El Giro a la Derecha de América Latina

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Quien mire la actualidad de América Latina no puede sino ver la emergencia de un fenómeno que parece nuevo pero en realidad es de vieja data: los gobiernos de tendencia progresista o de izquierda están siendo desplazados por proyecto neoliberales o abiertamente de derecha.

Si bien las respuestas se han intentado exclusivamente achacar a procesos de clientelismo, corrupción y una mal gestión de los gobiernos de turno, la verdad es que la tendencia de los gobiernos en América Latina, independiente del color político que posean está fuertemente vinculada a los vaivenes que se dan en el mercado financiero internacional, particularmente en el caso de las materias primas.

Estos bienes tienen por característica una alta volatilidad, que se intensifica en escenarios de crisis económica como el que aún golpea a la economía mundial. Sumada a la contracción de la demanda proveniente desde China, los mercados de exportación se reducen en la medida que los países desarrollados reducen su producción de bienes como consecuencia de la crisis económica.

En pocas palabras, debemos explicar el giro a la derecha por un factor de largo plazo asociado a las crisis de los mercados de materias primas, y un factor de corto plazo asociado a la existencia de un discurso anti Estado, que surge siempre en tiempos de crisis.

Los casos más plausibles son el caso venezolano, brasileño, chileno y argentino. En el primer caso, la baja en el precio del petróleo producto de la crisis en medio oriente (ISIS vende el barril de petróleo a 1 dólar el barril no refinado en el sur de Turquía) sumado al crecimiento a menos del 1% en la Unión Europea tienen al petróleo en un valor poco superior a los 30 dólares el barril.

Combinado con problemas de gestión interna, la oposición ha encontrado la oportunidad para culpar de la crisis al gobierno de Nicolás Maduro y vencer en las elecciones parlamentarias pasadas instalándose con dos tercios de los congresistas en la Asamblea Nacional. Por primera vez desde 1998, el Presidente de la Asamblea es ahora de oposición.

Los casos brasileño y argentino son similares, en cuanto la existencia de corrupción estructural ha hecho al Estado un actor a desconfiar. El bajo crecimiento económico del primero y la disminución en la calidad del segundo han permitido que la oposición responsabilice a DilmaRouseff y a Cristina Fernández de problemas de larga data en sus países.
Finalmente en el caso chileno se puede ver un sabotaje explícito a las reformas que lleva el gobierno. La nula disposición del empresariado a aceptar las nuevas reglas del juego ha contraído la economía a un crecimiento que no superará el 3% el año 2016, y que siempre amenaza con disminuir la inversión por las nuevas regulaciones.

El alto precio del dólar, sumando a una baja sostenida del precio del cobre tiene a nuestro país con altos niveles de inflación, lo que ha obligado a subir la tasa de interés por sobre el 3%.

Estos factores, junto a una política de descrédito hacia las reformas por parte de la oposición tienen al sistema político en entredicho: 2 de 3 chilenos ven a Bachelet como una persona débil, y menos del 10% considera al Congreso como una institución representativa según la última encuesta CEP.

Como se perfila el escenario latinoamericano parece ser parte de un ciclo conocido, en el que la mejora de las condiciones de vida aumenta las expectativas sobre lo real, haciendo atractivo el discurso neoliberal.

Como bien decía Antonio Gramsci:

“El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”.

(*) Área Legislativa ICAL

Fuente: ICAL

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