Recordando a Fernando Alegría

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Representante de la generación del 1938, Fernando Alegría (Santiago 1918 – California 2005), fue un adelantado del mundo global en que vivimos, dejando un sólido legado intelectual como narrador, poeta, critico literario y académico. Autor de obras paradigmáticas de la literatura chilena incorporadas a la conciencia colectiva nacional, destaca entre ellas su Lautaro Joven Libertador de Arauco, que fuera por muchos años libro de lectura obligatoria en las escuelas de Chile y de otros países latinoamericanos, con la cual transforma al héroe mapuche en un arquetipo juvenil de liberación nacional.

Su primera novela, Como un Árbol Rojo, escrita en sus años de adolescencia y publicada en 1938, fue la primera biografía del líder sindical Luis Emilio Recabarren, padre del movimiento obrero chileno.

Fernando Alegría viajo a Estados Unidos a comienzo de la década del cuarenta para realizar sus estudios de postgrado, titulándose como Doctor en Letras en la Universidad de Berkeley, California.

Es allí donde germina y florece su obra de madurez, uniéndose a los movimientos intelectuales de la post guerra, forjando amistades con figuras emblemáticas del movimiento beat de Estados Unidos, como Lawrence Ferlinghetti y Allen Ginsberg, quien fuera su alumno en Berkeley y con quien viaja a Chile en los años sesenta al encuentro internacional de escritores de la Universidad de Concepción que él contribuyó a organizar.

Mantuvo correspondencia con gigantes de la literatura universal, como fueron los premios Nóbel de literatura Thomas Mann (1875 -1955), cuya obra clásica -La Montaña Mágica- fue base de la tesis de maestría del joven Alegría, y con Albert Camus (1913 -1960), quien fuera otro precursor del existencialismo en Europa.

En California, Fernando Alegría produce una de sus obras más conocidas, Caballo de Copas, novela picaresca que narra las vicisitudes de un emigrante chileno en San Francisco y que fue una de las primeras novelas con una perspectiva multicultural de los Estados Unidos.

Fernando Alegría mantuvo una amistad de toda la vida con Volodia Teitelboim, escritor y político comunista,  compañero de juegos de la infancia en el barrio Independencia de Santiago; con Violeta Parra, con Pablo Neruda, a quien visitó en Isla Negra días antes de su muerte en septiembre de 1973; con Hortencia Bussi de Allende, de quien fue compañero de estudios en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, y con otros íconos de la cultura latinoamericana, como  Gabriela Mistral, Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez y Juan Rulfo, entre muchos otros, a quienes recibió en su casa de Palo Alto.

Su acervo epistolar, su biblioteca personal y sus manuscritos se encuentran en la Universidad de Stanford, donde fue Profesor Emérito y Académico Distinguido con la cátedra Sadie Patek.

Fue representante vitalicio de la Real Academia de la Lengua Española para Estados Unidos y candidato perpetuo al Premio Nacional de Literatura de Chile que no llego a obtener en vida. Incursionó en el canto, fue bailarín, amante del vino, seductor y mago: amigo de amigos.

Su obra posterior a 1973 se transforma en una búsqueda imaginaria del país natal durante los años que le fuera negado el ingreso a Chile por su participación y apoyo al gobierno de Unidad Popular, «convirtiendo el distanciamiento en un efecto óptico que lo llevo a descubrir aspectos inéditos del mapa humano y cultural de la patria y el continente», según el crítico Juan Armando Epple.

Allende mi Vecino el Presidente, fue la primera biografía del presidente en cuyo gobierno sirvió como agregado cultural de la embajada de Chile en Washington, seguida por novelas como El Evangelio según Cristian el Fotógrafo, El Paso de los Gansos, Coral de Guerra y otras. En ese periodo se vinculó con músicos de relieve mundial como John Lennon, Yoko Ono, y Joan Báez, quien musicalizo sus poemas y los incorporo a su repertorio.

Comprometido con el movimiento por la defensa de los derechos humanos en Chile, Fernando Alegría colaboró con el conjunto Quilapayún que interpretó su poema Patria, Sol y Bandera con acompañamiento de la orquesta sinfónica de Paris y con el virtuoso guitarrista y compositor chileno Rafael Manríquez, quien puso música a varios de sus  poemas, entre los que destaca el dedicado a Víctor Jara. Con él participó en innumerables eventos de la solidaridad con Chile en California durante los años de dictadura.

De su vasta obra poética y literaria, la de mas arraigo popular fue su poema ¡Viva Chile Mierda! escrito en California en los años 60, que constituye una ontología del ser chileno y refleja la nostalgia de su tierra.

¡Viva Chile Mierda! es:

«… un grito de combate
oración si fin, voz de partida, fiero acicate
espuelazo sangriento con las riendas al aire
galopón del potro chileno a través de las edades.

Es crujido de capas terrestres, anillo de fuego
vieja ola azul de témpanos pujantes.

!País-Pájaro, raíz vegetal, rincón donde el mundo se cierra!
Quien lo grite no tendrá paz, caerá para seguir adelante.

Y porque de isla en isla, del mar a la cordillera
de una soledad a otra, como de una estrella a otra estrella
nos ira aullando en los oídos la sentencia de la tierra:
digo finalmente !Viva Chile Mierda!

(*) Co-productora del documental Viva Chile …M!, tributo a  la vida y obra de Fernando Alegría.

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