Ultimo Libro de José Cademártori Investiga la Humanidad Sobrante

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En los primeros tiempos de la industrialización inglesa, la llamaban “población excedente”. Y el economista Malthus agregaba que si la sociedad no necesitaba de su trabajo, entonces el cesante no tenía derecho ni siquiera a la más pequeña porción de alimentos. Por el contrario, el socialista Fourier sostenía que el más elemental de los derechos del hombre era el derecho al trabajo, sin el cual los otros no son nada. Ahora, cuando el capitalismo se ha extendido por todo el mundo, las crisis económicas han elevado las cifras de los desocupados a cientos de millones de seres humanos. Es la Humanidad Sobrante. Ese es el tema que desarrolla el prestigiado economista José Cademártori en la más reciente de su nutrida producción literaria. El libro, del mismo nombre, será lanzado el domingo 2 de noviembre, a las 17:00 hrs, en la Feria del Libro de Santiago.

 

Ocupación plena ¿mito o logro alcanzado en el pasado en diversos países y circunstancias? Desempleo, ¿cómo se define? La globalización, ¿ha significado más y mejores puestos de trabajo? ¿Cómo se mide en las estadísticas oficiales la desocupación en sus nuevas formas de trabajo precario, inestable o transitorio?

Estas y otras preguntas relacionadas con el desempleo, se intentan aclarar en este libro. Se analiza su evolución en las últimas décadas, sus causas y consecuencias, sus víctimas favoritas en los países capitalistas desarrollados, en China, en los ex socialistas de Europa del Este, en América Latina y en particular en Chile.

Para el lector no especializado, se ofrece un resumen simple de las principales teorías elaboradas por los economistas de derecha y de izquierda ¿Son siempre las mismas explicaciones en todas partes? ¿Qué consecuencias políticas ha implicado el desempleo para los sindicatos, las empresas y los gobiernos? Finalmente, se discuten los remedios propuestos desde el mundo conservador y del mundo progresista.

Para ello, tres economistas de tres generaciones distintas, Felipe Correa, Jan Cademartori y José Cademártori han resumido y explicado con palabras sencillas, bibliografía académica, informes de las organizaciones gubernamentales e internacionales, recortes de prensa y bases de datos, todo lo cual ha permitido completar y actualizar a estos tiempos de crisis mundial, el primer borrador escrito por José Cademartori a comienzos de los años noventa.

Adelantamos aquí las principales conclusiones:

El mundo capitalista está perdiendo la batalla del empleo. Nunca antes la humanidad había producido tantas riquezas ni mejorado su tecnología pero ello no ha llevado a la solución a  este problema.  Al contrario, el número total de personas desempleados aumenta a pesar que las estadísticas internacionales oficiales lo disfrazan  definiendo  como desocupado a una persona que haya trabajado menos  de una hora a la semana. Además, las tendencias actuales muestran un número mayor de trabajadores involuntarios a tiempo parcial, de empleos informales y de falta de protección laboral.

Esto afecta al conjunto de los ocupados, pero especialmente a los jóvenes, a las mujeres jefas de hogar y a los que no han tenido a una mejor educación.

En los países de menor ingreso,  de  Asia y de América Latina, durante el siglo XX los  múltiples sistemas de propiedad pre-capitalistas han sido absorbidos por la expansión del capitalismo mundial. Este nuevo régimen  provoca que los productores independientes sean desplazados de sus tierras por el capitalismo agrario o que sus pequeñas empresas no puedan competir con las empresas multinacionales.

Pasan a transformarse en asalariados, en obreros agrícolas, industriales o trabajador del área de servicios. Se concentran en las urbes donde se acumulan millones de desocupados y de trabajadores informales en los cinturones metropolitanos. Aunque en ocasiones los porcentajes de desempleo disminuyan, el número absoluto de personas desocupadas crece con el crecimiento natural de la población y con el aumento en el número de asalariados.

De este modo, capitalismo,  empleo asalariado y desempleo son tres caras de la misma medalla.

 Al perder sus medios de producción, estos antiguos campesinos, artesanos, productores independientes, trabajadores de pequeñas empresas, quedaron a la deriva de los ciclos internacionales. Especialmente en la crisis de 1973-1974 y en la recesión  de la década de 1980, en la cuales quedaron atrapados por la crisis de la deuda externa. Estas mismas crisis  se utilizaron por las clases dirigentes como pretexto para acabar con logros sociales en materia de empleo y para privatizar miles de empresas públicas que otorgaban cierta estabilidad laboral y servicios básicos a la población.

 La transferencia de recursos para pagar deudas de los países pobres, en lugar de mejorar la situación permanente de los trabajadores  de los países acreedores, solo significó un alivio de corto plazo.  En efecto, curiosamente el desempleo de masas comienza a presentarse también en los países capitalistas avanzados a partir de los años setenta. En cada una de sus naciones se presentan situaciones particulares pero rara vez se ha recuperado  el pleno empleo de la mano de obra de  los treinta años  que procedieron a la Segunda Guerra Mundial. La incorporación de los países socialistas de Europa Oriental al capitalismo globalizado, ha agravado la vulnerabilidad de sus trabajadores.

