Convocatoria Democrática: Llaman a Reafirmar que un Nuevo Chile es Posible

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Un grupo amplio de experimentados y probados combatientes por la democracia en tiempos de dictadura, convocó a todos los protagonistas de esas luchas a reafirmar que un nuevo Chile es posible: un país auténticamente democrático y socialmente progresista. La actividad político cultural en la que se lanzará el movimiento, se realizará el domingo 29 de mayo, en el cine arte Alameda. a las 10:00 hrs.

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Convocatoria Democrática: Un Nuevo Chile es Posible: Auténticamente Democrático y Socialmente Progresista

¿Quiénes somos?

–     Somos una generación que formó parte de las luchas por una sociedad con valores permanentes de justicia, libertad, derechos humanos e igualdad.

–     Pertenecemos a una generación política cuyo principal cometido fue consagrarse a la lucha contra una dictadura criminal que en nuestro país destruyó la democracia, asesinó e hizo desaparecer a dirigentes sociales, sindicales, políticos, eclesiásticos, mujeres embarazadas, hombres y jóvenes dignos, sólo por pensar de manera distinta y soñar con una sociedad más justa e igualitaria.

–     Somos una generación sin cuyo concurso habría sido imposible el término de la dictadura de derecha ni el consecuente retorno de la democracia.

–     Aun siendo jóvenes en aquel tiempo, lideramos las principales iniciativas que constituirían los soportes de la caída de Pinochet:

–    Conformamos -ya desde la década de los 70- las más diversas instancias de unidad, las cuales cubrían un arco político no logrado por los partidos.

–    Contribuimos a la conformación de múltiples organizaciones juveniles de las más variadas expresiones, entre otras:

?    Coordinadora Nacional Sindical
?    Coordinadora Metropolitana de Pobladores
?    Comisión de Derechos Juveniles (CODEJU, 1977)
?    Acción Cultural Universitaria (ACU, 1978)
?    Confederación Nacional de Federaciones de Estudiantes de Chile (CONFECH, 1984)
?    Asamblea de la Civilidad (1986)
?    Movimiento Juvenil por el NO (1988)

–    Fuimos los artífices de todas y cada una de las manifestaciones sociales cuyas primeras expresiones germinaron en la década de los 70, tuvieron su continuidad en las masivas protestas de mediados de los 80 y culminaron con las movilizaciones desplegadas en el marco de la campaña por el NO.

–     Hicimos posible lo que parecía imposible: el retorno de la democracia.

–     Prometimos un sueño: un mundo distinto, un mundo de mayor alegría, equidad, justicia y de solidaridad.

–     Dicho sueño se encuentra incumplido, pero permanece plenamente vigente para las actuales y futuras generaciones.

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¿En qué realidad vivimos?

–     Se ha alcanzado un régimen democrático en el país. Para quienes padecimos el autoritarismo, la inseguridad, la persecución y el miedo, para quienes fuimos la generación de los toques de queda y los estados de sitio, la democracia es un valor muy sentido.

–     Sin embargo, los grandes valores por los cuales luchamos distan de cristalizar.

–     La lejanía con aquellos valores ya proclamados en la revolución francesa –libertad, igualdad y fraternidad- alcanza niveles dramáticos.

–     Nuestra sociedad no es ni actúa como un cuerpo orgánico solidario, muy por el contrario, se desgarra día a día.

–     La desafección humana se ha enseñoreado. Como sociedad, somos insensibles, indiferentes e indolentes frente a las angustias y el dolor de nuestros propios compatriotas.

–     Nuestra sociedad camina aceleradamente hacia su despedazamiento, la fractura y pulverización de sus valores fundantes.

–     Los grados de crecimiento económico alcanzados no se compadecen con las asimetrías económicas, sociales y culturales que se acentúan en nuestro país:

o    La escandalosa desigualdad entre los chilenos, fruto de una creciente e impúdica concentración económica.

o    La segregación espacial, económica, social y cultural que se produce a partir de la primera infancia.

o    La salud y la educación convertidas en bienes que se transan en el mercado, en desmedro de los derechos fundamentales de nuestros jóvenes, mujeres y niños.

o    Nuestros ingresos y nuestro futuro previsional sometidos al arbitrio de los vaivenes del mercado, no así para las FFAA y de Orden.

o    La discriminación de las personas que aún se manifiesta con fuerza, según su condición étnica, social, económica, cultural, generacional o de género.

o     El Estado subsidiario impuesto está al servicio del modelo económico neoliberal.

o     La institucionalidad no sólo está al servicio de la acumulación de riqueza de unos pocos, sino que diariamente abusa, avasalla y humilla a las personas.
  

o    El sistema político de nuestro país atraviesa una crisis moral que alcanza grados de desquiciamiento y enajenación nunca antes vistos en la historia de nuestra república.

o    Muchos de los pretendidos servidores públicos están secuestrados por el dinero de los empresarios y el encanto del neoliberalismo.

o    Algunos partidos políticos conforman una casta, cuyo principal norte es preservar las granjerías y defender los privilegios que estos espacios de poder les brindan.

o    Frente a los escándalos en la política y las colusiones de las grandes empresas, los representantes públicos no reaccionan con la entereza que debiera esperarse.

o    El país vive una crisis representacional e institucional sin precedentes y que amenaza con el despeñadero.

¿Qué sociedad queremos?

