No sólo buscaban matarlo, sino que fuera un hecho espectacular, mediatizado y en cadena nacional.

En la política, a veces el lenguaje corporal dice más que los discursos. Y en ese renglón el presidente Maduro entra a la historia precisamente por su conducta en una situación en definitiva extrema: en el momento de la explosión, se le vio inalterable, tranquilo, incluso con disposición a continuar el discurso con la muerte en frente.

https://youtu.be/VbhDqP0yGRM

Si este momento sirve como precedente para internalizar hasta dónde están dispuestos a llegar los operadores de la guerra contra Venezuela, también es útil para ver la determinación de Maduro y su fortaleza justo cuando la muerte truena.

Paramilitarización de la política, tecnificación de la violencia y los saltos cualitativos desde el Golpe Azul

Es con el Golpe Azul (fallido) que se introduce con mayor nitidez en la política venezolana un tipo de violencia política donde el factor armado juega un papel central.

Es allí donde comenzó a encontrar puntos de convergencia la conspiración interna en el mundo castrense (patrocinada desde el extranjero), el espectro más demente de la oposición venezolana y el suministro financiero estadounidense y colombiano hacia agendas antipolíticas.

Allí se destacaron Julio Borges y Antonio Ledezma como operadores de guerra sucia.

Es desde ese plan de bombardear el Palacio de Miraflores y asesinar al presidente Maduro que, hasta la actualidad, puede observarse una mutación operativa, una ampliación en las capacidades y una profesionalización en los métodos, que viene aumentando su presencia en la vida política del país.

Muestra de ello no fue solo el grado de preparación en guerra urbana en los operadores de las guarimbas de 2014 y 2017, sino la emergencia de una versión criolla del Estado Islámico, caso Óscar Pérez y su célula, con un sentido sofisticado y selectivo de la violencia irregular. Sus ataques a instituciones civiles y militares así lo demostraron.

Desde los sucesos en la finca Daktarí en el año 2004 en adelante, pasando por todos los planes de magnicidio desmantelados por el aparato de seguridad venezolano, hasta llegar a Óscar Pérez, la huella del paramilitarismo colombiano está presente. Y lo que se ve con mayor nitidez, en términos de retrospectiva, es un cambio en sus formas de ejecución, pero también en la selección de sus focos.

Al no tener en el escenario actual las condiciones que propicien una guerra abierta bajo la coordenada colombiana, el tratamiento o la forma de llegar al objetivo se adapta.

Y la prueba material de esa tecnificación es precisamente el uso de un dron artillado. Este mecanismo representa una de las mortales innovaciones dentro de los recursos bélicos del Estado Islámico, debido a las ventajas tácticas y financieras que implica para matar con mayor nivel de efectividad.

Este mecanismo, a su vez, ha sido importado y adaptado por el mundo del narcotráfico, siendo el mexicano el que lo ha instrumentalizado con mayor nivel de visibilidad.

El uso de este instrumento, más que describir un nivel de experticia y preparación relacionado a un tipo de violencia profesionalizada, pone las trazas de la operación en operadores paramilitares que sirven como canal de importación de las novedades del terrorismo.

Justo allí donde lo anecdótico se vuelve estratégico, y un susto como el de ayer en síntoma de algo más grave: el fenómeno paramilitar como una estrategia para alterar la naturaleza pacífica y democrática de la población venezolana. La expansión del Estado fallido colombiano también se narra por ahí.

Bogotá-Miami: el centro de operaciones

Un reportaje del medio especializado en finanzas Bloomberg, publicado el mes de junio, ratificó lo que sabemos desde el Golpe Azul: Colombia ha servido como base de operación, financiamiento y coordinación de planes golpistas (y magnicidas) contra Venezuela.

Esta vez se llamaba “Operación Constitución” y había sido planificada en Bogotá, con respaldo de financieros y militares colombianos. El objetivo era secuestrar a Maduro y llevarlo a juicio, aunque no dice ante cuál instancia.

Con sólo tener dos dedos de frente, se puede decir que sería el “Tribunal Supremo en el exilio”, el cual utiliza el Congreso colombiano para sala de reuniones y específicamente para “enjuiciar a Maduro”.

El paisaje que se ha venido dibujando en 2018 es uno donde los altos funcionarios estadounidenses y colombianos presionan abiertamente para intentar forzar un golpe de Estado en Venezuela, promocionándolo unas veces como forma de amnistía, y otras como un medio para “restituir la democracia” que la oposición venezolana no pudo.

La publicación de Bloomberg describe con nitidez el papel del gobierno colombiano en la planificación y coordinación de esta estrategia, pero también certifica, con igual nivel de claridad, su respaldo en lo que a la guerra en términos generales contra Venezuela concierne (contrabando, ataque a la moneda, paramilitarismo, etc.).

La siguiente secuencia habla por sí sola: luego de permanecer callado por meses, el autoexiliado Julio Borges, de quien sabemos que no le hace el feo cuando golpes de Estado se trata, resucitó en redes sociales para predecir que la caída de Maduro estaba cerca. Al unísono, el presidente Juan Manuel Santos también alertó que el fin de Maduro era inminente.

Dos pruebas irrefutables de algún tipo de involucramiento, o al menos conocimiento de causa, de un tipo de respaldo público con premeditación, con respecto a lo que sucedió, pues solo un intento de magnicidio es lo más parecido a sus profecías.

Ambos discursos, así como el reportaje de Bloomberg y los intensos llamados de funcionarios estadounidenses dirigidos al estamento militar venezolano en todo 2018, deben visualizarse, también, como maniobras de ablandamiento a la opinión pública, del imaginario colectivo, con el objetivo de obligar a la población a naturalizar una salida violenta o un hecho de conmoción en el corto plazo.

Preparar el cerebro del país para aceptar que algo trágico está por venir, viene acompañado, en este caso, por una estrategia de consentimiento forzado, artificial, donde la gente acepta una desgracia como algo lógico y ya predicho.

El presidente Maduro también señaló al estado de La Florida, cuna de los sancionadores crónicos de Venezuela (Marco Rubio, Ileana Ros, etc.), pero también de operadores de guerra sucia que se autoexiliaron allá.

Como es el caso de José Antonio Colina, protegido por Marco Rubio y animador de la diáspora en Miami, que se hizo famoso por colocar bombas en la embajada de España y el CNE en 2003, y más recientemente por enviar implementos para dotar a los grupos violentos que protagonizaron las guarimbas.

