(Re)Inventar el Socialismo: Construirlo desde Abajo

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I. Como introducción. En todo dato histórico, uno puede desprender que los procesos sociales se desenvuelven casi con patrones comunes. Es decir, tienen un inicio, un desarrollo y un final.

Imaginarse el fin del Neoliberalismo, eufemismo de lo que debiese llamarse Capitalismo salvaje, se vuelve un esperanza casi utópica, pero, pensar que éste último no tenga fin, convierte cualquier intento de transformar la sociedad en solo un  deseo de buenas intenciones.

“Vivimos en tiempos de preguntas fuertes y respuestas débiles. Las preguntas fuertes son las que dirigen –más que nuestras opciones de vida individual y colectiva – a nuestras raíces, a los fundamentos que creen en el horizonte de posibilidades entre las cuales se puede elegir. Por ello son preguntas que generan una perplejidad especial. Las respuestas débiles son las que no consiguen reducir esa complejidad sino que, por el contrario, la pueden aumentar” (1)

La transformación  de la sociedad fue una palabra clave para quienes apostaron por un mundo distinto. Al calor de las luchas sociales se abrazaron  ciertas herramientas científicas que ayudaron a transformar la sociedad hasta lo que hoy disponemos.

Valga elaborarse entonces una pregunta, ¿es suficiente con la sociedad que tenemos, o se necesita profundizar los cambios?

La teoría Crítica, herramienta científica emancipadora, que orientó las luchas populares en la transformación del mundo, no logro, curiosamente, emancipar a la sociedad. ¿Se puede seguir pensando que el torrente teórico de este pensamiento está intacto y, por ende, hay que seguir intentando su lógica, o se hace necesario el (re) planteamiento de su metodología y su concepción para la emancipación social?

El principio rector de la teoría crítica descansaba en la idea de que la “sociedad socialista” era inevitable, y esta se construía por el desarrollo sistemático de las fuerzas productivas y por la lucha de clases, donde una mayoría de clase trabajadora   – y no una minoría- sería capaz de lograr superar  la sociedad capitalista.

Hoy en día, cuando vemos con lejanía lo inevitable de la sociedad Socialista, salta una pregunta, ¿será bueno replantearse la (re)invención del socialismo, y sus métodos para conseguirlo?

Las respuestas débiles a preguntas fuertes, como se menciono en la cita anterior, trae consigo una pereza en los marcos teóricos de las luchas populares cuando se dogmatizan conceptos como “socialismo”, pues estas luchas no están  aportando nuevas herramientas en la elaboración de nuevas teorías que ayuden a transformar la sociedad, y, un hecho puntual, al seguir usando a pie juntilla las herramientas planteadas por la Teoría Crítica,  deja éste instrumento en el sitial de lo único disponible. Por ende, traspasa una carga de frustración en el devenir,  pues en dos siglos de utilización, no se ha logrado emancipar la sociedad.

II. Crisis de las izquierdas

La falta de pensamiento y por ende, de sustento ideológico en el planteamiento de la superación del actual modelo social, hace latente una crisis en las distintas Izquierdas.

El Marxismo, marco teórico latente en toda discusión transformadora, es una ciencia critica que se compone de distintas disciplinas que van desde, la filosofía hasta la economía, por ende, unificar su interpretación y transformarlo en hoja de ruta, resulta una tarea tanto o igual de difícil como la de  superar el Capitalismo.

En síntesis, nos encontramos con la denominación  de “Izquierda”, “centro Izquierda” y hasta “ultra Izquierda”, en su gran mayoría todos convocando en nombre de Carlos Marx.

Establecer una visión de Marx, sobre otra visión curiosamente  del mismo, lo transforma en un dogmatismo perpetuo del conocimiento, es decir,  construye la dominación del conocimiento.

“El conocimiento totalizador es el conocimiento del orden por sobre el caos. Al respecto, lo que distingue a la sociología funcionalista de la sociología marxista es el hecho de que la primera se encuentra orientada al orden de la regulación social, mientras que la segunda dirige su atención al orden de la emancipación social”. (2)

Curiosamente, son las izquierdas las cuales, al no producir conocimiento, pasan de una sociología marxista, a una sociología funcional. No en casualidad entonces que la producción de pensamiento que haya logrado avanzar más en el último tiempo sea el reconocimiento a la mujer y su  sociología feminista.

La utilización del pensamiento convencional en las izquierdas, sumado a las interrogantes sobre el derrumbe del modelo, arroja variantes que han dividido a los movimientos transformadores.

