Crisis de Nicaragua: La Lucha de Clases al Revés

0
57

De manera intempestiva, en abril pasado emergió una violenta protesta política y social contra el Gobierno de Nicaragua, personalizada especialmente contra su Presidente, Daniel Ortega, y su esposa, Rosario Murillo.


A pesar de que la fase cenital de la crisis remitió sin los resultados esperados por los golpistas, los motivos que la desencadenaron permanecen latentes, mientras que los recursos para financiar las pandillas y el sicariato, se muestran inagotables.

Es un patrón que se repite desde Libia a Irak; desde Chile a Venezuela; de Honduras a Nicaragua; de Yugoeslavia a Ucrania.

El autor material, y en todo caso intelectual, es el mismo.

La presión de la cloaca mediática es tal, que incluso gente de izquierda pisa el palito.

Con el fin de contribuir a la comprensión de una situación compleja, cuyo desenlace, en uno u otro sentido, condicionará la geopolítica regional, ofrecemos un especial que incluye análisis y trabajos de reputados e incuestionables autores.

 


Sandinismo e imperio: la batalla decisiva

por Atilio A. Boron.

Nadie en su sano juicio, o actuando de buena fe, puede ignorar que la crisis en Nicaragua fue precipitada por múltiples factores. Varios de ellos endógenos; otro, exógeno pero crucial: el gobierno de Estados Unidos.

Entre los primeros sobresalen la errónea lectura de la coyuntura local e internacional unida a graves  desaciertos prácticos del gobierno de Daniel Ortega. Esto culminó en una violenta represión ante las primeras protestas poniendo en marcha un espiral de confrontaciones cuyo destino final no es difícil de pronosticar.

Si  fracasan los diálogos de paz esta crisis pudiera dar lugar a un “empate catastrófico” de fuerzas cuyo desenlace suele resolverse, como lo enseña la historia, mediante una guerra civil en la cual uno de los bandos impone su voluntad sobre el otro.

Lo anterior resume el juego de agentes y procesos de naturaleza eminentemente doméstica en la crisis. Pero, como advertíamos al comienzo, tras el humo, la sangre y la confusión de las “trancas” y los enfrentamientos se mueve, sigilosa pero eficazmente, quien sin dudas es el principal actor de esta tragedia: la Casa Blanca.

En efecto, Washington se encuentra poseído por una irrefrenable ambición de someter al país centroamericano a sus designios, rubricando las numerosas iniciativas que desde mediados del siglo diecinueve y a lo largo de casi doscientos años tuvieron como único objetivo controlar el territorio nicaragüense.

Vale recordar entre otras el accionar del aventurero yanqui William Walker que invadió Nicaragua con un ejército mercenario y se proclamó presidente en 1856; o la ocupación del país por parte de las fuerzas armadas de Estados Unidos entre 1912 y 1933, contra la cual luchó con simpar heroísmo y honor Augusto César Sandino.

Negaría la evidencia histórica y los datos del momento quien desconociera o subestimara la importancia de la intervención estadounidense en la crisis actual. Sobre todo cuando se observa que la metodología de la insurgencia, el “guión” que organiza sus tácticas e instrumentos de combate y el carácter de sus principales actores replican lo que enseñan los manuales de desestabilización de las diversas agencias de la “comunidad de inteligencia” de Estados Unidos.

No sólo eso: las violentas protestas de la oposición nicaragüense tienen un indudable “aire de familia” con las “guarimbas” en Venezuela en 2014 y 2017, la revuelta de los “combatientes de la libertad” contra Gadafi en Libia en 2011 y el accionar de las bandas neonazis en Ucrania en 2013.

Al revés de lo que dicen los films de Hollywood, cualquier semejanza con la realidad no es mera coincidencia porque se trata de la misma estrategia sólo que aplicada en diferentes locaciones.

Al examinar las causas domésticas de la crisis observamos una situación paradojal: sin previo aviso se produjo el súbito deterioro de la situación política en un país cuyo ordenamiento social se comparaba ventajosamente con el de sus vecinos.

A diferencia de casi todos los demás países del área el flagelo de las “maras” era desconocido en Nicaragua; la seguridad ciudadana era de las mejores de Latinoamérica y muy superior a la del resto de los países del istmo.

En Nuestra América se encuentran los diez países con las mayores tasas de homicidio por 100.000 habitantes del mundo.

Honduras, gobernada a control remoto desde 2009 por Washington ostenta el lúgubre honor de tener la mayor de todas: 85.7 homicidios por cada 100.000 habitantes. Le siguen El Salvador (63,2), Venezuela (51,7), Colombia (48,8), Belice (37,2), Guatemala (36,2), Jamaica (35,2), Trinidad y Tobago (32,8), Brasil (30,5) y República Dominicana (30,2).

En el año 2017 la tasa nicaragüense llegó a 6 por 100.000, unas pocas décimas por encima de la Argentina que registró una del 5.2 y Estados Unidos con 4.9.

En 2013, el índice de seguridad ciudadana –el “Índice de Ley y Orden de 2013″ medido por la firma Gallup- caracterizó a Nicaragua como el país más seguro de Latinoamérica.[1]

Otros indicadores sociales muestran un desempeño similar: en años recientes el siempre difícil combate a la pobreza arrojaba en Nicaragua resultados módicamente alentadores, poco frecuentes en la región si se tiene en cuenta que durante mucho tiempo este país fue, después de Haití, el más pobre del hemisferio.

Pese a ello, cálculos del Banco Mundial, actualizados a Abril del 2018, aseguran que “entre el 2014 y 2016 la pobreza disminuyó del 29.6 al 24.9 por ciento” al paso que en los últimos años la tasa media de crecimiento del PBI oscilaba en torno al 4 %.

Textualmente se dice que:

“(E)n 2011, el crecimiento alcanzó un récord del 5.1 por ciento, con una desaceleración al 4.7 y 4.5 en 2016 y 2017, respectivamente. Para este año, el pronóstico se sitúa en 4.4 por ciento, con lo que Nicaragua se coloca en el segundo lugar de crecimiento entre los países de Centroamérica, con perspectivas favorables para la inversión extranjera directa y el comercio.” [2]

Según datos del Banco Centroamericano de Integración Económica el déficit fiscal de Nicaragua en el año 2017 fue del 2.5 %. En la Argentina en ese mismo año fue del 3.9 %.[3]
En el terreno político en Noviembre del 2016 el actual presidente fue elegido por un 72 % de los votos, y si bien hubo algunas denuncias de fraude, poderosamente amplificadas por la cloaca mediática regional, ninguna adquirió la entidad suficiente como para seriamente impugnar el proceso electoral.

Dados estos antecedentes, ¿cómo fue que se produjo el fulminante estallido de una crisis que hoy nos asombra y entristece? Como dijéramos en una nota anterior el gobierno cometió un grave error al responder con inusitada violencia ante una legítima protesta ocasionada por una regresiva reforma al régimen de la seguridad social.[4]

Protesta en la cual participaron no pocos simpatizantes y partidarios del sandinismo que ignoraban la iniciativa presidencial en ciernes.

En efecto, el presidente Ortega hizo el sorpresivo anuncio de la reforma el 18 de abril y cuatro días después, ante la contundencia y masividad del rechazo popular, procedió a revocarla.

En circunstancias normales esto debería haber desactivado la bomba de tiempo que con su tic-tac resonaba en las calles de Managua.

Pero los países de América Latina y el Caribe (y Nicaragua no es la excepción) no son “países normales” sino batalladores sobrevivientes en la periferia de un imperio que anhela su completa y definitiva subordinación. Precisamente a causa de esa “anormalidad” latinoamericana la violenta agitación callejera lejos de aplacarse con la marcha atrás ordenada por el gobierno se intensificó y extendió a otras ciudades del país.

En cuestión de días una demanda puntual precipitó la rápida conformación de un amplio y sedicioso frente opositor reclamando la renuncia del presidente y el llamado a nuevas elecciones.

¿Cómo explicar tan perniciosa mutación?

Para responder a esta pregunta es preciso examinar el decisivo papel del gobierno de Estados Unidos como amplificador e interesado beneficiario de la crisis. Tal como dijimos anteriormente Washington alberga una añeja obsesión con Nicaragua. Un elemento clave que ha perturbado hasta la actualidad el sueño de la dirigencia estadounidense ha sido, en el siglo diecinueve, su interés por la eventual construcción de un paso bioceánico a través de Nicaragua y el temor de que tal obra fuese encarada por una potencia europea, Francia, que tenía planeado abrir una ruta transoceánica en Panamá.

Frustrada esa iniciativa francesa y vez construido el Canal de Panamá por los estadounidenses la prioridad fue impedir la creación de una vía alternativa que compitiese con la panameña, controlada directa o indirectamente por Estados Unidos.

Esa preocupación, que se mantuvo latente a lo largo del siglo veinte, se acrecentó hasta el paroxismo en fechas recientes ante los anuncios de un acuerdo para la apertura de un nuevo canal pasando por Nicaragua y, además, financiado por capitales chinos.

Si Beijing conmovió el tablero geopolítico y geoeconómico mundial con la vertiginosa reconstrucción de la “ruta de la seda” que -trece mil kilómetros de vías férreas de alta velocidad mediante- atrae inexorablemente al Asia meridional y a toda Europa a su hegemonía económica, la construcción y posterior control de un nuevo y más expedito canal en Nicaragua alteraría radicalmente el equilibrio estratégico nada menos que en el Caribe, la tercera frontera imperial como decía el profesor Juan Bosch, y como lo ratifican los manuales del Pentágono al hablar del Caribe como el “Mare Nostrum” de los norteamericanos.

Sería, además, el tiro de gracia para la Doctrina Monroe y su pretensión de que en este continente sólo se oiga la voz de Estados Unidos y que ninguna potencia extracontinental se inmiscuya en los asuntos hemisféricos.

La presencia china en Centroamérica y el Caribe constituiría para Beijing un poderoso argumento para neutralizar -o tratar de equiparar- la presencia de Washington en el Asia Pacífico, hacia donde, desde la época de Barack Obama, Estados Unidos ha desplazado gran parte de su flota de mar con la indisimulada intención de contener la expansión comercial y política china.

