Las Inéditas Revelaciones del Juicio al Asesino de Víctor Jara

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Un tribunal federal de Orlando registró cada una de las nueve audiencias del litigio civil entre la familia Jara y el ex teniente del Ejército Pedro Barrientos en transcripciones que alcanzan las 1.209 páginas. En estos documentos se revelan situaciones inéditas del proceso, que terminó con un fallo a favor de la viuda e hijas del artista, con compensaciones de US$ 28 millones. Esta es la cronología que llevó a un veredicto histórico.

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La atmósfera en los tribunales del Middle District de Orlando se siente espesa. No sólo por el calor, que llegará a los 36 grados, sino también por la matanza que dos días antes ha golpeado a la comunidad. “Es como el gorila dentro de la sala”, dice el honorable Roy Dalton (64) a los intervinientes acerca de lo ocurrido en la discoteca Pulse. Su primera tarea consiste en escoger al jurado, para que el juicio por la demanda de Joan Jara y sus hijas contra el ex teniente Pedro Barrientos, por la detención, tortura, asesinato y conspiración para matar a Víctor Jara, pueda comenzar.

Tanto los abogados de ambas partes como el juez saben que el atentado del sábado será un tema. “No estoy muy interesada en estar aquí hoy día”, revela Deborah Creamer, candidata al jurado.  

El juez Dalton explica que para cumplir esta labor hay que seguir el procedimiento como si se tratara de un partido de béisbol: sin dormirse hasta la última entrada. También se debe tener una postura imparcial.

Varios eventuales jurados tienen conflictos con alguno de estos puntos. Brad Sundberg organiza seminarios sobre Michael Jackson en Los Angeles y no dispone de muchos días; Mohammed Rahal sirvió en el Ejército de EE.UU. durante los 90 y cree firmemente que quien sigue órdenes no debe hacerse responsable ante la ley; Shelsy Sandoval tuvo un abuelo chileno que fue francotirador en la Armada durante el Gobierno Militar. “Era pro Pinochet, es todo lo que sé”, cuenta la mujer, que al ver al acusado, Pedro Barrientos, agrega que este se parece mucho a su padre. A pesar de estos antecedentes, asegura que no tendrá ningún sesgo a la hora de ponderar la evidencia. Los tres quedan descartados y los ocho integrantes finales son advertidos de no comentar el caso ni revisar los medios.

  

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Dalton también les informa que el valor de la prueba en un caso civil, como este, no es el mismo de un caso criminal, en el que se debe probar culpabilidad más allá de toda duda razonable. Aquí basta la simple preponderancia de la evidencia para hacer responsable al acusado.  

Pasadas las 14 horas, tras el receso para almorzar, uno de los abogados de la familia Jara, Mark Beckett, realiza su declaración de apertura. En instancias procesales previas le ha explicado al juez Dalton que Víctor Jara, el principal exponente de la Nueva Canción Chilena, el artista y activista político que fue asesinado en el Estadio Chile el 15 de septiembre de 1973, “era como Bob Dylan, aunque esta analogía puede ser insuficiente”. Ahora, Beckett dice que la evidencia demostrará que Barrientos estuvo en el Estadio Chile como el oficial de rango más alto de la Segunda Compañía del Batallón de Bronce de Tejas Verdes, y que el mismo acusado ha señalado que mató a Víctor Jara de dos disparos en la cabeza. “Ser comunista en Chile no era como en Rusia o Cuba. Víctor estaba comprometido con la democracia. Su única arma era la guitarra”, explica.

La respuesta de Luis Calderón, defensor de Barrientos, es simple: su cliente nunca estuvo ahí, sino en otras labores. Después de ser dado de baja del Ejército en 1984 y terminar dos matrimonios, el acusado llegó a Estados Unidos “persiguiendo el sueño americano”, donde ha logrado llevar una vida “sencilla”, como cocinero en un restorán.

“Este era un tiempo de caos. Era un tiempo de locura. El señor Barrientos seguía órdenes, pero ninguna tuvo que ver con el Estadio Chile”, afirma.   