El plan de recuperación económica: el acelerante

El plan de recuperación económica diseñado por el presidente Maduro y su equipo de gobierno ha sido una estrategia presentada como integral para atacar los focos sensibles de la guerra económica y devolverle al país la estabilidad.

El plan implica un reordenamiento de la política monetaria y cambiaria, una reorganización del subsidio a la gasolina y una despenalización (mediante la derogación de la Ley de Ilícitos Cambiarios) en el mercado de divisas para restarle influencia a los indicadores del dólar paralelo en la formación del sistema de precios.

Estas medidas dibujan un mapa de intereses económicos que se verán afectados, sobre todo en lo que corresponde a la gasolina. Y eso sí que es un asunto estrictamente binacional.

Regiones importantes del oriente colombiano, sus élites políticas ligadas al narcotráfico y al paramilitarismo, incluso su tejido económico y empresarial, dependen del saqueo a los combustibles venezolanos para mantener un estado artificioso de soberanía económica que no es tal.

Lo que está en juego con las medidas planteadas por Maduro no solo es un cambio en las reglas en el juego, que podría inhabilitar focos sensibles de la guerra económica, o lo que es lo mismo, la pérdida total de capital político de la oposición y Estados Unidos, sino la propia subsistencia primaria de un sistema paraeconómico que al otro lado de la frontera vive del canibalismo de nuestros combustibles.

Ciertamente, ese factor apuntala aún más el involucramiento del lado colombiano, pues el cambio que pueden vivir esas regiones producto de la regularización sobre el comercio de gasolina le impone un nuevo foco de estabilidad, por estrenarse, al gobierno colombiano, que posiciona como una política de Estado derrocar a Maduro para mantener el orden actual de las cosas.

La zona de peligro estratégico y la etapa de conflicto post-sanciones económicas

Si lo vemos en perspectiva, en términos formales, puramente legales y políticos, Estados Unidos, el gran operador de la guerra contra Venezuela, ya tocó sus propios límites.

Avanzar por la vía de las sanciones implica fortalecer a Maduro, según sus propios think-tanks, o propiciar un conflicto con inversionistas y empresas con intereses en mantener relaciones tolerables con Venezuela. Avanzar por la vía militar tampoco es una opción en las condiciones actuales, razón por la cual se acentúa la tercerización de las operaciones contra la economía y la seguridad de Venezuela desde Colombia, bajo mecanismos paramilitares, diplomáticos, comerciales y financieros.

A nivel internacional, la OEA está fatigada del tema Venezuela (al igual que el Grupo de Lima) y resolver la situación llevando a Maduro al Tribunal Supremo en el exilio o la Corte Penal Internacional, no tiene todavía el nivel de maduración necesario para interrumpir el plan económico de recuperación. Hablando de la oposición interna, sucede la misma deriva: un país con múltiples conflictos no los ve como una referencia.

Entonces parecemos entrar irrefrenablemente a una zona de peligro que tiene a las sanciones como puntos de negociación y arietes de desmantelamiento económico, pero no como desenlace en sí mismo, más allá de que sea permanente la búsqueda por hacer coincidir el caos que genera el bloqueo financiero con una nueva modalidad de violencia que le dé algún saldo político a la oposición. Y en ese sentido, Colombia, esperando el nuevo gobierno de Iván Duque, quiere asumir el liderazgo que a lo interno colapsó.

El poder formal ya avanzó hasta donde le marcan los límites de la legalidad, lo que hace de la zona de peligro estratégica un escenario donde los ataques por venir estarán orientados a la criminalidad, a los asesinatos políticos, al recrudecimiento del colapso económico, y a las demás variantes que ofrece la guerra sucia y las jugadas extrapolíticas.

La imagen del atentado fue consistente y sintetiza el nuevo escenario de recrudecimiento iniciado después del 20 de mayo, aquel donde se le imprime a la situación venezolana un sentido de inseguridad total, donde toda la vida (política, institucional, económica, humana) de la sociedad está en riesgo, suspendida en cuanto a derechos constitucionalmente consagrados, en cuanto a lo que políticamente se ha conquistado; donde, también, las nuevas modalidades de muerte social implantadas contra Venezuela, mediante el bloqueo financiero (entre otros crímenes), plantean hacerse masivas y naturales a nuestro metabolismo social.

Y si el plan de recuperación económica busca frenar ese proceso, entonces hay que socavarlo. Y si las sanciones y la presión internacional no pueden, si no podemos colocar a la población en contra, entonces hay que matar al líder. Ese es el razonamiento que los llevó a asesinar a Patrice Lumumba, Omar Torrijos, y tantos otros. Si no puedo controlarte, te mato.

Y matar, en esos términos, implica, por sobre todas las cosas, fracturar una sociedad, romperla para siempre. Eso buscaban ayer, y nuevamente no pudieron.

Fuente: Misión Verdad


Detalles de la investigación sobre los drones que intentaron asesinar a Maduro

El ministro de Interior y Justicia de Venezuela, Néstor Reverol, presentó un breve balance sobre los alcances en la investigación del intento de magnicidio del presidente Nicolás Maduro que tuviera lugar el pasado sábado en horas de la tarde.

Durante su presentación, Reverol señaló que en este ataque se utilizaron 2 drones modelo DJI M600, que iban directamente contra la figura del presidente venezolano y demás autoridades civiles y militares que le acompañaban durante el acto de aniversario de la Guardia Nacional Bolivariana, realizado en la avenida Bolívar de la capital venezolana.

De acuerdo con el ministro, cada dron de helices contenía 1 kilógramo del explosivo denominado C4 con un poder de afectación a un radio de aproximadamente 50 metros.

Hizo saber que uno de los dispositivos sobrevoló la tribuna presidencial “con el fin de activar a distancia la sustancia explosiva en la tribuna”, pero “gracias a las técnicas especiales de la Guardia de Honor presidencial” y la instalación de equipos inhibidores de señales, se logró desorientar a ambas unidades, lo que trajo como consecuencia que los explosivos se activaran “fuera del perímetro planificado” por los autores del hecho.

El atentado forma parte del mismo hilo de otras operaciones frustradas como el Golpe Azul, la Operación Jericó y la Operación Constitución, que anteriormente han tenido el denominador común del uso de elementos militares y paramilitares para intentar cometer magnicidio y destruir las principales líneas de mando del poder político en Venezuela, bien sea por el propósito específico de asalto al poder nacional o de propiciar un cuadro de desestabilización.

