El Partido Comunista en la Mira

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Este 4 de junio, el Partido Comunista de Chile cumplirá 105 años de existencia. Actualmente es la colectividad política más grande del país, de acuerdo al registro oficial del Servicio Electoral (Servel). Decenas de miles de personas firmaron para afiliarse a la colectividad de la hoz y el martillo.

En una coyuntura de extendidos casos de corrupción política, en los archivos de Fiscalías, el Servicio de Impuestos Internos, Tribunales de justicia, entre otras entidades, el PC no figura en ningún caso de procesamientos o condenas por delitos financieros, tributarios o electorales. Es una de las pocas colectividades que no está embarrada en los bochornosos casos de malas prácticas en el vínculo política/dinero.

Es un partido que no tiene en sus filas a nadie comprometido en casos de violaciones a los derechos humanos o participación en una dictadura genocida.

De acuerdo a los documentos conocidos y reportes de prensa, militantes comunistas en el Gobierno, el Parlamento, alcaldías y en dirigencias de organizaciones sindicales, estudiantiles, de derechos humanos, etc., impulsaron la gratuidad y fin del lucro en las universidades, cambios en la legislación laboral, nuevo sistema de medición de la realidad socio/económica de la población y nueva institucionalidad para la infancia; promovieron la ampliación de verdad y justicia en casos de ejecutados políticos y detenidos desaparecidos, impulsaron la creación del ministerio de la Mujer y la Equidad de Género y la ley de cuotas en los partidos y candidaturas al Congreso; plantearon la necesidad de avanzar en descentralización y elección democrática de Intendentes y reivindicaron que recursos como el litio, el agua y el cobre estén en manos del sector público; fueron impulsores del fin del sistema electoral binominal por uno proporcional que hoy beneficia incluso a sus adversarios; continuaron su postura establecida hace al menos tres décadas de alentar el cambio del sistema privado de pensiones.

En la revisión de sus documentos internos, publicados de acuerdo a la ley de partidos en su Portal y por los registros en el Servel, los comunistas tienen establecidas prácticas internas democráticas, participativas y electivas, y es de las poquísimas organizaciones políticas que puede comprobar un funcionamiento cotidiano de instancias colectivas como las células, los comunales y los regionales.

En este cuadro, como le ha ocurrido al PC en sus más de cien años de existencia -pasando por periodos históricos contemporáneos más complejos de Chile y debiendo asumir posicionamientos en difíciles circunstancias para el país- los comunistas reciben críticas y cuestionamientos a su línea política y decisiones tácticas, de parte de sectores conservadores y también de segmentos del campo del progresismo y la izquierda.

Es presumible sostener que, más allá de análisis apasionados o desapasionados, puede estar naturalizada una divergencia de segmentos de izquierda con las políticas comunistas; siempre ha ocurrido, incluso en la mirada a situaciones en el campo internacional y regional.

Disparar al PC

En el último tiempo, como lo evidencia la revisión de la prensa y otros espacios de información y análisis, el asunto no se situó en el campo de la disputa política o de los objetivos, sino en desacreditar y deslegitimar al PC.

Partidos de la derecha, voceros conservadores y medios privados/empresariales se impusieron la intención de golpear precisamente donde el PC muestra mayor solidez: su condición de partido mayoritario de la sociedad chilena, su austeridad, su honestidad, su expediente en blanco respecto a corrupción e irregularidades. Todo lo anterior de acuerdo a informes objetivos.

El paréntesis que se pudiera hacer, es que llama la atención que el sector político/ideológico que tiene en la mirilla a los comunistas, es el que tiene un atiborrado archivo de casos de corrupción y delitos cometidos en la escandalosa vinculación de dinero y política; muchos de sus personeros están o estuvieron sometidos a procesos por violaciones a los derechos humanos y casos de represión, y ocuparon cargos importantes en el régimen militar que encabezó el dictador Augusto Pinochet; varios parlamentarios y ex ministros de la derecha están acusados de cohecho y otros cargos, porque hubo trasvasije de dinero al momento que se votaba una ley; hay ex parlamentarios, dirigentes de las colectividades conservadoras y empresarios de militancia en la derecha, indagados, procesados y condenados por delitos financieros, tributarios, electorales.

El deplorable prontuario de procesos judiciales y condenas legales de decenas de dirigentes, parlamentarios, ex ministros y empresarios de la derecha política del país, no es una especulación, suposición o especulación; es un hecho de la causa y un dato comprobable por diversidad de vías, la inmensa mayoría de público acceso.

Paradójicamente, desde ahí se dispara al PC.

