Tironi y Correa: Hegemonía de Obituario

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La memoria histórica de lo que fue la Concertación no pasa hoy sus mejores días. El cuestionamiento a todo lo que construyeron las élites políticas, económicas, sindicales y sociales desde el retorno a la democracia, sus pactos, todo eso está hoy muy en entredicho.

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Nadie, no obstante, sospechaba siquiera que esa antigua Concertación, esos prohombres y mujeres articulados en el denominado partido del orden, podían llegar así de tan lejos.

Digo esto, porque nada más y nada menos que la muerte de un ex Presidente de la República se ha vuelto para ellos en su última y más reciente trinchera ideológica.

No están dispuestos a esperar los años de la serena hermenéutica histórica. Lo suyo es la coyuntura, ganar el quién vive, aprovechar la muerte del ex Presidente Aylwin para apoderarse de los medios de comunicación, y para coparlos con el mensaje unidimensional de la gobernabilidad, de la política cupular de los consensos y, sobre todo, para transmitir el mensaje de la “colaboración” público-privada, la política de concesiones, esa política con tan buen a olor a dólares y que, según ellos, tanto bien le ha hecho a la gente de este país, que tanto progreso y movilidad social ha producido.

En esta actitud de aprovechamiento mediático, el partido del orden se iguala, se empata, con la mal pensada columna del historiador Gabriel Salazar.

En todo caso, hace tiempo sabemos que el partido del orden no es una caterva de vampiros, una manga de sátrapas impetuosos o una tropa de esbirros irracionales de la patronal chilena. Es gente de bien, de buena voluntad, de muy buena fe, que cree que hace lo mejor para el país y su futuro.

Ahí está su principal fortaleza: su contención, su medida, su puesta a distancia. No son unos fanáticos rosacruces que posan de illuminatis, es cierto, pero por lo mismo son hombres de la razón, de la evidencia, del análisis económico-político. No salen nunca del clóset neoliberal, hablan de instrumentos de inversión, de crecimiento, hablan de regla de superávit fiscal, pero jamás de neoliberalismo. Lo suyo es la “economía social de mercado” que –insisto– suponen, de buena fe, es lo que este país enfermo de pobreza necesita. Y como de buena fe se trata, están dispuestos a enseñarnos su discurso y su currículo explícito.

Lo que ha sucedido, sin embargo. durante los últimos años es que hoy ya no solo conocemos su discurso mediático-público, sino que también sabemos cuál es su verdadero currículo oculto.

No digo esto solo por la corrupción rampante de los prohombres de nuestra derecha o izquierda política. El craso dinero no es su currículo oculto. Tampoco lo digo por la grotesca puesta en perspectiva –justificar es perdonar– que estos mismos caballeros de la clase política hacen, cada vez que la pulsión monopólica del gran empresariado chileno se torna patente en el papel tissue, en los pollos, en los remedios, en las isapres, en los aranceles universitarios…

 Hoy sabemos, después de ya mucho soportar el discurso de la Concertación y su partido del orden (vivito también en la Nueva Mayoría) que ese currículo oculto tiene como leitmotiv dos elementos centrales y poderosos, que están dispuestos a defender, incluso, si de lo que se trata es de hegemonizar el obituario de un ex Presidente muerto: la mantención de los privilegios sociales y el sometimiento cultural del imaginario público.

Lo suyo es el poder y la influencia, la construcción de relatos-país, la elaboración de escenarios sociales de privilegio, todo ello, más que el craso billete. Nos hablan de ascensión social, cuando lo único que hemos visto durante décadas es simplemente “trayectorias de clase”: nunca nadie ha ascendido de una desviación estándar a otra, de un quintil a otro, por el solo hecho de tener un autito chino, un plasma chino y un smartphone chino. Eso nunca ha emancipado a nadie.

¿Hace cuánto tiempo que no veíamos un evento televisivo así?, la verdad es que no lo recuerdo, pero quedará en los anales de la televisión chilena: Enrique Correa y Eugenio Tironi en el canal de Luksic haciendo lobby nacional, tan solo a minutos de la muerte de quien fuera el primer Presidente democrático de los noventa.

Enrique Correa y Eugenio Tironi en un escenario televisivo puesto en escena por su director Cristian Bofill, socavando la complejidad histórica de un ex Mandatario desaparecido y reemplazándola por un discurso de restitución de una memoria histórica falsa, sobre una forma de hacer política y hacer país.

Los dos principales empresarios lobbistas de la gauche caviar chilena, haciendo gala de su pulsión por el poder, creando relatos, creando escenarios, dictando cátedra. El operativo por hegemonizar el obituario del Presidente Aylwin estaba en marcha.

Los nombro a ellos, porque son, además de representativos, simbólicos. Sumados (Luksic + Bofill + Correa + Tironi) en una pantalla, en una imagen, decían mucho más que mil palabras.

No obstante, lo que vimos venir en radio, televisión y medios escritos fue abrumador, pues hacía tiempo que no veíamos un discurso así de elaborado y oportunista.

Incluso destemplado, como me atrevo a calificar lo que le escuché a Ascanio Cavallo (socio de Tironi) en la radio.

Lo cierto es que, independientemente del gustito de los estudiantes por marchar en un día republicano de duelo nacional, esa memoria histórica reciente de la Concertación está cuestionada, y no solo por lo que se afirma desde los movimientos sociales, ecológicos o estudiantiles, sino sobre todo porque es la misma élite la que se degenera día a día de manera endógena, siendo este burdo intento por homogeneizar el obituario del ex Presidente Aylwin, un eslabón más de esa decadencia.

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(*) Académico de la Facultad de Humanidades de la Usach

Fuente: El Mostrador

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