Dos Años en La Moneda: el Balance del PC

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Tras cuatro décadas fuera de un gobierno, el Partido Comunista hace un crítico recuento de la convivencia -e incomodidad que han sentido, a ratos-  en el oficialismo, en un período marcado por un estado de alerta ante el cumplimiento del programa.

“Nosotros estuvimos 40 y tantos años fuera del gobierno. Y en los gobiernos en que estuvimos, en uno hubo un golpe de Estado y en el otro nos dejaron fuera de la ley. Ahora parece que no nos van a dejar fuera de la ley, y no creo tampoco que se vaya a producir un golpe de Estado”.

Con un crudo resumen histórico, el presidente del Partido Comunista, Guillermo Teillier, pone  las cosas en contexto.

La última vez que el PC estuvo en La Moneda fue con Salvador Allende. Antes, con Gabriel González Videla, en cuyo mandato se dictó la llamada “ley maldita” (Ley de Defensa Permanente de la Democracia), dictada en 1948 y que proscribió a la colectividad por casi una década.  

Por lo mismo, su balance de la primera mitad de la administración de Michelle Bachelet tiene un trasfondo distinto al de sus socios de la Nueva Mayoría.

Los seis diputados comunistas coinciden en varias cosas al repasar estos dos años desde que ingresaron a La Moneda, sumándose, junto a la Izquierda Ciudadana, a los partidos que antes conformaron la Concertación.

En este contexto, valoran el avance en el cumplimiento del programa de gobierno y la voluntad que ha demostrado la Presidenta de seguir con las reformas, pese a las críticas.

También admiten que ha sido compleja la dicotomía que se les atribuye por estar con el Ejecutivo y, en paralelo, con los movimientos sociales. Además, agregan una confesión del segundo tiempo del gobierno: han tenido que asumir que el “realismo” puede pesar más que el “sin renuncia”.

En La Moneda y la Alameda

El diputado Lautaro Carmona lo califica como una “sana obsesión por siempre estar dispuestos a vincularnos con la base social”. Con todo, a juicio de los otros partidos de la Nueva Mayoría ésta es una complicación que se ha graficado con la expresión de doble presencia del PC: “un pie en La Moneda y otro en la Alameda”.

Así, la diputada Karol Cariola cree que esta dualidad “lejos de ser una contradicción, es una herramienta adicional”. Sin embargo, reconoce que esta duplicidad es incomprendida por sectores del gobierno.

“Como partido entendemos que los movimientos sociales tienen sus dinámicas propias y no pueden ser obsecuentes a un gobierno. A muchos miembros del gobierno les ha costado entender esto”, dice la diputada, que también ejerce como secretaria de las Juventudes Comunistas.

Asimismo, el diputado Daniel Núñez, jefe de la bancada del PC, añade el punto de vista desde el propio mundo social:

“Los costos en los movimientos son naturales, porque al estar en un gobierno la gente te exige que las soluciones sean más rápido”.

A modo de ejemplo, los comunistas destacan su comportamiento frente a enmiendas del Ejecutivo a la reforma laboral, en la que el gobierno incluyó el concepto de “adecuaciones necesarias” al interior de la empresa en caso de huelga, algo que según varios en el oficialismo  abría la posiblidad a un reemplazo “encubierto” de trabajadores.

“Como PC lo hemos dicho: no estamos en condiciones de aprobar las indicaciones que a última hora metió el gobierno a la reforma laboral y no descartamos una comisión mixta”, adelanta Cariola.

“Exceso de pragmatismo”

A inicios de agosto, el gobierno  y los partidos oficialistas realizaron un cónclave en el Estadio El Llano. En el encuentro se delineó un segundo tiempo del Ejecutivo, que estaría marcado por ciertos sacrificios en el cumplimiento del programa, producto de una ralentización del crecimiento económico. Este diagnóstico inquietó a las filas del PC.

Por lo mismo, desde la bancada comunista advierten un distanciamiento con el ministro del Interior, Jorge Burgos (DC), y, particularmente, con el jefe de Hacienda, Rodrigo Valdés (PPD). Esto, pues ambos han protagonizado la línea de moderación en el gobierno.

“El tratamiento del gobierno e Interior a las manifestaciones y los movimientos sociales ha dejado mucho que desear. Hubo un endurecimiento de la mano, que no corresponde”, señala la diputada Camila Vallejo.

Y agrega:

“Hay bastante fuerza en este gabinete, pero a veces pareciera que no siempre se trabaja muy apegado a lo que se mandata desde Presidencia o desde distintas carteras ministeriales, y espero que eso se vaya superando”.

Carmona agrega que “el exceso de prevenciones desde Hacienda para cumplir con el realismo los lleva a una limitación para aplicar el compromiso programático”.

La diputada Cariola previene, además, el riesgo de que el gobierno “pierda el rumbo” por un “excesivo pragmatismo:

“Hay algunas definiciones equívocas que se han tomado en el último tiempo, como en materia de gratuidad, donde se generaron conversaciones con la derecha para generar igualdad de trato entre instituciones públicas y privadas. Para algunas personas al interior del gobierno, el fin justifica los medios. Hay que resguardar el rumbo del gobierno y no permitir que éste se pierda por el exceso de pragmatismo de algunos ministros en particular”.

En ese sentido, Vallejo añade:

“Nos acusan de demasiada lealtad con el programa, pero para nosotros la convicción está puesta en los ejes programáticos, y el ‘realismo’ lo interpretamos, más allá de las limitaciones económicas, en ver qué es lo que la gente quiere y espera”.

El saco de la corrupción

Otro tema que ha incomodado al PC es la proliferación de casos de corrupción por presunto financiamiento irregular de campañas políticas, un fenómeno de descrédito transversal de la política, a la que pertenece el PC, a pesar de no tener a ningún militante involucrado en los casos Penta, Soquimich o Corpesca:

“Los escándalos financieros de alguna manera contaminaron lo que se estaba haciendo desde el primer año, en el que se aprobaron una sucesión de leyes que daban cumplimiento al programa”, resume Teillier.

“Hay temas de los que no podemos hacernos cargo como partido, que son los temas de corrupción de la clase política, que había estado acostumbrada a ser orientados por los intereses de los grandes consorcios económicos nacionales e internacionales” agrega el diputado Hugo Gutiérrez.

“Aún cuando nosotros, como partido, no tenemos ningún caso de corrupción, obviamente que siendo parte del gobierno también nos afecta, al meternos también en el mismo saco”, concluye Vallejo.

Fuente: La Tercera

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