Para el Pentágono, y sobre todo para la Administración Trump, que hizo de Rusia y China sus enemigos, nada podría ser más amenazante que la presencia de los herederos de Mao en el área del Gran Caribe y que eventualmente podría convertir a la tierra de Sandino en una base de operaciones no sólo comerciales sino también de índole militar.

De ahí que el protagonismo estadounidense en la crisis nicaragüense no tenga nada de anómalo o inesperado. Es la previsible respuesta a un desafío militar, y no sólo económico, de vastas proporciones ante los cuales sería absurdo pensar que el imperio permanecería de brazos cruzados.

Por otra parte, a pesar que el gobierno sandinista parece haber archivado sus afanes revolucionarios, el sólo hecho de que mantenga relaciones de cooperación con países como Cuba, Venezuela y, en general, con los gobiernos del ALBA, es para Washington motivo más que suficiente para provocar un “cambio de régimen”, eufemismo para evitar hablar de golpes de estado y el subsecuente baño de sangre con que se escarmienta a los rebeldes del viejo orden.

Es debido a ello que la Casa Blanca ha tratado, por todos los medios y sin pausas, de incidir en el proceso político nicaragüense y debilitar al gobierno de Daniel Ortega  financiando con largueza a los partidos de la oposición, a un variopinto enjambre de ONGs –la mayoría de ellas non sanctas, encubiertos tentáculos del gobierno estadounidense- así como a numerosas organizaciones de la sociedad civil y a la prensa opositora, procurando por todos los medios desacreditar al gobierno sandinista y estigmatizar a la pareja gobernante.

Esta intensa campaña de propaganda tiene por objeto denunciar a Managua como el asiento de una brutal dictadura y preparar el clima de opinión para convalidar su violenta erradicación mediante una “invasión humanitaria” coordinada por el Comando Sur con la complicidad, entre otros, de los gobiernos que constituyen no el Grupo sino el “Cartel de Lima.”

Es debido a ello que la crisis refleja con tanta nitidez el modus operandi recomendado por el manual de prácticas desestabilizadoras de la CIA, con sus paramilitares y mercenarios disfrazados de estudiantes universitarios o de jóvenes dispuestos a inmolarse por su adhesión a un puro ideal republicano aunque para ello deban matar, incendiar, secuestrar, destruir.

Pero para que los planes del imperio tengan éxito y para que sus esbirros puedan mimetizarse con la población es preciso que haya quienes genuinamente salgan a protestar contra el gobierno.

Sin ello la estrategia del imperio pierde toda eficacia. Y que en Nicaragua hayan salido a manifestarse no puede sorprender a nadie porque hay motivos para hacerlo.

La corrupción es un problema muy grave, ya desde el primer gobierno sandinista cuando se hablaba de “la piñata”, aceptada con una mezcla de resignación e iracundia por parte del pueblo nicaragüense.

Qué la revolución se desvió del camino es otro dato irrefutable, transando con sus enemigos históricos: el empresariado y la Iglesia Católica entre otros. Que el poder revolucionario se concentró extraordinariamente en las manos de la pareja presidencial y que una deriva autoritaria del gobierno irrumpe cada vez con más frecuencia también es verdad.

No se puede entender lo que está ocurriendo en Nicaragua sin tener en cuenta los síntomas de esta involución del sandinismo y el desgaste de su filo revolucionario.

Pero que sobre la protesta de algunos sectores de la oposición –en algunos casos multitudinarias- se montó, con relampagueante celeridad, todo el aparato de desestabilización del imperio es evidente hasta para un ciego. Y este no es un dato menor, sino que constituye “el dato” fundamental, la clave de bóveda para comprender el significado histórico de la crisis nicaragüense.

La cloaca mediática latinoamericana y estadounidense descarga su artillería de “posverdades” y “plusmentiras” mientras denuncia a los gritos y con total impunidad los muertos causados por la represión del gobierno sandinista.

Pero la verdad, cuidadosamente oculta, como antes se hiciera en el caso de la Venezuela Bolivariana, es que las víctimas se reparten casi por partes iguales entre ambos bandos.

Washington milita la contrarrevolución con una disciplina ejemplar y está siempre preparado para aprovechar cualquier oportunidad que se presente para desestabilizar a un gobierno poco propenso a obedecer a sus mandatos.

Carece totalmente de escrúpulos morales y tiene fuerzas de despliegue rápido no sólo entre los militares sino en la cuantiosa masa de maniobra reclutada durante largos años y formada por una legión de paramilitares, mercenarios y ex presidiarios bajo parole dispuestos a lo que sea; también revistan en sus filas drogadictos desquiciados y contenidos por los estupefacientes suministrados por Washington en sociedad con los narcotraficantes; y tránsfugas de todo tipo, dispuestos a engrosar las filas del sicariato, a tomar iniciativas violentas entremezclándose en una marcha de novatos manifestantes que ignoran como se arma un cóctel molotov, o no se animan a incendiar vivo a un sujeto sospechoso, o a dotar de un “aire plebeyo” a las manifestaciones de la derecha contra cualquier gobierno de izquierda, o apenas progresista.

Por eso decíamos en nuestra nota anterior que la revolución nicaragüense es como la niña que navega en un bote en un mar embravecido y con un timonel que -lo digo con respeto pero también con esperanza- ha perdido el rumbo.

Pero aun bajo estas circunstancias, sería absurdo entregar a la niña a sus verdugos o hundir el bote y arrojarla al mar. Ya sabemos lo que ocurrió cuando gobiernos progresistas o de izquierda cayeron a causa de la conspiración imperial. Basta mirar lo acontecido en Honduras, Paraguay o Brasil para vislumbrar lo que podría ocurrir en Nicaragua si la ofensiva destituyente en curso fuese coronada con la victoria.

No hay razones para suponer que el gobierno de Daniel Ortega es absolutamente incapaz de ejercer una revolucionaria autocrítica, revisar lo actuado y enmendar sus errores.

Es fundamental salir de esta crisis por izquierda, fiel al ideario del sandinismo. Para ello será necesario corregir el rumbo que ha seguido el gobierno en fechas recientes.

Esto exige sacar de su letargo al FSLN y resucitarlo como fuerza política activa, potenciar su protagonismo en la gestión gubernativa y movilizar, reorganizar y concientizar a su base social para producir una radical redemocratización del proceso revolucionario.

En pocas palabras, provocar una revolución en la revolución.

El ensimismamiento del gobierno y su aislamiento en relación al pueblo sandinista y al propio partido de gobierno es vox populi en Managua, y de perpetuarse esta situación será inevitable incurrir en nuevos desaciertos que serían fatal para el gobierno de Daniel Ortega.

El enemigo imperialista está al acecho, le tiende muchas trampas y la soledad del poder es muy mala consejera.

Si el FSLN como fuerza política no recupera su protagonismo colectivo y se adueña del destino de la revolución, mucho me temo que estén contados los días de este bello sueño construido sobre la gesta épica de la prolongada lucha contra la dictadura de Somoza.

Sería una derrota tremenda para un noble y valiente pueblo que luchó con un heroísmo ejemplar para hacer realidad su fidelidad al legado de Sandino, el “general de hombres libres.” Será también un golpe brutal a las esperanzas de los pueblos de Nuestra América, y la pérdida de una oportunidad que Nicaragua tardará mucho tiempo en reencontrar.

Dixit et salvavi animan mea.

Notas: Blog del autor

Notas:

[1] Según datos de la Organización Mundial de la Salud. Ver “Latinoamérica tiene la más alta tasa de homicidios del mundo, revela la OMS”, Cable de la Agencia EFE, 17 mayo 2017. Los datos de Nicaragua 2017 también los revela la Agencia EFE en https://www.efe.com/efe/america/sociedad/la-tasa-de-homicidios-en-nicaragua-baja-8-a-6-por-cada-100-000-habitantes/20000013-3376263  Los datos de la Argentina fueron publicado por Infobae en  https://www.infobae.com/politica/2018/06/19/el-gobierno-anuncio-una-baja-en-la-tasa-de-homicidios-y-robos/

[2] Cf.  http://www.bancomundial.org/es/country/nicaragua/overview

[3] https://www.lanacion.com.ar/2101437-el-deficit-fiscal-fue-del-39-en-2017-y-el-gobierno-sobrecumplio-la-meta
[4] Cf. “La niña en el bote”, en Página/12, 18 Julio 2018, https://www.pagina12.com.ar/129111-la-nina-en-el-bote

Volver al Indice


Corrigiendo el Registro: Qué Está Pasando Realmente en Nicaragua

por Kevin Zeese (*), Nils McCune (**)

En los medios hay una gran cantidad de información falsa e inexacta sobre Nicaragua. Incluso desde la izquierda, algunos simplemente han repetido las dudosas afirmaciones de CNN y los medios oligárquicos de Nicaragua para apoyar la destitución del presidente Ortega.

Este artículo busca corregir el registro, describir lo que está sucediendo en Nicaragua y por qué. Mientras escribimos esto, el golpe parece estar fallando, la gente se ha unido para la paz (como lo demostró esta marcha masiva por la paz celebrada el sábado 7 de julio) y la verdad está saliendo a la luz.

Es importante entender lo que está ocurriendo porque Nicaragua es un ejemplo de los tipos violentos de golpes de estado que Estados Unidos y la élite usan para instaurar gobiernos neoliberales que sean dominados por los negocios. Si las personas logran entender tales tácticas, serán menos efectivas.

MEZCLANDO LOS INTERESES DE CLASE

En parte, los expertos mediáticos de los Estados Unidos obtienen su información de los medios de comunicación, como La Prensa de Jaime Chamorro-Cardinal, y el Confidencial que pertenece a la misma familia oligárquica, quienes son los elementos más activos del golpe mediático.

Repitiendo y amplificando tales narrativas deslegitiman al gobierno sandinista y presentan la rendición incondicional de Daniel Ortega como la única opción aceptable.

Estos supuestos expertos en realidad son palangristas al servicio de los infames intereses internos y externos que se han propuesto controlar el país más pobre y, a la vez, más rico en recursos naturales de Centroamérica.

El intento de golpe trajo a la luz pública las divisiones de clase en Nicaragua. Piero Coen, el hombre más rico de Nicaragua, dueño de todas las operaciones nacionales de Western Union y de una compañía de agroquímicos, el primer día de protestas llegó personalmente  a la Universidad Politécnica de Managua, para alentar a los estudiantes a seguir protestando, prometiendo su apoyo continuo.