Paradojalmente, a partir de los años setenta,  aumentó el desempleo en estos mismos países que concentraban el progreso técnico. Aparecieron importantes plazas de trabajo en los nuevos sectores tecnológicamente avanzados y en el área de servicios y en el comercio,  que concentran a gran parte del proletariado moderno, conformado  también  por  la mano de obra femenina.  La escasez de fuentes de trabajo ha sido mitigada por la caída en el crecimiento de la población y por la reducción de la duración de las jornadas.

 A pesar de lo anterior, estas plazas no han sido suficientes para compensar la pérdida de puestos de trabajo que ha significado el traslado de industrias completas a países con mano de obra más barata, el reemplazo de brazos por maquinaria avanzada y la automatización. Esto ha implicado engrosar los desempleados de largo plazo que se mantienen alejados de las nuevas tecnologías y sin por tanto reincorporarse a la fuerza de trabajo.

La actual crisis económica mundial ha significado un aumento del desempleo sin precedentes. Esta se inicia en 2007 con la llamada crisis financiera estadounidense pero como se ha explicado antes, tiene razones más profundas. A nivel mundial, el desempleo abierto pasó de 176 millones de personas  a 197 millones entre los años 2000-2010.  Esta cifra sería mucho mayor de haber seguros contra el desempleo cuya carencia  obliga a aceptar  ocupaciones precarias a la espera de un empleo definitivo.

El crecimiento económico chino también ha sido una barrera. En cambio, en  los países capitalistas avanzados que pertenecen a la OECD, el desempleo abierto ya llega al 8,3%., su  contribución al desempleo mundial  entre los años 2002 y 2010 fue de 15 millones. La crisis de propagó una vez más a todo el planeta y se agrega a los problemas que acarrea la crisis ecológica planetaria.

Frente a esta realidad ha habido diversas reacciones. Una de las más peligrosas ha sido la de responsabilizar a los mismos desempleados por no aceptar trabajos de segunda categoría renunciando a los subsidios contra el paro. O la de reclamar contra los sindicatos por pedir mejores salarios. En realidad, como se ha explicado en el primer capítulo, existen antiguas teorías   que se niegan a reconocer que en el sistema capitalista, el mercado por sí solo, no puede garantizar el equilibrio entre demanda y oferta de trabajo y cuando lo hace, se obtienen salarios  insuficientes para asegurar la sobrevivencia del sistema capitalista.

Estas visiones intentan nuevamente  resolver la crisis disminuyendo el costo de la mano de obra. Otras experiencias,   evidencian que recortar salarios para reanimar la economía haría descender aún más el consumo, la producción que lo atiende y el empleo necesario para ésta última. La mayor flexibilidad laboral ha sido en realidad una de las causas de fondo de la tendencia al desempleo, porque ha olvidado que el consumo de la población, junto al gasto público, permite mantener la demanda a las empresas frente a la inestabilidad de la inversión del sector privado.  Como se explica en este libro, estas políticas llamadas keynesianas fueron una de las claves del  bajo desempleo en los países europeos después de la Segunda Guerra Mundial. A medida que estas lecciones se iban olvidando, se expandía el desempleo.

  Otra de las reacciones contra el desempleo ha consistido en culpar a los trabajadores extranjeros. La globalización del capitalismo,  ha facilitado como nunca la inmigración de millones trabajadores a miles de kilómetros de sus lugares de origen, huyendo de las crisis, en gran parte provocadas por la misma globalización del capital. Estos trabajadores fueron una mano de obra barata que ayudó a la acumulación de ganancias en épocas de auge. Actualmente,  grupos de extrema derecha atizan el odio entre trabajadores de diferentes naciones haciendo creer que los males del capitalismo son responsabilidad de los inmigrantes.

Existen diversas políticas económicas que procuran atacar el desempleo sin cambiar las bases fundamentales del sistema capitalista. Algunas de ellas, lo fortalecen. Por ejemplo, las zonas francas,  facilitan el ingreso de capitales extranjeros  abaratando el costo de la mano de obra y generando muchos empleos, pero de baja calidad e inestables.  

Las políticas de apoyo a las pequeñas empresas reconocen que este sector es el mayor generador de empleos por unidad de capital pero serían impotentes si no se les protege de la competencia del gran capital multinacional y del poder de monopolio. El seguro contra el desempleo, la mejora de la información, el límite a la duración de jornada de trabajo, pueden ser medidas que aporten al bienestar de los trabajadores y al empleo a condición que ellas sean emplazadas junto a una estrategia macroeconómica  global.  

En resumen, el avance del capitalismo por todo el planeta, a sectores  de la producción de bienes y servicios, que antes eran proveídos por la colectividad, por el Estado, por propietarios individuales, por empresas familiares, ha puesto bajo su dependencia  a más y más personas que no tienen otra alternativa que vender su fuerza de trabajo para sobrevivir.

Muchos de ellos han debido cambiar de trabajo, de país o de región y ahora se encuentran bajo sospecha por campañas de desinformación. Por otro lado, se incorporan masivamente las mujeres al proletariado para complementar los bajos salarios, para compensar los períodos de desempleo del jefe de hogar o para asumir directamente su mantención, algo que logran con gran dificultad por no tener empleos de calidad y no contar quien cuide de sus hijos. Todo esto ha significado que el proletariado aumenta y que una parte cada vez mayor del planeta  viva en una permanente situación de vulnerabilidad como inestable es  la capacidad del sistema capitalista para generar empleos suficientes.

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