Los Chilenos Pensantes Estamos en Deuda con Fidel y Cuba

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Eran las 15 horas 11 minutos  del domingo 22 de mayo de 1960 cuando la tierra comenzó a  estremecerse  en el sur de Chile. Fue el llamado mega terremoto de Valdivia (a pesar de  que su epicentro estuvo en la provincia de Malleco, en la Araucanía). Duró aproximadamente 10 minutos y alcanzó 9,5 grados de magnitud en la escala de Richter.

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Hacía  poco más de un año del triunfo de los revolucionarios  cubanos. Pero ello no fue obstáculo para que de inmediato recibiéramos la solidaridad del pueblo de Cuba.  Por disposición de Fidel Castro, una brigada médica viajó a Chile y llegó a Valdivia con 8 toneladas de materiales médicos, insumos, alimentos y ropas.

Esta brigada fue acompañada por el médico chileno Salvador Allende y por el entonces presidente del Colegio Médico, Oscar Fernández Mell.

AYUDA PARA EL MEDIO LITRO DE LECHE

Hay un hecho poco conocido sobre la solidaridad cubana con nuestro pueblo en tiempos del Gobierno Popular.

El Presidente Allende había ordenado a la Empresa de Comercio Agrícola (ECA) conseguir la leche en polvo en el extranjero. Se requerían  100 mil kilos diarios que equivalían a un millón de litros de leche fresca, o sea 2 millones de raciones de medio litro cada día.

Por entonces, era  Vicepresidente Ejecutivo de ECA el compañero Claudio Fonseca y a él le correspondió  hacerse cargo de la importación y distribución mayorista del producto y al Ministerio de Salud la entrega a consultorios, escuelas y centros comunitarios.

En marzo de 1971 el plan estaba ejecutándose plenamente. En junio, se “perdió” el barco destinado a cubrir la demanda de la segunda quincena de julio. El plan fracasaba. Se buscó importar la leche en países limítrofes, pero no hubo solución.

Relata Claudio Fonseca:

“Llamé por teléfono al Viceministro de la Junta Central de Planificación de Cuba (JUCEPLAN), exponiéndole el problema y pidiéndole que nos vendiera una cantidad de sus reservas. Él me contestó “¿Cuanto necesitas? Tanto….., “espérate un momentico, llámame en media hora, voy al cuarto piso”…

A la media hora la respuesta fue la siguiente:

“Claudio, ya mandamos regresar un barco que por suerte había zarpado hoy de madrugada con azúcar destinada a Chile, también hablamos -agregó- con los compañeros de la ECIL (Empresa Consolidada de la Industria Láctea) y los del puerto para preparar la operación del cambio de parte del azúcar por las 2.000 toneladas de leche en polvo que tu requieres, no te preocupes que la leche va”.

 “Óyeme Luisón –continúa Claudio Fonseca- (se llama Luis Gutiérrez y le decíamos Luisón), y cuánto va a costar eso” -pregunté, según las normas del comercio y la buena crianza. “Coño, mi hermano, no te preocupes, te vamos a cobrar lo que nos costó a nosotros y nada más, -agregando- nos la pagas cuando puedas o nos la devuelves cuando tengas suficiente”.

Esa noche los trabajadores de la ECIL trasladaron 2.000 toneladas (dos millones de kilos) en sus camiones con trabajo voluntario desde sus bodegas al puerto. Los portuarios de La Habana se amanecieron descargando azúcar para hacer hueco y cargando el barco con las 2.000 toneladas de leche en polvo que con el alba volvió a zarpar con destino a Valparaíso.

Antes de 24 horas se había resuelto el problema y, además, con la seguridad que esta nave no se iba a “perder”. (Parte del texto escrito por el compañero Claudio Fonseca, en noviembre de 2004)

VISITA DE FIDEL A CHILE

El 10 de noviembre de 1971 el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro, pisó suelo chileno en el aeropuerto Cerro Moreno de Antofagasta. Su visita fue la primera oficial de un mandatario isleño a Chile.

Durante tres semanas, Fidel Castro, recorrió la larga geografía de la nación austral para conocer al detalle desde la producción minera hasta la fabricación de los mejores vinos. Se reunió con obreros, campesinos, estudiantes, participó en numerosos mítines y pronunció discursos reafirmando los lazos de solidaridad con el proceso liderado por su presidente Salvador Allende.
 
La visita de Fidel Castro fue un acontecimiento nacional y los chilenos esperaban el paso del líder cubano para saludarlo.

Eran millones los que querían dialogar con el comandante. Ese año, el gobierno de la Unidad Popular había salido vencedor en las elecciones parlamentarias de marzo, y el entusiasmo no sólo se sentía en las organizaciones políticas sino desbordaba a vastos sectores de trabajadores, estudiantes, intelectuales y cristianos.

La visita de Fidel se transformó en una verdadera escuela política-ideológica, que se iba dando a través de la radio, o de los actos a los que se lograba asistir.