La organización terrorista Soldados de franelas se adjudicó el ataque al presidente Maduro. Esta célula estaría compuesta por reductos de la desarticulada banda paramilitarizada dirigida por el excomando del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC), Óscar Pérez, abatido por las autoridades venezolanas.

A la vista de los primeros elementos que arroja la investigación sobre esta operación frustrada, es evidente el aumento del apresto operativo y nivel de sofisticación de estos factores terroristas.

Reverol agregó datos sobre los modelos utilizados. El Drone DJI M600 es un artefacto “diseñado para trabajos industriales que pueden soportar grandes cargas y peso, como una cámara de cine o un kit complejo de grabación”.

En abril de 2017 la cadena Fox News emitió un informe sobre el uso de drones comerciales, como el DJI M600, por parte del Estado Islámico en sus operaciones en Irak y Siria. Estos dispositivos son ahora un componente esencial en el modelo de guerra asimétrica en varios teatros de operaciones, debido a su bajo costo, fácil manejo, alto nivel de maniobrabilidad, capacidades furtivas y el fácil traslado y ocultamiento de dichas unidades.

El modelo de guerra teledirigida, que supone la superación del modelo de ataque “cuerpo a cuerpo” contra objetivos específicos, se ve incrementado con la proliferación de este tipo de tecnología. Ahora elementos venezolanos, presuntamente patrocinados desde Colombia y Miami -como señalan las autoridades venezolanas-, han emprendido esta embestida terrorista afiliándose a estas modalidades que ya son compartidas por otras organizaciones terroristas y criminales del mundo.

El mismo Estado Islámico y otras organizaciones terroristas salafistas en la guerra en Siria, han trabajado en el diseño de estos dispositivos, dado que estas tecnologías provistas por fabricantes comerciales contienen metadatos que registran el origen de los artefactos. Para eludir el rastreo de sus proveedores y líneas de abastecimiento, la fabricación artesanal es una alternativa para estas organizaciones armadas.

Según The New York Times, los ataques con drones por fuerzas irregulares son cada vez más mortíferos y su despliegue impone un nuevo cuadro de vulnerabilidad a los factores militares, que ahora requieren el empleo de nuevas tecnologías para suprimir estas amenazas.

A mediados de julio pasado, fue dada a conocer la noticia del ataque efectivo por drones fabricados por las fuerzas huties de Yemen contra objetivos de la industria petrolera saudita Aramco. En esa oportunidad, estos artefactos de largo alcance lograron superar los sistemas antiaéreos sauditas mediante el vuelo rasante.

Los aviones no tripulados yemeníes habían atacado ya antes en distintas ocasiones a compañías petroleras saudíes, por ejemplo en la región de Jizan, en el suroeste de Arabia Saudí, reseña la cadena iraní de noticias HispanTV.

En México, los carteles de drogas han empleado drones tipo mini-helicóptero de procedencia comercial, para convertirlos en lanza bombas de tipo “papa” a distancia.

El uso de drones por estas organizaciones criminales anteriormente se registró para el traslado de drogas y armas, así como con propósitos de vigilancia y ubicación de sus objetivos. Entre 2012 y 2014 las autoridades estadounidenses registraron unas 150 incursiones de estos artefactos en su frontera con México.

En la revista Small Wars, una nota de Robert Bunker y John Sullivan, especialistas en seguridad y armas, señaló la importancia del hecho “inevitable” del aumento del uso de drones para fines criminales y terroristas. Según los autores, los drones “cada vez más juegan un papel en lo que se puede considerar tácticas, técnicas y procedimientos terroristas”, dado el factor “imprevisible” y en muchos casos “indetectable” de estos aparatos.

Según Bunker y Sullivan, “un vehículo aéreo no tripulado armado con artefactos explosivos y detonado de forma remota permite un ataque de precisión contra un objetivo intencional, y esto cambia completamente la perspectiva sobre los patrones convencionales de ataques”.

El uso de estos artefactos como dispositivos operativos y funcionales para intentar asesinar al presidente Nicolás Maduro, consiste en el primer evento conocido en la historia que da cuenta del uso de estas tecnologías comerciales pero furtivas, contra la vida de un jefe de Estado.

El potencial daño y la cercanía de las detonaciones contra la figura del presidente venezolano, impone además el precedente de que esta situación puede catalogarse y registrarse como un evento de riesgo real.

En su presentación de este domingo, el ministro de Interior, Justicia y Paz de Venezuela, Néstor Reverol, señaló que uno de estos artefactos estalló en el aire frente a la tarima presidencial y el otro se precipitó hasta un edificio adyacente al acto oficial para luego detonar.

Fuente: Cubadebate


El intento de magnicidio contra Nicolás: claves históricas

por Yldefonso Finol

Parece normal que la derecha criolla y extranjera no crea la versión denunciada por el presidente Maduro sobre planes para asesinarlo, ni siquiera con las imágenes contundentes de un atentado en plena ejecución; la historia, sin embargo, nos ofrece un sinfín de claves que le dan la razón a Nicolás.

En un artículo del 2008, afirmábamos:

“El magnicidio siempre ha sido una alternativa en la lucha por el poder. Lo vivió la Roma imperial y nos ocurrió en la gesta independentista cuando Santander junto a otros traidores como Padilla, intentaron matar a Bolívar en Bogotá. ¿O acaso qué fue el crimen de Berruecos? La muerte de Sucre es un caso de magnicidio”.

“Porque el magnicidio no solamente abarca el asesinato de un Presidente, también ocurre cuando la víctima es un alto funcionario o, incluso, una personalidad con fuerte influencia en la opinión pública. El fondo de la definición está en el hecho de que la intención de los asesinos es provocar efectos políticos; es decir, frustrar un proceso y favorecer unos intereses determinados”.

“En Estados Unidos, el magnicidio ha sido frecuente. Cuatro Presidentes fueron asesinados en ejercicio. Lincoln, el 14 de abril de 1865. James Garfield, el 2 de julio de 1881. William Mc Kinley el 6 de septiembre de 1901. Kennedy el 22 de noviembre de 1963. En todos los casos los autores materiales resultaron ser tipos extraños que rápidamente desaparecieron física y noticiosamente. Expedientes no quedaron ni para las oficiales estadísticas criminales”.

