Nabila Rifo: Reconstrucción de una Pesadilla

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El expediente del caso revela algunos detalles desconocidos de la noche en que la mujer de 28 años fue brutalmente atacada afuera de su casa en Coyhaique. Las voces de los testigos dan cuenta de alcohol, arrebatos y amenazas en las horas previas. El archivo también contiene las declaraciones del imputado, Mauricio Ortega, y de la propia víctima, quien sólo entregó su versión hace un par de días: “Decidí decir la verdad, porque nunca más podré ver en mi vida”.        


        

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Mauricio Ortega (41) empezó su jornada laboral a las 10 de la mañana. No necesitaba desplazarse muy lejos. Desde hace un año y medio mantenía al interior de su casa, en calle Lautaro, un taller mecánico, donde se dedicaba a arreglar chapas de autos. El trabajo lo compartía con su padrastro, Eduardo Soto, quien habitaba una construcción en el mismo terreno, y Juan Mendoza, su desabollador.

La rutina de ese 13 de mayo se asemejó a la de días anteriores. Según la declaración que Ortega entregaría después a Carabineros, a la una de la tarde tuvo un último almuerzo con su pareja de hace seis años, Nabila Rifo (28); uno de los dos hijos de ambos, de iniciales M.O.R. (2) y los otros niños nacidos de una antigua relación de Nabila: L.F.R.R. (12) y Y.T.R. (10).

Luego de una siesta, Ortega partió al colegio a buscar al segundo hijo de la pareja, K.O.R. (4). La costumbre era volver a trabajar junto a Mendoza a las tres.

Pasadas las siete de la tarde, Ortega decidió comprar cervezas para cerrar la jornada y empezar el fin de semana. Invitó al lugar a Mendoza y a su amigo Fernando Vilches (55), operador de grúas. “Me dijo que fuera para su casa a tomar unas ‘nerd’, que es un código de amigos que tenemos cuando me invita a tomar cervezas”, relató Vilches en su declaración.

Cerca de las ocho de la noche, llegó a la casa con una botella de whisky Caballito Blanco y una bebida. Mientras compartían su trago en tazas, se integró Eduardo Soto (72), el padrastro de Ortega. Ahí estuvieron hasta que apareció Nabila, también conocida como Nadia para sus cercanos.

“Llegó mi señora y dijo que pasáramos adentro, donde cocinaba un asado”, aseguró Ortega, según consta en el expediente.

Gonzalo Bahamonde (31) llegó pasada la medianoche tras una invitación a través de Facebook que le hizo Ortega, su primo. Llegó con Alejandra Castro, una amiga que no conocía a la pareja. Según consignó Bahamonde, “cuando llegué a la casa de mi primo, estaban todos entonados, menos Juanito (Mendoza), que no toma”.

Compartieron cervezas y un cuarto de botella de ron. También fumaron cigarros. Antes de que los asistentes empezaran a bailar, Soto partió a su habitación, ubicada inmediatamente frente a la de Ortega y Nabila. Se desentendió de la junta hasta el otro día.

Hasta su salida, Nabila tomaba un licor de café y chocolate. Luego pasó al whisky y la música que escuchaban a través del televisor empezó a sonar más fuerte. En un extracto de la declaración que entregó este miércoles a la fiscalía -al cual pudo acceder Reportajes-, la propia Nabila describe así lo ocurrido esa noche:

“Cuando terminaron de comer se quedaron todos compartiendo en el living. Yo también. Mis hijos, los dos más chicos estaban durmiendo y los dos más grandes estaban jugando Play en el segundo piso. Como a la una o dos de la madrugada bailamos y en eso empezó una mala onda entre Mauricio y yo”.

Según Bahamonde, Ortega bailaba tanto con Nabila como con Castro. La tranquilidad duró hasta que Vilches pidió cambiar la música, porque quería escuchar cueca. Nabila no quería. De acuerdo al testimonio del resto de los presentes, contestó de manera violenta y lo insultó.