El Presidente chileno, Salvador Allende, declaró que al invitar a Fidel Castro interpretaba el anhelo del pueblo de Chile, que había manifestado siempre marcado interés por la presencia del líder cubano en ese país austral. “Cuba es una nación vinculada a la historia de América Latina, Fidel castro representa a una auténtica revolución y queremos intensificar los tradicionales lazos amistosos que siempre han existido entre nuestros países”.
 
Uno de los hechos más relevantes, que se conoció con posterioridad, fue el intento de magnicidio ejecutado por la CIA durante la visita del Comandante a Chile.

Fidel dejó caer un huracán caribeño sobre el país, mientras lo recorría de punta a cabo para conocer el proceso chileno. Durante 24 días, Castro tomó pisco, usó ponchos, comió chirimoyas, jugó basquetbol y se sentó en la mesa con medio Chile; fue declarado hijo ilustre de Punta Arenas, de San Miguel, discursó a trabajadores, estudiantes y campesinos y no dudó en agarrarse con la derecha, que a través del diario Tribuna lo ridiculizaba y exigía que se fuera.

En el Santa Laura se reunió con más de 25 mil mujeres y, cuando al fin decidió irse, llenó el Nacional. Fue el 2 de diciembre de 1971, ocasión en que pronunció un encendido discurso, señalando en una de sus partes:

“Hemos venido a aprender en un proceso vivo.  Hemos venido a aprender cómo se comportan las leyes de la sociedad humana.  Hemos venido a ver algo extraordinario, algo extraordinario: en Chile está ocurriendo un proceso único.  Algo más que único: ¡insólito!, ¡insólito!  Es el proceso de un cambio.  Es un proceso revolucionario donde los revolucionarios tratan de llevar adelante los cambios pacíficamente.  Un proceso único, prácticamente el primero en la historia de la humanidad    —no decimos en la historia de las sociedades contemporáneas—, único en la historia de la humanidad, donde tratan de llevar a cabo el proceso revolucionario por los cánones legales y constitucionales, mediante las propias leyes establecidas por la sociedad o por el sistema reaccionario, mediante el propio mecanismo, mediante las propias formas que los explotadores crearon para mantener su dominación de clase”.

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EL “SIERRA MAESTRA” TRAE AZÚCAR

Mostrando una vez su internacionalismo proletario, la Revolución cubana, encabezada por Fidel,  envió una nueva ayuda solidaria, esta vez en azúcar. Fue así como  el día 13 de abril de 1973 arribó al puerto de Talcahuano la nave Sierra Maestra, proveniente de Cuba con una donación 11.400 toneladas de azúcar realizada por la revolución cubana a la Unidad Popular.

En un masivo acto liderado por el presidente Salvador Allende, se recibió la que sería la primera entrega de un total 40.000 toneladas de azúcar enviada por Cuba y que sería entregada a los obreros a cargo de la construcción de un colegio en el puerto penquista.

DURANTE LA DICTADURA FASCISTA

Cuando el fascismo se apoderó de Chile, la Cuba de Fidel abrió generosamente las puertas y su corazón a miles de exiliados chilenos (no pocos de ellos, desmemoriados por el oportunismo, han tenido la desvergüenza de lanzarse contra una revolución que les salvó la vida y  los cobijó)

A pedido del Partido Comunista de Chile, formó a combatientes,  muchos de los cuales contribuyeron, algunos entregando su vida, en  la lucha  por derrotar la dictadura de Somoza  en Nicaragua. Después ingresaron clandestinamente a Chile, para entregar su aporte contra el terrorismo de estado de la dictadura de Pinochet.

TAMBIÉN EN EL 2010

El sábado 27 de febrero de 2010  un nuevo fuerte sismo afectó a Chile. Alcanzó una magnitud de 8,8 MW . El epicentro se ubicó en la costa aproximadamente a 150 kilómetros al noroeste de Concepción y a 47,4 kilómetros de profundidad bajo la corteza terrestre. Tuvo una duración de cerca de 2 minutos 45 segundos, al menos en Santiago. Un fuerte tsunami impactó las costas chilenas como producto del terremoto, destruyendo varias localidades ya devastadas por el impacto telúrico.

De inmediato Cuba envió 36 médicos, enfermeros y técnicos asistiendo a las víctimas del terremoto del 27 de febrero. El contingente cubano estableció un hospital de campaña en la localidad de Rancagua, capital de la provincia de Cachapoal, y lo dotó de 12 toneladas de instrumental médico y medicamentos.

Este hospital, ubicado en una cancha de fútbol del complejo deportivo Patricio Mekis, en Rancagua, a 120 kilómetros al sur de Santiago. Era un hospital con todo tipo de recursos, atendido por calificados especialistas con experiencia en catástrofes similares, en Haití, Perú, Bolivia, México, Guatemala y otros países.

Para entonces, Fidel Castro había dejado sus responsabilidades en el gobierno,  pero seguía con atención los sucesos mundiales. Al conocer  las  terribles dimensiones  el terremoto en Chile, reiteró –con fecha  lunes 8 de marzo de 2010-  la solidaridad cubana con nuestro país ofreciendo  elevar el capital médico que prestaba cooperación.