La larga lista de víctimas de esta práctica criminal de desestabilización política y asalto del poder, incluye a voceros de causas contradictoras del sistema dominante como Martin Luther King y John Lennon, así como gobernantes que llegaron a ser molestos para los imperialismos como Salvador Allende y Mohamar Ghadafi.

“En el marco de la Operación Cóndor montada por la CIA con los dictadores pro-gringos Pinochet, Stroessner, Bordaberry y Videla, mataron a Juan José Torres, ex presidente boliviano refugiado en Argentina, y a Joao Goulart, ex presidente brasilero a quien la derecha fascista derrocó en 1964 con apoyo de Estados Unidos. Ambos eran temidos por el liderazgo popular que tenían. También cayeron bajo la garra del “Cóndor”, el Canciller de Allende, Orlando Letelier, y el General demócrata Carlos Prats González.

En Venezuela sólo teníamos el precedente de Carlos Delgado Chalbaud asesinado el 13 de noviembre de 1950, en un complot con aroma a petróleo aún por descifrar.

En Colombia mataron a Rafael Uribe Uribe, a Gaitán, a Pardo Buelvas, a Galán, a Pizarro, a Lara Bonilla, a Pardo Leal, a Jaramillo Osas.

A tres mil militantes de la Unión Patriótica, y en los últimos dieciocho meses, a 311 líderes sociales.

II

Ya hemos expuesto que el santanderismo es un apéndice de la Doctrina Monroe, que consiste, en lo internacional, en la sujeción absoluta de Colombia a los intereses de Estados Unidos, y en lo interno, el sostenimiento del régimen oligárquico a través del terrorismo de Estado disfrazado de democracia representativa.

El tétrico personaje Álvaro Uribe insinuó un pedido de asesinato contra Hugo Chávez y manifestó públicamente que “le faltó tiempo para una acción militar contra Venezuela”, y su acólito Abelardo de la Espriella escribió el domingo 9 de julio de 2017 en El Heraldo de Colombia:

“Los venezolanos de bien y la comunidad internacional en pleno deben entender que la muerte de Nicolás Maduro se hace necesaria para garantizar la supervivencia de la República. No se trataría de un asesinato común, sino de un acto patriótico que está amparado por la constitución venezolana y que resulta, por demás, moralmente irreprochable”.

Es decir, en Colombia se habla abiertamente del magnicidio como “remedio” para Venezuela.

¡Que hermanos tan generosos!

Así lo pedían los esbirros y propagandistas de Santander contra Bolívar y sus leales compañeros, antes del atentado de septiembre de 1828. También intentaron minimizar el hecho y hasta negarlo, lanzando una despiadada campaña de desprestigio contra la testigo por excelencia del suceso: la Libertadora Manuela Sáenz; que la misoginia es típica de los momios.

Este de la Espriela es profesor de derecho penal de la universidad Sergio Arboleda,  asidua patrocinante de CNN que empleó al huidizo tirano Pedro Carmona Estanga, y donde recientemente se realizó el bochornoso espectáculo que un club de litigantes piratas han montado para vergüenza del gremio abogado venezolano.

El ex presidente Santos apareció en escena, casi saliendo de Casa de Nariño, con un arrebato prestidigitador:

“a Maduro le quedan pocas horas”.

¡Y boom! ¡Boom! Como en un juego de videos, dos drones explotan en Caracas.

III

El emperador Trump amenazó con una intervención militar para derrocar a Nicolás Maduro. Los drones son actualmente armas de guerra.

“Los sistemas de aviación no tripulados, comúnmente conocidos como drones, están desempeñando un papel cada vez más importante en los conflictos armados. Estos sistemas se usan tanto para recolectar datos de inteligencia como para desplegar la fuerza letal. En 2007, en Afganistán, se lanzaron 74 ataques por medio de drones por parte de Estados Unidos. En ese mismo año, se lanzaron cinco ataques del mismo tipo en Pakistán. Ya para 2012, las Fuerzas Armadas de EEUU llevaban a cabo un promedio de 33 ataques mensuales con drones en Afganistán y el número total de los ataques realizados en Pakistán hoy en día suma más de 330”, según afirman expertos en diversas revistas especializadas.

Uno de los requisitos que la doctrina militar estadounidense requiere para el uso de dron, es que el objetivo debe ser considerado una “amenaza inminente”. Para eso tienen el decreto de Obama del 9 de marzo de 2015, declarándonos “una amenaza inusual y extraordinaria”.

En 2000 el senador Coverdell pidió ocupar militarmente a Colombia para controlar a Venezuela. En 2009 Estados Unidos instaló siente bases militares en Colombia.

IV

“Santa Marta para los bolivarianos es sinónimo de muerte. Hasta allí fue el Presidente Hugo Chávez el 10 de agosto de 2010 a reunirse con Juan Manuel Santos. El mediador de ese encuentro fue el flamante primer Secretario General de UNASUR, Néstor Kirchner.

El 27 de octubre de 2010 muere sorpresivamente el ex presidente argentino. Meses después, Chávez comienza a sufrir fuertes dolores.

El 10 de junio de 2011 –tras diez meses de Santa Marta- el Comandante Hugo Chávez es intervenido de urgencia en Cuba. El 20 vuelve a ser operado de un tumor. El 30 de junio el Presidente Chávez informa que está en tratamiento contra el cáncer.

Cumplido el primer ciclo de quimioterapia, regresa a Caracas con la buena nueva que no detectaron células malignas en su cuerpo. El 21 de febrero de 2012 informa que estuvo en Cuba y que le han detectado una “lesión”. El 26 de febrero es operado en La Habana, por una recurrencia del cáncer”.

De familia longeva, sin antecedentes en esa patología, el Comandante Hugo Chávez muere el 5 de marzo del 2013 a causa de un tipo raro de cáncer que se reproduce velozmente sin responder a los mejores tratamientos.

Hay alguna literatura disponible con explicaciones y evidencias del uso del cáncer como arma de guerra por parte de Estados Unidos, particularmente a través de la CIA, que desde los sesenta ya disponía de un departamento dedicado al tema.

Tecnologías como los microchips y tubos de carbono, y las versiones bioquímicas inoculables, están muy desarrolladas, como hechicería maligna del siglo XXI.