“Ella con trago era muy sin respeto. Incluso, mientras bailaba se levantó la polera y mostró sus senos, a lo que no di mucha importancia”, indicó Ortega. Esta versión contrasta con la entregada por Alejandra Castro, quien declaró que “el acto provocó la molestia de Mauricio, quien textualmente le dijo: ‘Ahora sí que la hiciste’ (…). El ambiente se notaba bastante denso, pero hasta que yo me fui no había violencia”.
Castro se retiró del lugar alrededor de las 4.30. Vilches hizo lo propio por esa misma hora.

Fueron los primeros roces de la noche. Ambos, Ortega y Nabila, estaban bajo los efectos del alcohol. Los asistentes que quedaban aseguraron que la discusión subió de tono, pese a que Ortega señaló que no llegaron a los golpes.

Mientras se intensificaban los gritos de ambos, los hijos de la pareja y de Nabila se encontraban en el segundo piso de la casa escuchando la discusión. Dos de ellos se comunicaron por teléfono con su abuela, Noelia Ruiz, la madre de Nabila, y con sus tías Carolina y Katherine Rifo, hermanas de Nabila, para que los retirara del lugar. Eran casi las cinco de la madrugada.

“En ese momento empieza una discusión fuerte”, afirmó en su declaración Juan Mendoza. Nabila le decía que lo había engañado con el dinero de un auto, mientras Ortega, según Mendoza, le respondía que era una malagradecida, ya que debía considerar que era él quien le tenía el refrigerador lleno. Bahamonde trató de manejar la situación, pero la tensión siguió aumentando.

“Mauricio se descontroló, debiendo intervenir Gonzalo Bahamonde, quien lo tuvo que tomar de los brazos para que no agrediera a Nadia”, afirmó Mendoza.

Ninguno de los protagonistas estuvo el jueves en la Corte de Apelaciones de Coyhaique para la audiencia de revisión de medidas cautelares. Ni el principal acusado, Mauricio Ortega, ni la víctima de femicidio frustrado, Nabila Rifo, se presentaron.

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Actualmente, él cumple prisión preventiva en la cárcel de Coyhaique, mientras que ella reside en la casa que el Estado le arrienda, mientras se adapta la vivienda de su madre, en la población Gabriela Mistral, a su reciente discapacidad visual. Sin embargo, Nabila estuvo más presente que nunca en el proceso a través del testimonio entregado algunas horas antes al fiscal regional Pedro Salgado y a su adjunto, Luis González.

“Es un antecedente importante, tal vez fundamental, que se incorpora a la carpeta, pero esta investigación se llevó adelante por mucho tiempo sin su testimonio. Quedan exámenes científicos pendientes y otras líneas de investigación por agotar”, comenta el fiscal Salgado, que en la audiencia del jueves dio a conocer el dato central de la declaración de la víctima: haber reconocido a Ortega, su ex pareja, como su atacante.

“Esto lo empecé a recordar cuando llegué a Coyhaique. Cuando estaba en Santiago soñaba cosas. Como que mi mente divagaba, y para recordar todo esto me ha servido hablar con los psicólogos. Es primera vez que relato esto y primera vez que se me toma declaración”, se lee en otro pasaje del relato de Nabila.

En su diálogo con el Ministerio Público, ella detalló varios episodios de violencia vividos con Mauricio Ortega. También se refirió a su maternidad a los 17 años y contó detalles sobre cómo conoció a Mauricio, hace algunos años, en un restorán en el que ella trabajaba como cajera y mesera, rechazando así una versión levantada por la defensa, que indicaba que ella ejercía la prostitución y que había recibido amenazas de personas involucradas en una operación de trata de blancas en Coyhaique.