Sin obviar, en cualquier análisis serio, que desde la derecha -en alianza con militares y carabineros- se disparó no solo políticamente, sino con proyectiles, a los comunistas, buscando su exterminio físico y desaparición del mapa político, como consta en cientos de procesos judiciales, documentación legal y periodística histórica y en archivos desclasificados en países como Estados Unidos, Paraguay y Argentina.

El caso de los inmuebles

En lo puntual/actual -porque es previsible que se vengan otros episodios de ese corte- se busca instalar la tesis de que el PC anda en malos pasos y en negocios turbios a raíz de que vendió unos inmuebles.

Cualquier lectura seria de los antecedentes puestos sobre la mesa apuntan a dos líneas:  que el trámite fue hecho de acuerdo a la legalidad vigente, en respuesta a las nuevas condiciones establecidas por la ley de partidos políticos, en una línea que no involucra acción financiera especulativa ni compromete consorcios privados; que lo sostenido en las vocerías de la derecha se sitúa, explícitamente, en el ámbito de los supuestos, la especulación y la petición de que se investigue si hay algo irregular, no que lo haya.

El PC no guardó silencio, entregó todos los antecedentes del caso y emitió un comunicado público. Parecería al borde de cierta raya lógica o natural que una organización de su calibre, con cien años de existencia, no tenga o no pueda tener bienes inmuebles, y que no pueda arrendarlos o venderlos, más cuando todas esas adquisiciones están debidamente acreditadas.

Es más, muchos de ellos fueron robados por militares y unos pocos privados y los comunistas tuvieron que realizar esmerados esfuerzos por recuperar lo que era propio de ese colectivo, lo que incluyó la defensa férrea de un local emblemático en calle San Pablo de la capital, acción en la que estuvo al frente de un numeroso grupo de militantes, Gladys Marín.

Actualmente el PC desarrolla la Campaña de Finanzas “Víctor Díaz”, un método histórico de esa colectividad para hacerse de recursos. Muchos de sus militantes donaron o entregaron sus bienes al partido. Sus parlamentarios, ministros, alcaldes, y otras autoridades, traspasan un porcentaje de sus sueldos a la organización. Miles de militantes cotizan cada mes. Son sus formas de captar recursos que tiene esta organización.

Otra cosa es que con vocerías puntuales, frases mediáticas bien instaladas en los medios tradicionales, y en una mezcla de ingenuidad e intencionalidad de algunas personas, se establezcan percepciones o imaginarios donde se repita, sin argumentos detrás, que el PC tiene malas prácticas.

Eso tiene que ver con lo que ahora se llama posverdad y antes se llamaba manipulación: instalar una irrealidad como realidad. La frase común/repetida sobre la información veraz/comprobable.

En medio de eso, se quiso ligar el caso de los inmuebles a lo ocurrido en la Universidad Arcis, usado también para pretender desacreditar al PC. Antes, se afirmó desde la derecha, que el presidente de la organización comunista había hecho uso de una ficha de protección social. Se dijo que las diputadas comunistas tenían autos propios de lujo.

En lo de Arcis hubo una investigación judicial, funcionaron dos comisiones legislativas (dirigidas e integradas, entre otros, por personeros de la derecha), hubo indagaciones periodísticas y de grupos de estudio de la derecha; el resultado es que no se pudo acreditar delito o irregularidad alguna del PC o alguno de sus militantes.

Ése es el hecho objetivo.

Un ministerio y unidades investigadoras se metieron en la denuncia de un personero de la derecha respecto a una supuesta ficha social de uso del timonel del PC.

El resultado fue que ello no estaba acreditado, y se sostuvo que todo lo dicho era falso. También resultó de falsedad absoluta lo de la propiedad de vehículos de lujo en manos de las parlamentarias del PC.

Ningún medio de prensa que informó de “esas denuncias” de manera amplia, después usó el mismo formato para reportar la verdad de los episodios y ninguno de los denunciantes tomó la palabra para retractarse.

El otro ataque

Una mirada a lo que acontece en torno del PC, muestra asimismo que a las pretensiones o intentos de hacerlo aparecer en episodios engorrosos que resultan no ser tales, se suman descalificaciones, hostilidades, caricaturas, afirmaciones, de parte de personas o grupos del campo conservador o de izquierda, que a partir de diferencias políticas y tácticas, sitúan el debate en un ámbito moral, ético.

Algunos acusan de “traición” o de “inconsecuencia” a los comunistas por las posturas que mantienen hoy. En entrevistas, artículos y columnas se suele descalificar los principios de los comunistas a partir de no compartir su política. Y se pretende poner en un lado a los que son consecuentes y en otro a los inconsecuentes, categorizando a partir de las tesis políticas que se tienen.