Las intimidaciones de los enemigos de la Revolución Bolivariana se han ido cumpliendo: ocuparon militarmente a Colombia que ahora es socio OTAN, mataron a Chávez, declararon amenaza a Venezuela, nos aplicaron sanciones unilaterales, bloquearon nuestras finanzas internacionales, nos aplican un cerco diplomático, patrocinaron la violencia fascista interna, introdujeron mercenarios paramilitares colombianos y terroristas de otras nacionalidades, destruyeron nuestro poder adquisitivo y ya comenzaron atacarnos con armas sofisticadas.

Nuestra fortaleza ha sido la resistencia del pueblo chavista y la unidad revolucionaria, hoy crecidas en torno al apoyo a Nicolás frente al cobarde atentado terrorista.

Tenemos la razón histórica, debemos defenderla con inteligencia y con fuerza.

¡Pa’lante Nicolás!

Fuente: Alainet


El magnicidio frustrado contra Nicolás Maduro

por Juan Martorano

Como si fuera parte de la trama de las películas tipo Misión Imposible, el asesor de Seguridad Nacional de la administración Trump, John Bolton, y la canciller saliente de Colombia, María Ángela Holguín, negaron la responsabilidad de los gobiernos de sus países en el magnicidio en grado de frustración en contra del Primer Mandatario Nacional, Nicolás Maduro. Esto, a mi juicio, confirma aún más las implicaciones de las administraciones de Juan Manuel Santos y de Donald Trump en los intentos de truncar la vida del Jefe de Estado venezolano.

Ni hablar de las implicaciones del ex presidente y senador colombiano, Álvaro Uribe Vélez, de emplazar a los militares venezolanos a dar un “Golpe Militar a Maduro”, y a tratar de derrocar a su Comandante en Jefe. No perdamos de vista que el día de mañana marte 7 de agosto, su pupilo Iván Duque asumirá la Jefatura de Estado colombiana, por lo que debemos esperar una escalada de ese país en contra de la República Bolivariana de Venezuela.

Igualmente, personeros como Julio Borges y la ex fiscal General, Luisa Ortega Díaz, quienes coincidiendo con el mandatario Juan Manuel Santos, casi que profetizaban la inminente caída del Gobierno venezolano.

Para más inri, la ex funcionaria Luisa Marvelia Ortega Díaz, respondiendo a las declaraciones dadas el día de ayer por nuestro canciller Jorge Arreaza ante el cuerpo diplomático acreditado en el país, expresó:

“Si hubiese estado detrás del plan, el país estaría celebrando”.

¿Reconocimiento implícito de sus implicaciones conspirativas en contra de la Revolución Bolivariana?

En el artículo anterior, no solo me permití esbozar algunos elementos del contexto por el que se impulsó y motorizó la acción terrorista en contra del Jefe de Estado venezolano, y las cabezas de las ramas del Poder Público Nacional en el país, sino esbozar algunos escenarios, porque no solo se trata de develar el entorno que impulsa el accionar subversivo del enemigo de la Patria, sino en un ejercicio de contrainteligencia popular, pensar por un instante como el enemigo, a fin de anticipar sus posibles acciones, a fin de poder neutralizarlas, y eso fue lo que se hizo en las opiniones del día de ayer.

No obstante, y como hoy se dará una importante movilización en la ciudad de Caracas, la cual comenzará a ser replicada en las diferentes entidades federales y localidades del país, a fin de derrotar simbólicamente el atentado contra el Estado- Nación venezolano, para mí esto acelera los tiempos revolucionarios y algunas ejecutorias. Para sostener esta aseveración que sostengo, un botón.

Pese a que la noticia que ocupa el centimetraje de la prensa nacional es el magnicidio en grado de frustración en contra del Presidente Maduro y sus colegas del Poder Público Nacional, no se puede perder de vista la extraordinaria entrevista realizada al abogado, profesor universitario, doblemente constituyente y presidente de la Comisión Constitucional de la ANC, Hermann Escarrá, en el programa dominical “José Vicente Hoy”, que entre los múltiples temas tratados con el periodista, abogado y analista político, expresó, palabras más, palabras menos, lo siguiente:

“El proyecto de mejoras a la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela está avanzado en más de un 80%, luego que el mismo esté finalizado, se someterá a la consulta de la directiva de la ANC, quien luego de consultas y evaluaciones con diferentes sectores del país, y con el convocante del Poder Constituyente originario, que en este caso fue el Presidente de la República, Nicolás Maduro, el mismo sea discutido en la plenaria de la ANC, por lo que el debate de la nueva Constitución sea tema de la agenda política en los últimos meses del año 2018”.

Si a eso le agregamos que el argumento esbozado por el constituyente y Primer Vicepresidente del PSUV Diosdado Cabello a comienzos de este año fue que a finales de este año se podía celebrar “una elección sorpresa”, confirma lo que en artículos anteriores señalé, sobre la posibilidad de que el referendo aprobatorio de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela mejorada y blindada se realice conjuntamente con las elecciones de concejales previstas para el 9 de diciembre de este año.

Sería muy pertinente en el texto de esa Constitución, o proyecto constitucional, que se incluyan los delitos constitucionales. El atentado que sufrió no solo el Presidente de la República, sino las estructuras de nuestro Estado, y por ende, nuestra Nación soberana, así lo ameritan.

Y que esto confirma el escenario que señalaba en mi artículo anterior, sobre el escenario revolucionario, donde nuestro Gobierno, de la mano de las organizaciones políticas y sociales asuma una postura más radical, marginando a los sectores reformistas, socialdemócratas y neoliberales y que acelere la transición al Estado Socialista y Comunal.

Y como lo señaló el propio compañero Cabello, a cada conspiración le responderemos con más elecciones y con la consulta al pueblo, dueño y titular intransferiblemente de la soberanía.

(*) Abogado, activista por los Derechos Humanos, militante revolucionario y de la Red Nacional de Tuiter@s Socialistas

Fuente: Alainet


Venezuela: un atentado más contra la soberanía de los pueblos

por José Toledo Alcalde (*)

“Bajo ninguna circunstancia aceptaremos que sea vulnerada la soberanía nacional, permaneceremos incólumes y aferrados a las convicciones que nos caracterizan, apoyando de manera incondicional y con irrestricta lealtad a nuestro comandante en jefe”.

Vladimir Padrino, Ministro de Defensa.

