Clases y Conciencia de Clases en la Lucha Política

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por Ronald Wilson (*)

En la actual coyuntura política de Chile, cuando el movimiento popular ha sufrido una significativa derrota electoral, se hacen muchas veces aseveraciones ambiguas y contradictorias, que no apuntan a lo esencial, sino que se quedan en la superficie, sin ir a las causas y consecuencias de dichas opiniones.


Desde la Derecha las opciones son meridianamente claras, todas sus ofertas propendieron a defender los intereses económicos y políticos de las elites del poder, de los dueños de los medios de producción, que son los que administran además parte importante del poder del Estado, a través de diversas instancias.

Sin embargo desde los sectores progresistas, es donde aparecen más las ambigüedades en cuanto a los análisis, propuestas y opciones. Esto porque en general los sectores de izquierda, no parten en su análisis desde realidades objetivas, sino que lo hacen desde la superficialidad, desde las manifestaciones más obvias, sin entrar en las causas estructurales de los conflictos. Esto porque en su mayoría estos grupos, han renunciado a realizar el análisis de la sociedad y sus conflictos desde una perspectiva de clases.

Conceptualización de clase social.

El concepto de clase social no es originario de Marx, pero fue él quien le dio un estatuto teórico amplio. “Mucho antes que yo, algunos historiadores burgueses habían expuesto ya el desarrollo histórico de esta lucha de clases y algunos economistas burgueses la anatomía de éstas. Lo que yo he aportado de nuevo ha sido demostrar: 1) que la existencia de las clases sólo va unida a determinadas fases históricas del desarrollo dela producción; 2) que la lucha de clases conduce, necesariamente a la dictadura del proletariado; 3) que esta misma dictadura no es de por sí más que el tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases”. 1

Las clases sociales según Marx están fundadas en criterios económicos y tendrían un carácter de reciprocidad, es decir, que existen relaciones de dependencia entre las distintas clases sociales dentro de la estructura social y, de hecho, unas se definen por contraposición a otras, dependiendo de la relación que mantienen con la propiedad de los medios de producción. Marx advierte sobre equivocar el concepto de clase social con los niveles de ingresos del trabajador o con el tipo de ocupación, situación que es común en el análisis económico burgués. Por el contrario, para Marx, la sociedad se divide en base a la propiedad o no de los medios de producción. Es decir, en la burguesía propietaria y en el proletariado que solo posee su fuerza de trabajo, lo que involucra una relación de opresión y de explotación de la primera hacia la segunda.

Estas dos clases son los resultados sociales del capitalismo en un esquema dicotómico que gira en torno a su antagonismo y a la explotación de una por la otra.

Marx reconoce dos clases antagónicas fundamentales en cada uno de los modos de producción, pero al trasladarse su análisis a lo concreto político percibimos que en una sociedad dada supone la existencia de numerosas clases y fracciones de clases que son reminiscencias de formas de producción anteriores u esbozos de otras futuras.

También reconoce a las llamadas clases de transición que son producto de la abolición de determinadas relaciones sociales de producción pero que el desarrollo de las nuevas relaciones sociales extingue paulatinamente, por ejemplo la pequeña burguesía agraria, o los campesinos que en principio en la sociedad capitalista aparecen como resquicios del antiguo sistema, pero cada vez más se transforman en obreros asalariados agrícolas.

El llamado lumpen proletariado, por su parte, no es una clase sino un estrato claramente diferenciado del proletariado industrial. Los terratenientes a la vez, a veces aparecen como clase social independiente y otras como un estrato de la burguesía.

La existencia y funcionamiento de las clases se encuentra subordinada al modo de producción dominante propio de cada formación social concreta. Esto produce que el perfil y el funcionamiento de dichas clases se encuentren “transformadas” por la acción del modo de producción que es dominante.

Pero a su vez estas clases en su interior se dividen en fracciones de clase que son los subgrupos en que se fragmenta una clase y que reflejan diferenciaciones económicas importantes. Son las denominadas clases intermedias. Se trata de los sectores intermedios entre las dos clases antagónicas del modo de producción como son los profesionales, ingenieros, técnicos o administradores, que de una u otra manera están ligados al proceso productivo, o aquellos sectores que no están ligados directamente a la producción, sino que actúan a nivel de funcionamiento de la superestructura, como son los profesores, abogados o funcionarios del estado, trabajadores de servicios.

A estos grupos hace referencia Marx en varios textos, alguna vez incluyendo a profesionales liberales, pero más comúnmente limitándolas a la pequeña burguesía o a una combinación de pequeños capitalistas con pocos asalariados que trabajan con sus propios medios de producción (por ejemplo muchos artesanos).