Por un lado están las izquierdas que entendieron que el Capitalismo  era imposible destruirlo  y por ende, adecuaron su andar en ponerle equidad a éste. Y por otro, están las izquierdas que no se encausaron en la idea del Capitalismo como única alternativa, sin embargo estás enfrentan una complicación mayor, pues por un lado busca imaginar alternativas a la superación del Capitalismo luego del derrumbe del Socialismo Real Europeo, y por otro lado,  busca imaginar alternativas pre-capitalistas anteriores al colonialismo.

Ahora bien, aun cuando esta vertiente  usa el concepto  de socialismo, como “socialismo del siglo XXI”, ésta busca  de varias maneras, diferenciarse de lo que propone actualmente y lo que fue en el siglo pasado el concepto de Socialismo.

Una de las crisis de las izquierdas -por no decir su crisis principal- y que en lo formal conlleva a que estas últimas contengan un vaivén en los parámetros que el propio Estado impone, reside en la incapacidad de producir nuevas teorías emancipadoras.

La sociología Marxista, columna vertebral de todo proceso revolucionario, a ratos “contiene” más que “emancipa”.

El ABC rígido de la teoría marxista dogmatiza el conocimiento y fomenta la pereza intelectual en la construcción de nuevas visiones críticas, censurando los conocimientos distintos.

“La teoría Marxista es ejemplar a este respecto: La concepción de la sociedad como totalidad es una construcción social como cualquiera. Lo que  la distingue de las construcciones rivales son los presupuestos en los que se asienta. Tales presupuestos son los siguientes; una forma de conocimiento total como condición para abarcar creíblemente la totalidad social; Un principio único de transformación social, y un agente colectivo, igualmente único, capaz de llevarlo a cabo; y un contexto político institucional bien definido que haga posible formular luchas creíbles a la luz de los objetivos que se proponen”. (3)

Definir o aseverar la crisis en las izquierdas como una crisis de incapacidad para producir   pensamiento Crítico, y por ende, pensamiento emancipador,  nos obliga a mirar críticamente la Ciencia Moderna, sobre todo la Ciencia Social.

Las teorías clásicas de las Ciencias, ya sea El socialismo teórico (Marx), la biología teórica (Darwin) y la física teórica (Newton) tiene  origen epistemológicos  en la ciencia de los siglos XVIII y XIX.

A pesar de eso, su evolución  fue muy diferente. Mientras los modelos de Darwin y Newton se convierten en teorías renovadas, que se profundizan cualitativamente en el siglo XX con el desarrollo de la teoría de la relatividad, la física cuántica y la biología molecular, no sucede lo mismo con la obra de Marx y Engels.

“Las leyes encontradas por Newton explican, en esencia, determinados movimientos mecánicos de los sistemas naturales. Cuando se trata de interpretar movimientos o realidades más complejos, por ejemplo, los termodinámicos o electrodinámicos, se requieren nuevos paradigmas de interpretación. Algunos de esos paradigmas o teorías fueron desarrollados por Albert Eintein en las teorías de la relatividad; por Werner Heisenberg y Max Planck en la física cuántica y Murray Gell-mann en la teoría de los quarks. Si se busca una explicación para este extraordinario avance de la física teórica –que abrió nuevas dimensiones de la realidad al conocimiento objetivo y al dominio humano – la respuesta es sorprendente: se debe a una interacción dialéctica (influencia mutua) entre: la Física experimental, la física teórica, la matemática pura y la lógica.

Es la constante interacción entre el conocimiento empírico (experimental), el razonamiento sistemático (teórico) y los sistemas abstractos de la matemática pura y la lógica lo que ha permitido la vertiginosa evolución de la física, desde Newton hasta la actualidad. Lamentablemente, no se produjo la misma evolución en el paradigma de Marx y Engels. Vladimir I.Lenin, Rosa Luxemburgo, Antonio Gramsci y otros próceres dedicaron su vida a la implementación de la revolución contra el capital y defendiéndola.

En esa lucha aportaron aspectos importantes que enriquecieron al socialismo teórico clásico: por una parte, porque se enfrentan a realidades determinantes que no existían aun en tiempos de Marx (por ejemplo, el capitalismo monopólico) y, por otra, porque la misma realización práctica del paradigma genera realidades que exigen nuevos planteamientos teóricos.

Sin embargo, esas aportaciones inspiradas y forzadas por las necesidades de la práctica, no proporcionan a la teoría del socialismo revolucionario nuevas fuerzas teóricas, que fuesen comparables a las de los nuevos paradigmas de la física. Tenemos, en consecuencia, una especie de socialismo experimental o aplicado, pero no el socialismo teórico ni su “matemática” y lógica pura.

