La Maleta Mexicana y el Oso Chileno

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Finaliza al mes y con él nuestras vacaciones, las primeras  después de casi tres años sin frenar la marcha; es momento para ver una  buena película. Elijo una de Trisha Ziff, “La Maleta Mexicana”, premiada en diversos festivales internacionales.

Narra el hallazgo en 2007 en un departamento del Distrito Federal de 3 cajas que contenían 4.500 negativos correspondientes al trabajo de 3 fotógrafos amigos, Robert Capa, David “Chim” Seymour y Gerda Taro que se conocieron en París a fines de la década del 30 del siglo pasado y que, dada su común condición de antifascistas, viajaron a España en plena guerra civil para testimoniar con su arte la dura realidad de esa que fuera preludio de la segunda guerra mundial.

Y entonces se interrumpe la paz del descanso porque es imposible no conmoverse profundamente con la dura realidad de las imágenes que evocan el fracaso de una construcción democrática tan profunda como fuera la República Española, la grotesca intervención foránea, la brutalidad del fascismo, militar y civil, la indiferencia de millones en el mundo ante el horror que se vivía, incluído en esa indiferencia el propio y vecino gobierno francés de la época.

Luego el doloroso exilio, los brazos abiertos del México de Lázaro Cárdenas también del Chile del Frente Popular y, finalmente, la llamada “transición” española, que no fue sino un conjunto de renuncios forzados, acomodos y concesiones, para quedarse donde mismo, sistema monárquico incluído con reyes y príncipes corruptos, y estar hasta hoy muy lejos de los avances sociales logrados por los republicanos hace más de 70 años.

Imposible evitar la comparación con el horror de la dictadura derechista de Pinochet y con nuestra propia transición que, tras tantos años perdidos, recién ha comenzado con el actual gobierno. Fin  del binomimal, reforma tributaria, reforma laboral, educación gratuita, nueva constitución, etc.. – lo que explica la virulencia del pinochetismo y de los sectores ultraconservadores que prefieren mantener el  modelo de sociedad que implantaron los golpistas del 73 con el consiguiente retraso social, económico, político y cultural que soportamos.

La obra cinematográfica estremece por su seriedad, es el testimonio artístico de la dura verdad  histórica y mueve y remueve conciencias y sentimientos. Pues allí está también el reclamo de los jóvenes españoles de hoy que llaman a luchar contra el olvido y a romper el silencio. El silencio es, decía Martín Luther King, “ residuo del miedo”.

 Y agregaba : “…pasamos gran parte de nuestra vida diciendo las cosas que la gente quiere oír, en lugar de decirles las cosas que necesitaban escuchar…” Y de esas cosas necesarias habla la cinta mexicano – española.

Están también allí los que hoy exigen justicia. Que llaman a no disfrazar la historia, a no echar una palada de tierra por sobre lo que se ha vivido y sufrido, olvidando que un pueblo sin memoria no tiene futuro, que una sociedad que reniega de su pasado, ya sea porque “eso pasó hace muchos años” o porque busca reconciliaciones imposibles e inmorales, es una sociedad que inevitablemente volverá a sufrir los  mismos descalabros.

También en Chile hay muchos jóvenes que en nuestro tiempo exigen  verdad y justicia. Todavía no los suficientes, pero para allá vamos. Recuerdo que cuando luego de consolidar los procesos judiciales que iniciamos en 1998, enfrentamos en el 2012 en apoyo a la incansable AFEP la presentación de más de mil querellas por casos de ejecutados políticos, pedimos la colaboración de estudiantes de Derecho de distintas universidades. Hasta hoy el grupo subsiste y crece, los voluntarios trabajan y han derrotado a la  indiferencia estimulada por el modelo.

Es que en los procesos de España y Chile hay semejanzas y diferencias. En ambos casos hubo y hay que enfrentar al poder político real, al que tiene la fuerza material y la fuerza de los  medios de comunicación a su servicio. En el caso nuestro el esfuerzo principal de los poderes fácticos es el intento de quebrar a la Nueva Mayoría que ha tenido la osadía de tocar el sagrado modelo de la dictadura y se valen para eso de todo. No es que no se haya cometido errores, los hay, pero lo de fondo para los reaccionarios es oponerse a los cambios aunque haya que falsear todo.

