Colombia, Venezuela y Petro

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Alberto Pinzón Sánchez (*).

“La política es la economía concentrada” escribió Lenin en una condensación magistral de toda la teoría-practica revolucionaria que le legara el Marxismo de su tiempo.

Lo hizo mientras leía y glosaba la densa obra filosófica de Hegel, tratando de desentrañar y apropiarse del vivificante pensamiento dialéctico y, aclararse cómo Marx había puesto sobre los pies aquel denso pensamiento de Hegel que caminaba al revés, cabeza abajo, o si se prefiere sobre las manos.

Eran las vísperas de la revolución de octubre en la Rusia de la autocracia Zarista: Todo estaba en ebullición.

Posteriores desarrollos comprensivos, teóricos y prácticos llevaron a los seguidores del marxismo revolucionario a condensarla aún más (no a simplificarla) en el famoso y penetrante esclarecimiento de que la Política es, ha sido y seguirá siendo la lucha de clases, en toda su amplitud y complejidad, tal y como lo enseñó el mismo Marx en sus magistrales textos sobre la revolución francesa: “La Lucha de clases en Francia, y, El 18 de Brumario”.

Cuando en Colombia se perdió esta perspectiva dialéctica, y la AFIRMACIÓN del conflicto colombiano (el Estado contra-insurgente) coincidió con su CONTRARIO (la Insurgencia de inspiración leninista) en la construcción en Colombia de un gran escenario económico y político favorable a la inversión financiera global de las multinacionales y que el Gobierno Santos denominó Post conflicto, o  dicho de otro modo: cuando Afirmación y Negación coincidieron en no cambiar nada del modelo económico vigente, sino en la readecuación y restructuración,  de una economía neoliberal “financiarizada”, donde las gigantescas sumas de los dineros provenientes de los enormes “préstamos blandos” de Fondo Monetario Internacional (FMI) y demás agencias bancarias globales como BID, AID, Agencias de Desarrollo, Cooperación Internacional, Banco Europeo, etc, destinadas a las inversiones para el “desarrollo” de los agro-negocios, la minería, el extractivismo energético y la extracción parasitaria de rentas financieras planeadas para el Post conflicto; surgió la SUPERACIÓN, necesitada,  de los Movimientos Sociales que prontamente (dada la profundidad de la crisis social y la miseria intelectual y el envilecimiento de las campañas presidenciales) confluyeron en la única posibilidad alternativa o “superadora de la situación” que se ofrecía políticamente en ese momento, como lo fue la campaña de Petro-Presidente.

No es como se ha querido decir que la Farc desapareció por el ensalmo de la paz Santista que convirtió a las Farc en una simple bancada parlamentaria de transaca. La nada no produce nada. No, simplemente las bases populares (así como muchos excomandantes vergonzantes) que en algún momento creyeron en su “alternatividad” o que eran un proyecto político social superador del Estado contrainsurgente (Hegemonía+ Coerción de Gramsci) trasladaron sus preferencias hacia la campaña explicativa y de cambios propuesta por la Colombia Humana de Petro.

No hay nada de milagroso en ello.

Esquematizando, se podría pintar la siguiente unidad dialéctica en movimiento: Afirmación=Estado contrainsurgente. Negación= Insurgencia leninista. Y superación (en alemán aufheben) o como los maoístas llaman “negación de la negación” = movilización social, en la campaña Petro presidente.

Pero como lo interno no existe sin lo externo (no puede ser) al haber escondido o velado ideológicamente (aún no se sabe con cual fin) este pequeño aspecto de la totalidad contradictoria, se escondió y no se tuvo en cuenta el cómo la Globalidad actuaba sobre-determinando lo estrictamente Local del conflicto en Colombia (según el ejemplo dado por Mao Zedong en su conocido texto sobre “la contradicción”, la temperatura adecuada y las tres semanas que harán eclosionar un huevo de gallina embrionado, pero no a una piedra) otorgando un triunfo ideológico y político al Estado contra-insurgente y sus voceros quienes arreciaron desde el gobierno y desde los poderes fácticos la lucha contra el castro-chavismo, paralizando la lucha de clases en las ideas:

La paz de Colombia, o mejor la superación del conflicto interno no tenía nada que ver con la intensa LUCHA DE CLASES en todos los ámbitos de la vida que se desarrolla en Venezuela, ni con los planes geoestratégicos y continentales que contra ella se están desarrollando.

¿Resultado?

Que tanto el futuro de Acuerdo de paz de la Habana y “la danza de los millones” de las proyectadas inversiones financieras para el post conflicto, así como el plan geoestratégico Global para resolver la situación de Venezuela, han quedado supeditados al resultado electoral en Colombia.

Es decir, el gobierno de los EEUU y a su diplomacia internacional NO aceptarán un presidente que en Colombia ponga en riesgo dicho plan. Eso explica la “sopa ecléctica” o mejor las “extrañas” maromas (¿concesiones? ¿pactos?) que hace el candidato Petro para explicar su posición frente a la actual situación de Venezuela (1) o incluso, frente a la extradición neocolonial que pesa sobre Santrich.

Solamente cuando el 7 de agosto próximo el nuevo presidente de Colombia anuncie con toda la formalidad si hará trizas el Acuerdo de paz, y si continua la política de Santos contra el gobierno electo en Venezuela, podremos tener certezas materiales, y salir de los insultos, las especulaciones y del idealismo barato de las suplicantes cartas de reclamo al presidente Santos.

¿Por qué creen ustedes que los vicepresidentes de los DOS de los candidatos de la contrainsurgencia o como ellos se llaman de la extrema derecha y la derecha (Duque y Vargas Lleras) son personajes ligados profundamente con el omnipotente ejército colombiano, y con estrechas relaciones con el gobierno de los EEUU, como lo son Pinzón Bueno y Marta Lucía?

Sencillo. Porque el poderoso ejército colombiano ha quedado constituido en el cancerbero (guardián terrible) y arbitro fáctico de la situación general tanto en Colombia como más allacito, por ejemplo, Maracaibo.

No hay que devanarse la mollera, haciendo cábalas de quienes ganarán la primera vuelta electoral o llegarán a la segunda vuelta, o quien será el próximo presidente de Colombia.

Basta solo con hacer “un análisis concreto de la situación concreta” como recomendaba Lenin (que todos los casos es dialectico) y actuar en consecuencia para que los hechos de la realidad no nos sigan apabullando y vaciando del contenido trasformador que nos ha legado el Marxismo revolucionario en toda su magnitud.

(*) Médico, antropólogo y ensayista colombiano.

(1) https://twitter.com/petrogustavo?lang=de

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