Esta “clase media” sería una franja limítrofe y su importancia política estriba porque precisamente en contextos políticos de mayor polarización tienden a alinearse con una de las dos clases fundamentales y antagónicas. Ahora bien, la burguesía y el proletariado son las únicas clases sociales en sentido pleno.

Y esto se debería a la existencia de una conciencia de clase, a la conciencia de los intereses comunes del grupo y del antagonismo con respecto de los intereses del otro. Realidad que sería el motor del cambio social que anunciaba el manifiesto comunista. De hecho los individuos no constituirían una verdadera clase sin conciencia de sus intereses y sin sostener una lucha común contra otra clase.

Es importante tener en cuenta la dimensión política e ideológica del concepto de clase social, tanto como el hecho de que el actual énfasis en las denominadas “clases medias” responde a una estrategia política y a unos intereses de defensa del status quo, además de ser una pieza clave de la ideología dominante.

Más allá de la realidad de la posición en la producción y de la comprobación cuantitativa, las clases sociales son un elemento fundamental en la lucha ideológica, algo que concebía Marx en su contexto y que entienden perfectamente hoy las fuerzas defensoras de los privilegios de clase.

En el caso de Marx, la clase obrera cubría la necesidad de un sujeto histórico que protagonizase el cambio revolucionario, una hipótesis que solo podía demostrarse en la práctica política. En el caso de la ideología neoliberal actual, la clase media presume un discurso de legitimación del sistema y de las diferencias sociales.

El problema está en cómo los sectores revolucionarios, en determinadas coyunturas son capaces de establecer alianzas de clase, amplias, entre la clase obrera y estos sectores de por sí volubles, pero que en determinadas circunstancias permiten avanzar, en la democratización y conquistas sociales coincidentes para amplios sectores de la población.

Por otro lado, es necesario en un análisis actual del concepto de clase, tener en cuenta la nueva fisonomía de la clase obrera, que no es la misma que conoció Marx en el siglo XIX. Hoy la clase trabajadora ligada a los procesos productivos, tiene un perfil tecnológico, ligado a procesos altamente tecnificados o informatizados, muy diferentes al obrero manual de antaño. Esto implica una complejidad mayor en el análisis de las clases.

Clase y conciencia de clase

Marx y Engels comienzan El Manifiesto del Partido Comunista de 1848, con una aseveración hasta hoy indiscutible:

“Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas de clases…La moderna sociedad burguesa que se alza sobre las ruinas de la sociedad feudal no ha abolido los antagonismos de clase. Lo que ha hecho ha sido crear nuevas clases, nuevas condiciones de opresión, nuevas modalidades de lucha, que han venido a sustituir a las antiguas….Sin embargo, nuestra época, la época de la burguesía, se caracteriza por haber simplificado estos antagonismos de clase. Hoy, toda la sociedad tiende a separarse, cada vez más abiertamente, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases antagónicas: la burguesía y el proletariado”. 2

Para el marxismo la función principal de una organización social es la satisfacción de las necesidades primarias del individuo, o sea sus necesidades de alimentación, vivienda y vestimenta. Los Medios por los que el individuo consigue estos bienes, tienen un papel esencial para comprender los fundamentos últimos sobre los que se asienta cualquier sociedad. A estas formas sociales el marxismo las denomina modos de producción.

El modo de producción es un concepto teórico, que nos permite pensar el todo social como una combinación específica de diferentes estructuras y prácticas –económicas, políticas, ideológicas, etc., cuyo objetivo final es lograr la producción y reproducción de la vida material de una sociedad, articulación compleja donde la instancia económica es la determinante en última instancia.

Esta interacción del hombre con el naturaleza en el proceso productivo lo desarrolla Marx, al expresar:

“En la producción, los hombres no actúan solamente sobre la naturaleza, sino que actúan también los unos sobre los otros…Para producir, los hombres contraen determinados vínculos y relaciones, y a través de estos vínculos y relaciones sociales, y sólo a través de ellos, es como se relacionan con la naturaleza y como se efectúa la producción.” 3

Marta Harnecker resume bien esta idea cuando expresa:

“Las clases sociales son grupos sociales antagónicos en que uno se apropia del trabajo del otro a causa del lugar diferente que ocupan en la estructura económica de un modo de producción determinado, lugar que está determinado fundamentalmente por la forma específica en que se relaciona con los medios de producción”. 4

Esta aseveración hecha por Marx y Engels hace 170 años, sigue siendo una realidad en la sociedad capitalista. Lo que sucede es que no siempre los trabajadores tienen conciencia de dicha circunstancia, por eso es necesaria una toma de conciencia de la clase trabajadora.