Un caso personal. Poco después de las 7 de la mañana de uno de esos días de vacaciones me llamaron de un medio que se identificó como TL13 radio para consultar mi opinión legal respecto de la solicitud para extraditar a Galvarino Apablaza. Por cierto, contesté sus preguntas, dí explicaciones jurídicas y condené esta intentona de la UDI porque en verdad es grotesco que no se trabaje intensamente por extraditar a asesinos brutales como Fernández Larios, Pedro Pablo Barrientos o Adriana Rivas, culpables de delitos de lesa humanidad y en cambio se persiga, sin una sola prueba, a un compañero como Apablaza que fue prisionero y torturado por la dictadura y que es completamente ajeno al caso.

No hay evidencia alguna que haya tenido algún grado de participación en la muerte, por cierto condenable, del principal ideólogo de la cruel tiranía chilena, Jaime Guzmán.

Y bien, en la entrevista a que me refiero, hablamos también de los nombres conocidos entonces para encabezar la Subsecretaría de Derechos Humanos y me referí elogiosamente a todos ellos pues les conozco y aprecio su trayectoria y dije que cualesquiera que fuera designado sería sin duda un aporte.

Pero nada de esto informó el referido medio que, en cambio, publicó algo muy distinto, demostrando en los hechos ser parte de quienes buscan dificultar el proceso de reformas en curso. La versión amañada del medio me hace aparecer nombrado a personas y a entidades que nombró el periodista, yo no.

La buena memoria

Pero les sirvió para buscar un nuevo “incidente” entre fuerzas de la Nueva Mayoría y más de uno siguió el juego. Hasta hubo quien me asignó  mala memoria en materia de derechos humanos y, por supuesto, de nueva cuenta, fui acusado de atacar injustamente a una determinada organización política, lo que es falso.

Debo decir que no tengo mala memoria y desde mi retorno al país, tras 15 años de exilio, he reiterado que admiro profundamente el valiente y brillante desempeño de  aquellos juristas que se jugaron la vida en los años más duros en defensa de los derechos elementales de la persona humana.

Entre ellas y ellos – y sólo a modo de ejemplo pues fueron muchas y muchos – Andrés Aylwin, José Galeano, Jaime Castillo Velasco, Eugenio Velasco, Nelson Caucoto, Fernando Ostornol, Hugo Pavez, Carmen Hertz, Hernán Quezada, Fabiola Letelier, Graciela Alvarez, José Cavieres, Luciano Fouilloux, Juan Subercaseaux, Juan Pavín, Juan Bustos, Alberto Espinoza, Julia Urquieta, Ramón Vargas, Hugo Gutiérrez, Hiram Villagra, en fin tantas y tantos. Quienes seguimos su camino no somos más que sus continuadores y en condiciones infinitamente menos riesgosas.

Mi buena memoria me permite recordar también un malhadado discurso de alguien que, como parte de un plan hoy conocido, pretendió  sembrar terror económico antes que asumiera el gobierno de la Unidad Popular, y recodar un lamentable abrazo nada menos que con Pinochet en el Senado en pleno proceso “democrático”.

Memoria que también me permite evocar la lamentable carta a Mariano Rumor de fecha de 8 de noviembre de 1973, o lo narrado por el ex canciller chileno Gabriel Valdés en su libro “ Sueños y Memorias” cuando da cuenta de lazos entre militares y políticos. O las contundentes denuncias del Informe Church del Senado norteamericano que usted puede leer hoy por internet.

En fin,  aquella “maleta mexicana” y sus retratos de una época nos trajeron al duro presente nacional. Donde parecen haberse invertido los valores y olvidada toda ética.

Hay en Chile, por ejemplo, personajes que a través de uno de los pilares del golpismo en Latinoamérica, El Mercurio, han protestado contra el encarcelamiento de asesinos de la calaña de Sergio Arredondo, invocando su avanzada edad y familiares enfermos.