La tradicional oligarquía terrateniente de Nicaragua, liderada políticamente por la familia Chamorro, publica ultimatums constantes al gobierno a través de sus medios de comunicación y financia los bloqueos que han paralizado al país durante las últimas ocho semanas.

La Iglesia Católica, aliada por mucho tiempo con los oligarcas, ha puesto todo su empeño en crear y sostener acciones antigubernamentales, incluyendo sus universidades, escuelas secundarias, iglesias, cuentas bancarias, vehículos, tweets, sermones dominicales y un esfuerzo unilateral para mediar en el Diálogo Nacional.

Los obispos han amenazado de muerte al presidente y su familia, y además se ha filmado a un sacerdote que supervisa la tortura de los sandinistas.

El Papa Francisco hizo un llamado al diálogo de paz e incluso llamó al cardenal Leonaldo Brenes y al obispo Rolando Álvarez a una reunión privada en el Vaticano, lo que desencadenó rumores de que los monseñores nicaragüenses estaban siendo regañados por su evidente participación en el conflicto que están mediando oficialmente. La iglesia sigue siendo uno de los pocos pilares que mantienen vivo el golpe.

Se asevera a menudo que Ortega se ha alineado con la oligarquía tradicional, pero la verdad es todo lo contrario. Este es el primer gobierno desde la independencia nicaragüense que no incluye a la oligarquía. Desde la década de 1830 hasta la década de 1990, todos los gobiernos nicaragüenses, incluso durante la Revolución Sandinista, incluyeron personas de la élite “apellidados” de Chamorro, Cardenal, Belli, Pellas, Lacayo, Montealegre, Gurdián. El gobierno de Ortega, desde 2007, no lo hace, lo cual es la razón por la cual estas familias apoyan el golpe.

Los detractores de Ortega reclaman que su diálogo tripartito, incluyendo los sindicatos, los capitalistas y el Estado, es una alianza con las grandes empresas. De hecho, tal proceso ha producido la mayor tasa de crecimiento en América Central y el salario mínimo anual aumenta entre un  5% y 7% por encima de la inflación, mejorando las condiciones de vida de los trabajadores y sacando a las personas de la pobreza.

El proyecto Borgen contra la pobreza informa que la pobreza disminuyó en un 30% entre 2005 y 2014.

La economía de Ortega es lo opuesto al neoliberalismo; se basa en la inversión pública y en el fortalecimiento de la red de seguridad para los más pobres. El gobierno invierte en infraestructura, tránsito, mantenimiento de agua y electricidad dentro del sector público y movimientos de los servicios privatizados. Por ejemplo, el cuidado de la salud y la educación primaria pasaron el sector público.

Esto ha asegurado una estructura económica estable que favorece a la economía real por sobre la economía especulativa.

Lo que los comentaristas liberales e incluso los izquierdistas pasan por alto es que a diferencia del gobierno de Lula en Brasil, que redujo la pobreza a través de pagos en efectivo a familias pobres, Nicaragua ha redistribuido el capital productivo para desarrollar una economía popular autosuficiente.

El modelo del FSLN se entiende mejor como un énfasis en la economía popular sobre el Estado o las esferas capitalistas.

Si bien el sector privado emplea alrededor del 15% de los trabajadores nicaragüenses, el sector informal emplea a más del 60%. El sector informal se ha beneficiado con  400 millones  de dólares en inversiones públicas, muchas de las cuales provienen de los fondos de la alianza ALBA para financiar microcréditos para pequeñas y medianas empresas agrícolas.

Las políticas para facilitar el crédito, equipamiento y capacitación, los animales, las semillas y el combustible subsidiado respaldan aún más a estas empresas. Los pequeños y medianos productores de Nicaragua han llevado al país a producir 80-90% de sus alimentos y terminar su dependencia de los préstamos del FMI.

Como tal, los trabajadores y campesinos, muchos de los cuales trabajan por cuenta propia y accedieron al capital productivo a través de la Revolución Sandinista y las luchas subsecuentes, representan a un tema político importante del desarrollo social estable de posguerra de la última década, incluidos los cientos de miles de campesinos que han recibido el título de propiedad de la tierra y casi la cuarta parte del territorio nacional que ha recibido el título colectivo como territorio de naciones indígenas.

Los movimientos sociales de los trabajadores, los campesinos y los grupos indígenas fueron la base de apoyo popular que llevó al FSLN de nuevo al poder.

La titulación de tierras y la asistencia a pequeñas empresas también han enfatizado la igualdad para las mujeres, lo que resulta en que Nicaragua tiene el nivel más bajo de desigualdad de género en América Latina y ocupa el lugar 12 entre 145 países en el mundo, justo debajo de Alemania.

A lo largo de los últimos años, el gobierno del FSLN ha incorporado este sector de autoempleo masivo, así como los trabajadores de las maquilas (es decir, trabajadores textiles en plantas de propiedad extranjera ubicadas en zonas de libre comercio creadas por gobiernos neoliberales anteriores) al sistema de salud y pensiones, provocando un aumento en los compromisos financieros lo cual requiere una nueva fórmula para garantizar la estabilidad fiscal.

Las propuestas de reforma a la Seguridad Social fueron el desencadenante de las protestas del sector privado y los estudiantes el 18 de abril. El lobby empresarial solicitó protestas cuando Ortega propuso aumentar las contribuciones del empleador en un 3,5% a los fondos de pensiones y salud, mientras que solo aumentó ligeramente las contribuciones de los trabajadores en un 0,75% y modificó el 5% de la transferencia de efectivo de los pensionistas a su fondo de asistencia médica.

La reforma también puso fin a una laguna jurídica que permitía a las personas de altos ingresos reclamar unos ingresos bajos para acceder a los beneficios de salud.

Esta fue una contrapropuesta a la proposición del FMI de elevar la edad de jubilación y de multiplicar por más del doble la cantidad de semanas que los trabajadores tendrían que pagar al fondo de pensiones para poder acceder a sus beneficios. El hecho de que el gobierno se sintiera lo suficientemente fuerte como para negar las exigencias de austeridad del lobby empresarial y del FMI era una señal de que la fuerza de negociación del capital privado había disminuido, ya que el impresionante crecimiento económico de Nicaragua, un aumento del 38% en el PIB 2006-2017, ha sido llevador a cabo por pequeños productores y liderado por el  gasto público.

Sin embargo, la oposición utilizó publicidad de Facebook  para manipular la opinión pública presentando a la reforma como una medida de austeridad, más los fake news de la muerte de un estudiante el 18 de abril, para generar protestas en todo el país el 19 de abril. Inmediatamente, la maquinaria del cambio de régimen se puso en movimiento.

El Diálogo Nacional muestra los intereses de clase en pugna.

La Alianza Cívica para la Justicia y la Democracia de la oposición tiene como figuras clave José Adan Aguirre, líder del lobby empresarial privado; Maria Nelly Tellez, directora de Cargill en Nicaragua y jefa de la Cámara de Comercio de Estados Unidos y Nicaragua; los estudiantes de universidades privadas del Movimiento 19 de abril; Michael Healy, gerente de una corporación azucarera colombiana y jefe del lobby de los agronegocios; Juan Sebastián Chamorro, que representa a la oligarquía vestida de civil; Carlos Tunnermann, ex ministro sandinista de 85 años y ex canciller de la Universidad Nacional; Azalea Solís, directora de una organización feminista financiada por el gobierno de EE. UU .; y Medardo Mairena, un “líder campesino” financiado por el gobierno de los Estados Unidos, que vivió 17 años en Costa Rica antes de ser deportado en 2017 por trata de humanos.

Tunnermann, Solís y los estudiantes del 19 de abril están todos asociados con el Movimiento para la Renovación del Sandinismo (MRS), un pequeño partido sandinista que, sin embargo, merece una atención especial.

En la década de 1980, muchos de los cuadros de alto nivel del Frente Sandinista eran en realidad hijos de algunas de las familias oligárquicas famosas, como los hermanos Cardenal y parte de la familia Chamorro, quienes estaban a cargo de los ministerios de Cultura y Educación del gobierno revolucionario y su medios, respectivamente.

Después de la derrota electoral del FSLN en 1990, los niños de la oligarquía organizaron un éxodo del partido. Junto con ellos, algunos de los cuadros intelectuales, militares y de inteligencia más notables dejaron y formaron, con el tiempo, el MRS.

El nuevo partido renunció al socialismo, culpó a Daniel Ortega de todos los errores de la Revolución y con el tiempo se hizo cargo de la esfera de las organizaciones no gubernamentales (ONG) en Nicaragua, incluidas las organizaciones feministas, ecologistas, juveniles, de los medios de comunicación y de derechos humanos.

Desde 2007, el MRS se ha vuelto cada vez más cercano a la extrema derecha del Partido Republicano de los Estados Unidos.

Desde el estallido de la violencia en abril, muchas, si no la mayoría de las fuentes citadas por los medios occidentales (incluida, inquietantemente, Democracy Now de Amy Goodman), provienen de este partido, que cuenta con el apoyo de menos del 2% del electorado nicaragüense.

Esto les permite a los oligarcas expresar su violento intento de reinstalar el neoliberalismo en el discurso izquierdista de ex sandinistas críticos con el gobierno de Ortega.

Es una farsa afirmar que los trabajadores y los campesinos están detrás de los disturbios. La Vía Campesina, el Sindicato Nacional de Agricultores y Ganaderos, la Asociación de Trabajadores Rurales, el Frente Nacional de Trabajadores, la Nación indígena Mayangna y otros movimientos y organizaciones han sido inequívocos en sus demandas para poner fin a la violencia y su apoyo a la Gobierno de Ortega.

Este malestar es una operación de cambio de régimen a gran escala llevada a cabo por oligarcas mediáticos, una red de ONGs financiadas por el gobierno de los EE. UU., elementos armados de familias de terratenientes de élite y la Iglesia Católica, y ha abierto la puerta a los cárteles de la droga y al crimen organizado para ganar un punto de apoyo en Nicaragua.

EL ELEFANTE EN EL CUARTO

Lo que nos lleva a la participación del gobierno de los Estados Unidos en el golpe violento.

