El Vaso Medio Lleno: Apuntes Sobre los Resultados Electorales

0
179

Oscar Azócar (*)

La victoria de la derecha en las pasadas elecciones presidenciales se debió a varios factores, pero entre ellos resalta el importante peso que sigue teniendo la ideología neoliberal en la sociedad.


Individualismo, consumismo, exitismo, competencia, son valores y maneras de pensar y de actuar irradiados por el modelo, que influyeron en que un importante número de chilenos le creyera a Piñera en la segunda vuelta cuando asumió demagógicamente reformas del gobierno de la presidenta Bachelet que antes rechazaba.

Es que el sentido común imperante ha “producido” votantes con alta sensibilidad mediática, dispuestos a seguir las opciones más llamativas, y a guiarse por las imágenes. Son los que en las últimas tres elecciones presidenciales, en un rango promedio de 20%, votaron por los candidatos que levantaban una alternativa “ciudadana y diferente”. El 2009 fueron 1.405.124 votos para Marco Enríquez-Ominami; el 2013 fueron 1.389.557 para Enríquez-Ominami y Parisi; en las elecciones recientes, 1.336.622 votaron por Beatriz Sánchez en la primera vuelta.

Hegemonía neoliberal y retroceso político-cultural

El sentido común neoliberal hunde sus raíces en el retroceso en la conciencia y en la cultura política del pueblo chileno, generado por el terrorismo de estado dictatorial y por la reestructuración económica, política y cultural conservadora implementada durante la dictadura y los gobiernos de la Concertación.

Si hablamos de sentido común, es pertinente recurrir a Gramsci, cuyo pensamiento tiene hoy plena vigencia. El subrayó que “La supremacía de un grupo social se manifiesta de dos maneras: como dominio y como dirección intelectual y moral”. El pueblo es compelido a aceptar “espontáneamente” la moral, costumbres, reglas de conducta institucionalizadas y la “dirección impresa” a la vida social por la burguesía.

La “adhesión espontánea” es un proceso “compulsivo, irracional, acrítico”, determinado por la emotividad y los rasgos atávicos, las maneras de sentir, pensar y actuar internalizadas en la conciencia a través de muchas generaciones. Es la base de las “campañas del terror” estilo Chilezuela.

La clase dominante recurre a un conjunto de mecanismos, entre ellos el aparato educativo (ver entrevista a Claudio Naranjo, quien denuncia el autoritarismo y conservadurismo en la educación), los medios de comunicación de masas, los intelectuales del sistema que reescriben la historia, etc.

Hablando de los medios de comunicación, Gramsci señalaba que “cuando el Estado quiere iniciar una acción poco popular, empieza creando la opinión pública adecuada (…) de modo que una sola fuerza modele la opinión y, por tanto, la voluntad política nacional, convirtiendo a los disidentes en un polvillo individual e inorgánico”.

Sobre la prensa y la radio –los medios de comunicación por excelencia de la época- decía que “ambos instrumentos dan la posibilidad de suscitar extemporáneamente sensaciones de pánico o de entusiasmo ficticias que permiten conseguir determinados objetivos, por ejemplo en las elecciones, basta disponer de predominio ideológico emotivo aquel día para conseguir una mayoría por tres o cuatro años, aunque una vez pasada la emoción la masa electoral puede distanciarse de su expresión legal”.

Un solo ejemplo del poderío manipulador del sistema es la reciente revelación del economista jefe del Banco Mundial, Paul Romer, acerca de la alteración de la metodología de medición de la competitividad en el mundo, que disminuyó el indicador para Chile durante el actual gobierno.

Es decir, se manipularon las estadísticas para influir en las elecciones. Entre los responsables se encuentra Augusto Lopez-Claros -uno de los encargados del “Doing Business Report”, que compara el ambiente de negocios entre los distintos países-, cercano a Cristián Larroulet, ex ministro secretario general de la Presidencia de Piñera, y conectado también con los ex controladores de Penta y con la Universidad del Desarrollo.

Y como nada es casual, Cristian Larroulet es consejero del Instituto Libertad y Desarrollo, que hace poco dio a conocer un estudio –basado en indicadores del Banco Mundial- que afirma que la clase media creció 40 puntos porcentuales durante los últimos 25 años, que significaría que hoy 11,3 millones de personas -que aunque según el estudio acceden a un salario mensual de 195 o 250 mil pesos- serían de clase media. Sorprendentes resultados, muy en la línea del discurso piñerista dirigido a la clase media durante las elecciones.

