La Sinfonía como Representación del Mundo

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Con el advenimiento de Ludwig van Beethoven al historial de la música, la sinfonía dejó de ser una forma musical más entre otras, por la envergadura del coro instrumental que él concibió, en el cual todos los instrumentos desempeñan funciones importantes.

En las sinfonías compuestas por sus antecesores, entre los que debemos contar a dos de los hijos de Bach, se empleaba una orquesta de no más de treinta ejecutantes con un predominio casi absoluto de las cuerdas, más el leve colorido de algunos instrumentos de viento.

En la orquesta beethoveniana, a partir de la tercera sinfonía, llamada Heroica, los instrumentos de viento se funden con los de cuerda, o intervienen acoplados en coros instrumentales autónomos o en pasajes concertantes solistas.  Por eso  se  puede  afirmar que Beethoven fue el creador de la orquesta moderna.

Además Beethoven, en lo que a la forma se refiere, consciente de la flexibilidad de la forma sonata que rige la estructura de la sinfonía, amplió sus posibilidades al máximo, desarrollando el discurso sinfónico hasta darle a esta forma musical dimensiones monumentales. Todo lo cual rompió el marco del estilo decorativo de discretas dimensiones en el que Mozart y Haydn se expresaron.

Las sinfonías de Beethoven no fueron compuestas para ser oídas en salones aristocráticos, sino en salas de concierto o teatros a los que entonces empezaba a concurrir gente de diferente extracción social. En la atmósfera de la época ya se sentía la tensión generada por la revolución francesa, y los ideales de libertad, igualdad y fraternidad estaban ya en la mente de muchos.

Beethoven acogió con entusiasmo ese mensaje revolucionario e hizo suyos los ideales democráticos, en todo lo cual debemos ver la motivación última de los cambios que él introdujo en la estética musical de su tiempo, reflejando en ella el espíritu de los cambios sociales, por una parte, y el ideal heroico que de hecho se impuso a comienzos del siglo XIX a causa de las guerras napoleónicas.

Beethoven dedicó su Sinfonía Heroica al primer cónsul del gobierno revolucionario francés, Napoleón Bonaparte, pero muy luego debió arrancar  la dedicatoria de la partitura cuando ese primer cónsul se autoproclamó emperador, en lo que vió Beethoven traición a los ideales que éste había pretendido representar.

Las guerras de conquista que este emprendió entonces bajo el pretexto de llevar el mensaje fronteras de Francia, lo transformaron para Beethoven en un enemigo jurado de  su  patria; por eso, de la admiración, él pasó al desprecio y al odio.

Las guerras napoleónicas movilizaron grandes ejércitos en todos los países de Europa, y el continente se llenó de héroes, a los que debemos agregar también los así llamados libertadores de América. Ese espíritu heroico y marcial le imprimió un sello inconfundible a la mayor parte de las sinfonías beethovenianas.

Entre ellas la Quinta, que pasa por ser la más popular, es justamente la más marcial y la más napoleónica. Su último movimiento, de un ritmo de marcha triunfal arrollador, describe con pelos y señales una de esas célebres batallas, que los pintores de la época estamparon en telas de grandes dimensiones, y en las cuales se ven flamear pendones al viento, y a los oficiales y reyes y emperadores posando en actitudes épicas, exhibiendo suntuosos uniformes, sobre corceles encabritados.

En franca oposición al melodismo neoclásico de sus antecesores, Beethoven concibe temas rítmicos, simples y contundentes, los que en muchos casos representan una franca agresión al concepto clásico de melodía. En muchos casos también introduce en su orquesta toques que son típicos de las bandas militares de la época.

Por otra parte, la filosofía humanista iniciada por la Ilustración en Francia, Inglaterra y Alemania, le entrega un ingrediente fundamental para el cambio estético que él generó, a partir de cero, debiendo recrear todos los elementos de una nueva manera de concebir el arte de componer música.

Es una música destinada a una sociedad libertaria, en la cual el compositor realiza un replanteamiento de lo que es el ser humano y su destino. En ese sentido su música deviene meditativa, grave, y a la vez, inteligente, dinámica e intrépida.

Todo este proceso de replanteamiento de lo humano y lo social es lo que generó el proyecto de componer una súper sinfonía, cuyo último movimiento incluyera a la voz humana. Tal fue su célebre Novena, obra que para todos los pueblos del mundo se ha transformado en algo así como un ritual democrático.

En esa obra, en la que madura cabalmente la experiencia de Beethoven en el arte de componer sinfonías, el compositor incluyó todo, es decir, los tres temas fundamentales de la filosofía universal, esto es, el ser humano, el mundo y Dios.

La simplicidad y elocuencia del tema cantado por el coro (que hoy cantan todos los hombres de buena voluntad del mundo) surgió de los ideales estéticos impuestos en Francia por los primeros gobiernos revolucionarios, y el modelo de cantata heroica que resulta del desarrollo, surgió de la música del mismo espíritu que desde fines del siglo XVIII se compuso para las grandes fiestas con que se celebraban en París los aniversarios de la toma de la Bastilla, esto es, la Fiesta del Ser Supremo, la Fiesta de la Naturaleza, la Fiesta de la Juventud, etc., todas celebradas con asistencia de cientos de miles de espectadores en el Campo de Marte de la ciudad luz.

Las enormes orquestas con gran cantidad de instrumentos de viento que entonces se usaban, por ser música al aire libre, y las enormes masas corales que se fundían con las instrumentales, son las que Beethoven tuvo en la mente al componer su Novena Sinfonía con su Himno a la Alegría.

Fuente: Dedal de Oro

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