La Recuperación de la Utopía como Condición para la Victoria de Alejandro Guillier

0
200

por René Oreste Leal Hurtado (*)

A pesar de que la abstención ha llegado a ser un problema crónico de la democracia chilena (49,1% en esta elección), la novedad de la irrupción del Frente Amplio (FA) como tercera fuerza en la política en Chile, que borró la línea divisoria del sistema bipartito, fue el hecho político incuestionable de la primera vuelta, el 19 de noviembre.


Se debe decir también que este ejercicio democrático, una vez más, ha demostrado y ratificado que las elecciones son una forma de movilización y de lucha de masas necesaria
–no única– en un Estado moderno de clases.

En ella, se ha pronunciado el 46,4% de aquellos inscritos para votar. Se podría decir que la mayoría de aquellos que concurrieron a votar, lo hicieron contra la derecha, pero desde posiciones diversas, disimiles y en oposición entre algunas de ellas. Son 6 candidaturas que ‘sumadas’ llegan al 55.5%. Sin embargo, cada una de ellas no se puede ‘sumar’ automáticamente en una segunda vuelta al candidato que arribó segundo, Alejandro Guillier, sino sólo las que así lo han anunciado con posterioridad a la elección, la DC y el PRO.

De todas maneras, ese 55,5% tiene el valor de pronunciarse contra las políticas neoliberales. Ahora, como se podrían articular esas fuerzas, es otro asunto. Por cierto, estos hechos electorales también revelan las ansias de la gente por mejorar sus condiciones de vida y a la vez, su rechazo a las políticas y la cultura conservadora de la derecha, que también se reflejan en Piñera y Kast, así como también las de ese mismo corte que se apreciaron en la Concertación en el pasado, que siguieron una senda similar a las de la derecha liberal.

Ese legado de la Concertación, se transmitió, en alguna medida, a la Nueva Mayoría (NM), la cual, a pesar de la propuesta estructural de reformas que el gobierno de la Presidenta Bachelet quiso llevar adelante, no consiguió un respaldo incondicional de todo el bloque oficialista. Es decir, dicha estrategia fue diezmada no sólo por la derecha en el Parlamento y en el Tribunal Constitucional, sino también por la hegemonía de clases ejercida por los sectores neoliberales de la Concertación, algunos de los cuales, aún resisten en su interior.

Estos, se han impuesto y opuesto, hasta esta reciente elección, a los esfuerzos de los sectores de izquierda contra-hegemónicos de la coalición, que pretendían impulsar las reformas en toda su magnitud y profundidad. Sin embargo, ocurrió lo de la ‘Cocina de Zaldivar’ en la reforma tributaria; las cortapisas a la reforma de la educación, por acción de la derecha y/o la inhibición de la NM; y con la ley laboral, que fue desdibujada respecto de su diseño original.

Estas se ubican entre las más importantes reformas las cuales no recorrieron todo el camino que se esperaba. Volveremos a esto más adelante.

La Utopía, Concepto Irrenunciable de la Lucha de Clases

Debemos poner atención en el hecho de que el FA haya obtenido casi un empate técnico con la NM y representado un sentir muy potente en la gente que votó por Beatriz Sanchez, al relevar las demandas más sentidas no sólo en la elección, sino también en los años recientes.

Se podría decir, sin embargo, que los programas del FA y de la NM, no son tan distintos y coinciden más o menos en sus reivindicaciones principales, fundamentalmente en los ámbitos tributarios, laborales, de pensiones, de educación, de salud, culturales e institucionales, éste último, sobre todo, referido a una nueva Constitución.

Esos ámbitos estarían entre los centrales a considerar. Si bien estas alianzas no se plantean de igual forma respecto a cada uno de ellos, aparecen como probables puntos de convergencia.

¿Cuál es entonces la diferencia que subyace entre la forma en que el FA plantea y destaca estas demandas, y la manera como las enfrenta la NM?

Para responder esta pregunta, debemos volver a lo que ha ocurrido con la Concertación y con la NM, a lo que me referí en un párrafo previo.

La cuestión, pareciera ser, es que la NM no pudo ser tan explícita y decidida en esto, debido a que la Concertación ha arrastrado sus cadenas por casi 25 años, en su deambular y vigilia por la marcha de las políticas neoliberales. Eso habría anulado a la utopía en ese sector, y de ello pagaron las consecuencias sectores progresistas de la NM hoy.

Contrario a ello, la irrupción del movimiento social el 2006 y luego el 2011, fue capitalizado y liderado en el proceso político posterior por el FA, quien habría recuperado esa utopía levantando las banderas que antes la izquierda tradicional, en particular los comunistas, levantaron y siguen haciéndolo. Banderas trascendentales por su carácter de clase.

Por lo tanto, la cuestión de la utopía es central debido a que, como señalaba Galeano, nos muestra un horizonte, qué, aunque lejano, nos atrae hacia él, a ‘hacer camino al andar’, y, en consecuencia, brinda sentido a las vidas y expectativas de la gente. Provoca, en otras palabras, un salto en la conciencia de las personas, una ruptura epistemológica.

Abrazando una utopía, el mundo se aprecia distinto que sin ella ¡¡Hay por fin algo por que luchar!! Entonces, en razón de ello, podría esgrimirse que la política se ‘izquierdizó’ al salir la utopía a la palestra, que incluso llegó a romper el binominalismo en el ejercicio del poder.