Como Tom Ricker informó al principio de esta crisis política, hace varios años el gobierno de EE. UU. decidió que, en lugar de financiar a los partidos políticos de oposición, que han perdido enorme legitimidad en Nicaragua, financiaría el sector de la sociedad civil en ONG.

La Fundación Nacional por la Democracia (National Endowment for Democracy, NED) otorgó más de 700.000 dólares para construir la oposición al gobierno en 2017, y ha otorgado en general más de 4,4 millones de dólares desde 2014.

El objetivo principal de este financiamiento fue “proporcionar una estrategia coordinada y una voz en los medios para los grupos de oposición en Nicaragua “.

Ricker continúa:

“El resultado de esta consistente construcción y financiamiento de los recursos de la oposición ha sido crear una cámara de resonancia que sea amplificada por comentaristas en los medios internacionales, la mayoría de los cuales no tienen presencia en Nicaragua y dependen de estas fuentes secundarias”.

El padre fundador de la NED, Allen Weinstein, describió a la Fundación por la Democracia como la CIA abierta diciendo:

“Mucho de lo que hacemos hoy fue hecho encubiertamente hace 25 años por la CIA”.

En Nicaragua, más que a la derecha tradicional, la NED financia a las organizaciones afiliadas al MRS que plantean críticas a la izquierda del gobierno sandinista.

Los activistas por el cambio de régimen usan eslóganes, canciones y símbolos sandinistas incluso cuando queman monumentos históricos, pintan sobre los marcadores rojos y negros de los mártires caídos y atacan físicamente a los miembros del partido sandinista.

De los grupos opositores en el Diálogo Nacional, la organización feminista de Azalea Solís y la organización campesina de Medardo Mairena se financian a través de becas NED, mientras que los estudiantes del 19 de abril se hospedan en hoteles y realizan viajes pagados por Freedom House, otro órgano de cambio de régimen financiado por la NED y USAID.

La NED también financia a Confidencial, la organización de medios de Chamorro.

Las subvenciones de la NED financian al Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (IEEPP), cuyo Director Ejecutivo, Félix Maradiaga, es otro cuadro de MRS muy cercano a la Embajada de los Estados Unidos.

En junio, Maradiaga fue acusado de dirigir una red criminal llamada Viper que, desde el campus de la Universidad Politécnica de Nicaragua  (UPOLI) ocupado, organizó robos de automóviles, incendios y asesinatos para crear caos y pánico durante los meses de abril y mayo.

Maradiaga creció en los Estados Unidos y se convirtió en miembro del Aspen Leadership Institute, antes de estudiar políticas públicas en Harvard. Fue secretario en el Ministerio de Defensa del último presidente liberal, Enrique Bolaños.

Es un Joven Líder Global en el Foro Económico Mundial y en 2015, el Consejo de Asuntos Globales de Chicago le otorgó la Beca Gus Hart, antes otorgadas a los disidentes cubanos Yoani Sánchez y a Henrique Capriles Radonski, el líder de la oposición venezolana que atacó a la embajada cubana durante el intento de golpe de 2002.

Sorprendentemente, Maradiaga no es el único líder del intento de golpe que es parte de la Red Mundial de Liderazgo Aspen.

Maria Nelly Rivas, directora en Nicaragua del gigante corporativo estadounidense Cargill, es uno de los principales voceros de la oposición, Civic Alliance.

Rivas, quien actualmente también dirige la Cámara de Comercio entre Estados Unidos y Nicaragua, está siendo preparada como una posible candidato presidencial en las próximas elecciones.

Debajo de estos líderes preparados por los Estados Unidos, hay una red de más de 2.000 jóvenes que han recibido capacitaciones con fondos de la NED sobre temas como las habilidades de las redes sociales para la defensa de la democracia.

Este batallón de guerreros de las redes sociales pudo dar forma y controlar inmediatamente a la opinión pública en Facebook en los cinco días del 18 al 22 de abril, lo que provocó protestas violentas espontáneas en todo el país.

SOBRE LA VIOLENCIA

Una de las formas en que los informes sobre Nicaragua se han aventurado a ir más lejos de la verdad es calificar a la oposición de “no violenta”.

El guión de violencia, inspirado en las protestas de la guarimbas de 2014 y 2017 en Venezuela, es organizar ataques armados contra edificios gubernamentales, tentar a la policía para enviar escuadrones antidisturbios, participar en enfrentamientos filmados y publicar videos editados en inernet alegando que el gobierno está siendo violento contra los manifestantes no violentos.

Más de 60 edificios gubernamentales han sido quemados, escuelas, hospitales, centros de salud han sido atacados, 55 ambulancias dañadas, al menos 112 millones de dólares en daños a la infraestructura, pequeñas empresas han sido cerradas y casi 200.000 empleos han sido perdidos causando un impacto económico devastador durante las protestas.

La violencia ha incluido, además de miles de lesiones, 15 estudiantes y 16 policías muertos, así como más de 200 sandinistas secuestrados, muchos de ellos torturados públicamente. Las violentas atrocidades de la oposición fueron mal informadas como represión gubernamental.

Si bien es importante defender el derecho del público a protestar, independientemente de sus opiniones políticas, no es ingenuo ignorar que la estrategia de la oposición requiere, y se alimenta, de la violencia y las muertes.

Las noticias nacionales e internacionales declaran muertes y lesiones debido a la “represión” sin explicar el contexto.

Los medios de comunicación ignoran los cócteles molotov, los lanzadores de mortero, las pistolas y los rifles de asalto utilizados por los grupos de oposición, y cuando los simpatizantes sandinistas, la policía o los transeúntes son asesinados, son falsamente contados como víctimas de la represión estatal.

Se ha demostrado que los reclamos explosivos de la oposición, como las masacres de niños y los asesinatos de mujeres, son falsos, y los casos de tortura, desapariciones y ejecuciones extrajudiciales por parte de las fuerzas policiales no se han corroborado con pruebas o debido proceso.

Si bien hay evidencia para apoyar la denuncia de la oposición de los manifestantes asesinos de francotiradores, no hay una explicación lógica para el Estado que use francotiradores para aumentar el número de muertos, y los contramanifestantes también han sido víctimas de disparos de francotiradores, lo que sugiere la presencia de un “tercer” papel que provoca la violencia desestabilizadora.

Cuando toda una familia sandinista fue quemada en Managua, los medios de la oposición citaron a un testigo que afirmó que la policía había prendido fuego a la casa, a pesar de que la casa se encontraba en un vecindario cerrado por el acceso policial.

La Policía Nacional de Nicaragua ha sido reconocida desde hace mucho tiempo por su modelo de policía comunitaria (en contraste con la policía militarizada en la mayoría de los países centroamericanos), su relativa falta de corrupción y la mayoría de sus altos mandos femeninos.

La estrategia golpista ha buscado destruir la confianza pública en la policía a través del uso atroz de noticias falsas, como las muchas afirmaciones falsas de asesinatos, palizas, torturas y desapariciones en la semana del 17 al 23 de abril. Varios jóvenes cuyas fotos fueron llevadas a manifestaciones de la oposición como víctimas de la violencia policial han resultado estar vivos y sanos.

La policía ha resultado totalmente inadecuada y sin preparación para los enfrentamientos armados. Los ataques a varios edificios públicos en una misma noche y los primeros grandes ataques incendiarios llevaron a los trabajadores del gobierno a vigilar con barriles de agua y, a menudo, palos y piedras, para defenderse de los atacantes.

La oposición, frustrada por no lograr más conflictos policiales, comenzó a construir barricadas en todo el país y a quemar las casas de los sandinistas, disparando incluso y quemando a las familias sandinistas en atroces crímenes de odio.

En contraste con la versión de los hechos de La Prensa, los nicaragüenses han sentido la clara falta de presencia policial y la pérdida de seguridad en sus barrios, mientras que muchos fueron blanco de la violencia.

Desde mayo, la estrategia de la oposición ha sido construir barricadas armadas en todo el país, impidiendo el transporte y atrapando a las personas.

Las barricadas, generalmente construidos con grandes adoquines, están controladas por entre 5 y 100 hombres armados con pañuelos o máscaras.

Mientras que los medios informan sobre jóvenes idealistas que realizan barricadas, la gran mayoría de los controles de carretera son mantenidos por hombres pagados que tienen un historial de delitos menores.

Cuando algunas de las grandes áreas de ciudades y pueblos están bloqueados para las fuerzas gubernamentales y policiales, las actividades relacionadas con las drogas se intensifican, y las bandas de narcotraficantes ahora controlan muchas de las barricadas y pagan los salarios.

Estos bloqueos han sido los centros de violencia, los trabajadores que necesitan pasar por los controles son a menudo robados, golpeados, insultados y, si se sospecha que son sandinistas, atados, desnudados, torturados, pintados en azul y blanco, y algunas veces asesinados.

Hay tres casos de personas que han muerto en ambulancias que no pudieron atravesar los controles de carretera, y el caso de una niña de 10 años secuestrada y violada en el retén de Las Maderas.

Cuando los vecinos organizados o la policía despejan los controles de carretera, los grupos armados huyen y se reagrupan para quemar edificios, secuestrar o herir a personas en venganza. Todas las víctimas que produce esta violencia son contadas por los medios de comunicación como víctimas de la represión, una falsedad total.

El gobierno nicaragüense se ha enfrentado a esta situación manteniendo a la policía fuera de las calles, para evitar encuentros y acusaciones de represión. Al mismo tiempo, en lugar de simplemente arrestar a los manifestantes violentos, lo que sin duda le habría dado a la oposición las muertes de batalla que tanto anhelan, el gobierno pidió un Diálogo Nacional, mediado por la Iglesia Católica, en el que la oposición pueda presentar cualquier propuesta para reformas políticas y de derechos humanos.

El gobierno creó una Comisión Parlamentaria por la Verdad y la Paz y lanzó una consulta independiente del Ministerio Público.

Como resultado, se desarrolló un proceso de organización de autodefensa. Las familias que han sido desplazadas, los jóvenes que han sido golpeados, robados o torturados y los veteranos de la insurrección de 1979 y/o  de la Guerra Contra, realizan una vigilia alrededor del cuartel general del Frente Sandinista en cada pueblo.

