La DC y las Vueltas de la Historia: Capítulo Venezuela

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por Oscar Azócar (*).

Sebastián Piñera se benefició en la pasada campaña electoral del despliegue de una campaña del terror que tuvo como referente a Venezuela. Conocida como “Chilezuela”, fue la expresión coyuntural del accionar desestabilizador que por años desarrolla el gobierno de Estados Unidos contra la Revolución Bolivariana, que ahora suma al cerco económico, financiero, político y diplomático, la amenaza de intervención militar.


Datos concretos

– El año 2015 trascendió que el Comando Sur de las Fuerzas Armadas norteamericanas tenía preparado un operativo de intervención en Venezuela desde Honduras.

– En marzo del mismo año, el presidente Obama decretó la Orden Ejecutiva que considera a Venezuela como una “amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”, y la renovó en enero de 2016. El 2017, el presidente Trump advirtió que podría utilizar para “el cambio democrático” en Venezuela “una posible opción militar si es necesario”, en el marco de la Estrategia de Seguridad Nacional para 2018, que contempla como uno de sus objetivos el cambio de régimen en Venezuela. Recién en febrero, en su gira por América Latina, el Secretario de Estado, Rex Tillerson, se ha esmerado por crear un ambiente favorable a la intervención militar.

La OEA ha sido pieza clave de la campaña, secundada entre otros por los gobiernos de México, Colombia, Brasil y Perú. El pasado 13 de febrero, un grupo de países reunido en el autodenominado Grupo de Lima, anunció su intención de excluir a Venezuela de la Cumbre de las Américas que se celebrará en Lima en abril, lo cual constituye una intromisión inaceptable en los asuntos internos de Venezuela, y contradice los principios de la Carta de

Naciones Unidas y la Proclama sobre América Latina y el Caribe como Zona de Paz, firmada por los jefes de Estado y de gobierno de la CELAC.

La campaña recrudece luego del positivo balance del año 2017 a favor del gobierno de Maduro, que celebró las elecciones de Asamblea Constituyente, superando el caos y la violencia impulsados por la derecha y Estados Unidos, y las de gobernadores, iniciando al mismo tiempo en República Dominicana el diálogo entre el gobierno y la oposición.

Este último iba muy bien encaminado hasta que el gobierno estadounidense ordenó a la oposición retirarse de las elecciones presidenciales de abril próximo, saboteando y llamando a la abstención.

La derecha DC en la campaña

Un actor destacado en la campaña ha sido la derecha democratacristiana, que mantiene lazos con lo que queda del Copei -otrora importante partido democrata cristiano, hoy desaparecido del mapa político- el cual apoyó el breve golpe de Estado contra Chavez en 2002, que ungió como presidente por 48 horas al jefe de los gremios empresariales, Pedro Carmona.

El anticomunismo del sector conservador de la DC es conocido.

Recordemos que el 14 de febrero de 2017, Mariana Aylwin, renunciada al PDC después de las pasadas elecciones, viajó a Cuba a un acto de la fundación ligada a la figura de Oswaldo Payá -quien fue vice presidente de la Internacional Demócrata de Centro, integrada por partidos de centro derecha y la DC de varios países- supuestamente a recibir un premio a Patricio Aylwin. Su verdadera intención era realizar un acto político contra el gobierno cubano, por lo que no se le autorizó a ingresar.

El diputado Matías Walker, el canciller Heraldo Muñoz y algunos otros democratacristianos y concertacionistas, juegan un rol relevante en la campaña, pretextando la defensa de los derechos humanos y de la democracia, pero ello no se condice con el apoyo dado en la práctica al golpe de Estado contra Chavez por el gobierno de Ricardo Lagos y su canciller Soledad Alvear, ésta última esposa de Gutenberg Martínez, que era presidente de la
Organización Demócrata Cristiana de América, ODCA.

También se contradice con la luz verde al golpe de estado en Chile, cuando la Confederación Democrática conformada por la derecha y la DC, resolvió el acuerdo de la Cámara de Diputados el 22 de agosto de 1973, que llamó a las Fuerzas Armadas a derrocar el gobierno constitucional del presidente Allende. Después del golpe, avalaron el Plan Zeta, justificación fabricada por la dictadura de Pinochet.

Invasiones norteamericanas en América Latina

En América Latina, el gobierno de Estados Unidos tiene un largo historial de invasiones militares, golpes de estado, operaciones de intoxicación comunicacional y guerra psicológica, dictaduras terroristas, mecanismos represivos continentales como la Operación Cóndor, el Plan Colombia, etc.

Entre ellas la invasión a Granada en 1983, bajo el gobierno de Reagan, para “evitar que fuera ocupada por los cubanos”.

En 1989, bajo el gobierno de Bush padre, Estados Unidos invadió Panamá ocasionando miles de muertos, con el objetivo de abolir los tratados sobre el Canal de Panamá acordados entre Torrijos y Carter.

En 1965, siendo presidente Lyndon Johnson, invadió República Dominicana por segunda vez en su historia, para sofocar el levantamiento que pedía el retorno del presidente constitucional Juan Bosch, primer presidente democrático elegido después de 30 años de la dictadura de Trujillo, derrocado por un golpe militar en 1963.

Al día siguiente de la invasión, el gobierno estadounidense acudió a la OEA para que aprobara la invasión y decidiera la constitución de una Fuerza Interamericana de Paz.

Chile, cuyo presidente era en ese momento Eduardo Frei Montalva, votó dignamente en contra de este acuerdo en la OEA.

Hoy se proclama la existencia de una dictadura en Venezuela, aunque ese país probablemente ha realizado más elecciones que cualquier otro en los últimos años, y se apresta a realizar otra este año, con un sistema electoral que ha sido calificado internacionalmente como el más confiable del mundo, incluyendo la opinión del ex presidente norteamericano Jimmy Carter.

Pauteados por Washington, a los dirigentes democratacristianos y el canciller Muñoz no les interesa ver la similitud entre lo que ocurre en Venezuela y las medidas desestabilizadoras desplegadas en Chile, denunciadas todas ellas en el Informe Church del Senado norteamericano como acciones promovidas por el gobierno norteamericano para preparar el golpe de Estado.

El gobierno de Chile, en vez de sumarse a la campaña yanqui y de la derecha, debería respetar su soberanía, y contribuir a impedir la intervención militar y restituir los espacios de diálogo logrados en República Dominicana.

En cuanto a los demócratacristianos, ojalá sacaran lecciones de la digna posición asumida por el gobierno de Eduardo Frei Montalva, para que la invasión no se repita esta vez en Venezuela.

(*) Sociólogo

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