La Historia de Unidad de Kast, Urrutia y Piñera

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por Sergio Reyes Tapia (*)

Piñera y la derecha comenzaron a pagar los favores políticos. Los primeros beneficiados fueron el ex candidato presidencial José Antonio Kast, y los violadores de Derechos Humanos.


Tanto el gobierno como el ex abanderado presidencial, “coincidieron”, en sus propósitos en tanto Kast lanza su movimiento político, y Piñera le entrega una señal al eliminar el Proyecto de Ley que otorgaba a los ex presos políticos y víctimas de la dictadura, un tipo de reparación.

Para tal acción, los discursos políticos de estos personajes contarían con el respaldo de los resultados de la empresa encuestadora “Criteria”, datos que ya manejaban y que apuntaban,  como titularon algunos medios, que “la mejor carta presidencial de la derecha” para las próximas elecciones presidenciales es José Antonio Kast, y que Piñera, por su parte, gobernaba con alta valoración.

Por tanto, se necesitaban referentes de la voz ciudadana y la encontraron en las encuestas para legitimar los espacios de discursos políticos que sustentaban el retiro de iniciativas de apoyo a las víctimas de la dictadura, y al mismo tiempo, gobernar con normas y decretos como lo está haciendo en la práctica Piñera.

A este cuadro se sumaron las declaraciones de un reconocido pinochetista, y que al mismo tiempo apoya a José Antonio Kast: el diputado UDI Ignacio Urrutia. Este sujeto calificó a las víctimas de las torturas como “terroristas con aguinaldo”.

Mientras tanto, y para no desteñir, en el gobierno dejaban ver su escueto mensaje de molestia por los dichos del diputado UDI, pero ocultaban al mismo tiempo, que la iniciativa a favor de la impunidad y el abandono a las víctimas de la dictadura se concretaría ciertamente, esto pasó sin mayores impresiones de la población, dada la gravedad de los insultos de Urrutia en contra de los luchadores sociales.

Qué tenemos finalmente, un cuadro Comunicacional-Político perfecto para la derecha. Efectivamente, la opinión pública recibió desde el gobierno de Piñera discursos fragmentados, realidad confusa e incoherente, para asestar en pleno un golpe a los Derechos Humanos y a los movimientos sociales.

La híper-sentimentalización mostrada por el ministro de justicia Hernán Larraín, y por la vocera de gobierno en contra del diputado UDI, y el silencio cómplice de Andrés Chadwick a favor de Urrutia, no es más que el desarrollo de la mercantilización de lo social, y especialmente, la privatización de los derechos humanos a través de los medios de comunicación.

Hoy la realidad Comunicacional-Política es construida desde la fragmentación del discurso, afectando notablemente la reflexión que se debe dar supuestamente desde los medios y el Estado, adquiriendo finalmente la teatralización de lo social.

Con estos antecedentes queda en evidencia que se personalizó desde los medios todo el acontecimiento en el diputado Ignacio Urrutia, y se pasó estrictamente a la Info-Entretención.

De esta forma adquiriendo el hecho un alto rating, no por la celebración de Urrutia al proyecto que el propio gobierno había puesto, sino porque la comunicación política del ejecutivo estuvo con el espíritu de su tiempo: En la  Impunidad.

Finalmente, al abandonar a las víctimas de la dictadura, el gobierno ha mostrado el reconocimiento, la distinción y la confirmación a sus partidarios que la impunidad para los violadores de derechos humanos se cumplirá.

El lenguaje, especialmente los discursos políticos, no son un mero transmisor de palabras o ideas al azar, sino es intervención y acción política de construcción social muchas veces con serios y peligrosas maniobras como la historia de unidad de Urrutia, Kast y Piñera, y que se reflejó anteriormente cuando Piñera afirmó que hubo “cómplices pasivos” de la dictadura, creando otra categoría conceptual que ubica a un segmento de colaboradores  directos de la tiranía al margen de responsabilidades.

(*) Periodista; editor general de prensa Radio Nuevo Mundo, Magíster en Comunicaciones y Políticas Públicas Ph. D. Comunicaciones.

Fuente: ICAL

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