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La primera testigo de los demandantes es una de ellas, Joan Jara (89), la bailarina de origen inglés que fue pareja del artista desde 1960 hasta el día de su muerte. Por sus problemas de visión, se le acerca el podio a la mesa de los abogados. Entonces relata los hechos del 11 de septiembre de 1973, la partida de Víctor Jara a la Universidad Técnica del Estado (UTE, actual Usach), pese al golpe en curso; sus dos llamadas telefónicas de esa tarde y la desesperación de no saber nada  hasta que el 18 de septiembre, Héctor Herrera, del Registro Civil, la visitó para contarle la verdad. “Fue el final de mi primera vida. Así me siento. Porque perdí demasiado en esa fecha”, sentencia Jara.

Se levanta la sesión a las 16.55 horas.

Martes 14 de junio, 8.58 horas

“Quiero expresar mis condolencias a todas las familias de la gente que murió”, comienza diciendo Manuela Bunster (56), la hija mayor de Joan Jara sobre lo sucedido en Pulse. El defensor Calderón exclama “objeción” y el juez Dalton desaloja la sala. Piensa que su frase ha sido inapropiada y puede predisponer al jurado positivamente a su demanda. Ella ofrece disculpas. “Todos en esta sala empatizamos con las víctimas de la tragedia, pero esto no tiene nada que ver con los temas que ustedes decidirán en el caso”, le dice el juez al jurado.

Bunster lee extractos de Un canto truncado, el libro de su madre, y pide escuchar Cuando voy al trabajo. “Sus canciones me ayudaron a sobrellevar la pena de la pérdida”, comenta Bunster, que también recuerda la jornada del 11 de septiembre, su huida a Londres y su regreso a Chile en 1981.

A la hora de contraexaminar, el defensor Calderón pregunta si Bunster conocía el nombre de Barrientos antes de la exhumación del cuerpo de Jara en 2009. Ella responde que lo había visto en el expediente, pero que entendía que el jefe del Estadio Chile era Mario Manríquez.  

La periodista Mónica González es la siguiente en ser llamada al estrado como experta. Los abogados no se ponen de acuerdo de si puede hablar sólo de la Nueva Canción Chilena o del contexto que llevó al Golpe de Estado y, por ende, a la muerte de Jara. “Estoy segura de que con su muerte, aunque es horrible que lo diga, Víctor Jara se transformó en un instrumento imparable”, asevera.

Se suceden las objeciones y la discusión entre los abogados se alarga hasta después del almuerzo. El jurado manifiesta su molestia con tanta interrupción. González habla del Estadio Chile como un “campo de concentración” y los defensores se indignan. “Ese lenguaje es perjudicial. Evoca emociones como de la Alemania nazi. Es peligroso, porque no es de lo que aquí estamos hablando”, argumenta Calderón, mientras los demandantes responden que es un término neutro. Dalton le pide evitar “comentarios editoriales”.

-Víctor Jara es el último eslabón de una larga cadena de impunidad y hay un deseo de que esa impunidad sea revertida. El se lo merece, Chile lo merece -dice la periodista.

-Pero este no es el lugar para promover causas. Este es un lugar para contestar preguntas -afirma Dalton.

Hacia el final del día se proyecta la declaración videograbada de dos testigos. Primero, el conscripto José Santiago Navarrete, quien afirma haber visto a Barrientos jactarse del asesinato de Víctor Jara en un casino de oficiales en Arica. “Barrientos siempre comentaba que él había matado a Víctor Jara pegándole dos balazos en la cabeza”, declara. Luego, el oficial Nelson Barraza, de la Segunda Compañía, quien asegura que “Barrientos organizaba la guardia en el Estadio Chile”. Se levanta sesión a las 17.07.