Paremos las mentiras, para ser un país considerado “respetuoso del derecho internacional” debe – por o bajo fuerza – estar alineado a favor de los grupos de facto, Washington y aliados.1 Y, eso es lo que exactamente sucede en la República Bolivariana de Venezuela: sin hegemónica alineación (lo cual es igual a ultraje de la soberanía nacional) se “viola el derecho internacional” lo cual te hace, automáticamente, en “criminal”, “perseguido” y “sentenciado a muerte” de la “justicia internacional” manejada por un club de amigos (y amigas). No es al Presidente Nicolás Maduro Moros a quien se quiere exterminar, es al modelo de dignidad y soberanía de los pueblos.

Según el vicepresidente sectorial de Comunicación, Turismo y Cultura de la República Bolivariana de Venezuela, Jorge Rodríguez el atentado contra el presidente democrático de la Republica Bolivariana de Venezuela Nicolás Maduro Moros forma parte de un programa sistemático de desestabilización e invasión del país bolivariano a cargo de los EEUU monitoreado a través de la OEA:

“Esta ocasión fue la ocasión número 32, entre el año 2014 y este año 2018, en que el Ministerio de Colonias convocó reuniones, encuentros y búsqueda de aprobación de resoluciones, para atacar a la Patria venezolana”. 2

El último atentado sufrido por el presidente venezolano Nicolás Maduro , su esposa Celia Flores, y el alto mando militar de Venezuela en plena de la celebración del 81º aniversario de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) en la avenida Bolívar de Caracas pone en evidencia, una vez más y ante el silencio cómplice de Washington y sus aliados, el desquiciado desespero de los grupos de poder ávidos de control y eliminación de todo vestigio de soberanía político-económico en relación a las consabidas pretensiones del control planetario.

La grosera falacia global sobre democracia, estado de derecho y derechos humanos hace del circo planetario – en materia de jurisprudencia internacional – uno de los mas “sublimemente aberrantes” aportes en materia socio-política de la colonialista edad moderna.

El ingreso de la nueva versión del fascismo global pos Segunda Guerra Mundial transformó las coordenadas del poder planetario de la mitad del siglo XX en delante. Como sabemos, un “grupo de amigos” se distribuyeron el orbe creando bases institucionales de la jurisprudencia colonizadora internacional las cuales legitimarían la absolutización del poder hegemónico global en contra todo proyecto liberador.

Por ejemplo, la ONU, OEA – propiedades de los EEUU por “derecho de manutención”3 – fueron, son y seguirán siendo los representantes legales de los grupos de poder y sus estados representantes en el mundo. Los grupos de facto armaron el andamio del marco jurídico internacional y son ellos mismos los que se encargan de orientar las normativas jurídicas a su antojo. Depende de quien tenga la posición geopolítica de interés del hegemón y los recursos energéticos apetecidos (p.e: petróleo y agua en Venezuela o litio en Perú) para – bajo apoyo de la ONU y OEA – ser declarado “dictadura”, “enemigo”, “mal ejemplo”, “corrupto”.

En América Latina y el Caribe, sin mencionar otras latitudes, Fidel Castro Ruz (Cuba), Juan Velazco Alvarado (Perú), Salvador Allende (Chile), Jean-Bertrand Aristide (Haití), Manuel Zelaya (Honduras), Fernando Lugo (Paraguay), Dilma Rousseff e Ignacio “Lula” da Silva (Brasil), Evo Morales (Bolivia), Rafael Correa (Ecuador), Hugo Chávez Frías y Nicolás Maduro Moros (Venezuela) fueron, son y seguirán siendo calificados como “dictadores”, “enemigos”, “malos ejemplos” y “corruptos” y la total carencia de masa crítica eleva esta barbarie a categoría de “verdad infalible”, dogmas irrefutables del orden establecido. No por acto de la casualidad el cáncer fue usado como arma biológica en perjuicio de presidentes socialistas de América Latina.

Este nefasto proyecto de control global, encarnado diabólicamente este fin de semana, inevitablemente nos transportó al magnicidio de 1973 donde el Presidente Salvador Allende fue cobarde y salvajemente asesinado. Ayer fueron helicópteros hoy son drones, ayer fueron misiles o son virus cancerígenos, ayer fueron golpes militares hoy son golpes civiles, ayer fueron Estados hoy son megas corporaciones.

El formato golpista contra el gobierno democrático del Presidente Nicolás Maduro Moros es exactamente el mismo que fue usado por el ex Presidente estadounidense Richard Nixon y su consejero de Seguridad Nacional Henry Kissinger en Chile de 1973. 4

El Portal Panam Post en su nota Salvador Allende fue el responsable de su propia caída hizo énfasis de la justificación del asesinato y derrocamiento del gobierno democrático del Presidente Allende:

“El Mercurio tituló así a todo lo ancho de la página: ‘Declaró Acuerdo de la Cámara de Diputados: El Gobierno ha quebrantado gravemente la Constitución’. El Acuerdo, aprobado por casi dos tercios de los diputados (63,3 %), acusaba al gobierno del presidente Allende de veinte violaciones concretas a la Constitución: amparar grupos armados, torturar, detener personas ilegalmente, silenciar a la prensa, manipular la educación con doctrina, limitar la posibilidad de los ciudadanos de salir del país, confiscar la propiedad privada, violar las atribuciones del Poder Judicial y el Congreso, con el objetivo de aplicar su dictadura comunista en Chile”.5

El ingreso de la racionalidad colonizadora (neoliberal) en Chile fue el parteaguas que marcó uno de los capítulos más sangrientos de la historia de América Latina y el Caribe de los últimos cincuenta años del siglo XX. Medio siglo después, este perverso formato ha sido metodológica y tácticamente sofisticado. Filosófica e ideológicamente la estructura colonial se mantiene intacta.

Urge, en palabras del sociólogo peruano Aníbal Quijano Obregón (1930-2018), plantear bases de una nueva racionalidad, histórica, liberadora, descolonizadora. Todo esto ante una racionalidad colonizadora la cual seguirá planteando la existencia de un mundo que gire en torno a la perpetuación del hegemón global. Las fuerzas sociales de la historia ya no solo claman sino resisten y luchan por el cambio de paradigma.

