La Reforma está en Disputa

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Esta semana se presentó la esperada Reforma a la Educación Superior, iniciativa que completa el total de esta reforma educacional, que ha sido motivada y exigida por el movimiento social por la educación, recogidas en el programa de la Nueva Mayoría.

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Esto ocurre en un momento de gran interés ciudadano por influir en las transformaciones políticas, a la vez cruzado por el costo de la incertidumbre y la resistencia natural que genera cualquier proceso de cambios, más todavía cuando nos gobierna la desconfianza, el descrédito de las instituciones y la política en general.

El escenario no es fácil, si consideramos que además algunos relativizan los compromisos asumidos, lo que resulta una amenaza para la correlación de fuerzas que permita lograr la reforma por la que muchos hemos luchado y trabajado generación tras generación.

Esto debe ser un llamado a la acción. Las encuestas muestran una amplio rechazo a las reformas, pero una gran mayoría sigue respaldando las demandas del movimiento estudiantil, evidencia de que la lectura oportunista que hace la derecha al decir que el pueblo no quiere cambios, no es real, sino muy por el contrario, la ciudadanía quiere reformas pero más profundas de lo que la correlación de fuerza política nos ha permitido hasta ahora.

Esto resulta muy esperanzador, ya que los impulsos transformadores siguen vigentes en el seno de nuestro pueblo, por ello la importancia del rol del movimiento estudiantil y lo destacable de la fuerza y proactividad que han tenido los estudiantes secundarios, marcando con el ejemplo el no darse por vencidos y disponerse a dar la pelea por modificar la reforma con justas ideas que los convocan.

Aún así, es preocupante que dirigentes universitarios planteen el “retiro del proyecto”, lo que no resulta coherente con la demanda histórica del movimiento estudiantil, de la necesidad de una reforma estructural a la educación superior.

Esta oportunidad no la tuvimos en 25 años de democracia ya que ningún Gobierno tuvo la voluntad de abrir este debate, lo que no significa que debamos aceptar cualquier reforma, pero la política del todo o nada solo cierra las puertas a la posibilidad de cambios.

No cabe duda que la propuesta presentada por el Gobierno hasta ahora es insuficiente, hay que entenderlo solo como una base para el debate del que algunos nos resistimos a autoimponernos un techo o una derrota, sin antes ser parte de esta importante batalla.

Querer influir y cambiar el destino de nuestro país en ningún caso significa ser obsecuentes.

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Respecto del contenido de esta reforma hay mucho que decir. Cambiar el modelo mercantil enquistado en la educación chilena no es tarea fácil, pero si somos capaces de influir en ella y romper los cercos que levanta la derecha y los poderes fácticos que defienden el modelo, si somos capaces de disputar el sentimiento y la conciencia mayoritaria de nuestro pueblo, de reposicionar un movimiento social por la educación que articule en su seno a la diversidad de actores que en su momento logró convocar a cientos de miles marchando por todo Chile, de trasladar nuestras justas ideas con claridad política al país; podemos sobrepasar el riesgo del fracaso y hacer frente al importante desafío de disputar un nuevo modelo de producción de conocimientos para un nuevo modelo de desarrollo, que de una vez por todas ponga en el centro los intereses de las grandes mayorías, en especial de quienes son y han sido históricamente los más postergados.

De demagogias y discursos facilistas nuestro país ha tenido suficiente. A los comunistas nos interesan los cambios reales y concretos, no los meramente declarativos o que suenan hermosos en un papel pero sin ninguna fuerza para su realización detrás. Es por esto que ante la actual situación y estado de fuerzas, tenemos una responsabilidad y debemos estar a la altura.

Una vez más se repiten los sucesos, ya que asumir los desafíos y estar a la altura pese a la adversidad -si miramos el siglo de nuestro partido-, es parte de nuestra identidad, nuestra cultura y nuestra historia como comunistas chilenos.

(*) Diputada del Partido Comunista por Independencia y Recoleta

Fuente: El Siglo

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