Homo videns

Los cambios sociopolíticos y culturales ocurridos bajo el neoliberalismo, destruyeron los antiguos lazos de solidaridad y pertenencia social que tenían las personas. De una sociedad caracterizada por el predominio de las organizaciones colectivas se pasó a otra en que imperan los pequeños mundos individuales.

Ganaron importancia nuevos mecanismos de identidad cultural como la televisión, que genera cohesión rápida pero volátil, y empobrece el aparato cognoscitivo del ser humano. Según Giovanni Sartori, la primacía de la imagen está transformando al “homo sapiens”, producto de la cultura escrita, en un “homo videns” incapaz de comprender abstracciones, de entender conceptos. (“Homo Videns. La sociedad teledirigida”. Giovanni Sartori, profesor en la Universidad de Florencia y en Columbia University de Nueva York – Edición Taurus, 1998).

Doctrinas, valores, mitos, instituciones, sirven consciente o inconscientemente a la hegemonía de la clase dominante. Los medios enmarcan la percepción en torno a la cual se forman las opiniones, establecen el orden del día para todos, las cuestiones en que pensar, los límites del discurso y de la comprensión del público. No siempre moldean la opinión de todos, pero tampoco tienen por qué hacerlo. Basta con legitimar ciertos puntos de vista y deslegitimar otros.

La imagen se caracteriza por la fugacidad. Su flujo es tan veloz que el ojo humano apenas tiene tiempo para percibirlas, y menos aún el cerebro para procesarlas y asimilarlas. No solo dificulta la comunicación entendida como intercambio, sino también entorpece la formación de opiniones a partir de las experiencias propias y de la argumentación. El objetivo final es la pasividad y la sumisión. La función de la industria de la comunicación es desorganizar y desmoralizar a los sometidos. Neutralizar a los dominados, por un lado, y consolidar, por otro, la solidaridad con la clase dominante y sus intereses.

Avanzar en la conciencia política

La conciencia crítica solo puede surgir de la crítica del capitalismo.

Según Gramsci, “Crítica quiere decir precisamente esa conciencia del yo que Novalis ponía como finalidad de la cultura. Yo que se opone a los demás, que se diferencia y, tras crearse una meta, juzga los hechos y los acontecimientos, además de en sí y por sí mismos, como valores de propulsión o de repulsión. Conocerse a sí mismos quiere decir ser lo que se es, quiere decir ser dueños de sí mismos, distinguirse, salir fuera del caso, ser elemento de orden, pero del orden propio y de la propia disciplina a un ideal. Y eso no se puede obtener si no se conoce también a los demás, su historia, el decurso de los esfuerzos que han hecho los demás para ser lo que son, para crear la civilización que han creado y que queremos sustituir por la nuestra”. (“Socialismo y Cultura”, 1916).

Partiendo de allí, los caminos para construir conciencia de clase están en la lucha de ideas, en el ejemplo político-ético que son capaces de irradiar quienes luchan por cambiar la sociedad, y en la experiencia que los sectores oprimidos desarrollan al incorporarse a la lucha.

No hay ninguna revolución o proceso de cambios en la historia que no haya sido precedido de una crítica y cuestionamiento a fondo a las ideas dominantes, y de la irradiación de las nuevas ideas que expresan los intereses y aspiraciones de las mayorías postergadas.

La lucha de ideas exige levantar propuestas y utopías acerca de la nueva sociedad, capaces de seducir y movilizar a las mayorías populares. Recuperar la memoria histórica del movimiento popular, sus experiencias y logros en cada etapa, su crítica a las fuerzas conservadoras. Avanzar en transformar el sistema de enseñanza, en frenar la influencia de los monopolios en la formación de la opinión pública y en la cultura.

Sin embargo, la condición para todo ello es el desarrollo de la lucha social y política. Es allí que surge más fácilmente la disposición a “escuchar” ideas nuevas, y en los momentos de actividad política intensa de las masas, se crean las condiciones para adoptar esas ideas.