En muchos lugares, construyeron barricadas contra los ataques de la oposición y fueron etiquetados falsamente por los medios como fuerzas paramilitares. En las ciudades que no cuentan con barricadas organizadas por la comunidad, el costo humano de la violencia de la oposición es mucho mayor.

La Unión Nacional de Estudiantes Nicaragüenses ha sido particularmente blanco de la violencia de la oposición. Un estudiante delegado para el Diálogo Nacional, Leonel Morales, fue secuestrado, herido en el abdomen por un impacto de bala y arrojado a una zanja para morir en junio, para sabotear así al diálogo y castigarlo por desafiar el derecho de los estudiantes del 19 de abril a hablar en nombre de todos los estudiantes nicaragüenses.

Desde abril, la oposición ha realizado cuatro concentraciones principales, dirigidas a movilizar a los nicaragüenses de la clase media alta que viven en los suburbios entre Managua y Masaya.

Estas reuniones contaron con personalidades de la alta sociedad, incluyendo reinas de belleza, dueños de negocios y oligarcas, así como estudiantes universitarios del Movimiento 19 de Abril, el terreno moral para la oposición.

Tres meses después del conflicto, ninguna de las víctimas mortales ha sido burguesa. Todos han venido de las clases populares de Nicaragua.

A pesar de los reclamos de represión total, la burguesía se siente perfectamente segura de participar en las protestas públicas de día, aunque la última manifestación diurna terminó en un ataque caótico por manifestantes contra los ocupantes ilegales de una propiedad de, curiosamente, Piero Coen, el hombre más rico de Nicaragua.

Los ataques armados nocturnos generalmente han sido llevados a cabo por personas que provienen de vecindarios pobres, muchos de los cuales reciben de dos a cuatro veces el salario mínimo diario por cada noche de destrucción.

Desafortunadamente, la mayoría de las organizaciones nicaragüenses de derechos humanos son financiadas por la NED y controladas por el Movimiento para la Renovación Sandinista.

Estas organizaciones han acusado al gobierno nicaragüense de dictadura y genocidio durante la presidencia de Ortega.

Las organizaciones internacionales de derechos humanos, incluida Amnistía Internacional, han sido criticadas por sus informes unilaterales, que no incluyen ninguna información proporcionada por el gobierno o personas que se identifican como sandinistas.

El gobierno invitó a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA, una entidad con sede en Washington, notoriamente hostil a los gobiernos de izquierda, a investigar los eventos violentos de abril y determinar si la represión había ocurrido.

La noche de una polémica escaramuza en una carretera a las afueras de la Universidad Agraria de Managua se puso fin a una tregua negociada de 48 horas, el director de la CIDH, Paulo Abrao, visitó el sitio para declarar su apoyo a la oposición.

La CIDH ignoró la violencia generalizada de la oposición y solo informó sobre la violencia defensiva del gobierno.

Tal acción no solo fue categóricamente rechazada por el canciller nicaragüense Denis Moncada como un “insulto a la dignidad del pueblo nicaragüense”,  sino que además una resolución que aprueba el informe de la CIDH fue apoyada tan solo por diez de los 34 países de la OEA.

Mientras tanto, el Movimiento 19 de Abril, compuesto por actuales o antiguos estudiantes universitarios a favor del cambio de régimen, envió una delegación a Washington y logró apartar a gran parte de la sociedad nicaragüense al sonreír a la cámara con algunos de los miembros intervencionistas de extrema derecha del Congreso de los Estados Unidos, incluida la representante Ileana Ros Lehtinen, el senador Marco Rubio y el senador Ted Cruz.

Los líderes de M19 también aplaudieron las belicosas advertencias del Vicepresidente Mike Pence de que Nicaragua está en la lista de países que pronto sabrán el significado de la libertad de la Administración Trump, y se reunieron con el partido ARENA de El Salvador, conocido por sus vínculos con los escuadrones de la muerte que asesionaron al Arzobispo Oscar Romero, militantes del movimiento de la teología de la liberación.

Dentro de Nicaragua, la masa crítica de estudiantes dejó de manifestarse hace semanas, las grandes protestas cívicas de abril y mayo han disminuido, y los mismos rostros de siempre de la política de derecha nicaragüense se quedan con la factura por el daño material masivo y la pérdida de vidas.

¿POR QUÉ NICARAGUA?

Ortega ganó su tercer mandato en 2016 con un 72,4 % de los votos de un 66% por ciento de participación, un nivel muy alto en comparación con las elecciones en los Estados Unidos.

Nicaragua no solo ha establecido una economía que trata a los pobres como productores, con resultados notables que ha elevado su nivel de vida en 10 años, sino que también tiene un gobierno que rechaza consistentemente al imperialismo estadounidense, aliándose con Cuba, Venezuela y Palestina, y a voces que apoyan la independencia puertorriqueña y así como la solución pacífica a la crisis coreana. Nicaragua es miembro de la Alianza Bolivariana de las Américas y de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe, una alternativa latinoamericana a la OEA, que no incluye a los EE. UU. ni a Canadá.

También se ha aliado con China para un proyecto de canal interoceánico y con Rusia para la cooperación en asuntos de seguridad. Por todas estas razones, Estados Unidos quiere instalar un gobierno nicaragüense amistoso con los Estados Unidos.

Más importante es el ejemplo que Nicaragua ha establecido para un modelo social y económico exitoso fuera de la esfera de dominación estadounidense.

Generando más del 75% de su energía a partir de fuentes renovables, Nicaragua fue el único país con autoridad moral para oponerse al Acuerdo Climático de París por ser demasiado débil (luego se unió al tratado un día después de que Trump retirara a los EE. UU., declarando que “nos oponíamos al Acuerdo de París por responsabilidad, los Estados Unidos se oponen por irresponsabilidad “).

El gobierno del FMLN en El Salvador, aunque menos dominante políticamente que el Frente Sandinista, ha tomado el ejemplo del buen gobierno de Nicaragua, que recientemente prohibió la minería y la privatización del agua.

Incluso Honduras, el bastión eterno del poder de EE. UU. en Centroamérica, mostró signos de un giro hacia la izquierda hasta el golpe militar respaldado por Estados Unidos en 2009.

Desde entonces, se ha desatado una represión masiva de activistas sociales, una elección claramente robada en 2017 y Honduras permitió la expansión de las bases militares estadounidenses cerca de la frontera nicaragüense.

En 2017, la Cámara de Representantes de los Estados Unidos aprobó por unanimidad la Ley de Condicionalidad de Inversión Nicaragüense (Ley NICA), que si es aprobada por el Senado obligará al gobierno de los EE. UU. a vetar los préstamos de las instituciones internacionales al gobierno nicaragüense.

Este imperialismo de los Estados Unidos dañará la capacidad de Nicaragua de construir carreteras, actualizar hospitales, construir plantas de energía renovable y hacer la transición de una ganadería extensiva a sistemas integrados de silvicultura, entre otras consecuencias.

También puede significar el final de muchos programas sociales populares, como la electricidad subsidiada, las tarifas estables de autobuses y el tratamiento médico gratuito de enfermedades crónicas.

El Poder Ejecutivo de EE. UU. ha utilizado la Ley Magnitsky Global para apuntar a las finanzas de los líderes de la Corte Suprema Electoral, la Policía Nacional, el gobierno de la ciudad de Managua y la corporación ALBA en Nicaragua.

Los agentes de policía y los burócratas de salud pública han recibido el aviso de que sus visas estadounidenses han sido revocadas. El punto, por supuesto, no es si estos funcionarios han cometido o no cometieron actos que merecen su reprimenda en Nicaragua, sino si el gobierno de los EE. UU. debe tener la jurisdicción para intimidar y acorralar a los funcionarios públicos de Nicaragua.

Mientras una violencia sádica continúa, la estrategia de los golpistas para expulsar al gobierno ha fracasado. La resolución de la crisis política vendrá a través de elecciones, y es probable que el FSLN gane esas elecciones, salvo que suceda una nueva ofensiva dramática e improbable por parte de la oposición de derecha.

UNA GUERRA DE CLASES AL REVÉS

Es importante comprender la naturaleza de los golpes estadounidenses y oligárquicos en esta era y el papel de los medios así como el engaño de las ONG, porque se repite en múltiples países de América Latina y otros países. Podemos esperar un ataque similar contra el recientemente elegido Andrés Manuel López Obrador en México, si él busca los cambios que ha prometido.

Estados Unidos ha tratado de dominar Nicaragua desde mediados del siglo XIX.

Los ricos en Nicaragua han buscado el retorno de un gobierno aliado a los Estados Unidos desde que los sandinistas subieron al poder.

Este golpe fallido no significa el final de sus esfuerzos o el final de la desinformación de los medios corporativos.

Saber lo que realmente está ocurriendo y compartir esa información es el antídoto para derrotarlos en Nicaragua y en todo el mundo.

Nicaragua es una guerra de clases patas arriba.

El gobierno ha elevado los niveles de vida de la mayoría empobrecida a través de la redistribución de la riqueza.

Los oligarcas y los Estados Unidos, incapaces de instalar el neoliberalismo a través de las elecciones, crearon una crisis política, destacada por la cobertura falsa de los medios para obligar a Ortega a renunciar.

El golpe está fallando, la verdad está saliendo a la luz, no debe ser olvidada.

(*) Abogado, co director del portal Popular Resistence, https://popularresistance.org/ en los Estados Unidos.
(**) Integrante del equipo técnico de IALA Mesoamérica (Instituto Agroecológico de América Latina en Nicaragua) y de la educación agroecológica de La Vía Campesina.

Fuente: Global Research
Traducido por César Panza.

Volver al Indice


EE.UU. Apuesta por la Guerra Civil en Nicaragua

por Eduardo Andrade Bone (*)

Haciendo memoria y después de haber estado en Nicaragua (2012) una de las cosas que me llamo profundamente la atención, es como los famosos Cuerpos de Paz estadounidense, las fundaciones con financiamiento directo de los Estados Unidos y las iglesias evangélicas y protestantes ya desplegaban todo un trabajo propagandístico desacreditando el gobierno encabezado por Daniel Ortega y el FSLN.

De allí que la conspiración es de larga data y no suena raro que después de un trabajo de hormiga de estos grupos complotadores, estén dando los frutos requeridos y dando paso a la intervención encubierta, cuando no directa, de los EE.UU. en el país centroamericano.

