Una Propuesta Metodológica para Analizar y Comentar el 11

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La gente hoy juzga a los protagonistas de los hechos del pasado como si hubiesen tenido los mismos conocimientos que hoy tiene el que hace el análisis. Esto, además de constituir una falta de visión histórica de la situación, es una falacia. El que juzga hoy tiene mucha mayor información que quien juzgó el 73. No es justo ni verdadero juzgar los estados de cosas de 1973 con el conocimiento del 2013.

El 11 de septiembre es un día en que todos se sienten con el derecho opinar de lo sucedido hace 40 años, y está bien que así sea, independientemente de si hablamos correcta o incorrectamente de la fecha y de su significación. Me parece bien porque demuestra que la libertad de expresión es una realidad efectiva y que, más allá de nuestra opinión, podemos expresarla sin temor a una reprimenda (y/o lesión de nuestros derechos fundamentales) por parte de agentes del Estado, situación que no era en absoluto obvia o evidente en años de dictadura.

Yo también me quería sumar al entusiasmo colectivo que genera este día y opinar a través de algunas pautas metodológicas para la reflexión de esta fecha, sin pronunciarme sobre el fondo de la cuestión, siendo esto último un trabajo -muy arduo, por lo demás- que les corresponde a los historiadores y otros profesionales más.

En primer lugar, creo que hay que distinguir los siguientes elementos del análisis:

a) el golpe de Estado como hecho;

b) las causas o factores que lo propiciaron; y

c) el devenir de la dictadura.

En general tienden a confundirse y mezclarse todo en un solo análisis y ello es impreciso y no nos puede llevar a conclusiones verdaderas/correctas.

Luego, hay que entender las posibilidades epistémicas de los agentes que operaron en esos días. Esto es muy típico: la gente hoy juzga a los protagonistas de los hechos del pasado como si hubiesen tenido los mismos conocimientos que hoy tiene el que hace el análisis. Esto, además de constituir una falta de visión histórica de la situación, es una falacia.

El que juzga hoy tiene mucha mayor información que quien juzgó el 73. No es justo (o más que justo, no es verdadero, ya que la justicia corre por otro carril) juzgar los estados de cosas de 1973 con el conocimiento del 2013.

Además, tenemos que tener una visión amplia de las causas que propiciaron el golpe.

Si bien es cierto podemos establecer determinadas relaciones causales entre ciertos hechos y el golpe, no podemos hacer lo mismo respecto de la responsabilidad ética (que tanto se saca a relucir por una exigencia de perdón) de quienes propiciaron esos eventos y las consecuencias que provocaron.

Es muy distinto que un sujeto o grupo de sujetos (S) hayan provocado un cierto evento (X) que fue un factor que causalmente propició el golpe (G) a querer provocar los efectos de lo que fue la dictadura (D). Puede que S, que deliberadamente provocó X, quizás no quiso provocar G, sino más bien Y (otro evento/factor causal/explicativo de G).

Si esto es así, es bastante probable que tampoco haya querido provocar D. A la vez, aún cuando S haya deliberadamente querido provocar G, tampoco puede con verdad atribuírsele responsabilidad de querer provocar D.

Para quienes vivimos en el 2013, es fácil juzgar desde nuestras posibilidades epistémicas que G iba a provocar D, no sólo porque en Chile fue efectivamente así, sino porque además tenemos los ejemplos de varios países de América. La pregunta que hay que hacerse es: ¿era posible realizar el mismo ejercicio en los años 60/70?

En resumen: creo que hay que tener en cuenta que G es una cosa y D es otra, y su devenir era muy difícil de prever, no obstante lo que se puede inferir de lo que dicen muchos de quienes llenan los estados de Facebook de nuestros timelines.

Una forma de respetar la rigurosidad de la argumentación cuando comentamos acerca de estos hechos podría considerar lo siguiente:

1. Cuidar de establecer las relaciones causales correctamente.

2. A su vez, juzgar correctamente la responsabilidad de los agentes que detonan esos hechos, teniendo en consideración su conocimiento actual (efectivo en ese momento) y posible para poder prever lo que sucedió efectivamente después.

3. Separar el análisis de la responsabilidad en sentido fáctico (relaciones causales de X e Y con G y también con D) de la responsabilidad ética, que conlleva un análisis de la buena/mala fe y del conocimiento con el que actuaron. En general creo que en este punto, nuestros analistas de Facebook fallan.

(*) Licenciado en Filosofía y Educación.

Fuente: El Quinto Poder

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