“El conocimiento de la clase obrera de sí misma esta indisolublemente ligado (…) no tanto con la teoría como con la comprensión practica (…) adquirida a través de la experiencia de la vida política”. (Que Hacer, Lenin)

El sociólogo australiano Jack Barbalet sostiene con propiedad que la experiencia directa de los explotados genera conciencia “verdadera” que se contrapone con el sentido común impuesto por el sistema -y aceptado voluntariamente por los dominados-, y ese proceso tiene carácter emocional. Quienes actúan desarrollan emociones que los comprometen, y fueren cuales fueren las influencias culturales que pudieran operar, los valores, creencias y símbolos serán preservados, modificados, o rechazados en relación con las características emocionales de la experiencia directa. (“Acción de clase y teoría de clase”, Jack Barbalet. Revista Alternativa N° 3, Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz)

Al citar a Bertell Ollman, Barbalet comparte su definición de conciencia de clase según los siguientes elementos: “la identidad y los intereses de uno (…) como miembros de una clase, algo de las dinámicas del capitalismo descubiertas por Marx (…) (incluyendo) las amplias demarcaciones de la lucha de clases y donde uno encaja dentro de ésta, y sentimientos de solidaridad hacia la propia clase de uno y de hostilidad racional hacia las clases opuestas (…) y de la visión de una más democrática e igualitaria sociedad que es no solo posible sino que uno puede ayudar a hacerla realidad”. Cinco de los seis elementos de esta cita son emocionales. Identidad, interés, solidaridad, hostilidad de clase, y la visión de futuras sociedades.

Cuando la autoconfianza (percepción del amor o preocupación de los demás), el autorespeto (sus derechos) y la autoestima (percepción de su contribución) de las personas, son agredidas cotidianamente por el sistema capitalista, se produce una reacción emocional negativa, rabia, indignación, que motiva la lucha de esas personas por el reconocimiento.

El vaso medio lleno

En los últimos años se avanzó en la conciencia crítica y en la cultura política ciudadana. La mayoría de los chilenos se han manifestado en favor de los cambios, por la justicia social, contra el lucro en la educación, a favor de la salud y pensiones en manos del Estado, lo mismo que los servicios básicos de luz y agua, que la energía y el litio. Se pronunciaron por una nueva Constitución y por una reforma laboral más avanzada que la actual.

Debido a estos avances, la victoria de Piñera es “complicada”. Para ganar se vió obligado a desdecirse de su rechazo a las reformas del gobierno de la Nueva Mayoría, legitimándolas. Al mismo tiempo, una parte de los votantes de Piñera, tal como lo reconoce el senador Juan Manuel Ossandon, manifestaron, a su manera, la adhesión a las reformas.

Por otro lado, los 3.160.225 votos obtenidos por Guillier –un 45,43%- resistió la manipulación mediática de la derecha y apoyó la continuidad de las reformas y conquistas sociales, a pesar de la campaña del terror “Chilezuela”, de la división provocada por la DC en la Nueva Mayoría, y de la incapacidad de la Nueva Mayoría y del Frente Amplio para ponerse de acuerdo en la segunda vuelta.

El gobierno de Piñera deberá enfrentarse a un chileno exigente, crítico, desconfiado, que protesta y se moviliza contra los cortes de agua y de luz de las empresas privadas, contra las colusiones, la corrupción en la política. Que espera resultados concretos e inmediatos respecto de lo que prometió en la segunda vuelta: la gratuidad, la “apertura” a evaluar una AFP Estatal y a otras reformas, el matrimonio igualitario.

Sin embargo, la victoria electoral de la derecha indica que los avances son todavía insuficientes. Seguir avanzando depende de la lucha popular y de las fuerzas progresistas y de izquierda, de ahí hay que partir para elevar la conciencia política, sometiendo a la crítica intransigente a cada uno de los soportes políticos e ideológicos del modelo.

Para articular un proyecto político y social de cambios que incorpore a los más amplios sectores, hay que aprender de la experiencia y no tropezar en la misma piedra.

En ese sentido, hay que mirar con el vaso medio lleno y valorar el crecimiento del Frente Amplio, de los comunistas y de otros sectores de la izquierda y del progresismo, porque el éxito de estos esfuerzos va a depender mucho de la izquierda, de su capacidad de establecer un diálogo entre todos sus afluentes, los históricos y los emergentes, avanzando en la colaboración, la convergencia y la unidad, y desplegando el combate decidido contra la derecha y aquellos sectores que busquen discriminar en la unidad o hacer labor de zapa.

(*) Sociólogo

DEJA UNA RESPUESTA