Hermana de Jaime Guzmán Sospecha que Pinochet lo Mandó a Matar

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En una carta abierta a su hermano Jaime, al cumplirse 25 años de su asesinato, la periodista Rosario Guzmán Errázuriz, pone por escrito lo que ya su hijo había sugerido en una obra de teatro y una película: que el asesinato de Jaime Guzmán habría sido decidido en última instancia, por Augusto Pinochet y/o Manuel Contreras.

En otros párrafos, se refiere al presente de la UDI, y narra las consecuencias familiares de la obra teatral Guzmán, y la película El Tío, ambas obras nacidas de la investigación de Ignacio Santa Cruz Guzmán, hijo de la periodista y sobrino del asesinado fundador de la UDI. 

A continuación, párrafos marcados de la carta, publicada por el diario La Tercera:

«Quiero decirte que a pesar de nuestras discrepancias, me precio de haber sido tu confidente en áreas muy íntimas, que nunca te atreviste a compartir con otros. Eras extraordinariamente introvertido y te escudabas tras tu mente brillante -¡cuán brillante!- para reprimir o negar tus emociones y sufrírtelo todo sin transparentar tus miedos, contradicciones, angustias lacerantes o dolores inenarrables.

¿Te acuerdas cuando consciente de que se estaba planeando tu asesinato te preguntabas inquieto qué pasaría con tu partido el día en que te llegara la hora?

Prefiero que eso se lo preguntes a tus correligionarios. Lo único que te puedo adelantar es que la UDI fue perdiendo dramáticamente su identidad y hoy está en la UTI, intentando ser reanimada por una generación joven e idealista, encabezada por un tocayo tuyo con pasta de líder, mientras todavía es conducida por ese gran amigo tuyo (que entró a militar después de que te mataron), notable por su generosidad y equilibrio.

Aún recuerdo lo que un ex presidente de la República me decía en los 80: “Usted no sabe, Rosario, lo que la UDI me recuerda a la Falange”. Se diría que hoy más bien recuerda a Wall Street, sede del poderoso caballero don dinero, el que está causando estragos en el mundo político tanto de izquierda como de derecha.

En relación al caso Guzmán, que han llevado los abogados designados por tu partido (con dos de los cuales me crucé un par de veces, quedando más que desconcertada, y al último no lo conozco), quiero comentarte respecto de una arista que a ti te preocupaba muchísimo, sobre todo durante los últimos meses antes de morir y que nunca he visto sobre la mesa:

¿En qué estaban, cuando te mataron, el dictador, su mujer y su compadre de la Dina, con quienes estabas severamente enemistado, a pesar de continuar en el gobierno? (como esos matrimonios que no se toleran, pero siguen juntos).

Te cuento algunos datos para que tú los proceses como quieras:

Pinochet le dijo a nuestra madre que él sabía que te matarían ese 1 de abril y que mandó a sus hombres para protegerte, pero que lamentablemente no te encontraron…

Cuando yo le había preguntado años atrás a Contreras por qué sentenció en una reunión: “Hay que matar a Guzmán”, él me respondió impertérrito:

“Dígale a su hermano que yo no amenazo…”.

Alguien me contó en esos días que los agentes de Pinochet estaban infiltrando el Frente Patriótico…

Cuando te balearon te condujeron al Hospital Militar y muchos se preguntaron ¿por qué no al hospital de la PUC, que era tu segunda casa?…

Al salir Pinochet del quirófano donde te ingresaron se dirigió hacia mí (ya que nuestra madre no estaba en Chile) para decirme que los médicos no habían podido salvarte la vida, mientras su expresión de alivio hacía imposible ocultar su contento…

Cuando quien fuera vocero del gobierno militar leyó el parte médico que señalaba:

“Fallecido a causa de un atentado terrorista”, le sugirió al doctor que borrara la palabra “terrorista”, lo que el facultativo no hizo…

Poco tiempo después, en un lejano rincón del sur, un joven moreno y robusto se me acercó con cara de sentido pésame, comentándome:

“Es que su hermano se había convertido en un peligro para mi tío… Hacía rato que le estaba dando demasiados dolores de cabeza”: ¿Y quién es tu tío?, le pregunté. “Augusto Pinochet”, me respondió.