Pero esto no es fatal ni irreparable para la NM, que debe hacer su autocrítica al respecto, ya que ‘el violín no puede sonar sin su alma’ (un nombre muy bien puesto a aquella pieza clave de tan bello instrumento).  Se puede observar que el recambio de cuadros dirigentes en la NM es un buen augurio en la recuperación de la utopía.

Pero, sobre todo, tal recuperación se lograría si tan sólo se pone énfasis en profundizar el legado del segundo gobierno de Michelle Bachelet, de las reformas estructurales que propició, vigas maestras de esa utopía, y que fueron debilitadas por la derecha y sus enclaves en la NM, que reemplazaron los ideales que inspiraban a esas reformas por una exacerbada racionalidad instrumental y, en consecuencia, por un apego ciego al poder por el poder.

La tarea es recuperar ese ideal, esa utopía, esa mística que se necesita para avanzar y ganar, que se refleja en lo ocurrido con el FA. En virtud de ese afán de recuperación, no debemos minimizar qué, a pesar de esa pérdida temporal, fue la NM la que obtuvo el segundo lugar, resultado que permite el paso al balotaje, pero que a todas luces aparece como insuficiente, pues muchos de los votos que se esperaban y no llegaron, se habrían ido a Beatriz Sánchez.
Tres caminos

Debemos insistir entonces en que la segunda mayoría, el 22, 6% de Alejandro Guillier (cuya alianza, la NM, consiguió el 24% de los votos). se debe valorar como tal, así como reconocer la tercera mayoría lograda por Beatriz Sanchez con un 20, 3 % en la elección presidencial, que mostró esa potente voz de la ciudadanía por cambios en la sociedad chilena (El Frente Amplio como tal, obtuvo el 16%).

Se trata entonces de recuperar la utopía y reproducirla con todos los que aspiran a un cambio social en Chile. Ciertamente, aquellos que apoyaron a Guillier y quieren una Asamblea Constituyente y una nueva Constitución, se pronuncian también por ‘no más AFP’; por gratuidad progresiva en todos los niveles de la educación, de al menos un 70% al próximo año; de avanzar al ‘fin del CAE’; los que abrazan una política intercultural hacia los pueblos originarios y los migrantes y el reconocimiento de esos pueblos.

Por cierto, la gente apoyaría un sueldo mínimo de 300 mil pesos; una ley de aguas protegida por el Estado; un sistema de salud digno, estatal y gratuito: y equidad de género en el trabajo, entre otras muchas demandas.

Esas son las reivindicaciones centrales con las que Alejandro Guillier debiera no sólo coincidir, sino proclamar a los cuatro vientos, en consonancia con el voto popular manifestado previamente y posibilitando su triunfo en la segunda vuelta.

Para lograr esto, se pueden tomar, al menos, tres caminos:

El primero, el más nítido y explicito, sería la formación de una nueva y única coalición por cambios sociales progresistas, que acoja los puntos de encuentro señalados como la base para un acuerdo programático de todos los que quieren llevar adelante lo que el pueblo ha demandado. Eso podría conducir al triunfo de Alejandro Guillier y a un gobierno con una fuerte y amplia base social, de perfil anti neoliberal.

El segundo camino sería uno en el cual, si bien el FA no entraría a conformar una alianza de ese tipo, mantendría una independencia política respecto a una coalición y un gobierno que eventualmente podría integrar demandas que ellos marcadamente difundieron. En otras palabras, aun logrando un acuerdo con esas demandas, el FA preferiría optar por conformar una oposición activa y crítica.

Se reestablecería entonces la configuración de los tres tercios en Chile. Sin embargo, a la vez, el FA sería contrario a la posibilidad de que Piñera gane la elección, bajo el argumento de que eso significaría un gran retroceso, como ya fue planteado por Beatriz Sanchez y otros dirigentes del frente.

En este escenario, de ser Guillier capaz de posicionar esas demandas que encarnan a la utopía en la campaña, aún con la ausencia del FA como aliado, pero con muchos de sus seguidores apoyándolo – se abre una posibilidad cierta para llegar a La Moneda.

Un tercer camino, sería el de ausencia de acuerdo y voluntad para considerar esas demandas como elementos de consenso, desde distintos sectores, especialmente desde la NM y la DC. Se volvería a imponer aquí el sector neoliberal de la NM y el abandono de la utopía como su principal consecuencia. Lo más probable es que esto derivaría en la victoria de Piñera, y que todos los sectores distintos a la derecha, se constituirían en opositores del futuro gobierno neoliberal.

Sin embargo, desde una perspectiva de clases y anti neoliberal, que se enfoque en dejar atrás a los sectores hasta hoy hegemónicos del capital, es claro que lo que más beneficiaría a la gran mayoría de los trabajadores y trabajadoras sería uno de los dos primeros caminos, en particular el primero.

El tercero no sólo es un retroceso, sino un error histórico garrafal, que no sólo revelaría una falta de sintonía con lo que la gente ha expresado, sino que debilitaría a la Nueva Mayoría al punto de llevarla, eventualmente, a una condición terminal.

En virtud de lo anterior, y contrario a la que plantea Carlos Peña, ésta contienda electoral sí tiene un carácter histórico, pues, de ganar Alejandro Guillier, sus resultados significarían un cambio substancial en el escenario político, en la correlación de fuerzas, y en consecuencia, traerían consigo, un abierto desafío al neoliberalismo y posibilidades de su superación, lo que sin duda impactaría en Chile, en América Latina y en el mundo

¡A recuperar entonces la esperanza, que por cierto, reside en la utopía!

(*) Philosophy Doctor, en Sociología de la University of Wollongong, New South Wales, Australia.

DEJA UNA RESPUESTA