“Me salí de octavo básico porque mi papá falleció y comencé a cuidar a mis hermanas. Creo que en esa época tenía 13 años. Mi papá era ayudante de mecánico y era el que sostenía la casa. Mi mamá era dueña de casa y cuando él falleció tuvo que empezar a trabajar y yo tuve que cuidar a mis hermanas. Tenía como 16 y tuve que trabajar en una pesquera, donde alcancé a estar un mes. Cuando tenía 17 años nació mi primer hijo. A los 22 años entré a trabajar al restorán Bohemia, que queda en el barrio Las Lengas. Creo que trabajé como tres años. A veces manejaba la caja o si no atendiendo mesas, levantando vasos, lavando y limpiando el piso. En ese local trabajaba por 120 mil pesos y, además, ganaba las propinas de los clientes. Yo en el Bohemia no me prostituí ni ejercí el comercio sexual”, manifestó.

Francisco Pulgar, perito forense que lleva el caso contratado por la defensa, y quien reveló que uno de los presuntos testigos, un niño de 14 años, mintió en su declaración, afirma que “hay elementos que en materia pericial me hacen pensar que la declaración de Nabila hay que trabajarla desde la arista pericial, ya que no se confirma ni se descarta, pero existen elementos de forma y de fondo que generan cierta alerta en nuestra expertise”.

Antes de su declaración, Nabila tenía pocos recuerdos sobre lo ocurrido esa noche. Fue el sábado 16 cuando la visitó una familia evangélica que quería prestarle apoyo espiritual. Durante su conversación, recordó algunos detalles sobre esa noche. Inmediatamente, su madre y hermana se acercaron al fiscal regional para pedir que le tomaran declaración. Allí, Nabila afirmó que vivía episodios de violencia recurrentes con Mauricio y que esa noche él la golpeó en reiteradas ocasiones antes de que ella pudiera abrir el candado y salir corriendo por calle Lautaro.

La dinámica que describe Nabila en su relato está avalada por antecedentes de violencia intrafamiliar, como la denuncia de lo que pasó el 5 de junio de 2015, cuando Ortega llegó hasta la antigua casa de su polola, en calle Trapananda, provisto de un hacha para derribar la puerta.

Otro testimonio que apunta a la supuesta agresividad del acusado es el que entregó María Albertina Vidal, una vecina de la pareja, quien aseguró haber visto a Ortega persiguiendo a Nabila por la calle con una llave de tuercas en la mano. “Iba siguiendo a esta muchacha con claras intenciones de agredirla, por esta razón ella huía desde su casa hacia el centro”, dijo.

La defensa de Ortega reconoce que el testimonio de Nabila es un duro golpe, en un momento en que la investigación parecía dar un vuelco hacia nuevas tesis. “Esto cambia el ritmo de la investigación, pero sigue siendo un testimonio que puede ser refutado, que no calza con lo que han señalado otros testigos. La consistencia de la versión de la víctima está por verse”, dice Fernando Acuña, representante legal de Ortega y jefe de la Defensoría Regional de Aysén.

La familia del imputado dice contar con una prueba de las inconsistencias en la versión de Nabila. Jorge Ortega, sobrino del sospechoso, asegura que en la tarde del 10 de julio recibió un mensaje de Facebook de Katherine Rifo, hermana de Nabila.

Ella le pidió su número de teléfono. Minutos después, a las 13.36 horas, recibió un llamado telefónico de Katherine, quien luego puso a Nabila al teléfono. La conversación duró seis minutos y 50 segundos.
Según Jorge Ortega, en este diálogo Nabila le dijo que no se preocupara, porque Mauricio no era el culpable. No obstante, en su testimonio, Nabila desmiente haber exculpado a Ortega en ese contacto telefónico.

“Esto parece una película de terror”, repite Jorge Ortega, quien insiste en que se debe profundizar en un informe del Servicio Médico Legal que encontró material genético de dos hombres distintos de su primo en el recto de la víctima. “Después de esta cuestión les van a tener que hacer exámenes de ADN a los niños para ver si efectivamente son hijos de Mauricio”, anunció.

Según el perito Pulgar, hay que “hacerse una pregunta: si Mauricio Ortega es el autor, ¿por qué no hay material biológico de él involucrado?”. El fiscal Salgado, por su parte, promete perseguir todas las aristas, pero que “la vida privada de Nabila no es una línea de investigación”.

