Por Qué tu Humor Machista es Más Tóxico de lo que Crees

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Tengo (casi) 35 años y fuí víctima de abuso sexual, más o menos hace 31 o 32 años, por un periodo de tiempo que ni siquiera puedo definir. No es fácil hablar de ello. No es un tema que uno saque cuando haces nuevas amistades ni tampoco es un tema para una noche de juerga con viejos amigos.

 

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Pero la verdad es que la mayoría de las personas que han sufrido de abusos no hablan de ello, principalmente por una detestable palabra: culpa.

A través de la manipulación (y los abusadores son expertos) pero también debido a la sociedad, aprendes a sentirte culpable, avergonzada, sucia. Yo he estado peleado contra esos adjetivos por un largo tiempo. Yo no elegí nada de lo que me sucedió, era demasiado chica para entender siquiera alguna de estas palabras y de alguna manera me sentí mal por ello, como si estuviese mancillada por la experiencia.

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Lo más importante que he aprendido como adulta es que: no había ni hay nada de malo conmigo, el abuso no me ensució. Por supuesto que de aquel pasado heredé un montón de problemas, entre ellos una auto estima de mierda, muchas preguntas y ninguna respuesta, salvo lo que espero hayan sido parientes enfermos y no sencillamente una ruleta rusa desafortunada en lo que al reparto de familia respecta.

Incluso mi bastante progresiva abuela, cuando le conté sobre mi pasado, dijo, “¿Pero fueron solo toqueteos, no?” Como si de alguna manera eso lo hiciera menos terrible.

No quise entrar en detalles y corregirla (como tampoco lo haré en esta ocasión). ¿Hace alguna diferencia? Pues la verdad es que no debería. El abuso tiene muchas caras, da igual si son toqueteos, violación o que te hagan sentir que no vales nada por los genitales que te tocó tener (si te los dio Dios o la naturaleza, eso es cosa de cada quién).

El hecho es que el abuso sexual existe, y tu humor machista, del que estoy absolutamente aburrida de ver o escuchar (razón por la que he dejado de seguir a mucha gente en redes sociales) habilita y apoya a esta cultura que permite que tales hechos sean posibles.

Soy extremadamente afortunada en tener amigos que luego de escuchar mi historia me han tratado como la misma persona que conocían antes de contarles. Tengo una pareja para quien no ha sido fácil pero me apoya con todos los cambios de humor que un pasado como el mío conlleva.

Si alguien te cuenta algo asi sugiero que

a) lo trates con seriedad (no es un chiste, ni son cuentos para llamar la atención)

b) intentes ser lo suficientemente empático para entender lo que esa persona necesita (¿Un hombro sobre el que llorar? Un oido dispuesto a escuchar?) y

c) preguntar antes de asumir.

En mi experiencia la mayoría de los sobrevivientes de abusos quieren contar su historia porque quieren ser escuchados y que les crean, y seguir adelante con sus vidas, no ser tratados como figuras de cristal que se pueden romper.

Si contamos nuestra historia, fuimos lo suficientemente fuertes para sobrevivirlo.”Pero tú debes ser una excepción ¿no?“ te puedes preguntar. Permíteme estar en desacuerdo.

Las estadísticas (y si, a mi también me carga esa palabra) dice que 1 de cada 4 mujeres sufrirán de abusos sexuales alguna vez en su vida. Incluso va más allá, pues 1 de cada 6 hombres también serán víctimas.

Asi que si tienes unos 400 amigos en Facebook, lo más probable es que más de alguno de ellos son víctimas de abusos. Posiblemente no lo sepas (porque la mayoría no habla de ello), pero cada publicación o chiste tal como “chiquillas, según este artículo chupar pene cura la depresión” les habrirá la herida.

Quizás pienses que es un chiste divertido. Incluso yo, en algún punto de mi vida me reí con algo así. Pero seamos honestos, no tiene ninguna gracia. Primero que nada posibilita la retórica machista de denigrar a las mujeres y

meterlas en la casilla de objeto para algún deseo (por ejemplo, que les chupen el pene). Genial si tienes a alguien en tu vida que esté feliz de hacerlo por ti, pero nunca hagas sentir a alguien que te lo debe.

La verdad es que si el chiste hubiese sido “el sexo oral cura la depresión” (sin dirigirse a algún género en particular) no me hubiese molestado. Muchos no entienden como incluso los chistes sobre objetivizar a la mujer objetivizan a la mujer.

Si tienes una hija, una nieta, una novia o esposa, o incluso una buena amiga, imagínate a esa mujer como el recipiente de ese humor y creo que no te parecerá lo más mínimamente divertido. Y si es así, pues, me das lástima. La mayoría de las personas creen que se habla de una mujer abstracta, pero nos llega a todas.

Otra cosa que me molesta muchísimo es el concepto de “feminazi”. Pues, las feministas no detestamos a los hombres. No queremos eliminarlos, solo estamos defendiendo y demandando nuestro derecho a ser consideradas como

iguales en todo aspecto de la sociedad (si, por ejemplo, salarios iguales), pero también significa algo tan sencillo como el derecho a caminar a casa sin sentirnos menospreciadas o en peligro por ser mujeres. No es tanto pedir, ¿no?

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Yo vivo en Berlín, donde pueden pasar años sin que escuche un comentario machista mientras camino a casa a cualquier hora que se me da la gana (que hay excepciones claro, ninguna ciudad es perfecta). Yo crecí en Chile, en Santiago para ser precisa, y los piropos, suaves o no tan suaves eran pan de cada día. Tengo primas (más jóvenes) que me han dicho que echarían de menos el piropeo porque es halagador y si no los reciben no se sienten atractivas.

Yo crecí en esta sociedad, y también estaba acostumbrada. Pero créeme, es una puta trampa. Crees que necesitas esa mierda para sentirte validada como una mujer atractiva, pero a la vez te sientes vulnerable, porque un comentario simpático se puede convertir en uno agresivo, y eso se puede fácilmente transformar en que alguien se sintió con derecho de darte un agarrón, porque son hombres y la sociedad les dice que cada hombre merece a na perra. Un agarrón se puede transformar, en un abrir y cerrar de ojos en un golpe, violación o lo que se les ocurra.

Sé que probablemente dirás “pero yo cuento chistes machistas, respeto a las mujeres y no soy ningún violador”. No, claramente usar este tipo de humor no te convierte en abusador, pero es continuar con una retórica que es absolutamente dañina para nuestra sociedad, porque el humor es un perfecto reflejo de lo que hay en el fondo.

La próxima vez que quieras contar un chiste machista, piénsalo dos veces. No por miedo a herir las sensibilidades de alguien como yo, pero porque con tu “humor” estás inocentemente siguiendo con la tradición de objetivizar a las mujeres (lo que significa literalmente usarlas como tu objeto, no es un concepto vacío exclusivo de la retórica feminista para atormentar a los hombres) y legitimando (aunque sea sin querer queriendo) la violencia y abuso en sus múltiples formas.

Nota: Me parece que luego que Trump ha sido electo como presidente de EE.UU, un acosador sexual confeso, el tema es más relevante que nunca.

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