Unidos Gana Chile, Unidos Somos Más

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por Ronald Wilson (*) .

La elección presidencial colocó al país en un escenario nuevo, no advertido en los últimos años desde el regreso a la Democracia. Con el fin de binominal, quedó en evidencia la irrupción al mundo de la institucionalidad política, de nuevas fuerzas emergentes que abrieron  fronteras  hasta ayer inamovibles.


En estas circunstancias el Frente Amplio logró posesionarse como una fuerza política viva, capaz de disputar el paso a una segunda vuelta presidencial y a la vez instalarse con una presencia parlamentaria más que importante.

Por su parte  los partidos de la  Fuerza de Mayoría que apoyan a Alejandro Guillier alcanzaron  una votación suficiente para disputar el sillón presidencial a una derecha claramente disminuida, que pretendía tener un piso mínimo de 40% de votación y que algunos con exceso de entusiasmo creían poder ganar sin balotaje.

Por otro lado, la fuerza más castigada fue la Democracia Cristiana, que en su afán de perfilarse como fuerza distintiva, pierde gran parte de su caudal electoral y parte importante de su representación parlamentaria.

En esta compleja realidad, la segunda vuelta electoral de Diciembre entraña una opción  trascendente, que pasa por consolidar las transformaciones logradas en el Gobierno de Michelle Bachelet. Esta es la elección más trascendente desde el regreso a la democracia,  donde el país decide entre evolucionar con las grandes reformas sociales o retroceder a la consolidación de un neoliberalismo extremo.

Tratar de buscar otras interpretaciones al resultado electoral, es auto engañarse. Desde la vertiente de la centroizquierda, las alternativas se han decantado a favor de Guillier.

La DC después de la ominosa derrota de sus sectores más derechistas, resolvió sin dilación sumarse a la candidatura progresista; lo mismo hicieron Marco Enriquez Ominami, y Navarro.

Lo propio han realizado importantes colectivos sociales, culturales y ciudadanos junto a relevantes personalidades de la educación, la ciencia y la cultura.

La indeterminación estuvo en el Frente Amplio, que temían que un apoyo explícito a Guillier los desperfilaría como conglomerado exitoso y potente electoralmente.

No fue fácil comprender las primeras declaraciones de Revolución Democrática  y del Frente Amplio.

Fue complicado discernir la ambigüedad del FA  y su temor a definir una posición clara. En la historia de los pueblos hay momentos que son determinantes y este es uno de ellos. Votar por Guillier con todos los reparos y dudas, es en estas circunstancias un imperativo categórico si queremos impedir el triunfo de una derecha revanchista.

El recorrido posterior se construirá en la práctica, en la capacidad de generar acuerdos.

Ha quedado más que claro, que  votar por Guillier no significa necesariamente entrar a formar parte del Gobierno, como es la aprensión manifestada por algunos líderes del  FA,  lo que se explora es solo permitir instalar un Gobierno que se comprometa intensificar en los cambios y reformas.

En ese camino se podrá concordar o criticar, apoyar, mejorar o rechazar muchas de las propuestas encabezadas por Guillier.  Lo importante es dar gobernabilidad democrática al país con un sentido de responsabilidad.

El Frente Amplio en este sentido  no puede exigir que, para votar por Guillier deban estar totalmente de acuerdo con todo su programa, eso es irreal. Lo que hoy se requiere es justamente  un apoyo crítico, no genuflexiones de un lado u otro.

Por eso son tan importantes los pronunciamientos de Beatriz Sánchez expresando claramente que votará por Guillier o las declaraciones del Alcalde Jorge Sharp, quien desde la experiencia de gobernar y la necesidad imperiosa de construir mayorías ha tenido una postura proactiva de unidad.

Pero aún se mantienen algunas opiniones refractarias al interior del FA, en torno a exigir explicitaciones más nítidas a Alejandro Guillier, como si el nudo gordiano, estuviera en cada uno de los contenidos específicos del programa o compromisos de Guillier, y no en la idea amplia de un proyecto político  progresista, que permita seguir construyendo alianzas transformadoras de largo plazo.

Por lo demás esos puntos fundamentales han sido lo suficientemente explicitados por Guillier.

Entre otros, la necesidad de una Nueva Constitución definiendo un mecanismo mediante plebiscito y no entre cuatro paredes; poner fin al  CAE, eximiendo de pago al 40% de menor ingreso, unificándolo con deudores de Fondo Solidario y creando un crédito transitorio, gratuidad total en CFT e IP.

Uno de los temas que aparecen como más álgidos y sobre el cual se siguen haciendo especulaciones en base a consignas más que a contenidos, se refiere a la propuesta de poner fin  al monopolio y modelo único de las AFP mediante la creación del Consejo de Ahorro Colectivo al que las y los cotizantes podrán  optar voluntariamente, que integra capitalización individual y reparto.  En este sentido no es posible encerrarse en una consigna como No más AFP, para impedir avanzar en una real modificación del sistema de pensiones.

Otro de los temas más discutidos como exigencias programáticas tiene que ver con la salud.  La candidatura de Guillier ha propuesto crear un fondo único nacional de salud, que garantice a todas y a todos,  salud primaria digna y oportuna, como merece nuestro pueblo.

Ninguna de estas reformas se puede obtener  sin la diversidad del mundo del progresismo y de la izquierda, que hoy tiene una nueva representación en el Parlamento. Es hora de traspasar el inmovilismo, de derrotar a la derecha y su cultura individualista, y sentar las bases para una lucha decidida contra la barbarie que ha significado el totalitarismo de mercado y el neoliberalismo.

La mayoría en la Cámara y en el Senado solo se logrará con una convergencia política entre la Fuerza de Mayoría, la DC y el Frente Amplio. Esa es la situación que obligará a tener la disposición y generosidad para generar acuerdos para legislar.

Según los resultados de la elección parlamentaria, de los 155 diputados, la Derecha tiene 72 diputados, que pueden ser 76 si eventualmente se le suman los cuatro diputados de la Federación Regionalista Verde Social. La Fuerza de Mayoría tiene 43 diputados, el Frente Amplio 20, el PRO 1, la Democracia Cristiana 14, y un independiente.

En este escenario las fuerzas progresistas o de centro-izquierda, pueden sumar  83 votos o 79 si se le resta al partido de Mulet (FREVS).  En el caso del Senado la mayoría es igualmente estrecha, Chile Vamos tiene 19 senadores, la Fuerza de Mayoría 15, la DC 6, el FA 1, más un independiente, y  Navarro, del PAIS.

En ese cuadro, la derecha tiene 19 senadores y la  centro-izquierda alcanza 24 senadores.

La gran enseñanza de esta elección y de la definición que se viene el próximo 17 de diciembre, es que debemos explorar nuevas formas creativas y no sectarias de gobernar construyendo mayorías.

La unidad en la diversidad y en la libertad política, es el único camino posible para seguir avanzando en las grandes transformaciones.

Por eso no demos espacio a la desesperanza y al derrotismo.

(*) Profesor de Historia. Miembro de la Comisión Nacional de Profesionales, Partido Comunista

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