“El estaba curado. Yo también estaba con trago. El empezó a gritar ‘esta mierda nunca se conforma con nada’, empezó a romper los vasos y trataba de pegarme mientras Juanito y su primo lo agarraban de los brazos. El, con todo quería pegarme. Esto pasaba en el living”, aseguró Nabila. Estos hechos habrían ocurrido cerca de las 5 de la madrugada.

Media hora más tarde, y en medio del caos, Katherine Rifo llegó a buscar a los niños.

“Cuando iba saliendo, mi cuñado rompía diferentes objetos del inmueble, enojado porque en ese momento quería golpear a mi hermana”, declaró a fiscalía. Aunque no todos los asistentes vieron un intento de agresión directo sobre Nabila, sí coinciden en que Ortega pateaba la lavadora y le daba puñetazos al muro.

Antes de retirarse, cerca de las 5.45, Mendoza y Bahamonde dejaron a Ortega en el patio, aparentemente más calmado, mientras que Nabila se quedó sollozando en un sillón. No volvieron a saber de ellos hasta ver las noticias al día siguiente.

Según relató Ortega, luego de eso se fue a dormir y no volvió a saber de Nabila. “Yo creo que salió y en eso alguien la tomó y le hizo eso. A lo mejor mis vecinos o alguien del Tucán, que es un lugar nocturno”.

En cambio, Nabila, quien según un informe médico tenía 2,3 grados de alcohol, declaró que la discusión se puso cada vez más violenta.

“Salí arrancando de la casa, salí con lo que tenía puesto. Vi que Mauricio, alegando medio curado estaba en el patio (…). Creo que las llaves del auto -las mismas que se encontraron a su lado tras el ataque- estaban colgadas. No las recuerdo, pero yo no las tenía, porque yo no sé manejar”, relató a los fiscales.

Según su versión, Mauricio le propinó golpes de manos y patadas en el suelo. Luego, sintió un golpe en su cabeza. Nabila no recuerda más después de eso.

El único testigo presencial del caso que llamó a Carabineros para denunciar el hecho, C.J.Q.M. (17), expresó que en un principio oyó el llanto desgarrador de una mujer: “Pensé que estaba ebria. Al aumentar la intensidad de los gritos, mi amiga me dijo que observara”. Desde su casa vio a un hombre al que describió como delgado, de alrededor de 1,70 de estatura, que levantaba y bajaba las manos. El joven sólo salió de su domicilio para ir a buscar a los carabineros, quienes habían pasado de largo. Ahí vio su cuerpo: una mujer de vestido verde que llevaba calzas con diseño de animal print y botines color café. Era Nabila Rifo. Lo primero que el joven observó fue su cabeza y su rostro. Vio un charco de sangre y un vacío al buscar sus ojos.

“Me asusté mucho. Al ver la imagen quise ayudarla, pero me causó mucho impacto, razón por la cual yo corrí hacia mi casa”, declaró al día siguiente. Finalmente, a las 6.06, el cabo primero Paulo Orellana y el cabo segundo Bernardo Zambrano llegaron al lugar y encontraron el cuerpo.

Hace 12 días, Nabila fue dada de alta y se reunió nuevamente con su familia. Cuenta con resguardo policial y se encuentra en una vivienda alejada de su lugar de residencia oficial, bajo estricta reserva sobre sus movimientos.

En su única declaración, Nabila aseguró que cuando le contaron lo que había ocurrido, pensó en proteger a Mauricio Ortega. Según ella, “no quería decir la verdad. Pero cuando llegué a Coyhaique y ya estuve en mi casa, estar con mis hijos, mi mamá y ver todo el sufrimiento, decidí decir la verdad”. Lo que más influyó a la hora de tomar esta decisión -comentó en su testimonio- fue esa realidad a la que aún intenta acostumbrarse:

“Nunca más podré ver en la vida”.

Fuente: La Tercera

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