La conciencia de clase consiste justamente en comprobar por parte del trabajador de la existencia de la alienación económica, política, social y religiosa en la que vive en una sociedad dividida en clases, en este caso de la sociedad capitalista. En esta toma de conciencia de la clase trabajadora, es fundamental el aporte de la filosofía ya que ésta revela las explicaciones que los propios capitalistas dan para justificar como normal la división de clases y la dominación de una sobre otra.

De lo que se trata es de develar el carácter de la propiedad privada y el rol fundamental que tiene el lugar que se ocupa en la producción de bienes materiales. Desde esa perspectiva, la conciencia de clase es requisito indispensable para comprender la esencia de la sociedad capitalista y liberar al trabajador de la explotación del hombre por el hombre.

Conciencia de clase, por tanto es un concepto que define la capacidad de las personas que conforman una clase social de ser conscientes de las relaciones sociales antagónicas que se viven en una sociedad, y que explican la estructura de una sociedad de clases y el actuar de acuerdo a cada una de ellas para beneficio de sus propios intereses.

La dominación de la burguesía sobre el proletariado es un hecho y el poder entender esta situación que proviene del antagonismo fundamental de clases es la conciencia de clase. Su opuesto es la alienación, es decir, la imposibilidad de comprender la explotación capitalista en la propia vida cotidiana.

La alienación según Marx

El concepto de la alienación Marx lo desarrolla en sus Manuscritos Económicos-Filosóficos del año 1844. Marx le otorga un contenido socio-económico al concepto de la alienación, al señalar, que la alienación y deshumanización de la sociedad se debe al trabajo alienado. Marx concibe las relaciones humanas como relaciones alienadas de una sociedad basada en el intercambio, en la cual el trabajo ha sido degradado a un mero medio para la subsistencia.

En este contexto Marx observa, que en la medida en que se multiplica y diversifica la producción social y con ella las necesidades humanas, el trabajo de los productores adquieren cada vez más un carácter de simple medio de subsistencia y pierde su significado originario como actividad vital, en el sentido más amplio de la palabra.5

Marx expresa en relación al trabajo enajenado:

“Así, pues, mediante el trabajo enajenado crea el trabajador la relación de este trabajo con un hombre que está fuera del trabajo y le es extraño. La relación del trabajador con el trabajo engendra la relación de éste con el del capitalista o como quiera llamarse al patrono del trabajo. La propiedad privada es, pues, el producto, el resultado, la consecuencia necesaria del trabajo enajenado, de la relación externa del trabajador con la naturaleza y consigo mismo”. 6

En el análisis de Marx se distingue entre la clase en sí y la clase para sí. En otras palabras, la existencia de una clase como tal (existencia objetiva) y por otro lado, al conjunto de personas que conforman dicha clase, pero conscientes de su posición y situación histórica. Según Marx, al analizar la situación de Gran Bretaña en 1847 señala:

“En principio, las condiciones económicas habían transformado la masa del país en trabajadores. La dominación del capital ha creado en esta masa una situación común, intereses comunes. Así, esta masa viene a ser ya una clase frente al capital, pero todavía no para sí misma. En la lucha, de la cual hemos señalado algunas fases, esta masa se reúne, constituyéndose en clase para sí misma. Los intereses que defienden llegan a ser intereses de clase”. 7

Y continúa Marx:

“Los diferentes individuos sólo forman una clase en cuanto se ven obligados a sostener una lucha común contra otra clase, pues por lo demás ellos mismos se enfrentan unos con otros, hostilmente, en el plano de la competencia. Y de otra parte, la clase se sustantiva, a su vez, frente a los individuos que la forman, de tal modo que éstos se encuentran ya con sus condiciones de vida predestinadas por así decirlo; se encuentran con que la clase les asigna una posición en la vida y, con ello, la trayectoria de su desarrollo personal; se ven absorbidos por ella”. 8

Siguiendo a Marx en esos textos, podemos deducir que la clase para sí, es algo adquirido cuando ya se han dado pasos en la lucha, como acciones mínimamente organizadas y coordinadas por parte de los trabajadores y éstos han llegado a la conclusión de que esa “conciencia” sirve para defender sus intereses de clase.

Es decir, cuando hay un avance de la alienación del individuo a la solidaridad colectiva, y la confrontación pasa de ser con una acción contra un patrón individual, o una acción destructiva de los medios de producción, a ser una acción dirigida a todos los burgueses, a un régimen estructurado, a una clase burguesa poseedora de los medios de producción, por tanto, contra todo el sistema económico en el que se basan todas las relaciones: el sistema capitalista de producción.

