Distribución de los Ingresos en Chile

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Luego de varias semanas de retraso, el Ministerio de Desarrollo Social finalmente presentó los resultados de la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (Casen) del año 2015. Se trata de una encuesta multipropósito que permite, por su enorme cobertura (más de ochenta mil hogares encuestados en 324 municipios), estimar representativamente el bienestar material de los hogares del país.

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En ello radica la enorme importancia de este instrumento –de aplicación bianual– para la evaluación y diseño de políticas públicas y para la investigación socioeconómica.

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La información entregada por el gobierno es aún muy general, por lo que es difícil hacer un análisis preciso sobre temas como el impacto que han tenido las transferencias monetarias directas (e.g., bonos) o las causas que explican los movimientos (o estancamientos) de los ingresos para los distintos deciles de ingresos.

Además, mientras no se liberen las bases de datos de esta encuesta es imposible realizar estimaciones más finas sobre la situación socioeconómica de las personas y hogares en Chile, tales como la relación entre género, escolaridad e ingresos; o la composición familiar y el bienestar. Existen también problemas metodológicos que nos obligan a mirar con cuidado los datos y conclusiones extraídas de la Casen.

Y es que como en toda encuesta de hogares, especialmente una tan larga y compleja como esta, los ingresos de las personas que se sitúan en el 1% o 0,1% de más altos ingresos son difíciles de capturar, pues son ellos los más reacios a responder, y cuando lo hacen tienden a subreportar las rentas del capital. Por tanto, es probable que la participación de los súper ricos en el ingreso total (la ‘parte del león’) esté infra-estimada, sesgando también los indicadores de distribución del ingreso.

Sin embargo, a pesar de la falta de información detallada y los problemas metodológicos expuestos, es posible realizar un análisis preliminar con la información disponible sobre la distribución de los ingresos en Chile.

Los resultados de la Casen 2015 reflejan una leve mejora en el Coeficiente de Gini (una medida de desigualdad de ingresos que se mueve entre un valor de 0, igualdad perfecta, y 1, desigualdad total), el que por primera vez en las últimas cinco mediciones tuvo una caída que, aunque leve, resultó significativa, pasando de un 0,491 (estimado sobre los ingresos monetarios) el año 2013, a un 0,482 en la última medición.

Sin embargo, esta cifra aún nos sitúa como el país más desigual de la OCDE, y el tercer país más desigual del Cono Sur (una de las regiones más desiguales del planeta), superado por Brasil y Colombia. Así, a pesar de la leve mejora en la distribución de los ingresos que muestran los resultados de la Casen 2015, las agudas diferencias de ingreso en Chile siguen produciendo condiciones materiales de existencia que son radicalmente distintas entre ricos y pobres.

Para reflejar estas diferencias en las condiciones materiales de existencia de los hogares en Chile, he realizado un sencillo, aunque apresurado, ejercicio de comparación de los ingresos medios per cápita de los hogares.

La Tabla 1 reproduce la distribución de los ingresos autónomos per cápita de los hogares por deciles de ingreso. Los ingresos autónomos de los hogares excluyen los subsidios estatales, es decir, los aportes que reciben del Estado, y consideran exclusivamente los ingresos por el trabajo y las rentas del capital.

En la Tabla 1 han sido anualizados los ingresos autónomos per cápita de los hogares –en la columna “Media Anual”.

En la siguiente columna de la Tabla 1, “US$ PPA”, he transformado el ingreso medio anual per cápita de pesos chilenos a dólares por paridad de poder adquisitivo (PPA), de modo de comparar el ingreso autónomo medio de los hogares en cada decil con aquellos países que tienen una media de ingresos PPA per cápita similar. Los contrastes en las condiciones materiales de existencia de los hogares en cada decil resultan dramáticos.

Por ejemplo, el ingreso per cápita en los hogares del decil 10 (los más ricos) tienen una media per cápita similar a la de un país rico como Japón, la media de ingresos per cápita de los hogares en el decil 1 (los más pobres) apenas alcanza el de un país pobre como Liberia. De esa magnitud es la extrema fisura en la estratificación de clases sociales de nuestro país.

Sorprende además la enorme distancia de ingresos del decil 10 respecto de los restantes deciles, cuyos ingresos son más bien similares. En efecto, la distancia entre los deciles 2 y 9 equivale prácticamente a la mitad de la distancia que existe entre el decil 9 y el decil 10. Hace más de 10 años en un estudio de estratificación social en Chile que ya es un clásico, la socióloga Florencia Torche caracterizaba el patrón de desigualdad nacional “por una enorme concentración de la riqueza en la elite”.

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Torche concluía que “si se excluye el decil más rico, la desigualdad chilena se reduce dramáticamente y este país se transforma en el más igualitario de Latinoamérica”. Como lo muestra la Tabla 1, este diagnóstico de nuestro patrón de desigualdad se ha mantenido casi inalterado en la última década.

Finalmente, la evolución del ingreso autónomo promedio de los hogares por deciles de ingresos per cápita también entrega algunas sorpresas. Si comparamos la trayectoria de estos ingresos observamos que mientras en la medición Casen 2013 los ingresos de todos los deciles aumentaron de manera significativa respecto de la medición Casen 2011; en la medición Casen 2015 los deciles I, IX y X no mostraron variaciones significativas.

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Es más, al comprar los resultados de la Casen 2011 con la del año 2013 notamos que los ingresos autónomos promedio per cápita de los hogares de los cinco primeros deciles crecieron en un 15% promedio real (el decil 1 de ingreso experimentó el mayor aumento, con un 20% de incremento).

En cambio, la información de la Casen 2015 muestra que los ingresos autónomos de los cinco primeros deciles aumentaron un 7% real (el decil 1 tuvo un aumento de apenas un 4,4%) comparada con la medición anterior. Aunque la desaceleración económica durante la administración Bachelet hacía esperable un impacto negativo en la medición de ingresos de la Casen 2015, este impacto debió haber sido acotado, dado que los efectos en desempleo han sido hasta ahora más bien menores.

Fuente: Red Seca

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