–     Una sociedad que respire seguridad y esperanza en el futuro.

–     Una sociedad edificada en el respeto a los derechos fundamentales de las personas.

–     Un Chile justo y fraterno, donde la igualdad sea el norte y la libertad el camino.

–     Una sociedad dentro de la cual la diferencia cultural sea un valor y no un baldón.

–     Una sociedad multicultural, que incorpore y respete el desarrollo de nuestros pueblos originarios (tal como se expresa en el convenio internacional 169 de la OIT); al mismo tiempo que sea rica en diversidad interna donde la alteridad cultural se manifieste a través de múltiples expresiones.

–     Una sociedad dotada de una nueva institucionalidad que genere nuevos espacios de participación y de ejercicio democrático directo.

–     Una sociedad centrada en valores solidarios -no en el individualismo exacerbado- los cuales propendan a la realización de las personas.

¿Para qué nos reconstituimos?

–     Lo hacemos para transformar la sociedad y nos proponemos bregar incansablemente en aras de acceder a aquel sueño que dejamos inconcluso: esa sociedad que queremos.

–     Nuestra contribución aspira a tener un carácter político, social y cultural, con presencia nacional y regional.

–     Abogaremos por un proceso de profundización real de nuestra democracia que se materialice en una refundación institucional radical de nuestro país.

–     Nos planteamos un desafío mayor, el cual importa en lo esencial:

o    Construir un modelo económico humano, en el cual puedan convivir en armonía el trabajo, la solidaridad, el cooperativismo,  el emprendimiento y que respete el medio ambiente.

o    Terminar con el rol subsidiario del Estado y convertirlo en un actor relevante en el desarrollo sustentable de nuestro país y que resguarde efectivamente el interés ciudadano y el bien común.

o    Poner en el corazón del Estado la solidaridad y la garantía de derechos sociales universales como la educación, la salud y la seguridad social.

o    Generar un Estado descentralizado, que promueva el desarrollo  con equidad entre las distintas regiones y territorios de nuestro país.

o    Crear una nueva institucionalidad que responda a tales preceptos.

¿A qué nos convocamos?

–     A construir una nueva institucionalidad, una nueva Carta Fundamental, una nueva Constitución para Chile, a poner nuestra voluntad y experiencia para contribuir junto a otros, en este nuevo periodo histórico y ser parte de una corriente de opinión  que se propone construir, junto a otros, una sociedad más humana, democrática, fraterna y solidaria y de participación social; con valores éticos y de verdadero servicio público.

–     Una Nueva Constitución es clave para la generación de un nuevo orden económico, institucional, político, social, cultural y medioambiental. Debe fundarse en los siguientes principios mínimos:

o    Debe ser democrática y perfectible.
o    Debe ser humanista y laica, de respeto a todos los credos.
o    Su basamento debe ser los derechos fundamentales de las personas.
o    El Estado debe ser solidario, democrático, social y de derecho.
o    El poder debe estar equilibrado y diseminado al interior de la sociedad.
o    La democracia representativa debe estar garantizada y resguardada, al mismo tiempo que cautele el abuso de la representación que se transforma en irrespeto del ciudadano como soberano. 

–   En síntesis, nuestro desafío consiste en concurrir a la configuración de un nuevo escenario político, que entregue sentido para que millones se integren a este nuevo diseño de país; para que se incremente la participación no sólo para elegir representantes sino también para que exista la revocación de mandato y la iniciativa popular de ley. Ninguna entidad institucional  puede estar por sobre la soberanía que radica en el pueblo.

–     Es por ello que nos volcaremos a la participación en el proceso constituyente.

–     Por nuestra propia experiencia sabemos que la deliberación, más allá de las diferencias, nos acercará y permitirá sustentar las posiciones democráticas y la defensa de los intereses populares en un proceso abierto e inclusivo, Ya lo hicimos y podemos hacerlo nuevamente.

–     Nos llamamos y convocamos a la ciudadanía a convertirse en parte activa de dicho proceso.

–     La soberanía reside en el pueblo y no puede descansar en contubernios mal aspectados al margen de la deliberación y decisión ciudadana. El pronunciamiento ciudadano debe ser vinculante.

–     Alentaremos la formación de cabildos en todo Chile y monitorearemos el proceso en todas sus etapas.

–     En este nuevo periodo histórico que nos toca vivir debemos exigir, a quienes pretendan representar la soberanía popular en los distintos estamentos del Estado, pronunciamientos claros y transparentes en relación con el tipo de Carta Fundamental expresada en una nueva Constitución, con los cuales se comprometan.

–     Con respecto al mecanism0 de validación de la Nueva Constitución, propiciaremos que esta decisión recaiga en la voluntad popular. El diseño de la fase actual de deliberación, de los cabildos, no incorpora el mecanismo como tema de debate. Nos parece indispensable que este tema se introduzca en cada cabildo y que la ciudadanía se pronuncie en torno a la Asamblea Constituyente así como respecto de los otros mecanismos de validación. Y que este pronunciamiento también sea vinculante.

–     La soberanía popular debe ser respetada, reagendando el proceso si ése es el mandato ciudadano.

–     Nos asiste la convicción que una deliberación amplia e inclusiva será aún más vinculante que las formalidades y que cualquier intento de escamotear la voluntad expresada por el pueblo recibirá el rechazo de éste a través de todos los mecanismos que la democracia consagra.

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