En consecuencia, carecemos de una teoría socialista para el siglo XXI que pueda guiar las luchas de transición hacia el triunfo de las mayorías”. (4)

La falta de soporte teórico gatilla también en la falta de análisis del escenario al cual se quiere cambiar. Las izquierdas se han vuelta más idealista que científica,  esto por su parte, arroja que cualquier acción que se tome  se convierta en un impulso al azar más que en una investigación y  planificación.

“Marx solo se preocupa de una cosa: de demostrar mediante una concienzuda investigación científica la necesidad de determinados ordenes de relaciones sociales” (5) y esa investigación cientifica es la que se desgastó – por pereza intelectual y por dogmatismo- en las Izquierdas.

Volver a disponer una alternativa al Capitalismo, solo se puede construir desde el replanteamiento de la problemática en base a una “concienzuda investigación científica”

Las izquierdas no solo se enfrentan al problema de superar al Capital, sino que también, a la superación del actual Estado Neoliberal, que a su haber cuenta con servicios de inteligencia, Monopolio de la Violencia,  ejércitos profesionales, un Estado que controla la sociedad  a través de una ideología dominante, un Estado que mantiene el control del poder Jurídico y Político.

Enfrentarse a esto, no sirve de nada si se hace solo con pasión, necesariamente se necesita la investigación científica a la sociedad, y a su vez, influir sobre esta a través de una planificación que nos permita avanzar en la emancipación social.

III.  (Re)inventar el socialismo

Plantear el reinvento del socialismo obedece a una definición derivativa, pues, se deduce por cuenta propia que alguien ya lo inventó. Reinventarlo tampoco significa reformarlo, pues ocupar esa premisa  no es suficiente para replantearnos la emancipación social como alternativa, o como modelo de desarrollo.

“Reformar es una afirmación necesaria, pero no suficiente. Puede significar tomar el viejo modelo y modificarle cosas. El cuestionamiento tiene que darse de modo integral… No se trata de reformarlo sino de rescatar críticamente valores y logros, con una mirada abierta” (6)

El Socialismo como concepto, es un gran discurso que involucra, en la actualidad y producto de la caída del socialismo en la Europa de Este, una mira superada y derrotada. Ya los economistas de Izquierda no recalcan la economía planificada como una alternativa necesaria, sino más bien, sus dardos están apuntados a demostrar los vicios de una economía salvaje como es la Neoliberal. En resumen, se resiste y no se avanza.

Países como  Venezuela, Ecuador y Bolivia, levantaron una propuesta que, como mencionamos anteriormente, se diferencia de la idea del socialismo anterior, el Socialismo del Siglo XXI. Esto quiere decir que los métodos dogmaticos de construcción, o el A B C de Socialismo pueden ser superados por otros métodos.

Si uno toma como ejemplos los países que plantean o que acuñan el concepto de Socialismo del Siglo XXI, uno puede ver que en ningún caso fue el sindicato, como discurso teleológico de construcción del socialismo, quien produjo los cambios, sino que nos encontramos con la Revolución Bolivariana de Hugo Chávez, la Revolución Ciudadana de Rafael Correa y la revolución Indigenista de Evo Morales, todas diferentes entre sí.

Dicho  de otra forma, la teoría Moderna no dio solución a la construcción del Socialismo, por ende, la mirada de construcción debe darse desde la teoría  Postmoderna.

“No puede ser el tipo de socialismo que vivimos en la Unión Soviética, sino que, el que emergerá al desarrollo de nuevos sistemas construidos sobre la base de la cooperación, no de la competencia… Debemos reclamar el socialismo como una tesis, un proyecto y un sendero, pero un nuevo tipo de socialismo, humanista, que situé a los humanos y no a las maquinas o al Estado a la cabeza de todo”. (7)

Siembra Socialismo y Cosecha Buen Vivir

Suele darse entre la izquierda militante y la izquierda simpatizante, ciertos términos fonéticos que han acompañado a la literatura socialista los últimos doscientos años. Uno en particular,  el Concepto de “Vanguardia”, término acuñado para definir  el marco de acción entre el partido y el movimiento. “Ser vanguardia significa ser el grupo dirigente”. (8)

Pero dicho concepto, el de pertenecer al grupo “dirigente”, la izquierda lo mal utilizó. Lejos de guiar científicamente al movimiento, lo usaba como  herramienta de captación de militantes para sus filas  (hasta ahora), no entendiendo que partido y movimiento eran dos cosas diferentes, y vanguardia una tercera.

