Los Trabajadores Tienen Derechos: El Paro de la CUT del 22 de Marzo

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El modernismo –dicen- no acepta las viejas disputas de clases. Llamémosle como sea, pero los intereses de los trabajadores no son los mismos que los de los empresarios. La Reforma Laboral, primero costó que fuese prioridad en la agenda, ahora cuesta que se apruebe.

Muchos dirigentes sindicales deben estarse preguntando por qué se generó tal subordinación con los políticos después de la recuperación de la democracia. Nunca la CUT debió ceder independencia frente a los poderes
políticos –de cualquier signo- para representar lo que es su misión: los intereses de los trabajadores… ni más ni menos.

Quizás algunos pensaron que la democracia de los 90 era una recuperación del irrestricto respeto –hasta exagerado según algunos- que Salvador Allende tuvo por los trabajadores, sus derechos y sus reivindicaciones en los años 70. La experiencia, desde Aylwin hasta ahora, es más bien decepcionante. Las grandes empresas –porque son un puñado que acaparan las utilidades- obtienen el 30% de los ingresos y reclaman ante cualquier intento de los trabajadores para siquiera mantener el poder de compra de sus ingresos.

Los gobiernos no son capaces de reconocer que aun entre los funcionarios hay pobres!!

Tampoco son capaces de aumentar –al menos en el sector público- los ingresos en proporciones mayores a los de menores ingresos (la ANEF tampoco se atreve a explicitar en justicia esto, considerando que las remuneraciones de los directivos públicos se han incrementado exageradamente en los últimos tiempos).

Hoy ante la evidente incapacidad –o decadencia corrupta- de la clase política (término quizás poco ortodoxo pero muy claro para la ciudadanía) o de la elite, para proponer metas y proyectos para el país, las 0rganizaciones sociales y, muy particularmente, la CUT tienen el campo abierto para constituirse en un referente político, con trayectoria histórica sólida y autoridad moral para ir más allá de los intereses corporativos y exigir una mayor representatividad en las diferentes instancias del devenir nacional.

La CUT tiene asimismo desafíos, entre ellos, mostrar que puede ser capaz de renovarse y refrescarse para agrupar a más trabajadores y escuchar o aliarse con otras organizaciones sociales de artesanos, pobladores, grupos excluidos, entre otros. Chile necesita que los trabajadores tengan una voz propia e independiente pero también que los movimientos sociales reemplacen en representatividad los intereses de los de abajo,
puesto que los partidos tradicionales han fracasado completamente en este aspecto.

Estos no representan a los trabajadores ni a “los de abajo”, sino se han convertido en agencias de poder y empleo que en nada representan a los trabajadores. La prueba es que se pidió el voto para M. Bachelet y los parlamentarios de la Nueva Mayoría, para hacer las grandes reformas y, pese a tener esta mayorías, las reformas se han entrampado por diferencias de fondo en la propia mayoría. Algo no funciona.

Quienes piensen que el futuro podrá resolverlo un o una mesías, sin duda se equivocan.

Los temores de la derecha de una arremetida o un presidente populista nunca han sido favorables para los trabajadores porque los objetivos caudillistas son personales. Hoy más que nunca los trabajadores deben fortalecerse política, orgánica e ideológicamente para participar de verdad como organización social en los lineamientos de un futuro gobierno en que ya no podrá ser solo de una alianza de partidos sino deberá tomarse en cuenta de manera significativa a las organizaciones sociales y de base. El paro del martes 22 es una señal de autonomía sindical imprescindible en los tiempos actuales.

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