Entre ellos Jorge  Arancibia Clavel – apellido conocido en procesos de ddhh –  o un académico de apellido García Huidobro. Pero estos compasivos derechones no tuvieron gestos similares cuando en nuestro país sus correligionarios mataron niños y ancianos, o hicieron violar por perros a mujeres y hombres, o se degolló o se quemó vivos a prisioneros.   Y hoy se les vé tan preocupados por la situación de quien participara en el asesinato de personas a golpe de corvo en el norte chileno.

El apagón cultural

Es además lamentable el clima cultural que vive nuestra sociedad. El apagón de la dictadura no termina del todo. ¿Cuándo podremos por fin salir de este túnel de vulgaridad, mentiras, mediocridad?. En España las cosas no son tan diferentes. Un respetable demócrata y revolucionario español, Julio Anguita, decía en reciente entrevista a propósito de la decadente situación en su país que “ España es un país que se pone delante de un toro, pero que ve un libro y sale corriendo.” Pareciera que tampoco España se repone de aquellos tiempos en que el militar fascista Millan – Astray en su recordada disputa con Unamuno, gritara “¡Muera la intelectualidad traidora!, ¡ Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte!.

A propósito de esta crisis cultural, la escritora argentina Norma Estela Ferreyra ha dicho en una nota reciente en el medio digital “Barómetro Internacional” que “El poder mundial, que no es nuevo, sino que siempre fue el mismo, necesita que la gente no piense, no se conecte con otros, no dialogue con el semejante, más allá ni más profundamente, que en chat bobo y malicioso. Que tampoco lea libros, sino que se entretenga con una televisión de programas bobos, donde nadie se entere de qué está pasando en la calle que cruza la esquina. Así se le oculta información a los ciudadanos, o se los satura de información según la conveniencia de los poderosos. En el primer caso, las personas creen que todo está perfecto y en el segundo se acostumbran a las malas noticias.”

Mientras escribo escucho desde una conocida radioemisora a dos señoras que divagan acerca del trascendente tema del color del papel para envolver los ramos de flores para la noche de alfombra roja del festival de Viña…. Es el país que tenemos, le conviene a los partidarios del franquismo, del fascismo, del pinochetismo, de los golpes contra el movimiento popular y los gobiernos democráticos.

¡¡ Que lejos esos años cuando gracias a la editorial del Estado Quimantú , durante la Unidad Popular era escena frecuente ver en los medios de locomoción colectiva a trabajadores leyendo clásicos de la literatura !!

Trabajos cinematográficos como el filme comentado o los esfuerzos de dramaturgos, escritores, coreógrafos, pintores, fotógrafos, músicos, documentalistas, periodistas, por recordarnos que el futuro no es más que la continuidad del pasado, cuyas experiencias debemos tener en cuenta, resultan urgentemente indispensables hoy para salir del túnel en que nos sumió la derecha golpista  – allá y acá – y recuperar los años perdidos para reconstruir nuevas sociedades.

Y es entonces cuando llega la gran noticia:

El  primer Premio Oscar para Chile. Se trata de la cinta de animación “Historia de un Oso” y bajo la poética belleza del relato y de su color y de su forma, el creador Gabriel Osorio lo que en verdad narra, como él mismo lo ha dicho, es parte de la historia de su abuelo, el militante socialista Leopoldo Osorio.

Prisionero dos años de la dictadura derechista de Pinochet, condenado al exilio en Inglaterra, separado de lo suyo. Bien sabemos los exiliados todo el dolor que aquello significa.

Es decir, una obra de arte, una expresión cultural triunfadora que eleva el nombre de nuestro país, que surge de personas jóvenes  que no eluden el pasado. Es de nuevo el cine, la imagen, el contenido, como en aquella maleta mexicana de los 4.500 negativos acerca del estremecedor proceso que enfrentó en España a demócratas  y a fascistas al igual que en Chile.

El triunfo entonces de lo más oscuro de esas sociedades puede transformarse en nuestro tiempo en victoria de los que anhelamos sociedades más justas si a la lucha popular se aporta estas creaciones del intelecto. Lo entiendan o no los cavernarios.

Fuente: Clarín

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