Miércoles 15 de junio, 9.21 horas  

  

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Dalton pide disculpas por su atraso, pero tenía que dictar una sentencia en otro caso. Se dispone una pantalla gigante para proyectar los videos, ya que se le hace difícil al jurado verlos en sus monitores. Erica Osorio, estudiante de Construcción Civil de la UTE en 1973, sale al estrado como testigo de los demandantes. Cuenta que vio cómo golpeaban a Víctor Jara en una cancha de básquetbol en el Estadio Chile. “Cuando llegamos, el estadio estaba lleno de gente. El oficial a cargo nos llamaba ‘atención, cloaca marxista; atención, escoria humana, son prisioneros de guerra y puede que mueran aquí’. Nos dijeron que no nos moviéramos sin ser acompañados por un soldado o nos dispararían”, testificó Osorio. Vio a un hombre subirse al techo y gritar ‘viva Chile’ antes de lanzarse al vacío. También identifica a Barrientos como uno de los oficiales del recinto. Otros tres conscriptos (Manuel Chaura, Mario González y Carlos Rivero) también lo ubican allí.

-¿Es posible que lo haya confundido con otro oficial?- pregunta el abogado defensor Jan Kubicz en el video.

-Objeción -irrumpe la demandante, Christina Hioureas.

-No, porque es de piel oscura -contesta igualmente Chaura.

La jornada termina a las 17.02.

Jueves 16 de junio, 11.01 horas  

Los compromisos del magistrado Dalton impiden avanzar con las pruebas de los demandantes durante la mañana. A las 12.10 tiene comprometido un almuerzo con futuros abogados de Florida. Se alcanza a mostrar el testimonio de Rubén Vargas, otro conscripto que vio al teniente Barrientos en el Estadio Chile.

Termina el receso. Los demandantes presentan el último poema de Víctor Jara, conocido como Somos 5.000. Este fue rescatado por Boris Navia (74), que era el jefe de personal de la UTE para el 11 de septiembre de 1973. Se sube al estrado y cuenta que Jara cantó la madrugada del 12 en la Escuela de Arte, antes de ser trasladados al estadio en micros. Navia se lleva ambas manos a la cabeza para mostrar cómo entraron al centro de detención. Mientras describe las golpizas que Jara recibe en el recinto, el abogado Calderón le dice al juez que los demandantes deben controlar sus emociones. Joan Jara está llorando, lo que atrae miradas del jurado. “Le niego que haya existido algún tipo de histrionismo o drama. Están respondiendo a lo que están oyendo”, indica Beckett. Después de un breve receso, el juez Dalton le aclara la situación a la viuda: “Le aseguro que no hemos sugerido que usted haya hecho algo inapropiado. Sé que son cosas difíciles de escuchar”.

Navia relata que Jara era como un trofeo para los oficiales, quienes tomaban turnos para golpearlo y humillarlo. Uno le lanzó un cigarro al suelo y cuando éste estaba por recogerlo, le pisó la mano. “A ver si tocas tu guitarra ahora”, le habría gritado. Junto a otros prisioneros trataron de protegerlo por algunas horas, luego de un descuido de los guardias. Entonces le pidió papel y lápiz para escribir su últimos versos.

¡Canto que mal me sales

Cuando tengo que cantar espanto!

Espanto como el que vivo

como el que muero, espanto.

Viernes 17 de junio, 8.34 horas  

El testimonio del conscripto Gustavo Báez es el más controversial de todo el juicio. En una primera declaración firmada ante notario en junio de 2015 y entregada a la primera esposa de Barrientos, María Teresa Castro, dijo que el ex teniente nunca estuvo en el Estadio Chile; sin embargo, en la entrevista oral grabada para el juicio, confesó que es analfabeto y que el contenido de este documento no era fiel a sus palabras. La defensa apunta a la falta de credibilidad del testigo, que ya en 2009 había dado un testimonio judicial sin involucrar a Barrientos.

-¿Es verdad que Pedro Barrientos nunca estuvo en el Estadio Chile?

-No, eso es mentira, porque estaba ahí.

-¿Y esa es la respuesta que le dio a la señora Castro Barrientos el día que esa declaración fue redactada?