La obtención de esta conciencia se consigue través de la experiencia de la lucha, aprehendiendo la experiencia de otros trabajadores, del conjunto de la clase, que nos lleva a comprender que esta experiencia no está limitada solo a los aspectos de la estructura económica, sino también implica al ámbito de lo ideológico, político y jurídico que protege el contenido económico de la vida social, lo que se denomina la superestructura.

Es el mundo de las ideas, creencias, formas que adquiere el poder del Estado, el Gobierno, la justicia, el parlamento, las Fuerzas Armadas y las normas que lo rigen, que no son eternas e inamovibles, sino que obedecen a una determina forma histórica de la estructura económica. La comprensión de la existencia de esa superestructura social y que ésta es concordante con la forma de producción dominante, se adquiere mediante el desarrollo de las organizaciones obreras, los sindicatos y los partidos políticos, el movimiento popular en su conjunto que nos ayudan a romper esa envoltura de aparente inamovilidad, y nos muestran que esa superestructura obedece siempre a los intereses de las clases dominantes.

Por otro lado, las grandes movilizaciones sociales actúan como catalizadores de la propia conciencia de clase, que nos permite pasar de una lucha por reivindicaciones particulares y limitadas, a una lucha política, en que está en juego el poder, por determinar grandes cambios sociales que pueden finalizar en transformaciones revolucionarias. La propia historia de la clase obrera en los distintos países determina la toma de conciencia de la clase trabajadora como clase para sí, capaz de encabezar grandes cambios en la sociedad en su conjunto.

El debate marxista en el siglo XX

A principios del siglo XX ocurrieron grandes discusiones en torno a la idea de la actuación política de una vanguardia consciente sobre el conjunto de la masa de trabajadores. Lenin hace referencia de la importancia de la teoría inserta en la conciencia de la clase obrera, en las luchas por construir un mundo distinto.

“Sin teoría revolucionaria tampoco puede haber movimiento revolucionario. Jamás se insistirá bastante sobre esta idea en unos momentos en que a la prédica de moda del oportunismo se une la afición a las formas más estrechas de la actividad práctica.” Esa teoría revolucionaria tenía que ver directamente con que los trabajadores asumieran una clara conciencia de clase. 9

Por su parte, Antonio Gramsci, en el texto “Necesidad de una preparación ideológica de la masa”, explica la importancia de la conciencia de clase del proletariado y el rol del partido de la clase en cuanto que:

“Los tres frentes de la lucha proletaria se reducen a uno sólo, para el Partido de la clase obrera, que lo es precisamente porque asume y representa todas las exigencias de la lucha general. Ciertamente, no se puede pedir a todo obrero de la masa tener una completa conciencia de toda la compleja función que su clase está resuelta a desarrollar en el proceso de desarrollo de la humanidad, pues eso hay que pedírselo a los miembros del Partido. No se puede proponer, antes de la conquista del Estado, modificar completamente la conciencia de toda la clase obrera; sería utópico, porque la conciencia de la clase como tal se modifica solamente cuando ha sido modificado el modo de vivir de la propia clase, esto es, cuando el proletariado se convierta en clase dominante, tenga a su disposición el aparato de producción y de cambio y el poder estatal. Pero el Partido puede y debe en su conjunto representar esta conciencia superior; de otro modo, aquel no estaría a la cabeza, sino a la cola de las masas, no las guiaría, sino que sería arrastrado. Por ello, el Partido debe asimilar el marxismo y debe asimilarlo en su forma actual, como leninismo”. 10

Para Luis Emilio Recabarren, el elemento distintivo del proletariado es su capacidad de crear organizaciones sociales y políticas, independientes y autónomas, para así lograr mayores progresos, tanto en el orden social como moral. “Para atenuar el hambre y la miseria, dice Recabaren, el proletariado funda sus sociedades y federaciones de Resistencia, sus mancomunales. Para ahuyentar las nubes de la amargura creó sus sociedades de recreo. Para impulsar su progreso moral, su capacidad intelectual, su educación, funda publicaciones, imprime folletos, crea escuelas, realiza conferencias educativas”.

Todo este progreso y capacidad organizativa es resultado del esfuerzo propio de la clase, como así lo será la emancipación y la transformación social, “toda esta acción, recalca, es obra propia del proletariado…” 11

Uno de los mayores aportes a la comprensión del concepto de conciencia de clase lo realiza el filósofo húngaro György Lukács, quien plantea que, por un lado, existe la conciencia empírica y por el otro, la conciencia adscrita.

La conciencia empírica es aquella observable e identificable en la expresión de ideas de los individuos que comparten el mismo lugar dentro de las relaciones de producción. Si recordamos a Marx, la conciencia de clase empírica se correspondería con la clase “en sí”. 12

Por otro lado, la conciencia de clase adscrita sería la coherencia entre el origen de las relaciones de producción en el modo de producción capitalista, el papel que históricamente corresponde a esa clase y la organización política que necesita para la toma del poder que implicaría la desaparición de la propia clase. Es decir, la conciencia de clase adscrita son las condiciones que han de darse para que suceda el cambio revolucionario, lo que Marx llama clase “para sí”.