Tampoco es extraño que los sectores reaccionarios y conservadores de la Iglesia Católica nicaragüense, estén complotando con el objeto de poner fin al gobierno de Daniel Ortega, poniéndose así al servicio del poder del dinero y las intervenciones de Estados Unidos en Nicaragua.

Es cuestión de que los lectores revisen la historia de Nicaragua (Wikipedia), para conocer cuantas intervenciones de los Estados Unidos ha sufrido este país a lo largo de su historia y que se remontan desde 1898 hasta nuestros días, desde allí que no nos debe extrañar lo que ocurre hoy en Nicaragua, independientemente de las falencias y errores que pueda cometer el gobierno de Daniel Ortega en su gestión, en materia política como económica, a pesar de los logros alcanzados.

Las protestas violentas contra el gobierno comenzaron en rechazo a un proyecto de ley de seguridad social. Aunque esa ley fue derogada, genero la coyuntura perfecta y dio motivo para impulsar los disturbios, desoyendo los llamamientos al diálogo del gobierno, que ha sido entorpecido por una oposición hibrida y que obedece a diversos tipos de intereses.

Los datos oficiales señalan que los actos de violencia y vandalismo de los grupos opositores armados han dejado un saldo de alrededor de 300 muertos y centenares de heridos en toda Nicaragua en los últimos tres meses. Las manifestaciones de la llamada oposición nicaragüense han contribuido a polarizar al pueblo, entre los que apoyan el gobierno de Ortega y los que se alinean con las políticas dependientes y desestabilizadoras de la democracia nicaragüense.

Ahora todo esto forma parte de un plan previamente diseñado y orquestado para América Latina por las agencias de inteligencia estadounidense, cuyo objetivo es no aceptar en la región ningún gobierno más de carácter progresista, reformista o simplemente de izquierda y que se trastoquen con los intereses geopolíticos de Estados Unidos en Latinoamérica.

Para ello los halcones de la Casa Blanca se proponen utilizar todos los recursos a su alcance, como los nuevos golpes parlamentarios o la utilización política de los tribunales de justicia como ha venido ocurriendo en algunos países latinoamericanos.

Estados Unidos tiene claro, que cuando sea necesario impondrá un “nuevo ciclo de dictaduras militares” en la región o en su efecto se impondrá con una intervención directa o promoviendo una guerra civil en el país, como lo estiman algunos senadores republicanos y demócratas del Congreso estadounidense.

En los momentos que se va observando una declinación de las manifestaciones contra el gobierno de Daniel Ortega en Nicaragua, aparecen las declaraciones de Marco Rubio a través de la CNN, senador norteamericano (Partido Republicano), con raíz en la gusanería cubana de Miami, uno de los artífices de la complotación contra los gobiernos de Venezuela, El Salvador y Nicaragua, en Centro América como en el Caribe.

Dicho personaje acaba de hacer declaraciones para el canal de TV CNN en el cual expresaba que existe un riesgo “real” de que Nicaragua caiga en “una guerra civil”, lo que en otras palabras puede interpretarse como un llamado abierto a una nueva confrontación entre nicaragüenses, lo que le permitiría a Estados Unidos intervenir directamente en los asuntos internos de Nicaragua.

También los halcones de la Casa Blanca han barajado la posibilidad de buscar un golpe de estado, encabezado por militares que ya se han manifestado de forma encubierta en los cuarteles, en contra del gobierno de Miguel Ortega. Pero eso no es todo, también se busca crear una “nueva contra”, en esta oportunidad encabezada por pandillas de delincuentes de las barriadas populares, que se infiltran en las manifestaciones generando vandalismo y saqueos del comercio establecido.

Según destaca medios de prensa internacionales, un periodista estadounidense, llamado Max Blumenthal, comprobó que la Fundación Nacional para la Democracia (NED, por sus siglas en inglés), creada conjuntamente por los republicanos y los demócratas han financiados en gran parte a los grupos opositores y organizaciones civiles nicaragüenses.

La NED, el brazo del Gobierno estadounidense encargado en los cambios de régimen, “ha gastado $ 4.1 millones en el país desde 2014”, para unos 54 grupos conspiradores.

Blumenthal, reveló que, tras la aparición de la ola de protestas violentas en Nicaragua, el organismo estadounidense trató de ocultar los nombres de las entidades que recibieron su ayuda financiera. Al respecto, el periodista se refirió a Hagamos Democracia, o (Let’s Make Democracy), un grupo que consiguió más de $ 525 000 en subvenciones desde 2014, y el Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (IEEPP) de Managua, que recibió al menos $ 260 000 de la NED.

De este modo, afirmó que la NED y la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés) tienen la misión de  promover el cambio de los gobiernos que intentan poner en práctica  políticas progresistas o socialista en la región de América Latina.

Ahora los argumentos de Estados Unidos para la desestabilización de los gobiernos que no se alinean con sus políticas injerencista, genocidas y depredadoras, suelen ser siempre los mismos; cuestionamientos a los líderes de gobiernos progresistas, cuestionamientos de las democracias no afines con EE.UU., acusaciones inmorales sobre derechos humanos o crisis humanitarias. Y para tales efectos utiliza toda su maquinaria mediática con el objeto de conseguir sus propósitos hasta alcanzar sus objetivos de dominación, no siempre con buenos resultados, de allí que la situación interna de Nicaragua, El Salvador o Venezuela suelen ser hoy los blancos predilectos de los neofascistas de la Casa Blanca.

Otro de los aspectos a destacar y que Estados Unidos busca terminar con la presencia y la influencia de China y Rusia en el país, a través de diversos acuerdos bilaterales alcanzados con ambas naciones y que contribuyen a resolver carencias que tiene el país, pero que van contribuyendo a un desarrollo gradual de Nicaragua, beneficiando a los estratos sociales con menor poder adquisitivo.

Ahora se podrán decir muchas cosas de la gestión gubernamental de Daniel Ortega, buenas o malas, pero lo cierto es que las diversas instancias de organismos de las Naciones Unidas y agencias internacionales suelen avalar y destacar los avances alcanzados en diversas materias en el país centroamericano. Lo que se ve reflejado en su crecimiento económico en mejores condiciones de atención en el ámbito de la salud, la educación, la implementación de programas sociales, solución gradual de los problemas de vivienda, entre los aspectos más destacados y los apoyo a los pequeños productores y campesinos, que antes no tenían absolutamente nada, los que solían ser esclavos de los terratenientes.

Ahora pretender creer que la revoluciones se hacen en 24 horas, como preconizan los radicales de izquierda, no es más que una falacia, puesto que los cambios radicales que se intentan poner en marcha, siempre se encuentran con la más férrea y dura oposición de las plutocracias de cada país, y Nicaragua no es la excepción.

Concluyendo diríamos que, en diversas conversaciones sostenidas vía telefónica con representantes de organizaciones sociales, sindicales y del sandinismo, que antes los intentos de Estados Unidos de imponer un régimen de facto o promover una guerra civil, el pueblo sandinista volverá una vez más a empuñar las armas contra la barbarie imperialista encabezadas por los neofascistas de la Casa Blanca y sus aliados internos en el país centroamericano.

(*) Comunicador Social, Analista Político y Corresponsal de Prensa AIP/MP

Volver al Indice


Nicaragua: Max Blumenthal destapa el financiamiento del NED-USAID para ejecutar un golpe en Nicaragua

por Max Blumenthal

El reconocido escritor y bloguero norteamericano, Max Blumenthal, publicó recientemente un amplio reportaje donde destapa el plan de financiamiento del organismo National Endowment for Democracy (NED), para ejecutar el golpe de Estado en Nicaragua, a través del Movimiento Estudiantil 19 de Abril (M-19), el Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas ( IEEPP ) y la llamada Alianza Cívica por la Democracia.

A continuación el reportaje de Bluementhal: Mientras que algunos medios de comunicación corporativos han retratado al violento movimiento de protesta que atrapa a Nicaragua como una corriente progresista de base, los propios estudiantes del país han dejado ver todo lo contrario.A principios de junio, un reducido grupo de activistas opositores de Nicaragua fueron a reunirse a Washington, DC, con la cabeza del grupo derechista de defensa del Estado estadounidense Freedom House.

El grupo opositor, conocido como M19, estaba allí para suplicar a Donald Trump y otros funcionarios de derecha del gobierno de los Estados Unidos que los ayudaran en su lucha contra el presidente nicaragüense Daniel Ortega.En una gira a la capital de EE. UU., los dirigentes del M19 posaron para las fotos con algunos de los neoconservadores más notorios del Congreso de los EE. UU .: los senadores Ted Cruz y Marco Rubio y la representante Ileana Ros-Lehtinen.

Los M19 también fueron guiados a las reuniones con altos funcionarios del Departamento de Estado y la organización de poder bélico USAID. Allí, se les aseguró que contarían con el apoyo rotundo de Washington.Un mes antes de las reuniones del M19 con legisladores ultraconservadores en Washington, una publicación financiada por el brazo de cambio de régimen del gobierno de Estados Unidos, National Endowment for Democracy (NED), afirmó sin rodeos que las organizaciones respaldadas por NED han pasado años y millones de dólares “sentando las bases para la insurrección” en Nicaragua.

Este artículo que se jacta abiertamente de la intromisión de los Estados Unidos se publicó en el sitio web de noticias enfocado en América Latina, Global Americans, y fue escrito por el académico estadounidense Benjamin Waddell , director académico de la Escuela de Capacitación Internacional en Nicaragua.

Después de la publicación de este artículo, Global Americans reemplazó el término “insurrección” con la palabra más inocua “cambio”.

Sin embargo, el título original aún se puede ver en la URL del artículo.

A pesar de la alteración cosmética, el artículo de Waddell ofrece una evaluación notablemente sincera del impacto de las inversiones sostenidas de National Endowment for Democracy en la sociedad civil nicaragüense.

Las conclusiones del autor se hicieron eco inadvertidamente de las del presidente nicaragüense Daniel Ortega y sus partidarios, que han enmarcado las protestas como una trama cuidadosamente montada respaldada hasta los dientes por Washington.