-La respuesta que le di fue que Barrientos estuvo en el Estadio Chile el 12 de septiembre. Que yo lo había visto ese día.

El siguiente relato es el del propio acusado, Pedro Barrientos, grabado entre el 9 y 10 de noviembre de 2015. Hay varios problemas técnicos con el video, pero alcanzan a terminarlo antes de las 16 horas. Barrientos niega todas las acusaciones. Reconoce que fue visitado por el agente del FBI Patrick Walter en 2012, cuando se inició la investigación en su contra en Chile, tras la acusación del conscripto José Paredes, pero asegura que nunca estuvo en el Estadio Chile, sino entre Padre Hurtado, Arsenales de Guerra y el Ministerio de Defensa.

“Ni siquiera lo conozco (a Jara). No soy muy amante de la música, así que cuando esto apareció, empecé a preguntar quién era Víctor Jara”, sentencia en el video.

Lunes 20 de junio, 9.04 horas  

-Para quienes no saben, ¿qué es la Academia Americana de Artes y Ciencias?

-Bueno, yo lo describo como un salón de la fama del que nadie ha oído nada -bromea el testigo Steve Stern, profesor de la Universidad de Wisconsin de historia latinoamericana, especializado en el Chile contemporáneo. Stern da su impresión sobre las tensiones políticas de la época y de la represión posterior. Comenta que el Estadio Chile fue uno de los 1.100 centros de detención y tortura del régimen.

Lo reemplaza en el estrado Héctor Herrera, el funcionario del Registro Civil que avisó a la familia Jara de la muerte del cantautor. Descubrió el cuerpo lleno de tierra en el Servicio Médico Legal el 15 de septiembre. “Tenía el pelo pegado a la cara por la sangre. Sus mejillas estaban hinchadas (…). Tenía heridas grandes en el dorso de sus manos”, narra. Tres días después, el 18 de septiembre, fue a la casa de Joan Jara.

Al llegar, una de las niñas le mostró una foto de Jara y le preguntó: “¿Has visto a mi papá?”. Herrera acompañó a la familia hasta el Cementerio General para enterrar al artista. “Fue el único momento en que me quebré”, recuerda.

La última testigo de los demandantes fue Amanda, su hija menor y su única hija biológica. Habla de haber evitado las canciones de su padre hasta los 16 años para no echarlo de menos y de la suerte de cierre que les dio haberlo podido exhumar y volver a sepultar con funerales masivos. Dice que lo reconoció apenas abrieron el ataúd, con sólo mirar sus dientes. “Tenía una sonrisa amplia”, cuenta, antes de confidenciar que lo perdona por haber ido a la UTE esa mañana. “Ahora entiendo que fue porque era fiel a sus convicciones, que no se trataba de él, sino de algo más grande”, añade.

Los abogados de la familia Jara terminan así con sus pruebas. Le corresponde el turno a la defensa, que llama a María Teresa Castro, ex esposa de Barrientos, quien afirma no haber escuchado de Víctor Jara, pese a escuchar folklore, y tampoco conocer el Estadio Chile. Ambos vivían en Tejas Verdes cuando se inició el Golpe. Ella recuerda que no vio mucho a su marido durante los días posteriores y que sólo se enteró de violaciones a los derechos humanos con el libro Los Zarpazos del Puma, de Patricia Verdugo, publicado en 1987. Después de leerlo, llamó a Barrientos, padre de sus tres hijos, que por entonces ya era su ex marido.

“Me dijo que sus manos estaban limpias, porque se había quedado en el regimiento con otros soldados”, declara Castro.

Las objeciones se suceden respecto de la obtención de la declaración del conscripto Báez, que Castro alega no haber alterado. La contraexaminación de los demandantes es dura. Le logran sonsacar a Castro que en algún momento se definió como “abogada” de su ex esposa en conversaciones informales y que es parte interesada por querer resguardar la honra de sus hijos.

