Onix Capital captaba recursos en Chile ofreciendo hasta 2,5% mensual. Los fondos salían luego de Chile para ser invertidos en negocios de alta rentabilidad y volvían al país para pagar las ganancias prometidas. El flujo se suspendió, los ejecutivos del grupo renunciaron y el gestor estrella está inubicable. La fiscalía busca unos US$ 100 millones.

Alberto Samuel Chang Rajii creó su primera empresa cuando tenía 27 años. La denominó Grupo Arcano S.A. y la fundó en octubre de 2001 junto a su madre, Verónica Rajii Krebs. Desde ese momento, Chang construyó una extensa red de contactos y de negocios que está a punto de desmoronarse.

Chang salió el 12 de marzo de Chile y su paradero es desconocido.

Sus últimas señas fueron una videoconferencia que realizó con los ejecutivos de sus empresas en Chile, el martes, y un sorprendente correo electrónico atribuido a él, el miércoles, en el que anunció su decisión de retirarse de su trabajo, de su empresa y de su vida. La Fiscalía de Alta Complejidad lo investiga y pidió a la Interpol realizar una búsqueda internacional.

En el camino, Chang dejó una historia de negocios de fantasía, un grupo del que ya renunciaron casi todos sus ejecutivos y una lista de inversionistas que supera las 700 personas y que le encomendaron entre US$ 80 millones y US$ 100 millones, según dijo ayer el fiscal Carlos Gajardo.  

Chang prometía a sus inversionistas un retorno fijo mensual, una suerte de rentabilidad garantizada que en el mercado es imposible de asegurar. El Ministerio Público busca ese dinero.

Chang tenía varios brazos de inversión. Dos de ellos se situaban en las Islas Vírgenes Británicas: Arcano Inc. y G Privates Investment. Desde esos dos vehículos articuló la inversión en capital de riesgo en el exterior, apostando en empresas que prometían altas rentabilidades. Arcano invertía,según sus reportes de inversión, en empresas como Uber, Snapchat, Square, Switch y Open English.

En Chile, tenía otros dos brazos de inversión. El primero era Grupo Arcano S.A., de la que colgaban nueve empresas operativas, muchas de las cuales están inactivas. Una de ellas era Valco, la sociedad cuyo gerente general era Jorge Hurtado, la cara visible del grupo desde hace un año.

La otra era Onix Capital S.A . Esa era la sociedad que captaba los fondos.

¿Qué ofrecía?

Onix emitía títulos de deuda, o pagarés, que prometían retornos atractivos. Un cliente suscribía el pagaré y Onix le pagaba una rentabilidad mensual. Había dos modalidades de inversión: una ganancia nominal mensual que era pagada cada 30 días. La segunda era una rentabilidad compuesta (acumulada) que pagaba el total de capital y los intereses al término del plazo. Por ejemplo, 12 o 24 meses.

Ex ejecutivos del grupo sostienen que la tasa de retorno ofrecida era de 2,5% hace unos cinco años. Al mes. La promesa de dinero seguro y fácil. La banca ofrece en promedio hoy un 0,3% mensual.

La tasa fue bajando paulatinamente a 2%, 1,8%, 1,5% y terminó en 1,2%, para algunos instrumentos.

Arcano y Onix ocupaban varios pisos en un mismo edificio: Las Condes número 11.380. Chang tenía oficina en el piso 4; Onix en el 9. Los inversores llegaban a ese piso y documentaban su inversión. Acto seguido, los fondos se depositaban en el Banco Santander, donde Onix tenía una cuenta bancaria en pesos.

La empresa tenía otra cuenta en el Banco de Chile, en dólares, han revelado los ejecutivos del grupo en sus declaraciones a la policía y los fiscales. Pero operaba poco.

Los dineros recaudados eran enviados al exterior, para las inversiones en capital de riesgo y una parte regresaba a Chile para hacer inversiones en compañías locales. Otra parte volvía a las cuentas de Onix para pagar las rentabilidades a sus inversionistas. A la semana, dice un ex ejecutivo, se cancelaban más de $ 400 millones.

Chang había construido una leyenda en torno a sí mismo. Decía que fue dueño del 1% de Google, como un inversor temprano cuando la firma tecnológica no explotaba. Ello no ha sido demostrado. Mostraba fotografías con personalidades como Bill Clinton y Stephen Hawkins y hombres de negocio como Richard Branson, el dueño de Virgin.

Y decía que había estudiado en Stanford. Para ello, exhibía a sus ejecutivos un certificado emitido en 2008 por Stanford.

Chang sí estudió ingeniería comercial en la Universidad Diego Portales y egresó del liceo San Gabriel. Tras egresar, un ex ejecutivo dice que Chang formó una agencia de publicidad con su compañero de estudios, Rodrigo Quintanilla. El lo acompañó en sus negocios en Arcano, hasta su muerte en accidente automovilístico en la primera mitad de 2015.