Según Quijano la – antítesis de la razón instrumental – la racionalidad liberadora será aquella que plantee el cimiento de la utopía de una soberana Latinoamericana contraria a modelos promotores de planes sanguinariamente desestabilizadores de la dignidad de los pueblos como lo hemos visto este fin de semana en la hermana Republica Bolivariana de Venezuela.6 Los cambios de gobiernos no implican necesariamente cambios de modelos, menos aún de colonizadas estructuras mentales. Soberanía no es un capítulo más de un populista plan de gobierno, es un digno y decente posicionamiento de cara a la construcción de una historia de rostro genuinamente solidario, reciproco y compasivo.

Finalmente, no existe arma alguna, virus, misil o dron que pueda destruir el sueño del libertador Simón Bolívar el cual sigue cabalgando:

“El velo se ha rasgado y hemos visto la luz y se nos quiere volver a las tinieblas: se han roto las cadenas; ya hemos sido libres, y nuestros enemigos pretenden de nuevo esclavizarnos. Por lo tanto, América combate con despecho; y rara vez la desesperación no ha arrastrado tras sí la Victoria […] Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria”. 7

(*) Lic. Teología y Mg. Terapias Físicas.

Fuente: Alainet

Notas:

1 Para muestra, Colombia recientemente formalizó su ingreso a la OTAN (NATO) en calidad de Socio Global, único país en la región con este estatus. Fuente: https://larepublica.pe/mundo/1100011-donald-trump-sobre-la-onu-no-ha-alcanzado-su-potencial-debido-a-la-burocracia. Revisado: 04/08/18

2 TeleSur. Ministro Rodríguez denuncia 32 ataques de EE.UU. contra Venezuela en la OEA

Fuente:https://www.telesurtv.net/news/venezuela-oea-eeuu-agresiones-jorge-rodriguez-ataque-20180606-0040.html. 05/08/12

3 EEUU “Contribuye con 28,5% del presupuesto de las operaciones de paz de 7.300 millones de dólares, y con 22% de los 5.400 millones de su presupuesto de funcionamiento”. Fuente: https://larepublica.pe/mundo/1100011-donald-trump-sobre-la-onu-no-ha-alcanzado-su-potencial-debido-a-la-burocracia. Revisado: 04/08/18.

4 Fuente: https://ciperchile.cl/2010/06/30/las-ineditas-cintas-de-nixon-sobre-chile-y-allende-el-lenguaje-del-imperio/. Revisado: 04/08/18.

5 Fuente: https://es.panampost.com/antonella-marty/2017/01/06/no-salvador-allende-no-fue-un-respetuoso-de-la-democracia/?cn-reloaded=1. Revisado: 04/08/18.

6 Quijano, Aníbal: “Colonialidad del poder, cultura y conocimiento en América Latina”, en Anuario Mariateguiano, vol. IX, no.9, Lima, 1997; “América, el capitalismo y la modernidad nacieron el mismo día”, entrevista en ILLA, no. 10, Lima, enero 1991; “Colonialidad y modernidad/racionalidad”, en Perú Indígena, vol. 13, no. 29, Lima, 1992.

7 Simón Bolívar. Carta de Jamaica, Kingston, 6 de septiembre de 1815.
https://www.alainet.org/es/articulo/194545


Venezuela y los orígenes de la violencia política en América Latina

por Lautaro Rivara

Una reflexión sobre el intento de magnicidio contra el presidente Nicolás Maduro, la creciente paramilitarización de la política y los orígenes y los alcances de la violencia en América Latina y el Caribe.

Más de 300 líderes y lideresas asesinadas en Colombia desde la firma de los acuerdos de paz en La Habana. La prisión política de Lula da Silva, y las posibilidades abiertas de una próxima elección asentada en mecanismos proscriptivos (un auténtico deja vú para todos los argentinos memoriosos que recuerdan los tiempos de la Resistencia Peronista).

Los aceitados engranajes del law fare, con un envalentonado partido judicial que tras tumbar a Dilma Rousseff en Brasil, procura acorralar a las figuras de CFK en Argentina, Mauricio Funes en El Salvador, Rafael Correa en Ecuador y a otras referencias populares. La impune sucesión de golpes de estado en lo que va del siglo: Haití en 2004, Honduras en 2009, Paraguay en 2012, Brasil en 2015.

Las razzias perpetradas en Bolivia por la oligarquía blanca y el intento separatista de los estados ricos de la llamada “media luna” en el marco de los debates constituyentes en el año 2008. El genocidio a cuentagotas por parte de los narco-estados o de opacas fuerzas paramilitares en países como México, Colombia o El Salvador, sintetizados en el pavoroso hallazgo de una fosa común donde quiera que se cave un pozo. La creciente militarización interna, con la ocupación experimental de Río de Janeiro en Brasil, la militarización de la Araucanía chilena en la guerra sucia contra los mapuches, o con el reciente cambio de la doctrina militar en la Argentina.

La militarización a escala continental, a través de los nuevos convenios de cooperación militar amparados en la presunta lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, la reactivación del Comando Sur y la Cuarta Flota, la proyección de nuevas bases yankis en la región y el ingreso de Colombia a la OTAN. Los asesinatos dolorosos de emblemáticos líderes indígenas, negros y populares como Berta Cáceres en Honduras, Marielle Franco en Brasil, o Robert Serra en Venezuela.

Y ahora, tras el repertorio combinado y extenso de agresiones contra la Venezuela bolivariana (golpe de estado, paro petrolero, guerra económica, guarimbas, etc) la tentativa flagrante, torpe, desesperada, de asesinar al presidente de la república y principal líder popular de toda la región. El fallido intento de magnicidio contra Nicolás Maduro se dio a través de cargas explosivas alojadas en dos drones que reventaron cerca de la tarima donde se encontraba el presidente y la plana mayor de las fuerzas armadas, en el marco del 81 aniversario de la Guardia Nacional Bolivariana. No se trató ni de los “ruidos” de los que habló la CNN, esa oficina de prensa de la CIA, ni del “autoatentado” o “explosión aislada” que mencionó la Associated Press en sus maniobras distractivas.

***

Pero esto pretende ser más que un recuento de injusticias y calamidades. Se trata, más bien, de numerosos síntomas del desplazamiento hacia nuevas formas de la confrontación política en América Latina y el Caribe.

