Alerta Ayseninos: “Industria” Salmonera Insiste en Intervenir Caleta Tortel

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La Subsecretaría de Pesca acaba de confirmar que insistirá en la aprobación de las primeras concesiones salmoneras en Tortel. Los fiordos de Tortel están prácticamente intactos, libres de actividades de alto impacto ambiental. Esta cualidad y belleza atrae a turistas año a año desde todo el mundo, siendo una fuente de trabajo e ingresos para este pueblo de 600 personas. Todo eso se puede ir al demonio, si los ayseninos permiten que la industria salmonera se instale en los fiordos de las inmediaciones de la caleta Tortel.

 

El impacto ambiental se define como las alteraciones provocadas por la intervención humana en un área determinada; en algunos casos estas alteraciones pueden ser ocasionadas por la naturaleza: un sismo, huracán, tsunami, erupción volcánica, provocando un severo daño ambiental y territorial, variables que no puede controlar el hombre (por Andrés Gillmore – Columnista FR).

Lo que sí podemos controlar son los impactos provocados por las actividades humanas al intervenir la naturaleza, como por ejemplo los aludes y las inundaciones producidos el calentamiento global y el cambio climático, por el exceso de CO2 que lanzamos a la atmósfera, que fue lo que se sucedió en el norte hace unos pocos meses atrás que trajo tanta devastación y sufrimiento a las comunidades.

Por eso es sumamente importante la necesidad de realizar Estudios de Impactos Ambientales (EIA) que establezcan condiciones de uso en el cual se desarrollarán las intervenciones y tener claridad de las problemáticas y sus posibles soluciones, para no dañar el equilibrio ecológico y social del área, preservando los ecosistemas y reduciendo los efectos negativos.

Lamentablemente y sin miedo a equivocarme, puedo decir con certeza que en la actualidad la salmonicultura es una de las actividades productivas que más produce efectos negativos en los ecosistemas donde opera. Tras 25 años de iniciada la actividad en Chile y por increíble que pueda parecer, carece de un respaldo científico con una dimensión real de los efectos en el medio ambiente.

La mayoría de los estudios que sustentan la actividad, son realizados por las mismas empresas interesadas y como es lógico cuentan con un sesgo ideológico importante para no dar a conocer las verdaderas implicaciones; que por lo demás no es exclusivo de la salmonicultura. Todos los proyectos de intervención territorial y muy especialmente los energéticos y mineros, están sustentados al alero de una ley de medio ambiental muy permisiva.

La ley medioambiental chilena es ambigua, fue diseñada de ex profeso por nuestros parlamentarios, con el objetivo de favorecer a las empresas sin preservar el medioambiente y menos a las comunidades, no obliga al Estado a hacer estudios ambientales como contraparte y hacer auditorías.

Los gobiernos regionales no tienen la autoridad y la financiación para hacer auditorías, que al final terminan manipulando las decisiones de los servicios de evaluaciones ambientales(SEA) sin ninguna participación ciudadana, dejando en evidencia que el diseño y la operación del mecanismo de las declaraciones de impacto ambiental (EIA) son en la actualidad una distorsión ideológica de las intenciones de los interesados.

Las actividades humanas producen cambios importantes en los ecosistemas, es imposible no hacerlo dado lo delicado que es el medio ambiente; sin menospreciar la proyección social de desarrollo que ostentan muchas actividades productivas, es indudable que se deben realizarse con una proyección de sustentabilidad como parte importante de la ecuación final.

En este contexto la acuicultura al igual que otras actividades económicas ya descritas, usan y transforman los recursos en productos con valor económico, generando importantes ganancias, pero a la vez produciendo importantes desechos al medio ambiente, que necesitan a su vez de servicios ambientales competentes para ser reciclados, lógica que hoy lamentablemente no se está aplicando, usufructuando de un bien común pero sin ninguna responsabilidad ante el territorio en donde operan. El proceso de transformación, generación y sustentabilidad, es parte fundamental de la operación y debe realizarse con eficacia.

El explosivo crecimiento que ha tenido en el último tiempo la producción de salmones en Chile luego de la debacle de los años pasados producidos por el virus Isa, ha convertido a la región de Aysén en el gran objetivo de la industria en la actualidad, ávidas de aguas limpias para otorgarle valor agregado a su producción y contar con una denominación de origen de calidad, como producto producido en Patagonia, al ser considerado uno de los territorios más prístinos del planeta.

Chile es el segundo productor mundial de salmones, produciendo en la actualidad un poco más de 300 mil toneladas anuales, proyectándose que en los próximos años triplicar la producción y bajo este objetivo por lo que se ve, Aysén es estratégico para los salmoneros.