Quintanilla fue uno de sus más cercanos y era quien poseía la doble firma para autorizar el pago a los inversionistas. Su fallecimiento impactó a Chnag. En el último correo que se le atribuye -y que firmó desde Malta-, recordó con cariño al amigo con el que partió trabajando hace 15 años. “Todavía no sé cómo trabajar sin él”.

Para otorgar seriedad a su presentación en sociedad, Chang y sus ejecutivos exhibían relaciones y documentos. Por ejemplo, textos suscritos por el estudio de abogados Carey (ver recuadro). Y cuidados reportes de elaboración propia que exhibían sus “doce años de éxito en inversiones de capital privado”.

Desde su creación, dice la presentación 2001-2013, había invertido en 16 empresas, “obteniendo en promedio una rentabilidad neta histórica de 36,58% anual”. Un experimentado inversor dice que esa sola presentación debía llamar la atención. Por inverosímil.

La crisis de los negocios de Chang comenzó con la caída de AC Inversions, un caso de presunta estafa piramidal que afectó a miles de personas que creyeron en rentabilidades mensuales del 5%. Chang ofrecía menos, pero prometía retornos seguros.

Tras el caso AC Inversions, Onix dejó de emitir pagarés y captar aportes de dineros. Los pagarés, dicen ex ejecutivos, eran firmados exclusivamente por Chang, en su triple condición de máximo ejecutivo de Onix, Grupo Arcano Chile y Arcano Inc.

Las dudas fueron capturadas por la prensa. Diario Financiero y El Mercurio prepararon artículos durante la última semana de marzo. El empresario hizo llegar a sus ejecutivos desde el extranjero un certificado del banco Chase que demostraba que en sus cuentas tenía más de US$ 800 millones, pero retenidos.

Chang tenía cómo responder. “La cartola de saldos dejaba bastante que desear”, dice una persona que vio el documento.

Jorge Hurtado dio una entrevista a El Mercurio para aclarar las dudas y en esos días consultó al periodista Nicolás Vergara, de 3 Consultores, sobre cómo actuar. La firma de Vergara había sido contratada a fines de 2015. “Hicimos un estudio de imagen sobre Grupo Arcano”, confirma. Luego le consultaron por los requerimientos de prensa, consejos que ya no fueron remunerados, dice Vergara.

Las empresas de Chang, revelan ex ejecutivos, habían solicitado antes otros informes a agencias como Burson Marsteller. Todas las recomendaciones coincidían en un punto: había que apartar la imagen de Chang del grupo Arcano. Despersonalizar sus negocios.

Por las crecientes dudas, la distancia entre Chang y sus empleados se fue acrecentando. Jorge Hurtado, gerente general de Valco, renunció el 1 de abril, cuando ya era difícil repatriar dineros para pagar a los inversionistas. El propio Hurtado había invertido más de $ 250 millones que hoy cree perdidos.

El mismo 1 de abril, Chang despidió por correo a sus empleados en sus oficinas en Miami, Londres y Sidney. Esta semana se fue todo el resto: Nicole Soumastre, gerente general de Onix; David Senerman, jefe de inversiones; y Paulo Brignardello, gerente comercial de Arcano emitieron un comunicado donde dijeron que siempre hicieron operaciones reales de inversión. Pero apuntaron a Chang. Y hablaron de un engaño.

La gran duda es si los dineros están disponibles en alguna cuenta -su sociedad G Privates Investments tiene una en el suizo UBS- o invertidos en activos reales, lo que podría discutir la tesis de la estafa piramidal.

Hasta ahora, Onix Capital no ha incumplido pagos acordados. Y así no hay delito. Pero todo apunta a que ello es inevitable. Tampoco los inversionistas pueden exigir la devolución íntegra de sus dineros: muchos firmaron contratos a 12 ó 24 meses plazo. Y mientras eso no se cumpla, no hay restitución. La lista de inversionistas la lideraría una sola persona que hizo depósitos por US$ 7 millones.

La incógnita del dinero sigue abierta. Parte importante del dinero podría formar parte del patrimonio personal de Alberto Chang, hoy de 42 años, soltero, chileno, nacido en Perú el 14 de febrero de 1974. En Dicom se le cuentan 27 propiedades avaluadas en $ 496 millones y cuatro vehículos.

Pero sus ex empleados dicen que tiene cinco departamentos solo en Santiago, diez autos de lujo y propiedades en Miami, Londres, Sidney y las Islas Vírgenes Británicas. En 2008 creó la fundación Alberto Chang, que ha otorgado becas y hecho aportes a una serie de instituciones, como el museo Louvre, Future4Children, la universidad de Oxford y el Museo del Holocausto, en Chile.

Una práctica que hizo recordar a más de alguien a otro gestor de inversiones que se codeaba con la alta sociedad, que posaba de filántropo y que recaudaba dinero, a otra escala, entre los mismos a quienes luego hacía donaciones: Bernard Madoff.

Fuente: La Tercera

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