Es obvio que desde muchos sectores no se pueda compartir, por variedad de razones, la línea política y la táctica de los comunistas. Ello puede situarse en el espacio del debate y la confrontación política e ideológica. Pero la evidencia muestra que algunos llevan aquello al terreno de subirse a un pedestal para encender un ventilador y comenzar a arrojar descalificaciones morales, éticas y valóricas al PC.

Como en la teoría de conjunto, desde dos frentes se genera un espacio oscuro común, donde lo que se pretende, en definitiva, es el cuestionamiento a la consecuencia y la ética del Partido Comunista y sus militantes. Cualquier analista podría deducir que eso es tener en la mirilla a un partido político.

Es contrastante revisando los episodios políticos de la historia. Por ejemplo, al PC se le tachó desde segmentos de izquierda como “reformista” durante el gobierno de Salvador Allende. El mismo partido que luego creó una de las principales organizaciones de resistencia político-militar a una dictadura genocida, integrada por miles de sus militantes.

Persistencia de gravitación

Nadie podría esperar que la derecha no ataque al PC. Es obvio que las fuerzas conservadoras, a partir de sus contenidos ideológicos y programáticos, tienen irremediables contradicciones vitales con los comunistas.

Tampoco es extraño que desde el campo progresista y de izquierda haya fuertes debates y cuestionamientos hacia el PC, algo naturalizado desde principios del siglo pasado, y que forma parte del transcurrir de las luchas políticas y sociales.

Otro asunto es que se pase a tesis y acciones de exterminio y represión a los ciudadanos que militan en el PC y que se quiera borrar del mapa nacional a esa organización.

Otro asunto, parece también, es querer instalar percepciones y sensaciones sobre los comunistas a partir de construcción de realidades que no lo son, de instalar en un imaginario colectivo sensaciones por encima de hechos objetivos.

Y otro asunto es querer esgrimir elementos éticos, morales y valóricos para deslegitimar y denostar al PC, a partir de episodios no demostrables, especulaciones y supuestos, soslayando la evidencia de los hechos concretos, muchas veces mostrados por entidades que de comunistas no tienen nada. También buscar desacreditar al PC porque no se comparte su postura política.

¿Esto cambiará? En absoluto.

La fuerza, presencia y contenidos de los comunistas seguramente seguirán generando desde acciones odiosas y criminales como ocurrió durante el periodo de “la ley maldita”, la dictadura y la actual etapa, hasta hostilidades y asechos como ocurrió durante el periodo de la Unidad Popular y en este actual periodo transicional o pos/transicional de democracia formal.

En el terreno de la subjetividad, de un ámbito de la ética política o del relato de valores, la militancia comunista -esencialmente sus decenas de miles de jóvenes, mujeres y hombres- goza de respeto e incluso cariño dentro del pueblo chileno.

Está sintetizado en figuras como Víctor Jara, Gladys Marín, Luis Emilio Recabarren, Luis Corvalán, Mireya Baltra o Volodia Teitelboim, parte esencial de la vida cultural y política de Chile, a los que se podrían sumar cientos de nombres. Eso no queda sólo en el espacio de la retórica, sino de antecedentes explícitos de la trayectoria de un partido político.

No es menor que se diga frecuentemente que el PC fue el partido más leal con el Presidente Salvador Allende y que se recuerden epopeyas como las de Recabarren, la lucha contra la dictadura de Ibáñez, las batallas magisteriales y estudiantiles, las fortalezas en el sindicalismo chileno, la solidaridad latinoamericanista, la resistencia tenaz contra la dictadura y los esfuerzos de las últimas décadas por ampliar y profundizar el sistema político democrático, construir un modelo de desarrollo sustentable, avanzar en justicia social y equidad económica y que se consagre el respeto a los derechos humanos.

Sería impensable que en todos los procesos políticos y etapas históricas transitadas por los comunistas, no hubiese errores, deficiencias, tropiezos, equivocaciones, porque sería la negación de episodios elocuentes. Una realidad que cruza a todo el espectro político del progresismo y la izquierda, a pesar de que hoy existen pretensiones de algunos grupos de limpieza absoluta y agreden y minimizan la historia del PC.

En todo caso, lo más definitorio se podría situar en que a más de cien años de su fundación, el Partido Comunista es actor gravitante en la realidad chilena.

En ello parece decisivo el papel de quienes pertenecen a esa colectividad y que, como en el último siglo, batallan en un proceso complejo, recibiendo embates de todo tipo, donde la inteligencia, la sabiduría, la ética, los principios y la participación decisiva en movimientos sociales y luchas políticas serían componentes decidores.

Fuente: El Siglo

 

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