-¿Haría usted lo que fuera para prevenir que sus hijos y nietos sean conocidos como descendientes del hombre que mató a Víctor Jara?

-Eso no va a pasar, porque no es verdad.

Martes 21 de junio, 9.02 horas

El interrogatorio de los abogados de la familia Jara a Castro continúa. Le preguntan si sabía que bajo el casino de Tejas Verdes operaba un centro de detención y también por el capitán Carlos Enriotti, un conocido de la pareja que salió mencionada en Los Zarpazos del Puma. Aunque asegura que verlo mencionado en el libro le generó gran impacto, no recuerda los cargos que se le imputaban ni que estuviera en Tejas Verdes.  

-¿Le sorprendería saber que su esposo, en una declaración jurada, dijo que le reportaba al capitán Enriotti en Tejas Verdes? -pregunta Beckett.

-Voy a objetar basado en testimonio de oídas -exclama Calderón.

-Objeción denegada -decide Dalton.

-Me sorprendería, porque no estaba ahí.

La defensa llama a dos conscriptos que apoyan la versión de Barrientos, Francisco Quiroz, el hombre que convenció a Gustavo Báez de dar su primera versión, y Héctor Hinojosa, ambos ex guardaespaldas del imputado. Las permanentes objeciones de un lado y otro alargan el testimonio hasta que Dalton se molesta. “Están forzando mi paciencia. No importa lo que pase, yo no estaré aquí el jueves”, amenaza el magistrado.

Finalmente, es el turno del acusado de instalarse en el podio.

Miércoles 22 de junio, 8.05 horas.    

Después de la declaración grabada, el testimonio presencial de Barrientos se enfoca en explicar por qué traspasó su casa a una sociedad familiar cuando se enteró de que estaba siendo investigado. El ex teniente dice que lo hizo motivado por un mal consejo de una persona llamada Eladio Armesto, que se habría hecho pasar por abogado. “Estos esfuerzos por evadir la notificación o transferir bienes puede ser una admisión de responsabilidad, por eso queremos explicar al jurado que esta acción fue tomada bajo el consejo de esta persona que no es abogado”, argumenta Calderón al juez, quien no le permite entrar en detalles sobre el tema.

Ambas partes debaten la fecha del documento de traspaso, que corresponde al 25 de abril de 2012, un día después de ser visitado por el FBI por la investigación en Chile. Barrientos garantiza que el documento fue firmado realmente en septiembre de 2013, cuando le fue interpuesta la demanda de la familia Jara.

Poco antes del receso para almorzar, los abogados entregan sus argumentos de clausura al jurado. “Siendo conservadores (a Barrientos) se le vio unas 20 veces en cuatro días dentro del Estadio Chile. El les dice que nunca escuchó del lugar. ¿Por qué alguien diría eso?”, señala Beckett.

“Cualquier chiflado o loco que haya sido miembro de los militares en algún momento podría llegar con un registro detallado de información implicando al señor Barrientos (…). ¿Es razonable creer que le dejarían a alguien de su estatura (de Jara) en manos de un teniente cuando hay mil en Santiago. No, esa es una decisión tomada mucho más arriba de su salario”, argumenta Calderón.

Estratégicamente, Beckett ha dejado 10 minutos de su tiempo para poder volver a hablar y quedarse con la última palabra: “Respecto de los daños punibles, de los cuales ustedes ya tienen instrucciones, envíen un mensaje de que esto no puede volver a suceder, que este tipo de comportamiento no será tolerado”.

Al día siguiente, a las 15.07, y después de almorzar pizza, el jurado le entrega su respuesta con cuatro cifras que suman US$ 28 millones en compensaciones. La batalla continuará ahora en la Corte de Apelaciones del 11° Circuito, que agrupa Florida, Georgia y Alabama. Luego podría volver a Chile si el ministro Miguel Vásquez reabre el proceso contra Barrientos y solicita su extradición, en una causa que tiene otros siete procesados, a 43 años de la muerte de Jara.

Fuente: La Tercera

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