Dijo: “Nuestra Patria se solidariza plenamente y apoya moralmente el esfuerzo material que la comunidad internacional está en el deber de ofrecerle a Chile. Si algo estuviera en nuestras manos, desde el punto de vista humano, por el hermano pueblo chileno, el pueblo de Cuba no vacilaría en hacerlo”.

Hasta el 13 de marzo  los médicos cubanos habían atendido a l.128 pacientes y efectuado 52 intervenciones quirúrgicas. La organización y equipamiento del hospital y la capacidad profesional de los médicos y paramédicos cubanos fue reconocida por el ministro de Salud del Gobierno de Piñera, Jaime Mañalich, ex director de la lujosa Clínica Las Condes que, luego de conocer las condiciones de funcionamiento del hospital de campaña, pidió públicamente al gobierno cubano que enviara otro hospital de ese tipo, para atender la emergencia en Chile.

La respuesta del gobierno de Cuba fue instantánea. Dos días después arribaba a Chile un segundo hospital de campaña cubano que prestó servicios en Chillán, una de las zonas más castigadas por el terremoto.

SON ALGUNOS EJEMPLOS

Estos son algunos casos concretos en que los chilenos hemos recibido la generosa ayuda cubana.

Es verdad que nuestro pueblo, desde los inicios de la revolución encabezada por Fidel, Raúl, el Che y otros jóvenes combatientes, ha realizado grandes y pequeñas actividades solidarias con la Isla.

LA CUT Y CUBA
Un ejemplo de ello lo dio la CUT. Entre el 4 y 8 de diciembre de 1959, realizó en Santiago su Segundo Congreso Ordinario. Asistieron 1.440 delegados, representando a 518 organismos sindicales. Al centro de este torneo estuvo la solidaridad con Cuba.

Se saludó su triunfo como el acontecimiento más importante ocurrido en América Latina. Se resolvió el apoyo incondicional a los revolucionarios encabezados por Fidel Castro y se programó una serie de actos, que culminaron con un paro nacional de solidaridad con la Revolución Cubana el 17 de mayo de 1960.

ALLENDE UN INTERNACIONALISTA CONSECUENTE

Otro ejemplo fue la permanente acción de Salvador Allende en apoyo a Cuba. Llegó a La Habana el 20 de enero de 1959.  Esa misma tarde recibió una invitación del Che. Acudió a conversar con él. Lo puso en contacto con Raúl Castro. Luego se entrevistó con Fidel.  En ese momento nació una hermosa amistad entre ellos.

Apenas conocida la noticia del desembarcado de los gusanos el 17 de abril de 1961 en Playa Girón, ubicada en Bahía Cochinos, provincia de Matanzas,  Allende voló inmediatamente a la Isla. No quiso estar ausente en  momentos en que el pueblo cubano  asestaba  la primera gran derrota al imperialismo estadounidense en América.

HOMENAJE DE FIDEL A SALVADOR ALLENDE

El 13 de diciembre de 1972, el comandante Fidel Castro, en un mitin de solidaridad con el pueblo de Chile y  el Presidente Allende, efectuado en la Plaza de la Revolución ‘José Martí’ de La Habana,  dijo:
“Este acto tiene para nosotros un especial significado. Al triunfo de la Revolución en 1959, una de las personalidades que primero que llegó a Cuba fue Salvador Allende, que  ya ocupaba un lugar destacado en la política de su país…

“Por eso hemos recibido en estos días –y saludamos en el día de hoy en este magnífico y multitudinario acto- al amigo que supo durante estos años duros permanecer firme y fiel a la causa revolucionaria de nuestro pueblo; al combatiente internacionalista que desde todas las trincheras denunciaba la agresión y el bloqueo contra nuestro país y que uno de sus primeros pasos al asumir la Presidencia de la República fue el establecimiento de las relaciones diplomáticas con nuestro pueblo…”

HOMENAJE A FIDEL DE LOS CHILENOS PENSANTES

Es verdad que, desde amplios sectores progresistas y revolucionarios, surgieron declaraciones en homenaje a Fidel con motivo de su desaparecimiento físico el viernes 25 de noviembre de 2016. Se escribieron notas. La Embajada de la República de Cuba fue visitada por representantes de variadas entidades  y mucha gente  sencilla.

También hubo actos recordando su estatura de gigante. El más importante de ellos fue el celebrado el sábado 3 de diciembre de 2016 alrededor del monumento a Martí.

Esta concentración -que contó con un importante número de participantes,  donde hubo banderas cubanas, chilenas, del Partido Comunista, del MIR, del CEILER; donde actuaron destacados artistas como Max Berrú y Roberto Márquez, quien leyó una magnífica Declaración-   debió ser mucho más masiva y mejor organizada (fue convocada a las 10,30 y se inició cerca de las 12 horas).

Débil equipo de parlantes. Escenario muy bajo. Se trataba de un homenaje a Fidel.

Por todo lo anterior, me quedó dando vueltas, en forma dolorosamente autocrítica, la idea de que los chilenos pensantes estamos en deuda con Fidel y con  Cuba.

(*) Historiador del Centro de Extensión e Investigación Luis Emilio Recabarren,  CEILER

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