Pero lamentablemente hemos constatado con el pasar de los años, la terrible contaminación que la actividad ha producido en los fiordos del litoral, no sólo bajo las aguas, también han contaminado las costas con mucho pertrecho de trabajo, que al finalizar las operaciones quedan al garete, para no pagar los costos de retirarlo y su posterior almacenamiento.

La actividad al contrario de lo que podría pensarse, no genera un gran desarrollo social como muchos suelen justificar la actividad, es muy poco el bien estar que es traspasado a las comunidades; las condiciones en que trabajan los operarios no son las más adecuadas, con extensiones horarias fuera de uso, predeterminado por el abuso al no haber actividades alternativas, al quedar los pescadores artesanales en la actualidad sin otra opción de trabajo por la privatización del mar, por una destructiva ley de pesca, quedando dependientes de la actividad y transformándolos de la noche a la mañana en mano de obra barata.

Por trabajo me tocó visitar Islas Huichas y muy especialmente Puerto Aguirre en la comuna de Puerto Aysén y pude constatar que los sueldos no están de acuerdo con el costo de vida que es muy alto, se trabaja en condiciones complicadas y obligan a trabajar a los operarios en muchos casos enfermos, al no contar con hospitales cercanos que puedan fornecer certificados médicos como manda la ley para justificar la falta y no perder el día, que en caso de no presentarlo y no presentarse pierden el trabajo, lo que en el caso de los buzos es aún más complicado por lo que ello implica.

Sin embargo a pesar de todo, la actividad continúa queriendo aumentar la intervención con ideas expansionistas: bajo el prisma del salmonero es plenamente justificado de acuerdo a como operan, en pocos años destruyen los ecosistemas por los malos manejos ambientales y necesitan constantemente renovar las operaciones y pasar a lugares limpios.

El comercio internacional ha acusado desde siempre al gobierno chileno de dumping con la actividad, al no estar los salmoneros sujetos a una fiscalización ambiental rigurosa como ocurre en otros países, que en la actividad es considerado como una ayuda solapada por parte del Estado; por ese medio bajan los costos y los hace más competitivos comercialmente.

El destacado biólogo marino Alejandro Buschmann, ha sido de los pocos científicos que se ha atrevido a dejar en evidencia a la salmonicultura, denunciando los graves y permanentes daños que genera la actividad en los ecosistemas intervenidos; denunciando la nula investigación para controlar su producción, afirmando, que el crecimiento de la actividad no ha tenido el acompañamiento profesional de una investigación científica seria que respalde la producción, permitido por un marco regulatorio deficiente y permisivo a favor de las empresas, lleno de malas prácticas, arriesgando los ecosistemas, degradando el medio ambiente, generando conflictos y serios peligros para la salud humana y generando profundos cambios en la biodiversidad marina en donde operan.

El mal uso de químicos y antibióticos sin estudios científicos de respaldo para combatir los parásitos, hongos y bacterias producidos por los residuos dejados por los salmones, hacen que permanezcan en el ambiente por más tiempo del normal, con efectos nocivos en el medio ambiente biológico, originando enfermedades permanentes en los salmones.

La mayoría de los países desarrollados en la actividad como Escocia y Noruega, son extremadamente estrictos en las regulaciones productivas y el trabajo que hacen con los antibióticos; esa es la razón fundamental por la cual muchas empresas extranjeras llegan a producir a Chile, para hacer lo que no pueden hacer en sus países de orígenes y de esa manera hacer aún más rentable la producción. Hace poco el mercado internacional consumidor del producto se ha negado a comprar la producción nacional, por saber del uso indiscriminado de antibióticos sin el adecuado sustento de estudios que acompañen la producción.

Por eso al saberse que la actividad salmonera estaría evaluando la posibilidad de intervenir Caleta Tortel al final de la carretera Austral, de lo que reconocemos como el Aysén profundo y prístino del sur de la región, causó mucha alarma y fulminantes reacciones de todos los sectores productivos, simplemente porque sabemos que la experiencia en los fiordos de Aysén, Chiloé y en lagos del sur no ha sido buena bajo ningún punto de vista positiva por decirlo de manera diplomática.

Caleta Tortel tiene a su haber en la actualidad una gran proyección turística, sustentado en su calidad cultural, ambiental y escénica, que debe preservarse para el buen uso y proyección de su comunidad preferentemente, que en caso de ser intervenida por la salmonicultura bajo los estándares actuales y las formas en que produce, perdería su magnífica y maravillosa proyección turística y eso a fin de cuentas no puede suceder bajo ningún punto vista.

(*) Sociólogo de la Universidad Nacional de Brasilia UNB en Brasil; empresario turístico y consultor en proyectos de desarrollo sustentable relacionados con Aysén.

Fuente: Futuro Renovable

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