El Fuego Cruzado Entre los Protagonistas del Caso Penta

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Las últimas declaraciones que Carlos Eugenio Lavín, Carlos Alberto Délano, y Hugo Bravo hicieron a la Fiscalía Oriente muestran que los controladores de Penta culpan directamente al ex ejecutivo de la falsificación de boletas de sus señoras y de la mala administración que hizo de los dineros, lo cual, por cierto, Bravo no sólo desmiente, sino que asegura que como subordinado, no podía dejar de cumplir la orden de depositarles diez millones de pesos al mes en sus cuentas personales.

 

El pasado 5 y 6 de enero, los controladores del grupo Penta, Carlos Alberto Délano y Eugenio Lavín, concurrieron a las dependencias de la Fiscalía de Alta Complejidad Oriente para prestar voluntariamente declaración ante el fiscal Carlos Gajardo. En su testimonio, al que tuvo acceso ESTRATEGIA, describen el gran poder que fue adquiriendo el ex gerente Hugo Bravo dentro de la empresa, y la forma cómo administraba los negocios, además de su cambio de conducta al sentirse amenazado en su puesto, y su idea de utilizar boletas de las señoras de ellos para bajar impuestos.

Sin embargo, Bravo recalca que fue obligado por Delano y Lavín a realizar estas prácticas que permitían bajar la base imponible.

Boletas de las Señoras

El uso de boletas ideológicamente falsas, dentro del grupo Penta, data desde 1996, lo cual habría sido idea del ex directivo Hugo Bravo, quien le aseguró a los controladores que esto servía para pagar menores impuestos, pero que estaba dentro del marco legal.

“Fue una estupidez legal y una pésima decisión. La idea nació de Hugo Bravo, nos dijo que era mejor repartir una parte del sueldo en boletas de las señoras y yo entendí que eso se podía porque correspondía a los montos que mi señora administra por su cuenta mensualmente. Mi señora no tenía idea”, resalta Delano.

Para Carlos Eugenio Lavín este era un asunto desconocido, ya que “aunque parezca insólito yo no estaba consciente del hecho porque nunca he visto una boleta de mi señora (…) Haciendo memoria recuerdo que Hugo Bravo me dijo que le iba a sacar boletas a las señoras y que era bueno porque íbamos a pagar menos impuestos y que era ajustado a la ley. De ahí en adelante la operación fue automática mediante Tesorería de Penta”.

Lavín agrega que los autos que poseía su señora se adquirían a través de otra sociedad llamada Inversiones Pacífico. “También me dijo Hugo Bravo que era legal porque el mantenimiento era tratado como gasto rechazado. No tengo una explicación de porqué se hacía así. Se hizo una rectificación de impuestos hace poco por este tema de los autos y pagué personalmente cerca de $39 millones en impuestos para corregir esta situación”, enfatiza el empresario.

Sin embargo, Bravo rebate los dichos de los controladores, asegurando que ellos estuvieron al tanto siempre de este mecanismo. “Las señoras María de la Luz Chadwick y Verónica Méndez emitían boletas por montos de $10 millones mensuales cada una, creo que a nombre de Penta o Penta III.

No le prestan ningún tipo de servicio ni a Penta ni a Penta III. Es un tipo de retiro (…) Yo no podía oponerme porque eran los dueños los que me daban la instrucción hace años de que se hiciera así.

Esta instrucción me la dio Carlos Eugenio Lavín y Carlos Alberto Delano”, aclara Bravo.

Relación con Bravo

Hugo Bravo fue adquiriendo importancia del holding desde que los controladores vendieron a Luksic su participación en Banco de Chile en 2001, a pesar de que venía trabajando con ellos desde mediados de los 70. Se convirtió en un hombre de confianza para los “Carlos” por ser hábil en las finanzas y porque, de alguna manera, resguardaba los intereses del negocio, según ellos mismos dicen.

“Hugo Bravo siguió trabajando con nosotros en lo que él sabía y teníamos plena confianza en él. Era muy trabajador, muy inteligente. Interactuábamos mucho, pasábamos todos los días juntos en directorios. De alguna manera nosotros sentíamos que él cuidaba de nuestros intereses dentro de la empresa, por lo meticuloso que era”, señala Delano.

Lavín agrega que “Hugo Bravo empezó a tener mucho poder porque él manejaba las platas de las inversiones. Pasó a tener un rol clave pues él tenía las habilidades en temas de administración que eran fundamentales a partir de ese momento”.

No obstante, todo cambió cuando Delano y Lavín se dieron cuenta que debían ir renovando la plana mayor del holding con gente más joven lo cual llenó de temores a Hugo Bravo quien cambió su actitud radicalmente.

“Hugo Bravo estaba con una diabetes muy fuerte, se empezó a poner muy negativo. Se tornó poco simpático en las reuniones de directorio. El año 2009 decidimos contratar a Manuel Antonio Tocornal como gerente general. Sin embargo, Hugo Bravo no soltó la caja del grupo ni entendió su nuevo papel. Siguió manipulando las situaciones por medio del control de la billetera”, indica Lavín.

“Se empezó a sentir perseguido con el nombramiento de Manuel Antonio Tocornal como nuevo gerente general. Hugo Bravo, de alguna manera, empezó a perseguir a Tocornal y a Horacio Peña. Efectivamente, Hugo mantuvo el control de las chequeras y creo que ese fue error mío y de Carlos Eugenio”, detalla Delano.

Para Bravo, estos dichos de sus ex empleadores develan las verdaderas intenciones que tenían los Carlos hacia él. “Me ha llamado mucho la atención lo declarado por Delano y Lavín, que a partir de 2009 era un hombre viejo, enfermo, negativo que había que renovarlo, sin perjuicio de ellos, me mantuvieron hasta 2014 ejerciendo los poderes que ellos me otorgaron y cumpliendo sus instrucciones, lo que hoy me hace inevitablemente pensar que la única razón por la que me mantuvieron fue para que efectuara todas estas funciones en las que ellos no querían aparecer personal o directamente”.

Agrega que “a mí me afectó mucho el cambio de dejar de ser gerente de Penta de un día para otro. Manuel Tocornal cambió todo lo que había hecho”.

Otro de los aspectos que enfureció a los controladores fue la relación de Bravo con Valdivia, que siempre estuvo lleno de misterio y de poca transparencia, ya que a la fuerza Bravo tuvo que revelarles a sus jefes que le hacía pagos externos a Valdivia por servicios.

“Nunca me gustó que Jorge Valdivia estuviera en las oficinas de Penta. Hugo Bravo siempre me negó que se le pagara. En una ocasión le pedí a Hugo Bravo que Jorge Valdivia no fuera más a la oficina.

En abril salió una noticia sobre Valdivia y ese día Bravo me reconoció que se le pagaba por Penta. Yo le dije que hoy día mismo eso se cortaba”, detalla Delano.

Los “Carlos” detallaron que apenas se enteraron de la vinculación de Bravo al Fraude al Fut decidieron desvincularlo de la empresa, y de mutuo acuerdo se resolvió que este no recibiría indemnización.

“Le preguntamos en que estaba metido y reconoció la devolución fraudulenta de FUT. Hablamos con (el abogado) Alfredo Alcaíno y concordamos que no podía seguir Hugo Bravo en Penta. Luego acordamos con Hugo Bravo que no podía salir indemnizado de Penta y además se comprometió a pagar los dineros que él había dado a Valdivia por intermedio de Penta. Para ello, nos dio un cheque de $45 millones del cual dio luego orden de no pago por extravío”, describió Lavín.

Fuente: Estrategia

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