Desplazamiento inducido, unilateralmente, por las burguesías locales y trasnacionales y las fuerzas imperialistas. Y eso que estamos hablando sólo de lo acontecido en esta tibia “primavera democrática” que atravesó nuestro continente en las últimas décadas (ocioso sería recordar el crudo invierno de la Operación Cóndor y el tendal de asesinados y desaparecidos por las contrainsurgencias).

Hablamos, en fin, del estrechamiento creciente de la vía pacífica y político-electoral para la resolución de nuestras batallas. Ya en un texto sobre los acuerdos de paz de Colombia y el despunte de la violencia paramilitar en Venezuela, señalamos la paradoja de que el primer día de paz en un país pudiera coincidir con el inicio de la guerra en el otro. Hoy, un poco más pesimistas, sólo vemos a vemos el afianzamiento de la guerra como tendencia irrefrenable en varios países.

El marxista italiano Antonio Gramsci, en su formulación clásica de los momentos por los que atraviesa indefectiblemente la lucha política en el proceso de alza de las luchas populares, demarcó tres estaciones: un momento corporativo, un momento político, y un momento militar (o más precisamente político-militar).

Sin embargo, el análisis de Gramsci partía de suponer que el arribo al resolutorio momento militar se vinculaba al alza de la lucha de masas y a la respuesta reactiva de clases dominantes que veían su hegemonía amenazada.

En esta hora de Nuestra América, paradójicamente, es la radicalización endógena de las burguesías vernáculas y trasnacionales las que induce este arribo forzoso a un momento genéricamente militar, en el que coinciden dos procesos simultáneos: la judicialización y la paramilitarización de la política.

Lo que no caiga a tierra con el martillo judicial, será golpeado con el garrote militar (siempre amparados claro, por la cobertura propicia de las cada vez más concentradas corporaciones mediáticas).

Por su parte, las clases populares y sus instrumentos políticos procuran, acertadamente, reencauzar pacíficamente la lucha política, rechazando las provocaciones y porfiando en la vía democrático-electoral. Pero, como se sabe, hacen falta dos para jugar al ajedrez, y nadie seguirá jugando con las piezas desparramadas por el suelo.

A estos fenómenos se asocia también la emergencia a nivel global de una nueva derecha ultraconservadora, fascista, xenófoba y misógina que disputa la hegemonía a las fracciones burguesas neoliberales-globalistas.

Sus exponentes han dejado ya de ser figuras residuales de la política latinoamericana y hoy tienen incluso buenas o moderadas proyecciones electorales (Bolsonaro en Brasil, Kast en Chile, Trujillo en República Dominicana, etc).

El declive global de la hegemonía estadounidense y el completo reordenamiento de la geopolítica planetaria con el desplazamiento hacia el “oriente” de los mayores flujos de mercancías y capitales, no hará más que reforzar las líneas de acción político-militares de Estados Unidos en nuestra región, como contrapeso a la merma de su capacidad de influencia económica y diplomática.

No hay ni recursos ni voluntades concertadas para la correa larga de las políticas del buen vecino o para las “Alianzas para el Progreso”. Para algunos, sin duda, ha sonado nuevamente la hora de la espada.

***

Sabemos que la historia está hecha de tendencias y estructuras, pero también de hechos de singular significación e importancia que actúan como lo que el marxista argentino Hernández Arregui llamó “fulminantes históricos”.

Ayer pudo acontecer uno de esos hechos fulminantes que disparan la historia para adelante. Ayer, de concretarse el intento de magnicidio contra Nicolás Maduro, todo pudo haber cambiado, catapultándonos a un nuevo estadío de la lucha política en Nuestra América.

Recordemos, por ejemplo, las secuelas aún presentes del asesinato del líder popular Jorge Eliécer Gaitán, que rompió para siempre la historia colombiana y sumió a la nación en uno de los conflictos armados más extensos del mundo.

Un magnicidio es un crimen contra un pueblo, porque un líder popular es siempre una síntesis nacional y una aglomeración de anhelos. ¿Cuáles no serían los ánimos, ciertamente soliviantados, del populoso oeste caraqueño en estos momentos?

Los venezolanos, pueblo bravo de bravos antecesores, ciertamente estarían volcados a las calles, enfurecidos, y sordos a la cautela y las razones del estratega.

Y la derecha, siempre gananciosa con el río revuelto, estaría aprovechando la confusión para desatar la anhelada guerra civil que no lograron imponer durante las últimas guarimbas.

Muchas veces se ha comparado a Venezuela con el hostigamiento sufrido por el Chile de Salvador Allende. Haríamos bien de volver la mirada hacia Siria y a los demás países de Medio Oriente para atisbar la solución al “problema venezolano” buscada por el imperialismo y sus socios consulares.

Cuando dentro de cinco, diez o quince años, los sesudos intelectuales del establishment actualicen sus teorías del enemigo interno o de los “dos demonios”, y condenen enérgica y republicanamente la violencia desatada de las clases populares, será conveniente recordar esta breve síntesis de los acontecimientos.

La violencia política, reactiva, de menor escala y diferida en el tiempo de las clases populares, será el saldo ineludible si no logramos revertir el progresivo angostamiento de las salidas democráticas. Pero no debemos hacernos grandes ilusiones.

Si hemos de confiar en los lúcidos análisis de Gramsci y en la lectura de los ciclos históricos en América Latina y el Caribe, sabremos que, ya sea por el alza de la lucha de masas, o bien por la radicalización desesperada de las fuerzas conservadoras, el momento militar seguirá siendo una estación ineludible de la lucha política. Sería ingenuo, o más bien suicida, no tener eso en nuestro horizonte de hipótesis y posibilidades.

Pero, cuando el día de mañana alguien pregunte con ingenuidad o mala fe ¿quién empezó la violencia?, recordemos la zaga de los acontecimientos que nos llevan por el despeñadero de la guerra sin cuartel.

Debemos ser conscientes de que vivimos en un momento histórico en el que la mercantilización de todas las esferas de la vida ha llegado hasta el colmo de mercantilizar la misma muerte, y de que las guerras civiles y el paramilitarismo con las condiciones de acumulación de sectores importantes de las clases dominantes.

Ojalá todos tengamos la templanza de Maduro en los momentos decisivos, quién se mantuvo firme y sereno en el momento en que peligró su vida.

Aún en medio de las tempestades, necesitaremos de esa calma para volver a encauzar por la vía menos dolorosa nuestros anhelos de justicia, paz, soberanía y socialismo.

Fuente: Batalla de Ideas


 

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