El peligro consistía en que habiéndose conocido el Informe Rettig, vendrían los juicios a los responsables de las brutales violaciones a los derechos humanos perpetrados por la dictadura. Y llamado a declarar como testigo, tú no sólo habrías denunciado a Contreras (como ya lo habías hecho para conseguir la disolución de la Dina), sino también a Pinochet, de quien a esas alturas tenías la convicción de que era el máximo responsable.

Comprenderás que la suma de las odiosidades que despertaste en las esferas del poder consiguieron sacarte del escenario político, mientras la gente sencilla, de a pie, con sentido común, la que te eligió senador y que te recuerda con cariño y admiración hasta el día de hoy, me sigue comentando, de norte a sur del país: “Lo mataron para que no llegara a ser presidente…, y ahí estuvieron ‘toítos’ metidos, así es que no se sueñe, señora, que algún día se va a aclarar el crimen…”. (…)

Dejé para el final lo más difícil de contarte: al menor de mis hijos -actor y productor de cine- se le ocurrió hacer una obra de teatro que tituló GUZMAN y que se estrenó en el Campus Oriente de la PUC, allí donde te mataron.

El guión y la dirección corrieron por cuenta de su amigo exiliado, quien volcó explicablemente toda su rabia y su dolor, colocándote en el banquillo de los acusados por haber participado en el gobierno de la dictadura. Ninguno de tus partidarios acusó recibo de la invitación a ver la obra.

Un tiempo después, mi hijo intentó contactarse con ellos para proponerles asociarse con el fin de hacer una película que abordara tu biografía de manera más compleja e integral (la que, por cierto, habría tenido otro guionista y director).

Aunque yo no los veo hace demasiados años, igual soñé con que se abrieran a ese diálogo por el bien tuyo, pero volvieron a cerrarle las puertas en las narices. Me acordé de lo que le decía el periodista a Philomena -esa película inolvidable protagonizada por Judy Dench y que me interpretó hasta las entrañas-:

“No todas las personas son capaces de mirar la verdad de frente y asumirla”.

Así fue que tu sobrino se quedó solo, enfrentado a su obsesión de llevarte al cine y pese a que le imploramos que no lo hiciera, en un “rapto de locura” se embarcó en El Tío (con el mismo guionista y director, por cierto).

 Ahí, además de exponer sus propias vidas con extrema crudeza, honestidad y valentía, abordaron el tema de tu identidad sexual, tu participación en la dictadura, cuestionando tu Constitución y tu afán de convertir a Chile en una gran Iglesia, en fin, temas que habíamos conversado una y mil veces y que no te habrían escandalizado en absoluto, pero que sí escandalizaron a muchos.

Fue entonces que la fundación que lleva tu nombre -y a la que ¿me creerás que no pertenece nadie de la familia?- publicó una inserción en la prensa ferozmente agresiva (que jamás tú habrías redactado) -me imagino que a causa de su angustia- contra los realizadores de la película. Ello sólo sirvió para convertir en “trending topic” un buen filme (premiado en Francia) que bien pudo haber pasado inadvertido con sus 10 mil espectadores.

Quiero que sepas que consciente mi hijo de que detrás de nuestros actos subyacen siempre las huellas de la propia biografía, intentó humanizarte, mostrando tu traumática adolescencia, junto con el perfil de tus progenitores. De hecho, hubo muchos espectadores que le confesaron que después de ver la película te habían odiado un poco menos…

Pero a nivel familiar (salvo mi relación con mi querida hermana que aún sigue intacta) se produjeron rupturas lamentables de un lado y de otro. Ni perdón ni olvido, fue el mensaje. Espero que quienes condenaron a mi hijo sin conocer el trasfondo de la historia y a mí por haber permanecido a su lado con amor incondicional de madre, logren comprendernos algún día.

Al menos sé que tú nos perdonarás a los dos. Porque así eras tú. A-Dios hermano.

Fuente: La Tercera

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