“La prensa internacional describió la rápida escalada de disturbios civiles en Nicaragua como una explosión espontánea de descontento colectivo, desencadenada por los cambios del gobierno al sistema de seguridad social”. Waddell escribió que “cada vez es más claro que el apoyo de los Estados Unidos ha ayudado a desempeñar un papel en el fomento de los levantamientos actuales”.

En otro pasaje llamativo, concluyó Waddell, “la participación actual de la NED en nutrir a los grupos de la sociedad civil en Nicaragua arroja luz sobre el poder del financiamiento transnacional para influir en los resultados políticos en el siglo XXI”.

Una historia de intromisión

El NED es un agente líder del poder blando de Estados Unidos que se ha metido en asuntos de otros países desde su fundación en el apogeo de la Guerra Fría en 1983. Su primer éxito tuvo lugar en Nicaragua, donde incubó trajes anti sandinistas como el diario La Prensa a través de un recorte, PRODEMCA, que también fue financiado encubiertamente por aliados de Oliver North.

En 1990, los sandinistas fueron derrotados en las urnas por la candidata derechista Violeta Chamorro, cuya familia era dueña de La Prensa. La victoria de Chamorro representó la culminación de casi $ 16 millones de dólares en subvenciones de NED a partidos políticos y medios de comunicación antisandinistas.

“Mucho de lo que hacemos hoy fue hecho encubiertamente hace 25 años por la CIA”, comentó Allen Weinstein, fundador de la NED, en 1991.

En los años que siguieron, la NED y sus socios han ayudado a impulsar las elecciones para los candidatos neoliberales de derecha en Rusia y Mongolia en 1996; fomentó un golpe que expulsó del poder al presidente democráticamente electo de Haití , Jean Bertrand Aristide; y dirigió a millones hacia el desmantelamiento del gobierno socialista de Venezuela, un esfuerzo continuo complementado por aplastamiento de las sanciones de Estados Unidos.

Las protestas que han estallado en Nicaragua han vuelto a enfocar la influencia del NED. Según Waddell, la NED ha gastado $ 4,1 millones en el país desde 2014, ayudando a que 54 grupos se conviertan en actores importantes en la escena política y “sentando las bases para la insurrección”.

La red respaldada por Estados Unidos detrás de las protestas

Los disturbios que paralizaron a Nicaragua fueron provocados por el anuncio de reformas al sistema de seguridad social. El Fondo Monetario Internacional y un grupo paraguas de empresas locales insistieron en cambios que elevarían la edad de jubilación y privatizaron gradualmente las clínicas de salud, amenazando algunas de las ganancias más importantes de la revolución sandinista.

Cuando Ortega respondió con una propuesta que habría exigido una mayor contribución al sistema por parte de las empresas y los jubilados, con los dueños de negocios pagando la mayor parte, un sector del público explotó con indignación.

Las caras más visibles del movimiento anti Ortega no han sido los jubilados afectados por las reformas de la seguridad social, sino los estudiantes urbanos, políticamente no afiliados, que buscan una victoria total y han forjado una alianza con los opositores de la derecha.

Mientras tanto, hombres enmascarados con morteros y armas de fuego han formado la primera línea de los bloqueos viales que ya han drenado la economía de Nicaragua de unos $ 250 millones en ingresos. Hasta la fecha, unas 170 personas han sido asesinadas en el caos. A medida que aumenta el número de muertos en ambos lados, hablar de una nueva guerra civil parece una posibilidad más que remota.

Desde que comenzaron los disturbios, la NED tomó medidas para ocultar los nombres de los grupos que financia en Nicaragua con el argumento de que podrían enfrentar represalias del gobierno. Pero los principales receptores de respaldo de Washington ya eran bien conocidos en el país.

Hagamos Democracia , o Let’s Make Democracy, es el mayor receptor de fondos NED, cosechando más de $ 525,000 en subvenciones desde 2014. El presidente del grupo, Luciano García, que supervisa una red de reporteros y activistas, ha declarado que Ortega ha convertido a Nicaragua en un “Estado fallido “y exigió su renuncia inmediata.

El Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas ( IEEPP ) de Managua, cuyo presidente es Félix Maradiaga, recibió al menos $ 260,000 del NED desde 2014. Las subvenciones se destinaron para apoyar el trabajo del IEEPP en la capacitación de activistas para “fomentar el debate y generar información sobre seguridad y violencia.

“El financiamiento también cubrió los esfuerzos para monitorear la “mayor presencia de Rusia y China en la región”, una prioridad obvia para Washington.

Tan pronto como se iniciaron las violentas protestas contra Ortega, el director de IEEPP, Félix Mariadiaga, sacó a la luz su agenda.

Ex líder global del Young World Forum educado en Yale y Harvard, fue elogiado por La Prensa por “sudar, sangrar y llorar junto a los jóvenes estudiantes que han encabezado las protestas en Nicaragua que continúan desde abril hasta finales de mayo”.

Cuando La Prensa le preguntó si había alguna forma de salir de la violencia sin un cambio de régimen, Mariadaga fue franco:

“No puedo imaginar una salida en este momento que no incluya una transición a la democracia sin Daniel Ortega”.

“Nos hemos dado una imagen terrible”

Este junio, Mariadaga dirigió una delegación de oposición a Washington para denunciar el gobierno de Ortega ante la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos. A él se unió Anibal Toruno, director de Radio Darío, otro receptor de apoyo desde hace mucho tiempo de NED ( PDF ) y uno de los centros clave de los medios anti Ortega en la ciudad nicaragüense de León.

Mientras Mariadaga estaba en Washington, la policía nicaragüense lo acusó de supervisar una red criminal organizada que ha asesinado a varias personas durante los violentos disturbios que se han apoderado del país.

Mariadaga criticó las acusaciones como una “persecución política” y una “acusación ridícula”, pero pospuso su regreso a Nicaragua.

El Departamento de Estado de EE. UU. lo respaldó con una declaración de apoyo vehemente.

Al mismo tiempo, un grupo de manifestantes de las protestas contra Ortega estaban en Washington para presionar al gobierno de Trump en busca de ayuda para derrocar al líder de su país.

Entre los funcionarios de EE. UU. que recibieron a los estudiantes figura el director de USAID, Mark Green. “Necesitamos apoyar a aquellos que defienden las cosas en las que debemos creer”, dijo Green sobre los estudiantes, en una entrevista con McClatchy .

Además de NED, USAID ha sido el promotor más activo del cambio de régimen contra los gobiernos de orientación socialista en América Latina. En Nicaragua, el presupuesto de USAID superó los $ 5.2 millones en 2018, con la mayoría de los fondos destinados a la capacitación de la sociedad civil y las organizaciones de medios.

El viaje de los estudiantes nicaragüenses a Washington fue financiado por Freedom House , un socio de NED financiado por el gobierno de Estados Unidos cuya agenda típicamente se alinea con el ala neoconservadora del establecimiento de la política exterior estadounidense.

Freedom House elaboró un itinerario para los estudiantes que culminó con una sesión fotográfica con algunos de los republicanos más belicosos de Washington: los senadores Ted Cruz y Marco Rubio, y la representante Ileana Ros-Lehtinen.

De regreso en Managua, otra prominente líder estudiantil, Harley Morales, se tambaleó con disgusto ante la aparición de sus compañeros en el Capitolio. “Fue terrible”, dijo Morales al periódico El Faro. “Ellos (Cruz, Rubio y Ros-Lehtinen) son la derecha republicana extrema. Estamos muy descontentos con este viaje; fueron pagados por los Estados Unidos y se les impuso una agenda. Nos hemos dado una imagen terrible”.

Aunque esperaba “un plan de corrección de errores”, Morales admitió que el control de poderosos intereses externos sobre los manifestantes estudiantiles era cada vez más estricto. “Todos los movimientos ahora tienen asesores”, se lamentó. “Motores y agitadores. Hijos de políticos, empresarios… Tienen una línea política muy clara “.

Fuente: Resistencia 2.0

Volver al Indice


La lección de Nicaragua

por Manuel Cabieses

No quiero que mi voz se confunda con los rugidos del imperio o con los ladridos de sus perritos falderos. Pero no puedo callar. El heroico pueblo de Nicaragua, que en 1979 derrocó a la tiranía de los Somoza, necesita aliento en su lucha contra la dictadura corrupta y grotesca de Daniel Ortega-Rosario Murillo.

Es cierto que la reacción internacional, el “sicario” general de la OEA, los medios de desinformación, el empresariado y la Iglesia Católica se han adueñado de la crisis social y política que gatillaron los errores del gobierno. Los reaccionarios se han montado en la ola de la protesta popular; desplazaron a los estudiantes que están dando un ejemplo de coraje cívico, y se levantan como los jueces y verdugos de un régimen que protegió sus intereses. El derrumbe del binomio Ortega-Murillo es el destino que la historia reserva a los revolucionarios que traicionan sus principios, se asocian con los enemigos del pueblo y se enriquecen con los fondos públicos.

Por desgracia el silencio de las izquierdas -de las que soy militante-, permitirá que el desastre de Nicaragua pueda interpretarse como una derrota histórica del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Otro estigma en el castigado cuerpo de la Izquierda latinoamericana en momentos que explora nuevos caminos para salir de su prolongada atonía política.

El vergonzoso final del gobierno Ortega-Murillo no tiene porqué ser la muerte del FSLN. Son asuntos diferentes. El FSLN lo fundaron en 1961 un puñado de exiliados nicaragüenses en Costa Rica. En La Habana conocí a uno de ellos que sería su líder indiscutido, Carlos Fonseca Amador. Fue en una reunión que “cuadraron” los compañeros del Departamento América del Partido Comunista de Cuba que dirigía el comandante Manuel Piñeiro. Nos reunimos en una habitación del hotel Habana Libre.

Carlos Fonseca, alto, flaco, cegatón, llegó con dos compañeros que también se preparaban para volver clandestinamente a Nicaragua. Tenían interés en conocer las luchas sociales y políticas que en Chile gestaban el cuarto intento presidencial de Salvador Allende. Carlos Fonseca, modesto, de pocas palabras, ya tenía un respetable historial revolucionario. El FSLN agrupaba con dificultades tendencias que se materializaron en tres frentes guerrilleros casi hasta la victoria de 1979. Tengo el recuerdo de un Carlos Fonseca claro y preciso en sus palabras, radical en sus opiniones y de una impresionante sencillez, como todo verdadero revolucionario.