El desgaste de lo colectivo, y el fortalecimiento del individualismo afloró en complicaciones para desarrollar tareas que involucren construir una alternativa al capitalismo. La base social no sembró en su columna vertebral, el deseo de transformar la sociedad, sino más bien, paso de una etapa de “disconformidad”, a otra de, “Resignación” social.

Jornadas de trabajo enfocadas en mantener el “status quo” con el sistema de turno que desteje el tejido social, creación de la cultura de la desconfianza, focalización mediática en temas puntuales que invitan a las personas a ensimismarse, instalación del Mercado como ente regulador de las conductas humanas, entre otros, son materias no abordada por el concepto “vanguardia”, que mas bien opera al momento de consumado  un hecho, busca darle su visión y orientación.

Es decir, invisibiliza a todos quienes no se encuentren agrupados en alguna de las distintas formas de organización, léase sindicato, junta de vecino, agrupación ciudadanas, etc. “cuando Lenin nos dice “sin teoría revolucionaria, no hay movimiento revolucionario” estaba usando a Kautsky como modelo. Lenin cita a Kautsky para decir que los obreros eran incapaces de producir conciencia de clase y teoría revolucionaria, porque estos no tenían la capacidad de producir espontáneamente, ni su teoría, ni su conciencia de clase. Por tanto esta solo les puede llegar desde afuera, es decir, predicándosela”. (9)

Monopolizar el conocimiento también es una forma de dominación, hoy logramos entender que no solo la Academia y la ciencia producen conocimiento, sino que observamos que los movimientos sociales también producen conocimiento, las calles y los barrios producen conocimiento, las artes y la cultura popular producen conocimiento. Por tal razón, si no existe un “conocimiento en Particular”, tampoco debiese existir una “teoría emancipadora en particular”.

Como los sostienen algunos teóricos, más que una “teoría de vanguardia”, necesitamos construir múltiples “teorías de retaguardia”. En resumen, se trata de pensar “CON” en lugar de pensar “SOBRE”.

IV. ¿Otro mundo es Posible u Otro mundo es Necesario?

Construyendo socialismo desde abajo, participando desde abajo. No nos genera ningún espacio a la duda cuando planteamos que los movimientos sociales son agentes de cambio. Por eso  la importancia de construir paso a paso socialismo “desde” y no “sobre” ellos.

Romper el individualismo y reagrupar las confianzas en el otro, con la intención de fomentar la creación de  movimientos sociales que sean capaces de generar estamentos de participación para  transformar lo global desde lo local, es una tarea de primer orden en nuestro deseo de mostrar el Socialismo como alternativa al Capitalismo.

Hay que entender entonces, una participación ciudadana no al calor de los decretos ni actos administrativos gubernamentales,  sino más bien, al calor de la identidad propia de los involucrados. No hay que buscar  una participación  asistencialista, sino más bien, una participación colectiva que involucre buscar  soluciones a  problemas comunes entre los propios involucrados.

La participación puede proponerse desde arriba, de eso no hay duda y ayudaría,  pero es en la base social en donde debe de estimularse en su máxima expresión. Para que la participación local sea el camino para construcción del Socialismo y para la transformación del Estado,  ésta  debe de vincular no solamente opiniones, sino también conocimiento territorial, dimensión económica de los estamentos, factor de vulneración social, etc.

Mientras más grande sea el abanico a considerar, más pura saldrá la opinión en la toma de decisiones.

“No necesitamos teorías de vanguardia; necesitamos, al contrario, teorías de retaguardia; necesitamos saber acompañar los movimientos, ver las dificultades, anunciar las emergencias, mirar en cada momento las ausencias: ¿quién está siendo interpretado como ausente, como invisible? Estamos siempre produciendo invisibilidad, inclusive cuando estamos intentando aclarar algo”.

En resumen, para lograr un avance sustancial en el desafío de levantar al socialismo como alternativa potente al capitalismo, y como respuesta a que otro mundo no solo es posible, sino que más bien, es necesario, la reconstrucción del tejido social a través de la participación ciudadana es de primer orden.

Se necesita de la construcción de mecanismos que permitan garantizar la participación individual, como educación, tiempo, cultura, etc. Y también se necesitan de mecanismos que fomenten y canalicen la participación colectiva. “La experiencia concreta nos dice que la democracia participativa avanza cuando hay una articulación virtuosa entre movimientos sociales y partidos progresistas; lo vimos en Porto Alegre con el presupuesto participativo.

