La Retroexcavadora de Piñera

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Sebastián Piñera nos mostró, en el momento de la máxima euforia, lo que pretende hacer. Eso que viene soñando e imaginando hace más de tres años: una transformación total del país. Lo mismo que criticó de Michelle Bachelet en su momento.

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Qué duda cabe. Sebastián Piñera ya se siente Mandatario nuevamente. La noche del 23 de octubre lo vimos a sus anchas, desbordado, eufórico. Tampoco caben dudas de que tenía razones para estar contento. La derecha logró un triunfo que, pese a no ser categórico –prácticamente empatados con la NM–, sí lo fue psicológicamente. Recuperar municipios emblemáticos como Santiago y Providencia fue un golpe anímico importante de cara a los comicios de 2017. Pero el optimismo no es sinónimo de confianza total. Creo que la derecha chilena está cometiendo el mismo pecado que el conglomerado gobernante en otros momentos históricos: leer mal al país.

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En estas elecciones municipales apareció un fenómeno político-social que debe ser interpretado con atención. La alta abstención registrada –9% más que en 2012– habla de un voto de castigo que golpeó a todos los partidos políticos, pero particularmente a la Nueva Mayoría. Un ejemplo claro ocurrió en Providencia, donde la alcaldesa electa obtuvo apenas 300 votos más que Cristián Labbé; en cambio, Errázuriz alcanzó 13 mil sufragios menos que en 2012. No hubo un traspaso de votos de una opción a la otra.

Es un hecho, los indignados de la Nueva Mayoría claramente expresaron su descontento en las urnas al quedarse en sus casas. Claro que las municipales se jugaban en el territorio, en la calidad de vida de las personas, en lo cotidiano. En las presidenciales y especialmente en las parlamentarias, el juicio será más político.

En los últimos dos años, los chilenos han expresado su molestia, su rabia contra el mundo político por los casos de corrupción. El Congreso tiene niveles de aprobación cercanos al 10%, los partidos andan en cifras similares. Es probable que la abstención en 2017 sea mayor al 65% que vivimos recién. Y, en ese caso, los partidos deberán hacer una oferta distinta a la que han sustentado hasta hoy. Ese será el escenario que deberán enfrentar los candidatos.

Volvamos a Piñera. El ex Presidente es candidato desde hace mucho tiempo. Viene desplegando una intensa agenda comunicacional que no solo lo incluye a él sino también a Cecilia Morel. Tiene como plataforma principal sus Fundaciones “Avanza Chile” (marca que sintoniza con Chile Vamos) y “Futuro”, desde donde opina del país, critica a Bachelet y lanza sus propuestas.

Cuenta además con una suerte de comando integrado por sus principales ex ministros y dirigido por el UDI Andrés Chadwick, el que se constituyó a pocos días de terminar su Gobierno –según confesó el ex Mandatario, hoy alcanzan a 400 profesionales–. Además, la UDI y una parte de RN lo respaldan. En pocas palabras, Sebastián Piñera está proyectando su regreso a La Moneda desde el mismo día 11 de marzo de 2014.

Pese a que Piñera ha insistido hasta el cansancio que recién en marzo de 2017 oficializará lo obvio –que es candidato–, el ex Mandatario repite una y otra vez que no lo es.

Pero el 23 de octubre nació un nuevo Sebastián Piñera. Un hombre que pareciera haber logrado su objetivo –ser Presidente– antes de competir por el cupo. Es lo que expresó de manera nítida y transparente en una extensa entrevista que concedió a El Mercurio. En la ocasión, Piñera perdió incluso el pudor, ese acuerdo implícito con que los ex presidentes se cuidaban de no emitir juicios abiertos hacia el Jefe de Estado en ejercicio –“el mal gobierno que ha hecho la NM es el principal responsable de esta derrota”–.

También comenzó a enunciar los cambios que realizará desde el 11 de marzo de 2018. De manera contundente, anticipó que no continuará con el proyecto de gratuidad de la educación  –seguramente en las próximas semanas tendremos al movimiento estudiantil tirándose contra el ex Presidente–.

Además, presentó un panorama lapidario del país actual, señalando que los resultados en materia de salud, empleo, salarios, seguridad ciudadana y calidad de vida son catastróficos.

Piñera concluyó su negra visión de Chile con una conclusión: en el próximo Gobierno –el suyo– se deberán corregir fallas estructurales, lo que –según él– Bachelet denominó en su momento como “refundacionales”. Y con el uso de frases pintorescas –como cuando dijo que “en 20 días hemos hecho más que en 20 años”– el abanderado de derecha señaló: “En lenguaje de gásfiter, vamos a tener que entrar a picar”.

A buen entendedor, pocas palabras. Sebastián Piñera nos mostró, en el momento de la máxima euforia, lo que pretende hacer. Eso que viene soñando e imaginando hace más de tres años: una transformación total del país. Lo mismo que criticó de Michelle Bachelet en su momento. Creo que Chile no es capaz de resistir dos retroexcavadoras seguidas sin que el conflicto social y político se apodere de los ciudadanos. Pero, bueno, antes de gobernar hay que ganar las elecciones. Y queda mucho tiempo todavía.

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Fuente: El Mostrador

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