Lukács sostiene que en el caso de las llamadas clases intermedias –pequeña burguesía y campesinado-, “no se puede hablar propiamente de consciencia de clase cuando se trata de estas clases, y eso en el supuesto de que puedan llamarse tales desde un punto de vista marxista riguroso”.

Son solamente el proletariado y la burguesía las clases fundamentales de la estructura capitalista. En el caso de la burguesía, su consciencia de clase y su interés de clase se encuentran en una clara contradicción, no formal, sino dialéctica.

Esto es así porque la consciencia de clase exige de un conocimiento de la totalidad, mientras que el interés de clase de la burguesía es siempre individual.

Esta contradicción hace que “la historia ideológica de la burguesía no sea sino una lucha puramente desesperada contra la comprensión de la verdadera naturaleza de la sociedad por ella producida, contra la consciencia real de su posición de clase.”

Su situación es significada por Lukács de tragedia, ya que antes de la abolición del feudalismo ya había surgido su nuevo opositor, el proletariado.

Además, mientras que lucha en nombre de la libertad no duda en imponer la opresión, y la individualidad que defiende, que se basa en la producción de mercancías, conduce ni más ni menos que a la cosificación. Según Lukács, “el encubrimiento de la esencia de la sociedad burguesa es una necesidad vital para la burguesía misma”, ya que cuanto más clara está su esencia, más claras están sus contradicciones, y los partidarios de este sistema económico y social deben debatirse entre cerrarse completamente a comprenderlo o reprimir los instintos morales de tal orden económico adecuado a sus intereses y de dudosa moralidad.13

Es interesante también que, mientras que Karl Marx aplicaba un matiz peyorativo a la ideología (“no lo saben, pero lo hacen”), para Lukács esta no es sino la finalidad y el arma del proletariado, puesto que el destino de la revolución pende de esta madurez ideológica por parte de la clase obrera.

¿Cuál es, entonces, el motivo por el que no se da esa madurez ideológica o de consciencia de clase?

Lukács distingue distintos motivos que la obstaculizan.

En primer lugar, la separación entre la lucha económica y la lucha política que ya había denunciado Marx con anterioridad por ser propio de toda lucha económica mutar en política y viceversa.14 El proletariado se encuentra ante un reto mucho más importante que cualquier otra clase protagonista del cambio del modo de producción a lo largo de la Historia: se encuentra ante una transformación consciente de la misma, alejada del ser socialmente dado de la clase. Es una auto superación de la clase, ya que “todas las clases anteriores que conquistaron el poder trataron de asegurar la posición social así adquirida sometiendo a toda la sociedad a las condiciones que les permitieran a ellas la obtención de su ganancia. Los proletarios sólo pueden conquistar las fuerzas productivas sociales a cambio de abolir su propio modo de apropiación anterior y, con ello, cualquier modo de apropiación existente hasta hoy.”15

Por su parte el historiador húngaro István Mészáros, distingue entre conciencia de clase “contingente” y conciencia de clase “necesaria”. 16

En una y otra se reconoce como característica esencial de la clase una posición antagónica con su clase opuesta (las condiciones que Marx explica en el concepto “clase en sí”). La diferencia que propone frente a Lukács es que conciencia de clase “contingente” puede reflejar o no el reconocimiento de este antagonismo.

Esta conciencia de clase “contingente” no es más que la manera en que un conjunto de individuos que pertenecen objetivamente a una clase se reconocen a sí mismos como clase, dadas las relaciones de producción.

Mészáros aclara esta definición cuando expresa que la conciencia de clase contingente es un estado psicológico de tal colectividad respecto de su papel en las relaciones de producción. Es cierto que no existe una gran divergencia entre la definición de Lukács de la conciencia de clase “empírica” y la de Mészáros de conciencia de clase “contingente”, excepto que la división realizada por el segundo permite entender más fácilmente el punto clave de la distinción estipulada inicialmente por Lukács.

Las condiciones que Lukács describió y que deberían darse para que existiera una conciencia de clase “adscrita” son a las que Mészáros alude para hablar de la conciencia de clase “necesaria”.

Uno de los aspectos teóricos en los que Mészáros enriquece el pensamiento marxista más allá de la contribución de Lukács, es el relacionado con el concepto ontológico de clase del que extrae su concepto de “conciencia de clase necesaria”.

Mészáros dice que toda definición de “burguesía” y “proletariado” como tipos puros conlleva a un sentido normativo de deber ser muy separado de la noción dialéctica de estructura de clase concebida por Marx.