Fonseca no alcanzó a ver la victoria del FSLN. Cayó el 8 de noviembre de 1976. Su gesto de bravura -la de un guerrillero miope- le costó la vida. Le cortaron las manos para una identificaron en Managua y la prensa somocista publicó una foto del cadáver del líder sandinista para desalentar al FSLN. Sus restos descansan hoy en el panteón de los héroes de Nicaragua.

El sacrificio de Fonseca no fue en vano: las tendencias del FSLN terminaron por unirse y en 1979 derrocaron al dictador Anastasio Somoza Debayle. La lucha guerrillera contó con el decisivo apoyo logístico y asesoría militar de la Revolución Cubana. En la guerra participación numerosos voluntarios latinoamericanos, entre ellos muchos chilenos. En suelo nicaragüense se foguearon militantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, del MIR y del Partido Socialista de Chile.

La victoria sandinista significó un extraordinario estímulo para la Izquierda latinoamericana -maltrecha desde la derrota en Chile-. Atrajo la atención y militante solidaridad de intelectuales de todo el mundo, entre ellos Julio Cortázar.

Aunque el FSLN se matriculó en la Internacional Socialdemócrata y se entrampó en las redes de corrupción de esos partidos, el prestigio de la revolución sandinista se mantuvo intacto. Esto permitió al FSLN gobernar hasta 1990 cuando sufrió una derrota a manos de la derecha. El tropezón que se prolongó hasta 2007 cuando Daniel Ortega y Rosario Murillo consumaron el matrimonio morganático del FSLN con el empresariado neoliberal y la Iglesia Católica. Estos son los mismos “aliados” del FSLN que ahora intentan derrocar al binomio Ortega-Murillo.

Un importante sector del pueblo de Nicaragua sigue fiel al sandinismo y ha hecho demostraciones masivas para frenar el golpismo apoyado por EE.UU.

Nicaragua vive una crisis que requiere pronta solución. Se ha derramado mucha sangre y se corre el riesgo de un levantamiento que costaría miles de vidas.

La crisis de Nicaragua requiere también de un análisis profundo y desprejuiciado de las izquierdas. Hay que rescatar lecciones valiosas para los proyectos de cambios sociales que están resurgiendo en América Latina.

Las izquierdas que se identificaron con los principios del FSLN, con su lucha de más de 40 años para derrocar a la tiranía de los Somoza y luego para aplastar a la Contra financiada por EE.UU.; las izquierdas que confiaron en el FSLN y sus reformas que de dignidad y justicia para el pueblo de Nicaragua, tenemos que contribuir a una solución pacífica del conflicto. Una solución que no deje en manos de la burguesía y del Buitre del Norte a una revolución que se vio atrapada en los tentáculos de la corrupción y de la traición.

Volver al Indice


Respuesta de Atilio Borón a Manuel Cabieses: Nicaragua, la revolución y la niña en el bote

Por Atilio A. Borón.

La dolorosa coyuntura actual en Nicaragua ha precipitado un verdadero aluvión de críticas. La derecha imperial y sus epígonos en América Latina y el Caribe redoblaron su ofensiva con un único y excluyente objetivo: crear el clima de opinión que permita derrocar sin protestas internacionales al gobierno de Daniel Ortega, elegido hace menos de dos años (noviembre del 2016) con el 72 por ciento de los sufragios.
En los últimos meses, cientos de ciudadanos fueron torturados y asesinados por grupos violentos en Nicaragua.

Esto era previsible; lo que no lo era fue que en esa arremetida participaran con singular entusiasmo algunos políticos e intelectuales progresistas y de izquierda que unieron sus voces a la de los lenguaraces del imperio. Un notable revolucionario chileno, Manuel Cabieses Donoso, de cuya amistad me honro, escribió en su flamígera crítica al gobierno sandinista que “la reacción internacional, el ‘sicario’ general de la OEA, los medios de desinformación, el empresariado y la Iglesia Católica se han adueñado de la crisis social y política que gatillaron los errores del gobierno. Los reaccionarios se han montado en la ola de la protesta popular.”

Descripción correcta de Cabieses Donoso de la cual, sin embargo, se extraen conclusiones equivocadas. Correcta porque es cierto que el gobierno de Daniel Ortega cometió un gravísimo error al sellar pactos “tácticos” con enemigos históricos del FSLN y, más recientemente, tratar de imponer una reforma previsional sin consulta alguna con las bases sandinistas o actuar con incomprensible desaprensión ante la crisis ecológica en la Reserva Biológica Indio-Maíz.

Correcta también cuando dice que la derecha vernácula y sus amos extranjeros se adueñaron de la crisis social y política, dato éste de trascendental importancia que no puede ser soslayado o subestimado. Pero radicalmente incorrecta es su conclusión, como son las de Boaventura de Sousa Santos, la del entrañable y enorme poeta Ernesto Cardenal, y Carlos Mejía Godoy, amén de toda una plétora de luchadores sociales que en sus numerosas denuncias y escritos exigen –algunos abiertamente, otros de modo más sutil- la destitución del presidente nicaragüense sin siquiera esbozar una reflexión o arriesgar una conjetura acerca de lo que vendría después.

Conocidos los baños de sangre que asolaron Honduras siguiendo la destitución de “Mel” Zelaya; los que hubo en Paraguay luego del derrocamiento “express” de Fernando Lugo en 2012, y antes lo que sucediera en Chile en 1973 y en Guatemala en 1954; o lo que hicieron los golpistas venezolanos después del golpe del 11 de Abril en el interludio de Carmona Estanga “el breve”, o lo que está ocurriendo ahora en Brasil y los centenares de miles de asesinatos que hizo la derecha durante las décadas del “cogobierno FMI-PRIAN” en México, o el genocidio de los pobres practicado por Macri en la Argentina.

¿Alguien en su sano juicio puede suponer que la destitución del gobierno de Daniel Ortega instauraría en Nicaragua una democracia escandinava?

Una debilidad común a todos los críticos es que en ningún momento hacen alusión al marco geopolítico en el que se desenvuelve la crisis.

¿Cómo olvidar que México y Centroamérica es una región de principalísima importancia estratégica para la doctrina de seguridad nacional de Estados Unidos?

Toda la historia del siglo veinte está marcada por esta obsesiva preocupación de Washington para someter al rebelde pueblo nicaragüense. A cualquier precio. Si para ello fue necesario instaurar la sangrienta dictadura de Anastasio Somoza a la Casa Blanca no le tembló el pulso y actuó en consecuencia. Criticado por algunos representantes Demócratas en el Congreso de Estados Unidos por el respaldo que Franklin D. Roosevelt le otorgaba al dictador, éste se limitó a responder que “sí, es un hijo de puta pero es NUESTRO hijo de puta”.

Y las cosas no cambiaron desde entonces.

Cuando el 19 de julio de 1979 el Frente Sandinista derrotó al régimen somocista, el presidente Ronald Reagan no titubeó un minuto en organizar una operación mafiosa de tráfico ilegal de drogas y armas a los efectos de poder financiar, más allá de lo que autorizaba el Congreso de Estados Unidos, a la “contra” nicaragüense.

Se conoció todo esto bajo el nombre de “Operación Irán-Contras”.

¿Podemos ser hoy tan ingenuos para obviar estos antecedentes, o para pensar que esas políticas intervencionistas y criminales son cosas del pasado?

Un país, además, que en tiempos recientes ha planeado la construcción de un canal interoceánico –financiado por enigmáticos capitales chinos- que competiría con el de Panamá, controlado de hecho, si no de derecho, por Estados Unidos.

Estos no son datos anecdóticos sino de fondo, indispensables para calibrar con precisión el marco geopolítico en que se desenvuelven los trágicos acontecimientos de Nicaragua.

Todo lo anterior no significa obviar los graves errores del gobierno de Daniel Ortega y el enorme precio pagado por un pragmatismo que sí estabilizó la situación económica del país y mejoró las condiciones de vida de la población, hipotecó la tradición revolucionaria del sandinismo.

Pero el pacto con los enemigos siempre es volátil y transitorio. Y ante la menor muestra de debilidad del gobierno, y ante un grosero error basado en el desprecio por la opinión de la base sandinista, aquellos se lanzaron con todo su arsenal a la calle para voltear a Ortega.

Trasladaron buena parte de los mercenarios que protagonizaron las “guarimbas” en Venezuela a Nicaragua y están aplicando ahora en Nicaragua la misma receta de violencia y muerte que se enseña en los manuales de la CIA.

Conclusión: la caída del sandinismo debilitaría el entorno geopolítico de la brutalmente agredida Venezuela, y aumentaría las chances para la generalización de la violencia en toda la región.

Estando en el Foro de Sao Paulo que tiene lugar en La Habana pude deleitarme en la contemplación del Caribe. Allí divisé, a lo lejos un frágil botecito.

Lo manejaba un robusto marinero y, en el otro extremo se encontraba una joven muchachita. El timonel parecía confundido y se esforzaba para mantener el rumbo en medio de una amenazante marejada.

Y se me ocurrió pensar que esa imagen podía representar con elocuencia al proceso revolucionario, y no sólo en Nicaragua sino también en Venezuela, Bolivia, donde sea.

La revolución es como aquella niña, y el timonel es el gobierno revolucionario.

Este se puede equivocar, porque no hay obra humana a salvo del error; y cometer errores que lo dejen a merced del oleaje y pongan en peligro la vida de la niña.

Para colmo, no muy lejos se dibujaba la ominosa silueta de una nave de guerra de Estados Unidos, cargada de armas letales, escuadrones de la muerte y soldados mercenarios.

¿Cómo salvar a la niña? ¿Botando el timonel al mar y dejando que se hunda el bote, y con él la niña?

¿Entregándola a la turba de criminales que se agolpan, sedientos de sangre y prestos para saquear el país, robarle sus recursos y violar y luego matar a la jovencita?

No veo que eso sea la solución. Más productivo sería que algunos de los otros botes que se encuentren en la zona se acerquen al que está en peligro y hagan que el desastrado timonel enderece el rumbo.

Hundir al que lleva a la niña de la revolución, o entregarla al navío norteamericano difícilmente podrían ser consideradas soluciones revolucionarias.

Fuente: Telesur

Volver al Indice

Leave a Reply