Una Semana de Grandes Esperas

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Pocas veces se han dado coincidencias de tal magnitud como las que vive nuestro país en esta última semana de enero. De un lado, las expectativas que rodean el anuncio del primer gabinete ministerial del segundo mandato de Michelle Bachelet. Del otro, la tensa espera del fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya (CIJ) por la demanda entablada por Perú respecto a los límites marítimos entre nuestros países.

Un elemento común rodea a estos dos capítulos, y es el significado que algunos ministerios “claves” de la próxima administración pueden tener respecto al fallo de la CIJ. Esto es, y a partir de especulaciones de diversos signos e intenciones –algunas de ellas “non sanctas”- las designaciones en las carteras de Relaciones Exteriores y Defensa.

Frente al contencioso limítrofe, no cabe otra actitud que la de una espera responsable, como lo han indicado los mandatarios de ambos países al asegurar su acatamiento al fallo, sea éste el que fuere. Un elemento particularmente sensible es la recepción por parte de ambos países -sus gobernantes, dirigentes políticos y opinión pública- al dictamen del tribunal internacional. Importa, tanto  para las relaciones futuras como para la conducta que ambos países muestren al interior de sus fronteras, la mantención de un clima de serenidad que garantice el respeto a la integridad física y moral de quienes –chilenos y peruanos- habiten en cualquiera condición su nación de acogida.

Sin duda, la coincidencia de ambas decisiones –la de la CIJ por un lado y por otro la de la presidenta electa- influye en “los tiempos” en que se dé a conocer la composición del próximo gabinete ministerial. Un elemento positivo lo constituye el que los partidos integrantes de la Nueva Mayoría hayan coincidido en el acatamiento a las prerrogativas de la futura Jefe de Estado a la hora de designar a su equipo de gobierno más cercano, así como en el énfasis acerca del Programa propuesto a la ciudadanía y aprobado mayoritariamente en la segunda vuelta presidencial.

Entre las muchas consideraciones –aprensiones e incluso temores- que rodean estas designaciones, un lugar relevante lo ocupa el reconocido carácter “conflictivo” de algunas áreas como educación y salud. Allí están puestos los ojos de quienes estiman que ya los nombres de quienes ocupen esas carteras serán un adelanto de la orientación que para esos sectores se dispone a imprimir la mandataria electa.

Un factor que no dejará de pesar al menos en los primeros tiempos de la nueva administración, lo constituye el confuso panorama, aun en desarrollo, que presenta la derecha, y que se expresa tanto en la deserción de   parlamentarios y destacados dirigentes de Renovación Nacional, confirmación de la anunciada “noche de cuchillos largos”, como de las ya innegables maniobras del propio autor de tal predicción.

Y es que, en efecto, nunca se había visto el espectáculo de un Jefe de Estado que, a semanas de su salida del poder, se haya empeñado tanto en sentar las bases de su “retorno” y del papel altamente protagónico que se dispone a jugar en la política nacional. Eso, y la premura de Sebastián Piñera por instalar nuevos “amarres” institucionales al mejor estilo de la dictadura, pasan a jugar un papel que puede ser significativo en las definiciones que se espera para los primeros tiempos del nuevo gobierno.

Todo indica, a partir de lo señalado y de otras precisiones que se puede aportar desde los distintos espacios del quehacer nacional, que lo que se espera no es un verano tranquilo o, al menos, monótono.

Los primeros compases de la sinfonía “Nueva Mayoría” marcarán la pauta de lo que el pueblo espera sea una partitura en la que las distintas cuerdas y voces que integran el gran conjunto tengan un protagonismo que garantice la calidad y armonía de todos y cada uno de los participantes.

(*) Editorial semanario El Siglo, edición N° 1699

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