Dentro de esta noción, la ‘dimensión ontológica de clase’ lleva consigo todas las variaciones de las condiciones de vida del proletariado, ya que estas se dan en las condiciones estructurales en las que la expansión del capital depende del mantenimiento de la explotación del proletariado, de la que se deriva el proletariado como clase. Por ello, el proletariado es una clase social en el sistema capitalista a pesar de las diferencias a nivel salarial que pueda haber entre los trabajadores e independientemente del nivel de conciencia de clase “contingente” que posean los trabajadores.

Hegemonía, consciencia de clase y medios de comunicación

La sociedad está dividida, según Marx en base y superestructura. Mientras que la primera la componen las relacionas económicas, la segunda, dependiente de la base, está conformada por el sistema jurídico, político y social. Esta interdependencia no es estática, sino dialéctica y recíproca, dado que, por ejemplo, el sistema jurídico puede influir fuertemente en el sistema económico.

Se abre entonces la posibilidad de que aquella superestructura, en la que se pueden enmarcar los medios de comunicación, haga tambalear los cimientos de la base. Por tanto existe siempre el peligro, de que esa superestructura simplemente legitime lo que se encuentra debajo.

Es muy importante, a la hora de intentar comprender qué tipo de importancia pueden tener los medios de comunicación en relación con la conciencia de clase, reconocer la transcendencia del término “hegemonía” propuesto por Antonio Gramsci.

La hegemonía es el resultado de que una clase dominante sea capaz de obligar a una clase social subordinada o minoritaria a que satisfaga sus intereses, además de ejercer un control total en las formas de relación y producción de esta. Este proceso se da de una manera sagaz, creando unas concepciones que la clase subordinada adopta como propias incorporándolas a su repertorio ideológico, lo que se suele llamar sentido común.

Para la consecución de esta hegemonía es imprescindible adueñarse de los agentes culturales, entre los que destacan los medios de comunicación. Teniendo en cuenta que actualmente estos medios pertenecen a grandes empresas y conglomerados que, obviamente, están supeditadas al máximo beneficio, parece muy complicado que la clase subordinada sea capaz de acceder a ellos.

Los medios de comunicación pueden disfrazarse en un supuesto progresismo y objetividad de tintes de izquierda mediante debates televisivos donde suelen salir a relucir términos como transparencia, clase media y crisis, pero casi nunca en ellos se plantearán temas esenciales, aquellos que van a la raíz del problema, como la crisis estructural del capitalismo, los intereses de los grandes empresarios o la lucha de clases.

Esto no es difícil de entender si se tiene en cuenta a qué intereses sirven. No habrá noticias en un periódico o en la Televisión sobre las transacciones preferentes que vendió tal banco si dicho banco tiene parte de la propiedad del medio o si tiene un avisaje publicitario en ese medio. La omisión de información es una constante y una forma de manipulación que queda perfectamente reflejada en cómo son tratadas ciertas informaciones acerca de gobiernos, conflictos o presidentes de países latinoamericanos cuando estos ponen en tela de juicio la propiedad privada.

¿Puede entonces, el proletariado, conquistar la hegemonía mediante los medios de comunicación? En la actualidad se distinguen dos maneras de conseguirlo: una, mediante la incursión en los medios tradicionales y, otra, mediante la creación de medios alternativos.

Sin embargo, la primera opción es la que a primera vista puede parecer más efectiva. Dentro de la incursión en estos medios tradicionales cabe definir el actor imprescindible que Antonio Gramsci definió como intelectual orgánico, cuya función es la crítica de la estructura político-ideológica existente.

Ahondando más en el término, Gramsci entiende que intelectual orgánico es “la masa social que ejerce funciones organizativas en sentido lato, tanto en el campo de la producción como en el de la cultura y en el político-administrativo” 17 Este debe portar la función hegemónica y trabajar en organizaciones culturales y de difusión de información.

En la actualidad, este tipo de intelectuales en los medios de comunicación tradicionales son indispensables para la toma de conciencia por parte de la clase obrera.

Para vencer, hay que convencer. Parece imposible aventurar un cambio de las relaciones económicas y el fin de la explotación del hombre por el hombre si los Aparatos Ideológicos del Estado prosiguen, sin encontrar trabas, con la consecución de la alienación del obrero. Es por ello que cada vez se hace más necesario la incursión de estos intelectuales orgánicos en los medios. Si bien la mayoría de la población vive persiguiendo la quimera del “periodismo objetivo”, los profesionales de este ámbito deben aceptar que, al igual que vivir, hacer periodismo significa tomar partido.

