La Derecha Prepara Boicot Constituyente

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La oposición a través del Presidente de Renovación Nacional, ha señalado que cuestiona la continuidad de su apoyo al proceso constituyente. El argumento se centra en que el proceso se politiza y que este “sesgo”, lo sobreideologiza.

El argumento representa un verdadero desafío para las ciencias sociales. ¿Cómo explicar que el proceso constituyente sea apolítico e ideológicamente neutral cuando de lo que se trata es elaborar una nueva Constitución Política?

Los medios de comunicación no parecen inquietarse con este problema, centrándose más bien en reportar e informar la inverosimilitud sin interpelar al mensajero.

Otros se han sumado al pensamiento fantástico cuando aquí, lo que hay que hacer es asumir y defender con convicción que el proceso constituyente es un proceso político y como debate de ideas y concepciones que es, confronta los diversos sistemas de ideas -las ideologías – para llegar a consensos de cómo vamos a vivir en sociedad.

Cuando los futuros constituyentes se encuentren en los Cabildos y demás reuniones que vendrán, deberán plantearse frente a la regulación de los derechos, deberán definir las bases de la institucionalidad, diseñar el rol del Estado en la economía, concebir un diseño general del Poder Judicial, etc.

¿Se puede hacer esto sin tener una concepción previa sobre la existencia de Dios?

¿Se puede hacer esto sin tener una convicción previa sobre la naturaleza del Estado?

¿Se puede hacer ese debate sin tener una convicción previa sobre la democracia? Obviamente no es posible y menos aun saludable para el debate.

La futura Constitución es la construcción de un nuevo pacto de convivencia y no la producción de un tarro de café descafeinado. Ello exige, como premisa fundante, que se construya combinando visiones distintas sobre todos los temas porque es una elaboración del pueblo de carácter inclusivo y extensivo. De eso se trata. Entonces ¿cuál es el problema?

Redactar una nueva Constitución no es como operar un televisor a control remoto, donde uno ve los canales que quiere y baja el volumen a los pueblos indígenas, al derecho de educación y a la democracia. Si lo que la derecha quiere es que la Constitución se haga por sí misma, lo más recomendable es que tome un curso de Derecho Constitucional y Derecho Político y enfrente la verdad de la Historia que la dictadura militar no les enseñó. Las personas piensan.

Es imposible que la Constitución, cuyo apellido es Política, se enajene de la propia política. La Constitución de 1980 es un fiel reflejo de ello o ¿alguien se puede imaginar que el cambio de sistema de pensiones haya sido posible sin dictadura militar?

¿Que el retroceso democrático de la Constitución de 1980 en relación a la de 1925, haya sido posible sin el Terrorismo de Estado? ¿O que la concepción del constituyente de 1980, fuera neutra y apolítica? Nadie cree eso.

¿Por qué entonces, insiste RN en sus críticas sin fundamento?

Creo que una razón que no es, es que sean tontos, sin embargo, tampoco dicen la verdad. Ellos saben que el proceso es político por ende, presumo que su crítica esconde el temor a las consecuencias de un debate político. Lo que quieren evitar es que el debate constituyente avance porque provocará la politización de la población y si la población se politiza, quiere cambios y RN no representa el cambio.

Para su suerte, porque parece que la derecha siempre tiene suerte, en esta faena de desnaturalizar el debate constituyente, tienen un gran aliado: el desprestigio de la política y los políticos.

La falta de confianza en “la clase política” se quiere aprovechar para sacar réditos a favor de mantener el sesgo apolítico de la Constitución de 1980, que no es más que conservar el gremialismo que lo impregna a través de sus primeros artículos. Éstos establecen, muy cuestionablemente, el sentido corporativo de la organización social de los seres humanos.

Eso equivale a decir que los estudiantes deben estudiar (como dijo el ex ministro Rodrigo Hinzpeter), los trabajadores deben solo trabajar, las dueñas de casa ser dueñas de casa y así, cada cual en lo suyo.

Un gran entramado metafísico (aristotélico) compuesto por seres humanos que no se proponen cambio social alguno. Esto refleja que lo apolítico para la derecha consiste en la ausencia de cambios; en este caso, la preservación del ordenamiento constitucional pinochetista.

Es curioso que RN sostenga esta posición ahora y que haya iniciado un boicot constituyente. A mi juicio, tiene mucho que ver la crisis de la UDI y la oportunidad abierta para abrir su espacio de influencia dentro de la derecha, lo cual es coherente con el discurso de Cristián Monckeberg, cuando afirmó no ser oposición sino actuar como oposición.

Si la UDI tuviera una posición más fuerte, sin duda RN estaría dispuesta a jugar otro rol en el proceso constituyente, sin embargo, la debilidad de su aliado natural le abre la tentación de ocupar todo el espacio.

En consecuencia, el discurso “apolítico” opuesto a un proceso constituyente naturalmente político, que aparentemente no tiene lógica, apela al derechista mediocre, ese con bajo nivel cultural y que fácilmente responsabiliza a los políticos de todo, ese que es tierra fértil para los populistas que la derecha tiene, pese a que lo niega.

De no hacer frente a esta intentona, avanzarán en Chile las posiciones contrarias a la política y los políticos y me surge la inquietud. ¿Si no hay políticos, quienes dirigirán el país? ¿Empresarios? ¿Militares? ¿Gobernarán apolíticamente los empresarios y militares? ¿Eso quiere la derecha? No sería primera vez.

El asunto es claro, no hay que dejarse arrastrar por una minoría elitizada y asustada ante la probable pérdida de privilegios obtenidos a sangre y fuego. Avancemos con un proceso constituyente politizado y democrático y no nos dejemos intimidar por argumentos que plantean falsas dicotomías y disyuntivas.

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