La idea de presupuesto participativo partió, naturalmente, de las exigencias populares, de las organizaciones sociales; pero tuvo el apoyo del Partido de los Trabajadores del Sur de Brasil. Se produce una combinación virtuosa entre el partido que está en el gobierno y los movimientos sociales.

¿Cuál es el principio?

Que los liderazgos políticos se dan cuenta de que cuanto más poder distribuyen, más poder tienen. Si no concentran el poder, y lo distribuyen genuinamente, su poder aumenta como “poder de legitimidad”.

V. A modo de Conclusión

Superar la  crisis de las izquierdas se hace más que necesario al momento de plantearnos desafíos revolucionarios. Las herramientas científicas otorgadas por las Ciencias Sociales en general, y por Marx en particular, no están siendo utilizada en el riguroso análisis transformador, más bien, se cae en la simpleza de los discursos y en la retorica del romanticismo. Esto ha provocado una pereza intelectual que nos ha dejado sin sustento teórico al momento de plantearnos la emancipación social.

El Socialismo no es, como mucha izquierda militante y no militante cree, la transformación de la estructura social-económica. Es más que eso: es una transformación revolucionaria de los hombres en todos sus ámbitos, entiendase transformación de sus costumbres, de sus conciencias, de sus valores, de sus hábitos, de su capacidad intelectual, etc.

Cuando nos planteamos el desafío de (re)inventar el socialismo y que éste debe construirse desde abajo, no con la idea de imponer una teoría emancipadora, sino de construirla desde y con  los pares, lo hacemos con la finalidad de mostrar una alternativa posible al actual sistema. Pero esa alternativa debe construirse con cimientos sólidos y respetando la cosmovisión y las particularidades de los territorios.

Se debe construir, como lo mencionaba Ernesto Guevara, con el nacimiento del hombre del siglo XXI, el Hombre Nuevo.

Que las personas  dispongan de su tiempo, después de su jornada laboral, a “sembrar socialismo”, es el mecanismo adecuado para la construcción del socialismo desde abajo. No basta teorizar y debatir desde arriba si para los de a bajos no es un  tema relevante.

“Un completo revolucionario que debe trabajar todas las horas de su vida; debe sentir la revolución por la cual esas horas de trabajo no serán ningún sacrificio, ya que está implementando todo su tiempo en una lucha por el bienestar social; si esta actividad es lo que verdaderamente complace al individuo, entonces, inmediatamente deja de tener el calificativo de “sacrificio”.”

La participación ciudadana conlleva el motor para demostrar que lo colectivo es alternativa a problemas comunes, por lo que avanzar en la proyección del socialismo a través de este método es un camino a muy largo plazo, rango de tiempo que en su mayoría de las veces impacienta a las izquierdas, quienes instrumentalizan electoralmente a los movimientos (en algunos casos con muy buenas intenciones) pero poco efectivo al momento de la representatividad, pues el Estado como figura institucional es rígido.

De ahí que puede desprenderse la interrogante sobre la construcción de socialismo por la vía electoral (desde arriba) v/s la construcción de socialismo a través de demostrar el sustento de lo colectivo por sobre lo individual (desde abajo). La superación de la teoría de “vanguardia” por la teoría de “retaguardia”.

Finamente plantearse que “otro mundo es necesario”, llena la matriz teórica de levantar nuevamente las bondades del socialismo y del buen vivir por sobre el actual sistema.

“Otro mundo es posible” es la bitácora  de una esperanza, que solo maquilla el deseo de cambio.

(*) Magister en Ciencias Sociales
Doctor© Procesos Sociales y Políticos latinoamericanos

Notas

(1)  Santos de Sousa Boaventura: Descolonizar el saber, reinventar el poder
(2)  Santos de Sousa Boaventura: Conocer desde el sur
(3)  Santos de Sousa Boaventura: Critica de la razón indolente
(4)  Dieterich Heinz: Crisis de las Ciencias Sociales
(5)  Mensajero Europeo, citado por el propio Marx en su postfacio a la segunda edición de “El Capital”
(6 ) Aurelio Alonso, Jefe de redacción de la revista Casa de las América, cuba. Entrevista “la Jornada”
(7)  Hugo Chávez, Discurso en el Foro Social Mundial del 2005 en Porto Alegre, Brasil
(8)  Harnecker Marta: El partido, vanguardia del proletariado
(9)  Walsh Catherine: Un pensamiento y posicionamiento “otro” desde la diferencia colonial
(10) Santos de Sousa  Boaventura: conciliar diversas formas organizativas
(11) Ibídem

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