Lucha de clases y “Sociedad Civil”

En este análisis de clases y conciencia de clases en la lucha política, es importante abordar, un tema que en los últimos años ha adquirido una presencia relevante en las discusiones y prácticas políticas, me refiero al concepto de “Sociedad Civil”.

Siguiendo en este tema a Jan Lust, 18 podemos decir que el concepto de la sociedad civil se inserta en un discurso que elimina la clase como el fundamento de la sociedad, como la unidad elemental para el análisis del desarrollo de la sociedad capitalista y como la clave para la transformación profunda de la sociedad.

El discurso de Sociedad Civil elimina, el concepto de clase y sus contradicciones, por ello es capaz de concentrar el análisis de la desigualdad y la pobreza, desde sus apariencias pero sin llegar a sus causas. Como consecuencia, erradica la posibilidad de definir las relaciones de poder como los conflictos de clases.

El concepto de sociedad civil desde esta perspectiva es ambiguo, ya que pueden ser adecuados para la superación del capitalismo como para su reproducción.

La lucha por la democratización política, podría en algunas circunstancias conducir a procesos de democratización económica.

Sin embargo, la democratización política reflejada en la creciente participación de la sociedad civil en los procesos de toma de decisiones políticas también podría legitimar a la sociedad capitalista. 19

El concepto de la sociedad civil es importante para la lucha contra el capital, ya que podría ayudar a reunir una amplia gama de movimientos sociales detrás de la consigna de la democratización de la sociedad capitalista. Pero para transformar esta lucha en un disputa por la transformación social parece ser muy difícil debido a los intereses de clase contradictorios dentro y entre los movimientos sociales. Como afirma James Petras, “la política de identidad en el sentido de la conciencia de una forma particular de opresión por un grupo inmediato puede ser un punto de partida adecuado.

Este entendimiento, sin embargo, se convertirá en una ‘prisión de identidad’  raza o género) aislada de otros grupos sociales explotados a menos que trasciendan los puntos inmediatos de opresión y se enfrenta al sistema social en el que está inmersa”.20

El peligro subsumido en el concepto de sociedad civil, es que aunque, pueda parecer que propone la democratización de la sociedad, a través de conceptos relacionados al pluralismo de identidades como género, infancia, jóvenes, migrantes, indígenas, de hecho, ayuda a mantener la esencia de la organización no-democrática de la sociedad, es decir, su estructura de clases, al no cuestionar, la esencia de clases de la sociedad.

Una verdadera democratización de la sociedad debería implicar su democratización económica, efectiva, que sólo puede tener lugar si esto significaría una transformación social de la sociedad. Es claro que si el desarrollo se entiende como una prosperidad constante y estructural de las condiciones sociales de una parte cada vez mayor de la población debería conllevar una ruptura con la mercantilización de las necesidades sociales básicas de la población, como el agua, la salud y la educación. Si también apunta a un aumento cualitativo de la participación de la población en la toma de decisiones políticas y económicas, debe significar finalmente dar al pueblo la propiedad, el control y la gestión de los medios de producción.

El Estado puede ir avanzando en la democratización de la sociedad, con la fuerza de la clase trabajadora organizada, y de la sociedad civil, entendida como una suma de fuerzas del pueblo, que reconocen y participan junto a los trabajadores, en esa democratización social. Como expresa Lenin, “si el Estado es un producto del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase, si es una fuerza que está por encima de la sociedad y que ‘se divorcia más y más de la sociedad’, resulta claro que la liberación de la clase oprimida es imposible, no solo sin una revolución violenta, sino también sin la destrucción del aparato del poder estatal que ha sido creado por la clase dominante y en el que toma cuerpo aquel ‘divorcio’.” 21

Tal y como plantea Lenin en “Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo”, “el materialismo histórico de Marx es una enorme conquista del pensamiento científico. Al caos y la arbitrariedad que imperan hasta entonces en los puntos de vista sobre historia y política, sucedió una teoría científica asombrosamente completa y armónica, que muestra cómo, en virtud del desarrollo de las fuerzas productivas, de un sistema de vida social surge otro más elevado; cómo del feudalismo, por ejemplo, nace el capitalismo. … El genio de Marx consiste en haber sido el primero en deducir de ello la conclusión que enseña la historia del mundo y en aplicar consecuentemente esas lecciones. La conclusión a que llegó es la doctrina de la lucha de clases”.22

Uno de los grandes problemas para comprender a cabalidad la coyuntura política actual, -y en realidad cualquier análisis político contingente– es que sus actores principales, los partidos políticos y sus líderes, los movimientos sociales, no logran conjugar las explicaciones, causas y consecuencias de un determinado acontecer político o electoral, con una comprensión previa y la aplicación de una conceptualización del significado de clase y conciencia de clase en la lucha política.

Sin esa comprensión de las categorías de clase, conciencia de clase y lucha de clase, no es posible vislumbrar la importancia fundamental que tiene la construcción de una correcta política de alianzas entre fuerzas diversas, pero que logran acordar vincular sus esfuerzos y sus luchas por conseguir un objetivo común.

Por lo general toda alianza política, implica una alianza de clases o sectores de clase diversos, entre el proletariado y la pequeña burguesía o incluso una burguesía no monopólica más liberal.

Uno de los principales obstáculos con los que ha chocado la izquierda ha sido confundir táctica y estrategia. Formular una estrategia significa fijar y explicitar un objetivo fundamental de largo alcance, que requiere para su concreción de un conjunto de pasos o camino. Dichos pasos integran las tácticas para conquistar el gran objetivo.

Pero cuando la inmadurez política favorece la confusión, se termina estableciendo la ‘táctica’ como aquello que es su objetivo final o estrategia, aquello que Lenin analizó en su texto “El izquierdismo, enfermedad infantil en el comunismo”, en que plantea la necesidad, de no caer en un doctrinarismo sectario cuando lo esencial (como táctica) pasa por la construcción de alianzas sociales y políticas posibles para avanzar hacia el objetivo estratégico, que para Lenin era la construcción de una sociedad sin clases. 23

(*) Ronald Wilson; Comisión Nacional de Profesionales Partido Comunista de Chile
Santiago, Enero de 2018.

Notas:

1 Carta de Marx a Weydemeyer del 5 de marzo de 1852 en MARX, Karl y ENGELS, Friedrich; Correspondencia; pág. 56. Editorial Progreso, Moscú, 1972

2 Mar – Engels, El Manifiesto del Partido Comunista. Marx-Engels Internet Archive. 1998. https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm

3 Marx, Karl; Trabajo asalariado y capital; pág. 35. Editorial Progreso, Moscú. 1969

4 Harnecker, Marta; Los conceptos elementales del materialismo histórico; pág. 168. Ed. Siglo XXI.

5 Franz J. T. Lee, El Concepto de la Alienación en la Filosofía de Karl Marx. https://www.aporrea.org/ideologia/a34390.html

6 Marx, Karl, Manuscritos Económico Filosóficos 1844. https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/manuscritos/man1.htm

7 Marx, Karl; Miseria de la Filosofía, pág. 257. Editorial Edaf,2004, España.

8 Marx, Karl, Op. Cit.

9 Lenin. “Que Hacer”. 1902. https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1900s/quehacer/qh1.htm

10 Gramsci, Antonio, Necesidad de una preparación ideológica de la masa. Marxists Internet Archive, 2000. https://www.marxists.org/espanol/gramsci/mayo1925.htm

11 Wilson, Ronald, Recabarren en el Bicentenario: Ricos y Pobres, un siglo después 1910 – 2010.

12 Lukács, György, Historia y consciencia de clase. Ed Grijalbo. 1969, pág. 66

13 Lukács, György, Historia y consciencia de clase. Ed Grijalbo. 1969, pág. 66

14 Lukács, György. Historia y conciencia de clase. 1969. Ed Grijalbo. Pág 77

15 Marx, Karl, Engels, Friedrich. El Manifiesto Comunista. 2004. AKAL. Pág 6

16 Mészáros, István. 1973. “Conciencia de clase contingente y necesaria”. Aspectos de la historia y la conciencia de clase. Mészáros, István (Ed.). México: UNAM-Serie Estudios 32, 113-166.

17 Gramsci, Antonio. Cuadernos, V. Pág 412

18 Jan Lust, Economista holandés, estudió Economía en la Facultad de Ciencias Políticas y Socioculturales de la Universidad de Ámsterdam, radicado en Perú desde 1999.

19 Lust, Jan. “Una crítica clasista al concepto y discurso de la sociedad civil”, 2014. https://marxismocritico.com/2014/05/21/una-critica-clasista-al-concepto-y-discurso-de-la-sociedad-civil/

20 Petas, James. “A Marxist critique of Post-Marxism”,1997. http://www.rebelion.org/hemeroteca/petras/english/critique170102.htm

21 Lenin, “El estado y la revolución” Obras Escogidas en tres tomos, 2, Moscú, Progreso, pp. 291-389. 1966.

22 Lenin, Tres Fuentes y Tres Partes Integrantes del Marxismo”, http://www.izquierda.info/noticias/marxismo/LeninTresFuentesyPartes.pdf

23 Lenin, “El Izquierdismo enfermedad infantil en el comunismo”. Obras completas, tomo 33. pág. 202. Ed. Cartago. Bs. As. 1969.

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